La prolongación de la crisis en Honduras, en gran medida debido a la combinación de alaridos chavistas, incluyendo la apelación al conflicto bélico, y la bizarra postura estadounidense, similar a la del neofascista venezolano, calificando lo sucedido con términos que hubiésemos querido ver dirigidos a los mullahs iraníes, define un punto de inflexión en lo que hasta allí parecía la irrefrenable carrera de Chávez por someter a las democracias latinoamericanas bajo su férula, a punta de talegazos y esa mezcla de histrionismo demagógico y alevoso que se ha vuelto su sello.
Como desde antes de octubre del 2003 en Bolivia, donde su intromisión y financiamiento acabó derrocando a dos gobiernos constitucionales y enlutando a más de 60 familias, en los hechos recientes en el Perú en los que el Chavismo acumuló más de 20 muertos, como en la larga lista de crímenes de las FARC y del FMLN, y los muertos en la propia Venezuela, en Honduras la sangre regada, —milagrosamente sólo hubo dos muertos pese a los intentos de los seguidores de Zelaya de generarlos por decenas— así como el cuestionamiento a la soberanía y constitucionalidad del país de Francisco Morazán y de Zelena Rodríguez, tiene un vínculo directo con la estrategia de subversión del orden democrático e institucional y el descarado y pérfido azuzamiento de las divisiones étnicas, políticas y sociales que a golpe de petrodólares y lavados cerebrales, siembra el locuaz Chávez ante la indiferencia de la mayoría de los gobiernos occidentales.
Honduras no obstante marcará un hito debido a la desigualdad de las fuerzas en cuestión. Como un David frente no a uno, sino varios Goliats, algo así como una versión moderna de los paraguayos frente a la triple alianza, y pese haberse visto ante la necesidad de apelar a un cuestionable recurso de fuerza, los demócratas de Tegucigalpa han hecho pasar un poderosísimo mensaje a toda América y el mundo: “El voto popular no incluye una licencia para delinquir, y todo esfuerzo para gobernar por el bien común debe estar dentro del marco de la ley”. La surrealista imagen de un Presidente depuesto intentando vanamente aterrizar en su país, seguido por un avión con los apandillados presidentes de Argentina, Ecuador y Nicaragua, todos depositarios de los recursos que distribuye Chávez luego de sonsacárselos a los venezolanos, antes que tener la apariencia de un relato de García Márquez es la evidencia de la impotencia de la sin razón populista en un mundo que legítimamente busca soluciones a sus problemas de pobreza y exclusión.
Es también una oportunidad para quienes, directa o indirectamente, por acción u omisión, permi- timos que en Bolivia avance la destrucción de la constitucionalidad y la democracia, realicemos una autocrítica. Nada de lo que vivimos hoy, las más de 60 víctimas de la represión masista, la ofensiva en contra de las libertades y derechos, los cientos de casos de linchamientos, el exponencial aumento en la producción de cocaína, la degradación de la convivencia, el asedio al poder judicial, los atentados contra la libertad de prensa y de religión, la división y exacerbación de los corporativismos excluyentes y el resurgimiento de los odios de razas y clases hubiesen podido avanzar y hasta constitucionalizarse si en su momento quienes creemos en la democracia hacíamos oír nuestra voz.
*Luis Eduardo Siles es magister en gestión y políticas públicas y dirigente del MNR.
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