Contrariamente a las críticas y valoraciones subjetivas de prácticamente todos los actores políticos y mediáticos respecto del surgimiento de nombres de candidatos a la primera magistratura del Estado, debemos entender como un buen síntoma de la democracia, por la emergencia de liderazgos y el alto interés de la ciudadanía en los asuntos políticos del país, no medir prejuiciosamente estas posibilidades en relación a la potencialidad electoral de cada uno de ellos para “enfrentar” al candidato oficial, Presidente de la República.
Concentrar el debate y las preocupaciones de uno y otro lado, sobre la viabilidad de los candidatos definidos y por definir para participar en el proceso electoral de fin de año, tratando de generar una tendencia pública interesada sobre la supuesta ausencia de una opción política con aspiraciones reales al proyecto oficial, es desconocer premeditada o ingenuamente el escenario nacional y reducir el problema del país y de la democracia a una simple categoría de nombres, individuos, deseos y sentimientos.
Si es evidente que los nombres tienen su propia importancia a efectos de articular una opción electoral viable, resulta insignificante ante el verdadero problema nacional y el sentimiento ciudadano sobre lo que viene ocurriendo en nuestro país, toda vez que el fondo del tema va más allá de las personas y reside en valorar objetivamente si la demanda de “cambio” por la que luchó la población, ha sido mínimamente respondida o por lo menos generado esperanza mediante el denominado “proceso de cambio”, que permita un mejor futuro para todos.
Por los datos de percepción ciudadana obtenidas por las universidades públicas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, se tiene que el 63% de los bolivianos no sólo que se muestra descontenta con lo que ocurre, sino que está dispuesta a no reelegir al actual Mandatario. Como se puede apreciar, se trata de un porcentaje muy importante que conforman y confirman que una gran mayoría nacional no está de acuerdo con la forma de gobernar y menos con las medidas implementadas que sólo han generado un
norme retroceso del proceso democrático, la vulneración del Estado de derecho, la destrucción de las instituciones del Estado, la profundización de la crisis económica, el encarecimiento del costo de vida, el incremento del desempleo, el atropello a los derechos humanos, a la libertad de expresión, la manipulación de la justicia y el retorno de la impunidad y la corrupción.
Entonces, es equivocado pensar que únicamente personas que generan opinión pública contraria al Gobierno y determinados nombres de políticos, cívicos y ciudadanos a los que se les denomina “opositores”, encarnen el sentimiento de frustración y desesperanza de la gente, como equivocado es no reconocer que esa mayoría nacional es en realidad un bloque social descontento y potencial contra el actual régimen que se ha caracterizado por promover el enfrentamiento, la división y la violencia, y por tanto se convierte en la base y punta de lanza para construir un proyecto político propio y representativo de los intereses ciudadanos.
La demanda de la sociedad en ese sentido, es la construcción de una propuesta alternativa democrática y posible, diferente al actual esquema oficialista, sustentada en valores y principios democráticos, cuya propuesta exprese las necesidades de la gente y esté orientada a resolver el problema principal, que sin lugar a dudas constituye la falta de empleo y oportunidades económicas para vivir dignamente y garantice mínimamente el sustento y bienestar familiar; que equilibre y controle el ejercicio abusivo del poder y fortalezca el proceso democrático y sus instituciones. En conse- cuencia, no se trata de crear una opción simplemente electoralista para enfrentar a Evo y continuar con la polarización y la división del país y con el pretexto de unidad de la oposición conformar “juntuchas” donde convivan en la misma bolsa personajes de toda índole, reciclando una vez más a viejos y cuestionados políticos, garantizando el reacomodo político de quienes están finalizando su ciclo político, etc., en síntesis hacer todo lo contrario del pensamiento y sentimiento ciudadano.
Son cuatro años duros de una terrible experiencia, por ello el país, quiere otra cosa, quiere ver nuevos liderazgos, propuestas sólidas para mejorar su vida, no quiere vivir en la incertidumbre y la intolerancia, quiere paz e iniciativas para el futuro de sus familias, no quiere los mismos nombres, por eso cuán equivocados están quienes piensan que sólo queda la opción gubernamental, subestimando la inteligencia colectiva de la gente y desconociendo ese enorme descontento que se advierte a lo largo y ancho del país.
Consideramos que las preocupaciones públicas de propios y extraños sobre una supuesta ausencia de alternativa al oficialismo es exagerada o interesada con algún fin electoral, será la sabiduría de los bolivianos y bolivianas inconformes con el Gobierno que alcanzan al 63% que marque el camino y el rumbo de un mejor futuro, porque podrán aparecer y desaparecer candidatos, o los podrá desaparecer políticamente el Gobierno, pero no desaparecerá nunca el descontento de la gente que definirán en última instancia con su voto esa alternativa democrática y posible que vienen demandando.
*Omar Rocha Rojo es abogado municipalista y experto en derecho administrativo.
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