Texto: Johnny Fernández Rojas • Ilustración: Abecor
El 25 de octubre de 1809, el actual 8 que ocupa la ciudad de El Alto fue el escenario del enfrentamiento armado entre el ejército patriota y las fuerzas realistas. Este hecho dio inicio a la Guerra por la Independencia, que se extendió por más de 15 años.
La “Batalla de Chacaltaya” se realizó en la zona alteña que actualmente se conoce como Faro de Murillo, a los pies del nevado Chacaltaya. Hoy se cumplen 200 años de la contienda que fue ganada por los realistas, pero que se convirtió en insignia del proceso libertario de Bolivia.
En el campo de batalla
José Gabriel Castro, español de nacimiento, llegó en julio de 1809 a La Paz. Abrazó la causa independentista y dirigió al ejército patriota en la épica jornada del 25 de octubre, que lo enfrentó a José Manuel Goyeneche, el arequipeño de nacimiento que estuvo al servicio de la Corona Española. Es decir, el primero, español, luchó contra el poder español y el segundo, americano, contra la aspiración americana.
Pese a esas procedencias y actuaciones circunstanciales, la Batalla de Chacaltaya calibró la desigualdad de condiciones que habrían de prevalecer en los bandos en los siguientes años. Esta inaugural contienda fue objeto de varias descripciones históricas, unas de loas a la entrega a la causa libertaria y otras, incluso, niegan que haya habido enfrentamiento.
El libro La ciudad de La Paz. Su historia-su cultura (Crespo, Baptista, Mesa, 1989) narra así las circunstancias de la batalla: “Castro está dispuesto a pelear hasta el final y reúne los soldados que puede... Se retira a las alturas de Chacaltaya y rechaza un mensaje de rendición que le hace llegar Goyeneche, quien con su ejército ya ha llegado a El Alto. Todavía siguen con Castro, Sagárnaga, el cura Medina, Cossío, los Figueroa, Orrantía. Cuando instan a Castro a rendirse, éste responde de esta forma: ‘He resuelto vencer o morir; más vale morir en el campo de honor que en plaza pública’”.
El historiador Juan Pereira Fiorilo describe también esta primera contienda: “El 25 de octubre, los 980 hombres del ejército patriota que se habían apostado en Chacaltaya fueron atacados por las fuerzas realistas, siendo derrotados por su escaso número de combatientes y por carecer del armamento que poderosamente fortalecía a los realistas. Castro, Iriarte y Medina ordenaron a los patriotas que bajaran al Partido de Yungas”.
El general Miguel Ramallo reconstruye el episodio de esta forma: “Chacaltaya es el primer choque de las armas de la libertad con las de la tiranía, es la voz de alerta que da el cañón de los libres llamando a los esclavos para que, empuñando el arma vengadora, corran a los campos de batalla a derramar su sangre y conquistar con ella una patria independiente (...). Goyeneche, por medio de un oficio, intimó rendición al comandante Castro, el que le respondió: Que no se rendiría y que estaba resuelto a batirse, puesto que la decapitación de los patriotas ya estaba decretada. El 25 de octubre mandó Goyeneche el avance de sus tropas contra los insurgentes, los que las recibieron a cañonazos, siendo notable el entusiasmo y valor que desplegaron los criollos en su bautismo de fuego”.
La magnitud de la batalla varía en las versiones históricas. Mientras Julio César Valdés afirma: “Derrotadas en Chacaltaya, las últimas huestes revolucionarias, después de desesperada lucha, cayeron en poder del enemigo”; el historiador José María Salinas sostiene: “El 25 de octubre, se presentó Goyeneche con 1.500 hombres. Los patriotas, después de disparar uno que otro cañonazo, se retiraron, visto el número demasiado superior del enemigo, tomando el camino de Yungas... en consecuencia, no hubo pues, la célebre Batalla de Chacaltaya”.
Goyeneche y Murillo
Con todo, la mayoría de los historiadores coincide en la magnitud del adversario de los patriotas: “Goyeneche con su tropa, cuádruple en número e inmensamente superior en armamento e instrucción militar, había derrotado en Chacaltaya a los bisoños soldados de la libertad, armados más de idealismo que de arcabuces y cañones. El 25 de octubre, a la una de la tarde, entraba el general victorioso en la ciudad de La Paz...”, escribe Humberto Vásquez Machicado. Y Víctor Santa Cruz complementa: “El encuentro se realizó en las alturas de Chacaltaya cerca de El Alto de La Paz. Empero, Goyeneche, que no pudo apreciar la debilidad de Castro, elevó un informe bastante exagerado al Virrey en Lima. Expresando que había obtenido un triunfo rotundo sobre el ejército revolucionario”.
El mismo Santa Cruz repara en el papel que habría tenido Pedro Domingo Murillo, uno de los cabecillas de la gesta libertaria del 16 de julio de 1809, en esta batalla: “Murillo participó en Chacaltaya como un simple soldado... después huyó a Zongo”, explica.
A propósito del personaje, otros estudios sostienen: “Murillo consiguió escapar (de Chacaltaya) y escribe diversas cartas a Goyeneche, denunciando los planes demagógicos de Castro y poniéndose bajo su protección y clemencia...”, (Manual de historia de Bolivia de Humberto Vásquez , José de Mesa y Teresa Gisbert). “Pedro Domingo Murillo se desvió por Zongo a refugiarse en la Hacienda Anasirca”. (Síntesis histórica de la ciudad de La Paz de Julio Díaz Arguedas).
La chispa de la llama libertaria
Un día como hoy, hace 200 años, en territorio de El Alto de La Paz “chocaron por primera vez las armas españolas con las de los patriotas, es decir, de la tiranía con las de la libertad, que debía propagarse y continuar durante 15 años, ensangrentando las llanuras, serranías, quebradas, bosques y ríos”, define la investigadora Ana María Sotomayor.
La Batalla de Chacaltaya, junto a otros episodios bélicos de menor y mayor expresión liberadora, se constituye en uno de los cimientos heroicos de la Independencia de Bolivia. La población alteña —que heredó este legado histórico, con unción, reverencia y legítimo sentimiento de orgullo— debería ostentarlo, porque inobjetablemente forma parte de su fecunda historia.