Foro Hoy en día en Bolivia vivimos una falacia mediática llamada “cambio”, el cual trata de imponerse en un Estado que está social y económicamente más dividido que nunca, ergo, este tipo de imposiciones históricamente derivan en la escisión de los Estados.
Con esta frasecita tan bien publicitada llamada “cambio”, la pregunta obvia es: ¿Cuál cambio? Cambio de bolsillo, seguro que sí; pero un cambio serio y profundo se encuentra absolutamente ausente en Bolivia, y lo que se nos propone desde Palacio de Gobierno está fuera de todo contexto histórico y lógico, puesto que se pretende retornar al Estado superpoderoso, paternalista, corrupto e ineficiente; cuando la historia y la experiencia nos muestran que dicho tipo de conducción social no dio resultados positivos.
Hoy por hoy nos encontramos encaminados hacia aquel Estado que murió con la caída del Muro de Berlín; hacer una burda réplica del Estado Socialista Soviético, donde el Derecho no fue sino una estructura dirigida a resolver problemas individuales, que es ante todo, un instrumento orientado a cambiar la sociedad dirigiéndola hacia el ideal comunista, fuera del cual no pueden existir una verdadera libertad, una auténtica moralidad, ni una verdadera igualdad.
Viviendo ahora en un Estado eminentemente clasista, el cual personifica a un sector hegemónico de la sociedad, el Derecho continúa siendo la “voluntad de una clase dominante erigida en ley”, lo cual nos permite concluir con el sabio concepto del jurista Gastón Jezé, quien afirmaba que este tipo de estructura estilo soviética, es “la violencia al servicio de una clase”. En el caso boliviano, vivir una irrealidad llamada democracia participativa con “independencia de poderes”.
Se está citando en el presente a autores e ideologías de siglos pasados, y sin embargo el Gobierno del “cambio” continúa utilizando aquellas desgastadas formas de manejo estatal como puntal de su, ineficiencia mediante, descolorida gestión de gobierno. Pero no nos engañemos; la habilidad gubernamental de vendedor de ilusiones es tanto mágica cuanto maquiavélica, ya que charlatanean que su “mágica poción” creará un mejor país, cuando lo único que están vendiendo son ilusiones disfrazadas en una bandera multicolor.
Más de 20 años de vida en democracia, y hasta ahora no hemos podido producir en el país políticos que tengan esa ya perdida pasión de pensar primero en la patria; esa entrega incondicional por servir a su país y no servirse de éste. Más de veinte años de vida en democracia, y el partido político que mayor votación ha conseguido del pueblo y de una refinada maquinita de votos, nos propone retroceder en el tiempo hacia ideales y prácticas estatales ya desterradas por lo ineficiente de su desempeño histórico; y todo esto gracias a su habilidad de vendedores de ilusiones. Empero no hay mal que dure cien años; Una voz honesta puede ser más fuerte que la de toda una multitud.
*Alejandro Mariaca Álvarez es administrador de empresas.
Agente encubierto o provocador
En los casos de infiltración de agentes de las fuerzas de seguridad del Estado en organizaciones criminales para el descubrimiento e investigación de los delitos, la doctrina penal distingue las figuras del “agente encubierto” y “agente provocador”.
Olor a pólvora en Sudamérica
Aunque uno no lo quiera, oye tambores de guerra en América del Sur, y ve indios con las caras pintadas, lo que es muy mala señal.
Honduras y Bolivia: tan parecidas pero tan diferentes…
Cada vez que pienso en el golpe de Estado del 28 de junio del 2009 en Tegucigalpa cuando un grupo de militares se asomó a la residencia presidencial de Honduras para sacar del poder por la fuerza a Manuel Zelaya, me acuerdo más del golpe de Estado que protagonizó el 1 de noviembre de 1979 el coronel Alberto Natusch contra la naciente democracia boliviana y sacó del poder al entonces presidente interino Wálter Guevara, bajo acusaciones de “prorroguismo”, tras haber propuesto que su mandato debía prolongarse por un año más al margen de la gestión para la cual lo nombró el Parlamento.
Terror transfronterizo
Sea un aldabonazo por la llegada de Hillary Clinton a Pakistán o, mucho más probablemente, una respuesta a la ofensiva en marcha del Ejército contra el feudo yihadista en Waziristán, el último atentado de los talibanes en Peshawar lleva al paroxismo una situación insostenible.