Un anciano de 150 años vive en la comunidad tarijeña de Bella Vista. Es especial: puede trabajar todas las noches sin descansar, pero refunfuña cuando Benigno Vargas Rivera no le invita coca, alcoholcito y cigarrillos Casino.
El Abuelo, como han bautizado los vecinos a su bien más preciado, es el Molino de Bella Vista. “Esta máquina es más antigua que todos. Mi padre y mi abuelo siempre hablaban de él, y ahora nuestros hijos y nuestros nietos lo conocen”, expone Benigno, el responsable del triturador.
El hijo del molino
Nacido hace 49 años en Canasmoro (provincia Méndez de Tarija), Benigno vive desde niño en Bella Vista. Su domicilio está hoy a menos de 20 metros del molino. “De niño veía esta enorme casa, la harina que sacaban, el río que está detrás y las rocas que muelen el maíz”, cuenta frente al galpón de 10 metros de altura.
A los ocho años, Vargas ya barría el polvo del grano. “He visto a 14 molineros pasar por aquí y me acuerdo bien de don René Jaramillo, don Braulio Choque y don Ceferino Gutiérrez. René estuvo cinco años y Ceferino, diez. Aprendí mucho de todos ellos”.
Aunque siempre quiso manejar el molino, de joven Benigno se hizo sastre, oficio que aún lo tiene ocupado durante el día. No fue sino hasta 2007 cuando presentó la solicitud para ser el responsable del trapiche de piedra. Y aunque fue un poquito tarde —a sus 47 años— a él sólo le importaba hacer realidad su sueño de manejar sólo la gigante máquina.
La primera pudo ser la última
El 12 de mayo de 2007 está encerrado en un círculo rojo en el viejo calendario de la sastrería de Benigno. Esa fecha se estrenó como molinero. “Nunca me voy a olvidar de esa madrugada, el molino traqueteaba, el maíz entero pasaba y no quería funcionar. Yo no sabía qué sucedía y por un momento pensé que no estaba preparado todavía para esto”.
Estaba preocupado. Los costales de maíz esperaban y la trituradora no respondía. Fue en ese instante cuando recordó cómo don René Jaramillo ch’allaba a las rocas antes de cada jornada. “Ese ratito mismo le di al molino su traguito (alcohol), su coquita y su cigarrito. Esta máquina había tenido su tío, pues”, cuenta.
La trituradora circular de Bella Vista utiliza la fuerza del río Del Molino para moler el grano. Testigos de los 150 años del artefacto, son cuatro discos de roca partidos, que escoltan la entrada.
“La vida útil de una piedra moledora es de unos 30 años”, formula Vargas mientras echa maíz en la tolva, un depósito en forma de pirámide invertida, situado encima de los pedruscos. El cereal cae y se introduce entre las muelas de los peñascos.
Por noche, el molino puede desmenuzar hasta 10 quintales, dependiendo de la fuerza del río y del estado de las piedras moledoras. Sin embargo, en ocasiones los agricultores que van a moler su grano no entienden explicaciones. “Mi primer año, en el 2007, hubo una sequía y la fuerza del río era tan débil que no podía moler. Esa vez los compañeros se la tomaron conmigo”, revela.
Chicha para la fiesta
Vargas se prepara para la fiesta de Todos Santos. Desde fines de octubre, decenas de vecinos de San Pedro de Sola, San Andrés, Pantipampa, Pino Sud y Tolomosa llegarán con costales de maíz para llevarse harina.
Aún más movido será diciembre por la celebración por la Virgen de Santa Bárbara. “Molemos harto maíz para la chichita”, dice respecto a la bebida tradicional. Serán noches exigentes para Benigno y su trituradora, y por si algo no funciona, el molinero ya alista coca, cigarros y alcohol.