Si la ética tiene que ver con los valores y la integridad de las personas, ¿tendría que ser legislada? Las personas heredan valores de la familia, aprenden en las aulas y a lo largo de la vida para ponerlos en práctica en un momento dado.
Para continuar con esta reflexión quiero precisar conceptos de la moral personal y de la ética profesional. La primera está ligada a la conducta del individuo. Y la segunda está relacionada a las decisiones de un profesional, las que deben velar por la convivencia y el respeto a las normas establecidas.
No pretendo analizar la conducta de las personas, es exclusiva de la vida privada e íntima de las mismas, sino reflexionar sobre la ética que observa el ejercicio público de un profesional que en el caso del periodista está relacionada con la honestidad y la responsabilidad.
Si la ética reúne un conjunto de valores que residen dentro del individuo, por qué la conciencia de una persona, en este caso de un profesional, tendría que ser legislada a través de un código de ética, que en los hechos no soluciona la intencionalidad del ejercicio profesional.
Queda claro que los códigos de ética profesionales no suplen la responsabilidad de la decisión personal, a la larga son susceptibles de convertirse en reguladores de conciencia y en una norma punitiva contra la libertad de expresión.
Un código de ética es un patrón de prensa y en los hechos, una reducción de los valores éticos a reglas profesionales de trabajo. Entonces no tendría que llamarse código de ética sino código de conducta o reglas internas de una institución gremial; por ejemplo, si un trabajador desobedece a su superior es sancionado o es despedido.
Por ello los límites legales, señalados por un código de ética, son relativos o poco cumplidos. Esto ocurre porque la ética periodística depende más de la conciencia profesional que de los códigos de ética que adornan a los gremios.
Si el periodismo independiente proporciona elementos a la sociedad para que camine con sus propios pies, la ética periodística representa un compromiso con el ejercicio libre y responsable del profesional de prensa.
Está claro que para los periodistas no hay nada más importante que la ética y por eso tiene como su tesoro más valioso, su credibilidad. Si un periodista pone en peligro su credibilidad, a la larga no le será útil a su profesión y mucho menos a la sociedad en su conjunto. Un periodista sabe que una decisión difícil se la toma en momentos difíciles y para ello cuenta con pocos minutos para poner en una balanza las consecuencias de una decisión profesional.
*Cándido Tancara Castillo es periodista de La Razón.
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