No pretendo descartar los proyectos, creo que son intentos válidos de la actual administración, pero debieran ser llevados y más aún anunciados, con la debida mesura. La avalancha de anuncios sobre minería coincidentes con las actuales campañas electorales, han copado la atención del público y los espacios en los medios de prensa. De manera particular aquellos referidos a nuevos emprendimientos salen periódicamente, crean expectativa, debate y generalmente desconcierto por el uso, a veces excesivo, de cifras y proyecciones económicas. No dudo de las buenas intenciones con las que han sido concebidos, pero el efecto que estos anuncios causan en un público generalmente poco versado en el tema, es a todas luces negativo. Cuando se habla, por ejemplo, del Mutún o de Corocoro, se manda el mensaje subliminal de que ya somos una potencia industrial cuando en el caso del Mutún, no podemos pasar de las buenas intenciones por falta de infraestructura vial y de servicios que es obligación del Estado proporcionar o, en el caso de Corocoro que es un miniproyecto hidrometalúrgico, en base a desechos minerales de explotaciones anteriores, sólo tiene probabilidad de convertirse en un proyecto verdadero, si la suerte y la naturaleza ayudan a KORES (la empresa coreana en el Joint Venture con Comibol) en la exploración del distrito.
El Mutún ha sido un gigante dormido por medio siglo, no porque no hubo intentos de desarrollar la siderurgia en el país, sino porque nuestra condición de país mediterráneo, pobre y sin infraestructura no dio pie a la implementación de un negocio rentable que buscaban liberales, neo-liberales, socialistas y conservadores a lo largo de nuestra historia.
Corocoro también tiene una larga historia de intentos, como aquel que pretendía acceder a los niveles inferiores de la mina, donde se ubican las reservas remanentes de mineral, a través de “Cuadros de acceso” con ayuda de la surafricana Shaft Sinker & Co.; intento que concluyó al atravesar un domo de yeso que acabó con las ilusiones de llegar a las reservas de mineral. También se tuvo el programa regional andino PADT-COBRE, que ya exploró, muestreó y perforó el distrito en busca de implementar un “open pit” para explotación masiva de cobre que fracasó porque las cotizaciones del mineral en la época (años finales de la década del 70) y los contenidos de cobre del mineral, no acompañaron el intento.
En los días que corren, la “bulla” en torno al litio va desde que seremos a corto plazo la nueva Arabia Saudí del litio, hasta que estamos patentando “nuevos” métodos para la obtención de este mágico metal liviano y que las baterías de litio y los carros eléctricos están a la vuelta de la esquina.
La verdad es que hemos avanzado muy poco en este proyecto, que vamos a paso cansino como lo apunté en un escrito anterior (D. Garzón: Potasio, litio y oportunidades, La Razón 29.07.09) y que lo que podemos llamar los países competidores están camino de concretar negocios antes que nuestros intentos tecnológicos lleguen a buen puerto y se concatenen con nuestra visión política.
Estos ejemplos muestran la innata capacidad nuestra de maravillarnos con los discursos, como nuestros antepasados nativos se maravillaban con los “espejitos de colores” que los conquistadores les daban a cambio de sus ornamentos de oro y plata, en los románticos y duros días de la conquista.
No pretendo descartar los proyectos, creo firmemente que son intentos válidos de la actual administración, pero debieran ser llevados y más aún anunciados, con la debida mesura y el bajo perfil que deben acompañar a estos grandes emprendimientos, que llevan años desarrollarlos, que tienen siempre un intrínseco nivel de riesgo y que en un país como el nuestro, que espera el éxito al primer intento, puede llevar a grandes frustraciones como las que adornan nuestra historia por los “elefantes blancos” industriales esparcidos por nuestra geografía.
El transitar el duro camino de implementar grandes proyectos mineros con apego a la tecnología, al debido análisis de la proyección de mercados, teniendo clara la participación del Estado y de los ocasionales socios, creando un clima de seguridad jurídica adecuada y de reglas claras para la inversión, hará inútiles los espejitos de colores y los fuegos de artificio tan usados en los tiempos que corren y al final de la aventura con nuevos proyectos en operación, el aplauso de la ciudadanía será unánime.
*Dionisio J. Garzón M. es ingeniero geólogo, ex ministro de Minería y Metalurgia.
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