Las autoridades de EEUU inspeccionaban ayer las pertenencias y la vida del mayor Nidal Malik Hasan, un psiquiatra musulmán de carácter solitario, en busca de las razones que le llevaron a disparar contra sus compañeros en la base de Fort Hood (Texas).
Un día después de que 13 personas fallecieran y 30 resultaran heridas en ese ataque, ocurrió un nuevo tiroteo en un edificio de oficinas en Orlando (Florida), donde un ex empleado abrió fuego y causó al menos un muerto y cinco heridos.
Los dos incidentes son los últimos de una larga lista de ataques llevados a cabo en el país.
Hasan, el presunto autor de la matanza en Fort Hood, no usó armas reglamentarias del Ejército, sino dos pistolas que había comprado a título personal.
Se trataba de una persona solitaria, cuyos padres habían muerto jóvenes y que buscaba una esposa musulmana devota, como él. Pese a sus frustraciones personales, no mostraba sufrir ninguna enfermedad mental, según lo que sus colegas y familiares dijeron a la prensa estadounidense.
La policía militar y federal ha registrado su apartamento en Killeen (Texas) y el automóvil que estacionó en la base.
Hasan, de 39 años, permanece en coma, aunque en condición estable, tras ser alcanzado por los disparos de una policía civil, la sargento Kimberly Munley. “Se topó con el atacante. En un intercambio de disparos, ella fue herida, pero logró alcanzarle cuatro veces. Fue una actuación estupenda y enérgica por parte de esta agente de policía”, dijo Robert Cone, el comandante de la base. Washington, EFE