Un movimiento disidente surgido en la Iglesia Anglicana removió sus cimientos, inamovibles en los cuatro últimos siglos. Una parte de sus integrantes optó por volver a la Iglesia Católica, pero sin perder su liturgia y tradiciones.
Los religiosos ingleses que hasta el siglo XVI obedecían a Roma, optaron por formar su propia iglesia cuando el Vaticano se negó a autorizar el divorcio del entonces rey Enrique VII y Catalina de Aragón. Ahora, un segmento de esa Iglesia pidió su reincorporación a la Católica.
La explicación que en el Vaticano se ofreció es que numerosos anglicanos se hallan disconformes con la liberalización de la comunión establecida en este credo, debido a que aprobó en los últimos años la ordenación sacerdotal y episcopal de mujeres y homosexuales, a la vez que el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Según una versión de la BBC, “el año pasado quedaron patentes estas divisiones en el Sínodo anglicano, celebrado en York, y algunos observadores llegaron a anticipar un cisma entre la mayoría liberal y tradicionalista”.
La misma fuente informa de que Roma aceptó aprobar dispensas para que se puedan ordenar como sacerdotes católicos los ministros anglicanos casados —sin tener que renunciar a sus matrimonios— y los obispos serán escogidos —entre sí— a los no casados, con lo que pasarán a reconocer la autoridad del papa Benedicto XVI. El derecho canónico católico facilita la incorporación de los anglicanos disidentes, con un estatuto similar al del Opus Dei. “La unidad de la Iglesia no requiere uniformidad que ignore la diversidad cultural”, dijo a nombre del Papa el cardenal William Levada.
La BBC dice que la comunidad anglicana reúne a unos 77 millones de fieles en el mundo. La católica, 1.100 millones de creyentes.