Además del inaudito atropello que el Gobierno masista ha cometido con Leopoldo Fernández, candidato a la Vicepresidencia de la República por el PPB-CN, al negarle sus derechos de mantener contacto con los medios para expresar sus ideas, ahora los embates se han lanzado contra el candidato a la Presidencia, Manfred Reyes Villa, a quien, como si tal cosa, lo han arraigado, prohibiéndole por tanto su derecho a hacer proselitismo fuera del país, donde, por primera vez en la historia, votarán los ciudadanos bolivianos.
El MAS ya ha instalado su maquinita electoral en Buenos Aires, Madrid, Sao Paulo, Miami y otras ciudades, donde quienes se inscribieron en el padrón fueron revisados con lupa por la aduanilla consular oficialista y quienes vayan a votar tendrán que sortear las trampas del masismo en las urnas. Los candidatos más importantes estarán presentes en esas ciudades para tratar de ganar unos cuantos votos más, como tenía derecho el PPB-CN, que se vislumbra, con ventaja, como el más importante de la oposición.
¡Qué mal presagio que traen estas elecciones! ¡Presagio con olor a pólvora! Porque los abusos del MAS son incontables y los realiza de manera atrevida, cínica, procaz, sin importarle un pimiento la opinión pública. Es la actitud del que se siente ampliamente ganador, dueño de vidas y haciendas en el país. Muchos melgarejitos de esa índole hemos tenido en Bolivia y no les ha ido nada bien. No hay duda que el ajuste de cuentas lo hace el pueblo al final del camino. Y nadie es dueño del oído pueblo eternamente.
La Corte Nacional Electoral, que no deja de darnos sorpresas corajudas y sujetas a la ley, ha ratificado su fallo para que Leopoldo Fernández pueda trabajar en su campaña proselitista desde el Panóptico. Los masistas, con su vocabulario de Churubamba, han vuelto a criticar a la CNE y, por supuesto, a desobedecerla. ¿Se puede esperar que haya una solución en el caso del arraigo de Reyes Villa? La Corte lo dirá, y seguramente que correctamente, pero el MAS desobedecerá. Porque el MAS está por encima de las normas y de la justicia. Por encima del bien y del mal. Justamente, en pleno proceso electoral, arraigan a su más connotado adversario. ¡Cómo nos salieron estos tipos! ¡Mucho peor de lo que pensábamos! Y eso que sabíamos que eran una plaga para Bolivia. Pero así deciden los votos de los alfabetos funcionales, ahora, además, adoctrinados.
El método masista es enjuiciar a sus adversarios por cualquier motivo. Como tiene a fiscales y jueces de su lado y no existe un Tribunal Constitucional a quién quejarse, entonces todo lo resuelven por vías supuestamente legales. Entre dedazos, interinatos, secuestros y billetes, están poniendo tras las rejas a quienes les incomodan. ¿Cuántos opositores hay mirando el sol a cuadritos en este momento? ¿Y cuántos en el exilio?
Para no quedarse cortos, los oficialistas han centrado toda su artillería en otro de sus adversarios odiados: el gobernador cruceño Rubén Costas. Una Contraloría, en manos del MAS, interinamente manejada por supuesto, ha denunciado a Rubén Costas por negarse a prestar información sobre una cantidad de temas dispersos. El asunto es debilitarlo en su liderazgo. Y Costas ha dicho su verdad: “El Gobierno sabe que tiene un adversario y que quedará posesionado siempre en la lucha democrática, por eso tratará de matarme civilmente”. La ministra del rimbombante y fatal despacho de “Transparencia y Lucha Contra la Corrupción”, en vez de buscar más pillos en YPFB y en el Chapare narcotraficante, cumple con fastidiar al gobernador de Santa Cruz.
La “muerte civil” a que se refiere Rubén Costas es lo que busca el Gobierno en sus adversarios. Matarlos en base a acusaciones falsas. Esto parece como un escape a los asesinatos en La Calancha, a la tramoya sangrienta de Porvenir, y a los fusilamientos obvios del hotel Las Américas. El MAS todavía no tiene el poder de abrir campos de concentración todavía, pero, como decíamos, ya se siente el mal aliento de la dictadura.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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