Autor de la jugada política más hábil (no por eso más útil) de los últimos años, el ex futbolista, parlamentario, prefecto y formidable cantante de karaoke, Leopoldo Fernández, ha logrado con poco lo que varios intentaron con mucho.
Después de soportar con estoicismo el despojo público de sus privilegios, asumió en silencio la defección de sus colegas del interfecto Conalde y preparó con paciencia de aymara su retorno a la disputa por el poder.
Privilegiado por la lealtad incansable de dos senadores pandinos y nutrido por la visita de varios referentes partidarios de oposición, ensayó con mucho éxito la primera estratagema de la contienda electoral presente. A través de una carta pública precedida de “sondeos” supuestamente independientes, persuadió a los regentes de la opinión pública de que para derrotar a Evo Morales se necesitaba una cohesión opositora entre occidente y media luna y que la persona adecuada para liderizar ese bloque debía ser mujer, profesional, de clase media y sin pasado político.
Le faltó a “Leo” decir en su oferta que esa idónea debía tener un nombre que empieza con Jota y termina con A. Pero la aludida decidió no esperar y se lanzó a promover el “frente único” que por las mezquindades de quienes confunden política con politiquería terminó en un “fracaso amplio”.
Como anuncio de t’inku entre paralíticos, la confirmación del binomio Manfred-Leo acaparó días después la máxima atención mediática hasta convertirse en una burbuja de expectativa que desplazó a Samuel Doria Medina al tercer lugar en las encuestas.
El impacto de semejante novedad fue aprovechado por el ex gobernante de Pando. Nombró como representantes a su esposa e hijas que se han constituido, por momentos, en defensoras más eficientes que sus abogados.
El impedimento para tener contacto con los periodistas, también le ha servido para re-posicionar su nombre en el imaginario colectivo. Las ingeniosas convocatorias a conferencia de prensa en el recinto penitenciario y los reclamos callejeros de partidarios se han convertido en tarea de cobertura obligatoria para la prensa.
Pero todo eso es insuficiente para ganar una elección.
La condición de detenido preventivo y principal acusado de las muertes de Pando no responde a las características que el elector busca en un aspirante a la presidencia nata del Legislativo.
Sin embargo, es innegable que el ex senador a estas alturas del partido ha eclipsado, sin hablar mucho y preso en una celda, a Manfred que ha reducido su propuesta proselitista a la repetición vacía de las palabras “democracia” y “libertad”.
Si se cree que es suficiente salir en las noticias para recibir votos, posiblemente, y por consideración a la capacidad de retórica de su acompañante de fórmula, habría sido más fructífera la candidatura de Fernández a la Primera Magistratura.
Pero como la condición de víctima parece en disputa, ahora que Reyes Villa fue arraigado, el opositor podría aprovechar el interés informativo de coyuntura para explicar, si tiene, sus agendas de gobierno y legislación.
También sería conveniente para los electores, especialmente de La Paz, saber si Don Leopoldo cambió su posición de sustento a la exigencia de traslado de la sede de poderes a la ciudad de Sucre. Para convencer a los indecisos que representan su única posibilidad de subsistir a las justas de diciembre, el ex prefecto necesita una propuesta más sugestiva que su presunción de inocencia.
*José Antonio Aruquipa Z. es periodista y ex constituyente por Podemos.
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