Con dos pollos, Doña Betty construyó sabroso negocio Empezó la venta de pollos hace 30 años. Enseñó a muchos que hoy son su competencia. No para durante los 365 días y en Año Nuevo tampoco.
NEGOCIO MODERNO • Doña Betty en pleno trabajo. “¿Quién no comió un pollito de la Betty?”está en el Facebook; allí estrenó su nuevo y primer logo, diseñado por su hijo Iván.
Tenía 14 años cuando llegó a vivir en la céntrica calle Yungas. Logró tener una tienda de abarrotes de barrio. Decidió vender dos pollos al horno y 30 años después tiene la rotisería más famosa de la ciudad de La Paz. Doña Betty no da la receta y se toca el corazón afirmando que el ingrediente especial es mucho cariño y la ayuda de Dios y de su familia.
“Me inventé la receta y empecé haciendo dos pollitos para vender. Ese primer día no he vendido nada y nos los tuvimos que comer. El segundo día, pasó lo mismo. Fue la semana siguiente que empecé a vender un pollo, luego dos, tres...” y ahora, todos los días tiene una larga fila de personas que esperan su turno para comprar los pollos de Betty de Chuquimia. También tiene una sucursal en Los Pinos.
Si bien le genera orgullo, le molesta la competencia. “Les enseñamos y luego ponen su propio negocio, eso es lo peor porque me copian”. Inmediatamente asegura que “es como una universidad, aquí vienen a aprender y se van” conociendo todas las exigencias del negocio, que empieza con el buen lavado del pollo. “Lo contrario no sirve”.
La calle Yungas, además del mercado, la rotisería Doña Betty, tiene a más de media docena de locales similares. “Algunos son mis ex empleados”, sostiene.
Hoy, cuenta con Daniel, su mano derecha hace más de ocho años; otros 10 trabajadores; sus cuatro hijos y su esposo que se dan tiempo para ayudarla los fines de semana, feriados y fiestas.
Si bien no da la receta da otros ingredientes del negocio: los proveedores. Los pollos son de la empresa cochabambina Pío Lindo; la carne de chancho de las cabañas de Santa Cruz y las verduras son adquiridas a sus caseritas del mercado Rodríguez.
En su menú ahora tiene lechón y acompañamientos como arroz, tallarín, plátanos y papas cocidas, sonzos (yuca con queso) y el infaltable escabeche.
Aún tiene problemas con la puntualidad en la entrega de los productos, por parte de los intermediarios. “No paramos, empezamos todos los días a las siete de la mañana. Es sacrificado”, pero no le gusta defraudar la fidelidad de centenares de clientes.