Cuanto más mayor se hacía más pequeño se sentía, y actuaba como el niño que siempre quería ser pataleando en un mundo de cristal y luces, donde todo se rompía y brillaba, escapándose a la realidad y al sentido común. Un insufrible síndrome de Peter Pan marcó la vida de Michael Jackson, que ya desde pequeño creció dentro de una ficción.
Es curioso cómo mucha gente se sabía el último escándalo de Michael Jackson pero al hablar con ellos desconocían que el conocido como rey del pop antes había sido niño prodigio, había formado parte de los Jackson Five. Me ha pasado más de una y dos veces que había quien no sabía de la existencia de los hermanos Jackson como grupo. Michael, prototipo de producto total en la generación MTV (¡qué daño hizo la televisión a la música!), llenaba las pantallas de televisión e invadía las emisoras de radio con sus canciones bailables, pero pocos iban más atrás para hablar de los Jackson Five, para recordar un grupo que ofreció mucho más que el rey del pop.
Porque antes de que su vida se convirtiese en una sucesión millonaria de números y disparates que aplastó a la persona, antes de sobrevivir como una patética víctima de sus obsesiones mientras era arrollado por esa locomotora sin freno que es la fama, el séptimo de los nueve hijos de los Jackson fue el niño prodigio que dejó boquiabiertos a todos en EEUU, el pequeño con más desparpajo que nadie había visto sobre un escenario al frente de los Jackson Five. Una banda de hermanos que expandía las tradiciones del R&B, un grupo vocalista radiante que debutaba en 1969 con la canción I want you back y daba a la música pop otro motivo para amarla aún más.
Los Jackson Five estaban amadrinados por la reconocida artista Diana Ross y eso a fin de cuentas marcaba su carrera. La reina del pop vocal ponía sus ojos en esos chavales. Un gran grupo vocalista, que recordaba a esos coros de Smokey Robinson and the Miracles, y que todos admiraban. Otro producto maravilloso de la factoría Motown.
En más de una entrevista, uno de los padres del soul, Solomon Burke, se ha quejado con su habitual gracia de cómo él fue el primer artista negro en montar su propio grupo con sus hijos antes que los Jackson Five. Pero no ha tenido repercusión. Ahí faltaba Michael Jackson, destinado a ser un rey, un hombre fuera de la realidad que en 1972, siendo todavía un niño, ya veía cómo él y sus hermanos eran condecorados por el Congreso de EEUU por su contribución a la juventud americana. Sería casi el acontecimiento y suceso más pequeño que pasaría en la vida de Michael Jackson, que luego rompería todos los récords de ventas y despropósitos. Nada se escapa a la noticia y al escándalo.
Justo ahora se estaba preparando un videojuego del cantante. No es el primero. Y seguramente no será el último. Sin embargo, el verdadero juego de ficción lo vivió Michael Jackson, que parecía un muñeco sin gracia en un mundo de luces y cristales rotos. Y eso sí, su música, sobre todo con los Jackson Five, para este escribiente, te transportaba a otros mundos. Al mundo de la felicidad donde no te sientes nunca solo.