Una de las razones más fuertes que inducen a la migración de bolivianos al exterior es buscar asegurar un futuro para ellos y sus hijos. Si bien en muchos casos cuentan con una fuente laboral en Bolivia, ésta no les permite vislumbrar el horizonte que proyectan para sus familias.
Recorrer las calles y lugares donde se desenvuelven los bolivianos en Buenos Aires como Liniers o La Salada, transporta inmediatamente a un espacio boliviano de comercio o servicios en las zonas suburbanas de cualquier ciudad del país, porque a la convivencia diaria en esa ciudad, se han trasladado no solamente los productos y hábitos de consumo de los bolivianos que se venden en los mercados como locotos, ajíes, chuño, q’oas y tejidos andinos, o restaurantes comida típica, sino también los códigos culturales que demarcan su presencia e interpelan a otros compatriotas migrantes: “comercial Sumaj Orko”, “paseo de compras Urkupiña”, “Estudio Jurídico Bolivia”, “Consultorio Odontológico Bolivia”, “Bolivia tur pasajes” (sic), “paseo de compras Mi Bolivia”, como también panfletos que remiten a otro tipo de servicios como “Don Santos, Yatiri Aymara Paceño: el terror de los infieles. Calle Ramiro Falcon 7281-Liniers capital”, remito la dirección para algún(a) interesado(a) en caso de emergencia, entre otros.
De igual manera, existen al menos 25 radioemisoras locales como medios de comunicación e información para bolivianos, un canal de televisión y redes de organizaciones de distinta naturaleza que velan por sus intereses. Estas son las maneras en que permanecen o sobreviven cientos de miles de bolivianos en Buenos Aires.
La esperanza, sin embargo, tiene hasta tres horizontes distintos: uno, para el caso de migrantes de veinte años o más, la mayoría con hijos nacidos en Argentina, la esperanza está puesta en ese país en el cual lograron parcialmente realizar sus sueños: talleres propios de manufacturas principalmente textileras con mercados abiertos, producción de hortalizas o algunas frutas con una importante demanda en la capital, por último comerciantes consolidados que han logrado un lugar fijo de trabajo, y en esa misma dirección, las muchas comerciantes ambulantes que venden sus productos en carritos de supermercado para poder huir con su mercadería en el momento en que son interceptadas por la ley.
En segundo lugar, la esperanza reside en el retorno al país, sobre todo en el caso de migrantes relativamente recientes. En esos casos, el trabajo está orientado al máximo ahorro para poder proyectar una fuente de reproducción de capital en Bolivia, para luego consolidar una casa, un terreno y estabilidad económica.
Por último, están quienes sólo están inspirados en la esperanza, en días mejores no importa donde, apostando a un futuro que aquí nunca llega, están en Buenos Aires como podrían estar en España, Brasil o Estados Unidos, buscando la posibilidad de concretar sus sueños.
De cualquier manera, si bien algunos de ellos adquieren rápidamente el acento argentino, su pasado, plasmado en la preocupación por las familias que dejaron, así como sus expectativas y posibilidades están ligadas al país o a las lógicas de solidaridad con otros bolivianos, la palabra colectividad o comunidad, nunca cobró mayor contenido.
*María Teresa Zegada es socióloga.
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