Últimamente se escucha hablar mucho de interculturalidad, invocando, en general, la visión de una forma de relaciones humanas individuales y colectivas que parta del reconocimiento de la diversidad cultural, avance correlativamente hacia el respeto de las diferencias y produzca, en consecuencia, la construcción de una manera permanente y cotidiana de relaciones sociales equitativas y democráticas. Con esa base amplia se puede entender la interculturalidad (convivencia entre culturas que produce sus propios contenidos) como un paso delante de la multiculturalidad (reconocimiento de que hay distintas culturas en tanto hay distintos pueblos).
La noción de interculturalidad se propone y debate en círculos académicos y políticos como un camino posible y de desafiante actualidad para aportar a la construcción de una sociedad capaz de aceptar las diferentes identidades que en ella se producen y desarrollan como una fortaleza y un potencial para su crecimiento, en lugar de verlas como una amenaza o incurrir en la pulsión de buscar una homogeneidad que no sólo es una violación de derechos sino prácticamente un imposible, como nos lo demuestra la historia contemporánea.
Suele ocurrir que estas nociones, tan ricas de sentido, pero, al mismo tiempo, complejas, corren el riesgo de volverse ambiguas o por lo menos de comprensión tan variada como las tendencias que las asumen e interpretan. Por ello, vale la pena identificar una dimensión política de la concepción de interculturalidad que es necesario visualizar. No se trata de un esfuerzo académico o activista desde la antropología, sino de un planteamiento político al país: en Bolivia las relaciones interculturales serán posibles a partir de la aceptación de que la diversidad cultural no debe, bajo ningún concepto, implicar desigualdad en el acceso a las oportunidades de bienestar y de poder.
Teniendo en cuenta que en nuestro país la diversidad cultural no se refiere solamente a las distintas identidades grupales que existen en cualquier sociedad, sino a la existencia histórica y absolutamente actual de diversos pueblos étnicamente diferenciados, la interculturalidad no es un concepto ingenuo ni una oferta de piedra filosofal o receta para ser todos iguales y felices, sino que parte de la interpelación respecto a una historia de exclusión de la diversidad e impulso hacia la homogeneización y, por lo tanto, de la negación de los derechos a las identidades particulares y a su lugar en el acceso al poder de las poblaciones que forman parte de esos pueblos.
En la práctica y en la vida diaria ese reconocimiento político tiene diversas consecuencias que hasta ahora, y quizá es inevitable por un tiempo, estamos viviendo de forma conflictiva. Gran número de las y los bolivianos, acostumbrados como estamos a que las marcas culturales del uso del poder sean las de los grupos dominantes, nos sentimos amenazados, a veces incluso arrinconados por la emergencia de un discurso culturalista vindicativo. Quizá sea bueno buscarle más caminos a la construcción intercultural y recordar que si de noche todos los gatos son pardos, cuando llega el momento de ver los matices, se los caza mejor.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
El ícono del pop se fue
Ingreso al “feisbuc” y me entero de la lamentable noticia. La publicó un buen amigo periodista. No lo podía creer. El Rey del Pop había muerto. “Michael Jackson muere de un paro cardiaco”, informaban los periódicos digitales en la red. Estaba atónito.
¿Quién revisa las recetas médicas?
Hace escaso días se reportó en este medio de comunicación y en tantos otros la desagradable noticia de que un joven de 19 años murió a consecuencia de una reacción indeseada gracias a la administración de un medicamento expendido por una farmacia.
El himno cruceño y el Presidente
Ojalá que el sector político dominante termine por comprender que sus acciones deben buscar la concordia y el avenimiento entre ambas partes del organismo nacional.
Los descuidos de Zelaya
Esto de implantar la “democracia participativa”, otro nombre que tiene el “socialismo del siglo XXI”, tiene algunas claves que el presidente derrocado de Honduras no conocía.