El santo guerrero de la España medieval llegó a América y se fusionó con Illapa, el dios del trueno. Una muestra nacional evidencia su mestizaje.
Texto: Jorge Soruco Fotos: Ángel Illanes y Museo Nacional de Arte
Cabalgando entre el arte popular y el académico; entre el imaginario colonial y el contemporáneo, el Tata Santiago sienta sus reales en el Museo Nacional de Arte. Una exposición revelará las diferentes caras del santo a manera de homenaje al patrono nacional, en el mes de su fiesta.
Desde el 18 de julio, el repositorio de la plaza Murillo presentará 37 iconografías; la mayoría de las cuales procede de colecciones privadas y de familias devotas de “Tiago”. “Hemos recorrido gran parte del país. Tenemos piezas de Cochabamba, Oruro, Sucre y La Paz, entre otros lugares”, asegura Fátima Olivares Rodríguez, la curadora de la muestra religiosa.
El esfuerzo permitirá que los paceños puedan observar representaciones del Tata en varios estilos: desde Santiagos coloniales, hasta santos recreados por artistas bolivianos contemporáneos.
“Yo creo que el propio Tata nos ha apoyado para armar su muestra”, opina Fátima y se justifica: “Hemos conseguido grandes obras y, en algunos casos, incluso logramos que los dueños nos las presten el 25 de julio, en su fiesta”.
Para el director del Museo Nacional de Arte, Édgar Arandia Quiroga, este resultado era de esperarse. El artista y antropólogo, devoto de Santiago, asegura que el patrono es muy generoso y que “ayuda a quienes piden con fe”.
Esta cualidad del santo es conocida en todo el país. Desde el norte de La Paz hasta el sur de Chuquisaca, varias poblaciones rinden homenaje a Santiago el 25 de julio. Cada celebración mezcla lo católico con lo andino, en un ejemplo cabal del mestizaje que caracteriza a América Latina.
Dos credos en uno
El Tata Santiago, es la fusión sincrética del patrono de España con la divinidad andina del rayo: Illapa. “Ambos son parte de la misma imagen; por eso el Tata es la señal más clara de la interculturalidad”, explica Arandia.
Según el antropólogo Milton Eyzaguirre, Illapa era una de las divinidades principales de la cosmovisión andina. “Era el encargado de traer la lluvia, la helada, el granizo y el rayo, todos elementos importantes para los ciclos de cultivo y, por ende, para la supervivencia de aymaras y quechuas”.
El principal atributo del Tata, el rayo, era y es aún hoy imprescindible para la consagración de los yatiris. Sólo una persona que sobrevive a la descarga de un relámpago puede ser curandero o vidente. “El relámpago, con su forma de escalera, cae del cielo, que es el Alaxpacha; llega a la tierra, la Akapacha, y penetra hasta inframundo o Mank’a Pacha. Por eso es que se cree que quien fue golpeado por el rayo puede ver estas tres realidades”, puntualiza el director del museo.
Por la familiaridad con los poderes del rayo, en la colonia, los aymaras y quechuas quedaron impresionados por el trueno del arcabuz español que explotaba tras el grito de “¡Santiago!”.
El arcabuz y el rayo
Los españoles conquistaron América con una figura montada en un caballo blanco, ataviada con armadura y espada, como emblema. Era el Santiago “mata moros”, patrono de España que, una vez en tierra americana se transformó en el Santiago “mata indios”. Los conquistadores lo invocaban en cada batalla.
Era una táctica efectiva para los españoles. Eyzaguirre cuenta que, en los territorios indios donde la resistencia era más dura, resonaba con más frecuencia el nombre del patrono. Arandia añade que, luego de que la resistencia fuera derrotada en el campo de batalla, se fundaba una población que necesariamente llevaba el nombre de Santiago.
Esta serie de victorias calaron fuerte en el colectivo indígena. “Era como si el Tata Illapa, el dios del relámpago, estuviera enojado con ellos”, una posibilidad muy real ya que, pese a que Illapa era mayormente benévolo, tenía una cara vengativa y dañina: el granizo y la helada, que mataban a los cultivos y al ganado.
“El arcabuz fue responsable”, acusa Eyzaguirre. “El sonido de los disparos se asemejaba, en la mente de los aymaras y quechuas, al del trueno”. Desde la perspectiva de los indígenas que desconocían las armas de fuego, el triunfo español era un milagro producido por Santiago.
Curiosamente, en sus orígenes occidentales el patrono también estuvo asociado con el rayo. La Biblia relata que Jesús bautizó a Santiago y a su hermano Juan como hijos del relámpago, por su temperamento agresivo.
Según cuenta la leyenda, cuando los españoles iniciaron la reconquista de su territorio, que estaba en poder de los musulmanes, el apóstol se transformó en un santo guerrero de la fe.
En América, el temor dio paso a la reverencia. Con el avance de la Colonia, los conquistados comenzaron a hacer suyo el patrono. Los españoles ayudaron al insistir en la extirpación de las religiones originarias de América.
“Los invasores destruyeron dioses andinos e impusieron santos católicos; pero en este proceso algunas divinidades locales se fusionaron con los patronos que llegaban”, así —asegura Arandia— la Pachamama sobrevivió en la imagen de la Virgen María e Illapa, en el Tata Santiago.
Alegre pero celoso
Los bolivianos abrazaron esa fe al Tata con devoción. Familias enteras dedican sus rezos “al Tiago”, como le llaman y organizan fiestas en su honor. “Muchas de las piezas que tenemos son de familias que veneran al santo”, aclara Olivares, mientras que Arandia explica que “hay pueblos que reverencian al Tiago todo el año”.
La tradición justifica esta exclusividad. El Tata es muy celoso. “Si no le eres fiel, las cosas te saldrán mal” dice el pintor, y su opinión es refrendada por Fernanda Quispe Pérez (60), vecina del pueblo potosino de Bombori: “Una vez, una persona que prometió pasar la fiesta para el Tiago no lo hizo y festejó a otro santo. Toditito su ganado se murió con la helada y se quedó sin plata”, cuenta convencida.
Es por eso que en poblaciones como Guaqui, Quime, y Santiago de Machaca, entre otras, el 25 de julio es día de fiesta. “Tiene que ser muy alegre”, advierte Arandia y Eyzaguirre afirma que es una de las fechas patronales más importantes del occidente.
Fastuosas entradas folklóricas, ingentes cantidades de comida y alcohol, y mucha fe son las características de la celebración. La danza de preferencia es la morenada, mientras que las flores y las capas son la ofrenda ideal. En el área rural todo el pueblo participa, mientras que en las ciudades cada familia honra al Tata.
Todo el esfuerzo tiene su recompensa. Los fieles del Tiago, como Arandia y Quispe, aseguran que es muy generoso. “Me ayudó cuando tenía muchos problemas graves, por eso mi hijo se llama Santiago”, confía Arandia.
Y mientras el rayo surque el cielo y la morenada suene, el Illapa y Santiago, unidos, continuarán protegiendo a sus devotos.