¿Qué haría Ud. por tres monedas? Probablemente no mucho, los niños suelen ser más conscientes que los mayores. Lamento haber comprobado que perdemos el tiempo buscando en las sesudeces de los adultos, en el absurdo espacio de la política, la solución a los problemas de este mundo; la clave, me parece, está en los niños. Voy a contarles la historia de Justina, una criatura de nueve años que un día soñó en grande: que ganaba tres monedas.
Justina es ‘la niña de los Kilates’. Con su cajita de cartón, está sentada junto al periodista. De este lado de la radio los imagino diciéndose sus pensamientos para no mentirse. “Sus modestas chancletas delatan el frío del invierno, tiene las mejillas coloradas”.
—He ido a La Paz —dice la niña de las mejillas.
—¿A qué has ido? —le pregunta su interlocutor.
—A comprar chocolates.
Pero Justina no quería cualquier chocolate. Tenía un objetivo claro: comprar Kilate, la galleta bañada en chocolate que en Sucre consigue en 12 bolivianos y que, según se enteró, en La Paz cuesta nueve. Tres monedas menos. Esa diferencia, en una caja de 20, significa 60 bolivianos. Y Justina, apenas estrenándose en las tablas de multiplicar…
La niña y el periodista siguen en lo suyo: “En total somos 10 hermanos”, y Justina los menciona uno a uno, en estricto orden correlativo, sin olvidarse de ella misma.
—¿Cuánto te ha costado el viaje?
— Nada.
¿Cómo logró viajar sin pagar un solo centavo? “Con una señora he ido”. No, no era un familiar; había conocido a esta persona en la Terminal. “¿Has viajado en uno de los asientos o en el pasillo?”. Su respuesta, duele: “En el pasillo”.
“Laaargo”, dice que ha sido su viaje. Más que viaje, travesía. “En el pasillo, acurrucada, casi escondida, entre mochilas, bultos, cajas y asientos”. Y para colmo, accidentado: “nos han chocado, hemos llegado en tres flotas”. Una aventura de terror que ella, a su edad y, pese a esto, con una larga experiencia de vida, apenas alcanza a dimensionar: “Solamente ha chocado, lo ha roto el vidrio, nomás”. Nomás. Por un lado aparece la ingenua niña de nueve años, por el otro la pequeña mujer que ha madurado a golpes de buses y de Kilates abaratados.
Los diálogos citados líneas arriba corresponden a pasajes de un reportaje que, si bien ha sido difundido a nivel nacional por la radio Loyola-Fides, con seguridad que no ha llegado a todos los oídos que lo merecían. Los traigo a cuento peleándome contra la obstinación del éter en diluir esta historia luego de sus evanescentes cuatro minutos. Porque considero que sería un acto de justicia comentarlo con la familia y entre amigos. Por Justina y por todas las Justinas bolivianas.
Ahí está ella prendida a su caja de cartón. Y el periodista, Iván Ramos, machacando: “¿Cuántas monedas más se pueden meter al pequeño bolsillo?, ¿cuántos viajes para comprar un cuaderno?, ¿cuántos Kilates para una muñeca?, ¿cuántos chocolates más para llenar de sonrisa una casa llena de hermanos?”. Sus palabras retuercen, demuelen: “Justina vale los quilates de esta vida de niños que hacen sus propias monedas con chocolate en las calles de miradas extrañas”.
Justina, una bofetada para todos.
*Oscar Díaz Arnau es periodista y escritor.
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