El BM plantea apoyar a países pobres para evitar más crisis El Banco Mundial señala que los países en desarrollo pueden convertirse en fuerza impulsora clave de la recuperación mundial cuando se reanuden los flujos de capital. Para ello se necesitarán medidas políticas audaces y coordinadas.
REUNIÓN • Ministros de Finanzas del G-20 analizan la crisis financiera, en marzo del 2009.
El nuevo análisis que hace el Banco Mundial de la economía describe un panorama sin precedentes: la producción mundial se reduce un 2,9% y el comercio mundial casi un 10%, en tanto que es probable que los flujos de capital privado desciendan de $us 707.000 millones el 2008 hasta llegar a los $us 363.000 millones que se esperan el 2009.
Mientras se advierte que el mundo está ingresando en una era de crecimiento económico más lento, el informe anual del Banco Mundial Global Development Finance 2009: Charting a Global Recovery (Flujos mundiales de financiamiento para el desarrollo 2009: Trayectoria de la recuperación mundial) que se da a conocer, actualiza el panorama de la economía mundial y explora el amplio enfoque que será necesario para planificar una recuperación mundial.
“Las medidas extraordinarias adoptadas por los gobiernos de todo el mundo ayudaron a salvar al sistema financiero mundial de un colapso completo, pero la recesión económica persiste en los sectores reales”, dijo Justin Lin, primer economista y primer vicepresidente de Economía del desarrollo del Banco Mundial. “Para cambiar la situación, se necesitan medidas políticas audaces, lo que incluye la reanudación del crédito interno y los flujos internacionales de capital”.
Lin habló en la Conferencia anual del Banco sobre economía del desarrollo que se realizó en Seúl, donde se reunieron los expertos para debatir la crisis financiera. Hizo hincapié en el papel fundamental que pueden tener en la recuperación mundial los países en desarrollo como impulsores del futuro crecimiento mundial y señaló también la grave emergencia de desarrollo que impone el impacto de la crisis en los países pobres y vulnerables.
A medida que se dificultaba cada vez más la obtención de capital y aumentaba la incertidumbre acerca de la demanda futura, se registró un marcado descenso de la producción y del comercio mundial de bienes manufacturados. El nivel de producción industrial de los países de ingreso alto disminuyó en un 15% desde agosto del 2008, y el de los países en desarrollo, sin contar a China, en un 10%.
Se prevé que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de los países en desarrollo se desacelere marcadamente, de 5,9% el 2008 a 1,2% el 2009. No obstante, su rendimiento supera al de los países de ingreso alto, cuyo PIB agregado, según las previsiones, descenderá 4,5% el 2009. Sin contar a China e India, notablemente, el PIB de los demás países en desarrollo disminuirá un 1,6%: un verdadero revés a la reducción de la pobreza.
También se prevé que el PIB mundial retomará un crecimiento del 2% el 2010 y del 3,2% el 2011. En el caso de los países en desarrollo, se espera que el crecimiento sea superior (de 4,4% el 2010 y de 5,7% el 2011), aunque bajo en comparación con el sólido rendimiento que mostraron ante la crisis actual. “Si bien se espera que la economía mundial comience a crecer nuevamente en el segundo semestre del 2009, no se cree que la recuperación cobre fuerza mientras la demanda mundial permanezca en un nivel bajo, el desempleo siga siendo elevado y las condiciones recesivas continúen hasta el 2011”, explicó Hans Timmer, director del Grupo de análisis de las perspectivas de desarrollo del BM. “Si se pretende impedir una segunda ola de inestabilidad, las políticas deben concentrarse rápidamente en la reforma del sector financiero y el apoyo a los países más pobres”.
En ese marco, los gobiernos llevaron sus ideas a la práctica a través de cambios en la política monetaria, estímulo fiscal y programas de garantías para reforzar el sector bancario. Sin embargo, quedan muchos desafíos pendientes y la intervención mundial concertada sigue revistiendo importancia crítica en tanto la crisis persista.
El GDF pone de manifiesto la importancia de un amplio acuerdo entre los principales gobiernos sobre la implementación de reformas y el mantenerse alejados de las políticas de egoísmo nacional. Los argumentos a favor de las políticas fiscales coordinadas, que son generalmente débiles debido a la variación de los desafíos que enfrenta cada país, son muy fuertes ahora que el mundo enfrenta la perspectiva común de una demanda mundial inadecuada.
“Con el tiempo, se deberá abandonar el esquema en el que los gobiernos tienen una gran participación en el sistema financiero y volver a poner el control del sistema bancario en manos del sector privado”, dijo Dailami. “Asimismo, se deberá contener la gran expansión de la oferta monetaria en los países avanzados, y será preciso recortar los déficits fiscales en el mediano plazo, para mantener la viabilidad de la deuda y evitar otra crisis de endeudamiento como la que se produjo en las décadas de 1970 y 1980”.
Finalmente, existe la necesidad urgente de reconocer que los países pobres, que ya estaban debilitados y padecían especialmente la crisis de los alimentos y del petróleo, deberían recibir atención rápidamente. Estos países casi no tienen acceso al capital privado extranjero ni siquiera en los tiempos buenos y dependen en gran medida de donantes para los recursos que necesitan para satisfacer los Objetivos de desarrollo del milenio, cuyo plazo de cumplimiento se ha fijado el 2015.
“Es imprescindible que se defiendan y fortalezcan aún más los compromisos internacionales sobre ayuda para el desarrollo y para el alivio de la deuda”, concluyó Dailami. “Los países pobres enfrentarán perspectivas económicas cada vez más graves si el gran deterioro de sus ingresos de capital por exportaciones, remesas e inversiones extranjeras directas no se revierte para el año 2010”. www.worldbank.com
Rápido deterioro de las condiciones financieras
Es probable que los países en desarrollo se enfrenten con un clima financiero externo lamentable el 2009, según el informe. Debido al descenso abrupto de los flujos de capital privado, a muchos países les resultará difícil satisfacer las necesidades de financiamiento externo, que se estiman en $us 1 billón.
Es posible que la deuda privada y los flujos de capital no logren satisfacer por un amplio margen las necesidades de financiamiento externo de los países en desarrollo, que representan un déficit estimado de entre $us 350.000 millones y $us 635.000 millones. Los flujos de capital de fuentes oficiales, además del aprovechamiento de las reservas en moneda extranjera ayudarán a cubrir el déficit en algunos países, pero en otros habrá necesariamente ajustes macroeconómicos fuertes y abruptos.
“Varias empresas se verán seriamente presionadas para hacer frente a sus pasivos en moneda extranjera con ingresos en monedas nacionales que se deprecian, al tiempo que se ha desplomado la demanda de las exportaciones”, dijo Mansoor Dailami, principal autor del informe. “El riesgo de crisis en el balance de pagos y la reestructuración de las deudas corporativas en muchos países merecen una atención especial”.