Con bastante interés se observó en los últimos días la gestión que realizó el canciller David Choquehuanca para devolver la normalidad a las relaciones entre Bolivia y EEUU, las cuales sufrieron un quebranto en el plano diplomático, con el retiro de embajadores.
Aunque los avances son promisorios, como lo expresaron el Canciller y la representación estadounidense que participa en el trámite, todavía hay que vencer seguramente algunos trechos más. Entre ellos, que cesen en definitiva las alusiones adversas contra la nación del norte, sin que ello tenga que implicar, necesariamente, dejar de tener diferencias ideológicas, si se quiere.
Se entiende que el viaje de Choquehuanca a Washington no fue por decisión personal, sino porque debe haber la convicción oficial de que es conveniente recomponer las aún maltrechas relaciones con ese país.
Conviene que las naciones del hemisferio, en especial, tengan relaciones normales, así pueden aprovechar las muchas conveniencias que generan ellas.
Es posible y no debe extrañar que por medio haya diferencias en algunos aspectos. Empero, lo que siempre debe predominar son los mejores intereses de los países, más todavía cuando la nación del norte cooperó y sigue haciéndolo a los diversos sectores que requieren su apoyo en Bolivia.
Por tanto, los progresos alcanzados por la gestión del Canciller abren muchas expectativas en el país, por lo que un pronto final de la misma es deseable que se corone con el éxito que se merece. Hasta el momento, Choquehuanca cumplió con lo suyo y esto es plausible, en todo sentido, sea tanto en lo personal como el efecto positivo que puede tener a favor del interés patrio. En materia de relaciones externas, es mejor la buena convivencia que optar por los malos entendidos.