Hace 10 meses Jenson Button acababa de regresar de un entrenamiento cuando sonó su teléfono móvil. "Honda ha anunciado su retirada", le dijeron. Y el mundo se le cayó encima. Apenas había tiempo para nada. De golpe, se había quedado sin equipo. "Creí que mi carrera se había acabado", admitió el flamante campeón de la F-1.
Según el diario El País, de España, el piloto y los mecánicos esperaron noticias, pero no hubo un comprador. Sin embargo, el director de la escudería, Ross Brawn, y el coordinador general, Nick Fry, sabían que el proyecto de coche para 2009, en el que habían estado trabajando todo el 2008, era demasiado bueno para desaprovecharlo.
Entonces decidieron jugársela. Expusieron su dinero junto al de un grupo inversor y pusieron en juego parte de su patrimonio para estar en la parrilla de salida. Button tuvo que renunciar a dos terceras partes de su sueldo.
"Quería quedarme con ellos. Ross me dijo que el coche era una bomba", recuerda.
En marzo, el bólido pisó la pista por primera vez en Barcelona. Button no se lo creía: "Era una maravilla. Podía hacer con él todo lo que quisiera: apretar el freno a fondo, buscar los límites en las curvas... Respondía de manera increíble". Desde la primera carrera, en el GP de Australia, hasta la séptima, en Turquía, Button no se bajó del podio. Ganó seis de esos grandes premios y en el otro, en Bahrein, acabó tercero. Adquirió una diferencia de puntos tan brutal que pudo vislumbrar el título en el horizonte.
En Brasil se lo jugaba todo. Y, pese a su pésima clasificación, consiguió el objetivo de asegurarse el título mundial. De golpe, su leyenda dio un vuelco.
Sigue siendo el juerguista que fue capaz de dejar plantada a Louise Griffiths cuando ya se habían mandado las invitaciones de su boda. Permanece fiel a sus caprichos, a correr por las calles de Montecarlo en los mejores coches, a no preocuparse si le ponen multas y a salir de copas con su amigo David Coulthard.
"Soy un obseso de la perfección. No tolero mis errores ni los de la gente que me rodea. Me considero un profesional cuando trabajo", asegura.
Desde que su padre, John Old Boy —nombre que le quedó de su etapa de piloto de rallies—, le regaló el primer kart hasta que se convirtió en el piloto británico más joven en subirse a un F-1 el 2000 con Williams, a los 20 años, fue ascendiendo peldaños y dando vida al título de mejor promesa. Pero corrió el peligro de quedarse sólo en eso. Su primera victoria tardó 113 carreras en llegar (Hungría, 2006). Y este mundial lo ha conquistado a los 29 años, cuando muchos ya no confiaban en él y habían depositado su admiración en Lewis Hamilton, campeón el 2008. Pero él siguió y fue fiel a sí mismo. "Si no tienes un coche ganador, nunca serás campeón en la F-1", afirmó siempre. Y este año, en el que a punto estuvo de quedarse sin equipo, lo tuvo y terminó siendo el campeón mundial.