A qué elementos hace referencia el desmontaje del neoliberalismo impulsado por el MAS en Bolivia, hablamos de elementos conceptuales y de políticas públicas. Veamos algunos de ellos.
La campaña política del MAS, desde los años 2000 en adelante, hasta ganar las elecciones de diciembre del 2005, se fundó, en términos económicos, en la crítica al modelo neoliberal y los postulados del Consenso de Washington, pues planteaban que ese modelo generó pobreza, inequidad y que privatizó los recursos naturales y abrió espacios para las oligarquías económicas que, según ese partido, habrían sido las únicas beneficiadas por las políticas de capitalización y de apertura al mercado de los años 90.
En términos de intereses, el MAS y sus partidos afines como el Movimiento Sin Miedo, junto a sindicatos, movimientos sociales, muchas organizaciones no gubernamentales, van más allá de una crítica sólo a los efectos en pobreza e inequidad impulsada por el neoliberalismo y el ajuste estructural; todos esos actores apuntaban y lo hacen aún a que el excedente económico generado en el país sea controlado por el Estado y redistribuido a favor de los sectores populares. Esta es una de las ideas fuerza no sólo de su campaña electoral, sino de su gestión de gobierno. Esta idea puede ser perteneciente a corrientes marxistas o a otras del nacionalismo revolucionario, pues ese control del excedente es precisamente lo que trató de hacer el Estado revolucionario de 1952.
En términos del acceso a la tierra, muchos movimientos sociales ligados al MAS, en especial campesinos e indígenas, deseaban que haya una nueva reforma agraria que redistribuya la tierra a favor de ellos. De una u otra forma, el MNR del 52 puso en el centro de sus políticas a la redistribución de la tierra. Pero, las ideas del MAS, de sus movimientos sociales y ONG no sólo apuntaban a una nueva redistribución de la tierra, ni solamente enfilaban a quitar las tierras a los que la acaparaban en el oriente, sino que el tema fundamental se refería al dominio del territorio por parte de los pueblos indígenas, lo que implica, entre otras cosas, el dominio de los recursos naturales existentes en el subsuelo y éste es un tema nodal de nuestros tiempos. Estas ideas no son parte del nacionalismo revolucionario, sino tienen que ver con los múltiples desarrollos de ideas de diversos indigenismos o de conceptos anticolonialismo, que se entrecruzan con ideas antineoliberales y, ante todo, con varias corrientes antiglobalización que tienen como leit motiv de sus luchas, al enfrentamiento contra las empresas transnacionales. Es justamente eso lo que está viviendo el Perú contemporáneo.
Por tanto, la llegada al Gobierno desde la perspectiva del MAS implicaba dejar atrás todo lo que significó el Consenso de Washington, la introducción del ajuste estructural y del modelo neoliberal en Bolivia en 1985. La definición de políticas públicas del MAS, desde que arribó al poder, se dirige a negar todo lo que implique neoliberalismo en Bolivia, en especial todo aquello que tenga sabor a privatizaciones o las reformas provenientes de la capitalización. Pero, para lograr su cometido, esas políticas deben enfilarse contra todas las instituciones o todas las institucionalidades que hayan bordeado a la capitalización, como sucede con los sistemas de regulación sectorial. Pero, esas políticas no necesariamente implican destruir la propiedad privada, máxime si a esa propiedad privada adscriben las mayorías urbano-populares, de comerciantes minoristas, cuentapropistas, contrabandistas, transportistas que se adhieren afectiva y simbólicamente al MAS. Más aún, no implica tampoco evitar la existencia de una política más que neoliberal en el campo de la producción de coca. Como es la que existe en el presente.
Los dirigentes de sindicatos y movimientos sociales poseen un discurso antineoliberal, esa es una de las bases del MAS, poseen un enojo antineoliberal muy profundo, por tanto, lo que demandan es el desmontaje total del neoliberalismo y de las políticas ligadas a la lógica del mercado. Pero, la paradoja, es que las bases de esos líderes viven muy conformes dentro de comportamientos neoliberales, pues poseen el deseo de acumular y de vivir mejor, pues parecería existir un chip fenicio en sus mentes que los impulsa a comprar y vender, así sean poblaciones campesinas u originarias.
Muchas de las ONG que han fungido o funcionaron, —algunas todavía lo hacen—, como think tanks del MAS, a lo que apuntaban y todavía apuntan es también al desmontaje del neoliberalismo y de las políticas del ajuste estructural. Esas son las ideas en red que han manejado en toda América Latina; por tanto, el MAS, o más bien las políticas del MAS no dejan de ser una criatura de ese tipo de ONG. Aún muchas ONG apuntan radicalmente contra el neoliberalismo, pero no es igual su sentimiento contra la propiedad privada, pues parte de sus funcionarios hacen parte de las clases acomodadas de nuestro país.
Quiere decir que el MAS como movimiento político, los sindicatos, los movimientos sociales y algunas de las ONG lo que pretenden es destruir totalmente al modelo neoliberal. Pero, paradójicamente su discurso y sus práctica no implican el alejamiento de una lógica de mercado, parece ser inviable en época de globalización. Además, anida en el sentimiento y comportamiento, —inclusive de las bases sociales radicalizadas del MAS—, un apego muy fuerte a la economía de mercado.
El Plan Nacional de Desarrollo PND, aprobado a mediados del año 2006, es el principal elemento discursivo sobre la orientación económica del Gobierno, posee un acento fuertemente antineoliberal, alude a la necesidad del control del excedente por parte del Estado. Y en términos institucionales es procomunitarista, pues enfatiza a la comunidad como la institución en la que se debe basar el desarrollo económico. Esto implica que desahucia a otras instituciones, sean prefecturales o municipales, que desde su perspectiva tuvieron que ver con las políticas del pasado y por eso deben ser eludidas o combatidas en el presente, como deben ser eliminadas todas las instituciones del neoliberalismo. Discursivamente el PND puede ser fuerte por su énfasis de lucha contra la pobreza rural, pero en tres años muestra que una cosa es el discurso y otra es la implementación de políticas, que son las que no están presentes todavía en escena.
Hasta el presente, las acciones de las políticas antineoliberales han sido las nacionalizaciones de los hidrocarburos, de la minería y de Entel, en telecomunicaciones. Eso cumple el libreto dirigido a que el Estado controle el excedente y lo pueda redistribuir a favor de los pobres para generar políticas equitativas. Es cierto, el Estado desea controlar el excedente, pero de lo que no hay certeza es que pueda reproducirlo, y reproducirlo de manera ampliada, antes bien, se comienzan a ver nubarrones negros en la gestión de hidrocarburos, de la minería y de las comunicaciones-ex Entel, tanto que se están prendiendo luces rojas que previenen que es muy probable que los números rojos, pero muy rojos, acompañen a la gestión de las nacionalizadas, por tanto, que no haya certeza de la reproducción del excedente y menos aún de su redistribución. Es que en estos tres años se impuso el discurso y la ideología sobre la gestión, y es ésta la que está mostrando que pueden haber problemas a futuro, si la ideología sigue siendo más fuerte que la gestión.
Esa ideología está presente en la nueva Constitución que posee un fuerte énfasis estatista, que parece ir dirigido a reconstruir, —como en los años 50 de la Revolución Nacional de 1952— el Estado empresario. De manera concomitante a la idea de reconstrucción del Estado empresario, está el anhelo de la construcción del Estado del bienestar, tal que el Estado se ocupe de todas las necesidades de la población. No en vano se trata de una Constitución que provee todos, pero todos los derechos a los ciudadanos, mucho más que los que otorgan los estados del bienestar escandinavos. Es importante que todos tengan derecho a todo. ¿Pero, cómo se lo financiará?
Es evidente, el MAS es eficiente en tratar de desmontar el neoliberalismo, pero todavía no ha montado nada que demuestre ser más eficiente y sostenible que ese modelo al cual critica.