El 22 de octubre, el Gobierno chileno inauguró oficialmente las instalaciones construidas en la Bahía Quintero para recibir barcos cargados de gas natural liqüificado (GNL), regasificar ese contenido e introducirlo a sus sistemas de gasoductos para que llegue a los consumidores industriales y residenciales.
La ceremonia fue calificada como la Segunda Declaración de Independencia de Chile. Un título algo hiperbólico. Era el anuncio que con esas instalaciones Chile ya no necesita gas regional y se retira de los procesos de integración energética regional. Duro, pero cierto. A Chile, Argentina le incumplió totalmente, Bolivia lo discriminó y Perú trató de pasarse de vivo.
Un poco de historia para entender mejor. El 1994, YPFB, ENAP (el ente estatal petrolero chileno) y BHP, empresa contratista de operación con producción en el Chapare, realizaron un estudio de factibilidad para construir un gasoducto de Bolivia al norte chileno. Codelco, el principal futuro comprador de gas planteó términos y condiciones inaceptables para el Gobierno boliviano. El proyecto quedó sepultado por los festejos navideños de ese año. En retrospectiva, Bolivia ni Chile le pusieron alma al proyecto. Bolivia estaba más interesada en avanzar en la venta al Brasil y la posición irreductible chilena daba la impresión que se habían metido en un proyecto en el que buscaban razones para salirse.
Mientras Bolivia lograba, después de 20 años, penetrar el mercado brasileño de gas, Argentina hacia lo mismo con Chile. Rápidamente tendió cuatro gasoductos, dos al norte y dos a la zona central. Los consumidores chilenos, acogieron al gas natural con extraordinario entusiasmo. Así para el 2002, el consumo chileno alcanzaba a los 20MMm3/d el 22% de su consumo total de energía, mientras que el brasileño tan sólo llegaba 10MMm3/d, menos del 2% de su consumo total de energía.
El 2003 fue para Chile casi tan fatídico como para nosotros. Argentina “pesificó” su economía, redu- ciendo a un tercio los ingresos a las compañías productoras e inició una política nada atrayente para la búsqueda y producción de gas. Los resultados empezaron a sentirse rápidamente: disminución de producción, recortes de volúmenes contratados de exportación hasta llegar, este último invierno, a interrupciones totales de suministro. Argentina pretendió solucionar sus problemas recurriendo a gas de Bolivia. Ahí se topó con una posición boliviana que interpretó mal el problema: Chile necesita gas desesperadamente, por tanto es el momento de plantear gas por mar. Esa política inclusive fue refrendada por un referéndum llevando la ceguera nacional a formular la línea de “ni una sola molécula de gas a Chile, sino se empieza a discutir el retorno al mar”. Obviamente inaceptable para Chile. Por lo visto, los geoestrategas nacionales, de esos tiempos se olvidaron que meses atrás el grito de batalla en la Guerra del Gas había sido “no venta de gas a Chile”.
Chile, acompañada por Argentina, buscó la solución, a través del Anillo Energético. El plan consistía en transportar gas de Camisea (Perú) a los mercados del Cono Sur. La primera etapa del gran gasoducto consistía en el tramo Camisea – Tocopilla. La formalización del tratado, el 2005, estaba en sus discusiones finales cuando Perú presentó sorpresivamente a Chile el planteamiento de reformar las fronteras marítimas. Parece que Perú sobreestimó la ansiedad chilena por gas y trató de pasarse de “vivo”. Como todos sabemos, el pleito sobre fronteras esta en La Haya y el proyecto del anillo reposa en los refrigeradores de las cancillerías.
A ese punto Chile decidió el ingresar al comercio del gas natural liqüificado. Se conformó un consorcio entre British Gas (BG), ENAP, Endesa y Metrogas, que después de cuatro años de construcción y una inversión de $us 1.066 millones, ha logrado poner en marcha las instalaciones inauguradas.
Pero Chile no es el chiquito bien vestido al que sus vecinos del barrio lo abusan. Todo lo contrario, Chile se comporta como un jovenzuelo israelí, del primer mundo que vive en un barrio donde todos le tienen resentimiento. Pero desarrollar ese tema, sería motivo de otro artículo, así que continuemos.
Finalmente, es interesante anotar que el alcalde de Quintero puso en peligro la realización de la ceremonia porque hasta último momento pretendía $us 360 millones/año por el uso de un camino público hacia el muelle. No se sabe cómo o por cuánto el alcalde levantó su objeción, así se confirmó la realización del acto y la presencia de la presidenta Bachelet y el ex presidente Lagos.
Evidentemente, energéticamente Chile se nos fue, con una suficiencia primer mundista, pero su partida ha ido acompañada de un desenlace “tercermundista” casi de “pueblo originario” a la boliviana. Como es época electoral, un buen amigo chileno comentando el asunto lanzó la frase adecuada “en todos lados se cuecen habas”.
*Carlos Miranda P. es ingeniero petrolero.
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