Algunos consideran que la recesión económica en EEUU ya terminó porque la tasa anualizada de su producción y de su industria, si mal siguen siendo negativas, ya no están cayendo más. Además, los índices bursátiles se han recuperado artificialmente en todo el mundo. El legendario Dow Jones supera los 10 mil puntos como si nada hubiese pasado, sin embargo, la economía real en el mundo ha caído. Se espera una contracción de la producción para 2009 de 1 al 2% y del comercio mundial en un 11%. Para los EEUU se calcula una caída de casi 3% en su producción, y el desempleo, a septiembre, ya llegó al 9,8%. Hay estimaciones inquietantes que dicen que el desempleo podría llegar al 15%.
Krugman dice que ´lo peor que se puede hacer para las futuras generaciones es No incurrir en déficits suficientemente grandes ahora´, con lo que se coloca a la vanguardia de quienes sostienen que la única manera de salir de la recesión es con mayor gasto público. Krugman dice: “Gastar dinero ahora significa una economía más fuerte, tanto en el corto plazo y en el largo plazo”.
Se comenta que en EEUU se prepara un segundo plan fiscal para asegurar la salida de la recesión luego de que hubiese fracasado el primero, con un costo programado de casi 800 mil millones de dólares, pero efectivamente gastados 110 mil millones. El paro aumenta, pero el déficit fiscal para el año 2009 ya se ubica en el 12% del PIB y la deuda total pública alcanza al 85%. Estos son indicadores que caracterizaban a los países de América Latina, en el pasado, y cuando enfrentaban procesos de crisis en balanza de pagos y de alta inflación.
América Latina mostró ser una zona crónicamente deficitaria, un lugar donde se gasta más de lo que produce, por ello continuamente se tuvo que endeudar con el mundo, señalando un continuo déficit en cuenta corriente de balanza de pagos financiado con crecientes ingresos de capital del exterior. Cuando esto no era así, sus bancos centrales financiaban con creación creciente de dinero, por lo que la región era conocida como una de máxima inflación. El promedio inflacionario en el periodo 1985-1995 estuvo en el orden del 200% anual. EEUU está pasando por lo mismo desde hace rato y, sin embargo, no tiene inflación. Lo que tiene es una inflación de precios de los activos financieros.
La inflación fue un rasgo latinoamericano porque el pensamiento económico dominante era el que hoy difunde Krugman: hay que gastar dinero para tener una economía más fuerte, hay que dinamizar continuamente la demanda para aumentar el nivel de empleo y con ello la producción. El resultado nunca fue así. Crónicamente los países latinoamericanos caían en crisis de balanza de pagos e inflación, por lo que periódicamente acudían al FMI para obtener préstamos que les permitiesen seguir financiado sus fundamentales importaciones, al mismo tiempo en que se comprometían a ser austeros en el gasto, si es que querían mantener posibilidades futuras de crecimiento.
Bolivia, en su trágica historia económica, vivió largos periodos donde se aplicaban programas para enfrentar sus crisis permanentes con el criterio de ¡Mayor gasto público!, expansión de la demanda, como hoy EEUU lo hace —y quiere seguir haciendo— y nunca pudo expandir su economía real de manera sostenida sino hasta donde daba su real capacidad productiva.
La pregunta es: ¿Por qué los países latinoamericanos tenían —y tienen— la obligación de ejecutar los denominados “programas de ajuste estructural” y no los EEUU, que en lenguaje coloquial significa ajustarse los cinturones? ¿Cómo es posible que se le permita a EEUU vivir crónicamente en déficit y no así a los países en desarrollo? ¿Por qué el FMI no aplica los mismos criterios a EEUU que a los países en desarrollo? ¿Cómo es que algo puede ser malo para América Latina y bueno para EEUU? La respuesta no sólo está en que el FMI es una institución débil frente a un gigante como lo es EEUU, una institución que no tiene las suficientes espaldas financieras como para apoyar financieramente un programa de la magnitud que pudiese requerir la Unión, por tanto, incapaz de imponerle criterios al momento de que ese gran país diseñe su política económica, sino fundamentalmente porque su moneda tiene un uso mundial. Es el único país que cuando exporta capitales exporta su propia moneda y el mundo le entrega recursos reales a cambio de una promesa de pago en su moneda, dólares americanos. Es el único país que no mantiene reservas internacionales como lo hacen los demás. La única reserva que tiene es su oro monetario acumulado, que es absolutamente insuficiente si quisiera utilizarlo para honrar sus obligaciones con el mundo.
Los argumentos para impulsar el gasto público en los EEUU son los mismos que se utilizaban en América Latina, en el pasado, difiriendo sólo en cuanto a los propósitos concretos, v.gr. incrementar los gastos en seguridad social para extender el subsidio de desempleo. Con la muletilla de crear empleos, en ese gran país, se plantea dar “créditos impositivos” a los empleadores y continuar con créditos para la vivienda, cuando el reto es que no siga aumentando el paro, es decir, la destrucción de empleo ya existente, antes de pensar en nuevos. Y no se vislumbra una caída inmediata, éste sigue creciendo. Con el argumento de que hay que activar la demanda privada se aprueban recortes de impuestos. Pero todo esto se está traduciendo en déficit fiscal y endeudamiento público sólo visto en Latinoamérica y en el pasado.
La economía hizo avances en comprender cómo funciona la demanda agregada, pero no así con relación a la oferta. Se acepta que una recesión puede ser provocada por una insuficiencia de la demanda agregada, pero la recesión también trae como consecuencia daños al aparato productivo que contraen a la oferta, y que no se sanan en el corto plazo. Por tanto, no sirven las políticas expansivas que busquen recuperar el nivel de demanda anterior para eliminar la recesión, lo único que se logra es una continuada recesión y rebrote de la inflación.
Por tanto, los norteamericanos tienen que beber el cáliz de la amargura para mantener el privilegio de seguir siendo el emisor de dinero en el mundo, por lo que cobran un importante “señoreaje”, no por la emisión de billetes que seguramente es bajo, dado que en el mundo cada vez se usan menos billetes pero cada vez más el dinero virtual, “dólares virtuales” y aquí sí EEUU debe ganar muchísimo.
Ya se habla de que si el país del norte continúa como está, si no pone un freno a su gasto, sus nerviosos acreedores concluirán que se desatará una inflación en ese gran país, lo que a su vez traerá aparejado la continua devaluación del dólar, con lo cual estaría sepultando su papel de dinero mundial, que hasta ahora ha jugado. Se estima que un 70% de las reservas internacionales de los países del mundo están en dólares americanos constituyéndose en un pasivo de EEUU. Es hora de que el equipo económico del presidente Obama le ponga una mayor atención a las enseñanzas de esos dos grandes premios Nobel de Economía: Friederich von Hayek y Milton Friedman.
Las reservas internacionales de las 35 economías más importantes del mundo alcanzan a septiembre del 2009 a 5.968 billones de dólares, más de un 40% de la producción anual de EEUU, correspondiendo al Asia el ¡95%! de esta acreencia. Así como las crisis financieras que América Latina atravesó en el pasado la ponía de rodillas frente a sus acreedores externos, el país del norte puede correr esta misma suerte frente al poder del Asia, si no se ubica en su verdadero problema. EEUU tiene que llevar a la práctica los consabidos “programas de ajuste estructural” impuestos a los países de América Latina, si quiere realmente enfrentar sus verdaderos problemas y proyectarse en el futuro con mejores fundamentos. En cuando a la expertise no tiene por qué preocuparse, los muchachos del FMI saben muy bien hacerlo y, en estos tiempos, están desocupados, dado que los países latinoamericanos ya no tienen ni el problema fiscal ni el problema de la deuda, que sí lo tiene la primera economía del mundo.
Armando Méndez fue presidente del Banco Central de Bolivia.