Hay varios factores que anuncian un mes de diciembre con muchos compromisos y pocas soluciones. Quienquiera que conduzca el país a partir de las elecciones del 6 de diciembre, se las verá con un enorme compromiso y con ingresos decrecientes en la economía.
Las elecciones generales del 6 de diciembre próximo obligan al país a dejar pendientes muchos temas, algunos de ellos muy importantes, a tal punto que en otras circunstancias hubieran exigido un tratamiento prioritario.
Ocupados en el tema electoral, los bolivianos no prestan atención al problema del cambio climático que afecta a todo el planeta y que en el país se presenta con características preocupantes, por la inclemencia y los contrastes.
En medio de la propaganda política apenas se advierten las noticias sobre esta situación que causa sequías en unas regiones, lluvias torrenciales en otras y amenaza con dejar una secuela de escasez de alimentos y tierras inhabilitadas.
Eclipsado por el bullicio electoral, el tema de la crisis económica apenas se deja vislumbrar. El país ha perdido sus mercados de exportación de gas natural, lo que requeriría de una estrategia completa que permita reponer esos ingresos.
Las petroleras podrían elevar la producción, según ha dicho el ministro del ramo, pero las desalienta el hecho de que no existen mercados para negociar lo que vayan a producir, sobre todo en el caso del gas natural.
Sobre llovido, mojado: ocurre que ya es inocultable que existe una sobreoferta de gas natural en el mundo, lo que presagia una fuerte depresión en el precio. Si no hay mercados para el gas y si el precio se perfila bajo, no hay ningún motivo para alegrarse.
Pero las elecciones dan a los bolivianos motivos para mirar para otro lado, como dejando para después la solución de esos problemas tan graves.
Mientras las actividades económicas sufren las consecuencias de las bajas inversiones y la escasez de mercados, la delincuencia encuentra en el desempleo un campo fértil para crecer en diferentes actividades.
Elaborar una estrategia para reducir el crimen, el contrabando o el narcotráfico requerirá de mentes menos atareadas en afanes electorales, como las de ahora.
La inseguridad ciudadana ha sido incorporada, a duras penas, en la agenda electoral, pero lo malo es que se trata de un tema que requiere de urgentes soluciones y no de debates o competencias de ofrecimientos poco meditados.
Dondequiera que se dirija la mirada en el país, existe algún problema pendiente y por eso diciembre se presagia como un mes muy duro, que sólo podrá encontrar un sosiego en la familiaridad de las fiestas de fin de año. El largo proceso de referendos, elecciones, constituyentes y todo lo demás ha perjudicado el tratamiento serio de esos problemas más graves.
Mientras tanto, como dando un veredicto inapelable, los bolivianos siguen buscando emigrar, incluso a sabiendas de que en el exterior las cosas se han puesto muy difíciles. Esos bolivianos miran el futuro con desconfianza, tanta desconfianza que prefieren buscar plazas en franca crisis antes que quedarse en el país.
Las universidades están en crisis al igual que la educación básica. La salud tiene graves deficiencias. De las carreteras sólo se habla en los discursos apresurados.
A todo esto, la deuda pública está creciendo de manera preocupante. Quienquiera que conduzca el país a partir de las elecciones, se las verá con un enorme compromiso y con ingresos decrecientes en la economía.