Sobre Cambio Climático hay muchas diferencias y disímiles puntos de vista pero aquí en Barcelona, donde se desarrolla la última ronda de negociaciones previa a la Cumbre de Copenhague, todos coinciden en que el presidente de EEUU, Barack Obama, tiene el papel decisivo para que la cita mundial sea un triunfo o un fracaso.
Y es que el papel del país tecnológicamente más desarrollado del mundo ha sido bastante esquivo hasta ahora. De hecho se negó a firmar el protocolo de Kioto y, por tanto, no se considera obligado a reducir las emisiones de gases de carbono, causa principal del calentamiento global.
Seguramente no será en esta cita que EEUU especifique su posición, pero eso sería un gran retroceso en lo avanzado porque cada uno de los actores ata su postura a la del otro, de manera que Europa no entra si EEUU no se compromete, los chinos no firman si el resto no da garantías y los pobres… bueno a los pobres se les escucha mucho pero están lejos de ser la voz campeante.
De no pronunciarse Norteamérica a favor de un compromiso en Dinamarca, todo será cuesta arriba.
¡Qué calor! Lo efectivo es que mientras los políticos no pueden ponerse de acuerdo con el planeta se sigue sobrecalentando causando desastres naturales, pérdida de cultivos, aumento de enfermedades y destrucción de glaciares.
Y el ejemplo más palpable de que el cambio climático se ha instalado ya son las cumbres nevadas de los Andes. Hace mucho tiempo que han dejado de ser “eternas” para disminuir año a año.
“Muy pronto la cordillera de Los Andes podría ser un desierto”, señala el periodista británico experto en medio ambiente James Paiter. La falta de agua podría destruir un lugar donde hubo grandes reservas de líquido elemento, lo que pone en peligro no sólo la producción agrícola, sino a los propios centros poblados como La Paz y El Alto. Los últimos años nuestros nevados han perdido el 40% de su masa.
Hasta el momento el aumento del calor promedio es menor a un grado, pero los científicos coinciden en que se llegará muy pronto a dos grados aun en los escenarios más optimistas. Claro que si es que se sigue al paso que vamos, el incremento de la temperatura será de cuatro grados para el 2050 y entonces sobrevendría el Apocalipsis: un mundo cubierto de desastres naturales, con millones de personas desplazadas de sus lugares de vida y muchos pero muchos hambrientos.
Evitar esto es posible pero significa: a) Reducir las emisiones de gases de carbono lo que significaría cambiar en gran medida la matriz energética y disminuir el consumo de combustible fósiles. Aquí Bolivia podría jugar un interesante papel, ya que el gas es uno de los energéticos más limpios dentro de los derivados del petróleo y además por las grandes reservas de litio en el salar de Uyuni.
b) Que los estados más ricos pongan mucha plata sobre la mesa (los africanos dicen que debería ser $us 200 mil millones y los europeos 100 mil millones) para paliar los efectos sobre los países pobres. Y, como bien sabemos, cuando se habla de plata las discusiones son a cara de perro, con los dientes para afuera.
Bolivia apenas contribuye al calentamiento global con el 0,36% (causado sobre todo por los chaqueos), mientras que EEUU lo hace con un 16%, sin embargo tenemos la responsabilidad de poner nuestra cuota parte en la solución del problema.
Primero la concientización de la población: el cambio climático es una realidad y debemos realizar una campaña nacional para mitigar sus efectos y para adaptarnos en muchos casos.
Por otra parte, los ricos tienen su responsabilidad a nivel mundial pero también a nivel nacional y los que más deforestan (como los empresarios soyeros) deberían pagar más.