Con la caída del Muro, se hizo evidente que los totalitarismos del siglo XX habían fracasado, tanto el socialismo comunista, los frentes populares, cuanto y peor aún el nazi fascismo junto a diversas y dispersas dictaduras republicanas de control policiaco.
Un acontecimiento que cambió la historia contemporánea fue el 9 de noviembre de 1989, hace 20 años, fecha de la caída del Muro de Berlín y la reunificación del pueblo alemán después de 28 años. Símbolo oprobioso de la separación de dos mundos radicalmente opuestos, en lo político, económico y social. Lo que permitió el transvase (valga el término) humano del este al oeste, primero en la vieja capital germana y luego de la Europa del Este hacia el Oeste con la desaparición de la “cortina de hierro”, que representaba virtualmente toda la frontera exterior de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), 15 en total. Los actores fueron el 17% de alemanes que quedaron encerrados, podría decirse presos, manteniendo el orgullo de su identidad nacional, en el territorio ocupado por el Ejército ruso en el sector oriental conocido como República Democrática de Alemania (DDR), comprendida dentro de la órbita de dominación soviética al término de la Segunda Gran Guerra, en la división a que fue sometida, derrotado que fue el nacional-socialismo. Se recuerda también este año el 60 aniversario de la fundación de la República Federal de Alemania (RFA), en 1949, con los territorios ocupados por los aliados Gran Bretaña, Francia y EEUU.
Este hecho profundizó el cambio del pensamiento mundial, pues marcó, en la práctica, el comienzo del fin del llamado durante todo el siglo XX, socialismo científico o comunismo, versión leninista del marxismo, impuesto con el triunfo de la revolución rusa de Octubre de 1917 durante siete décadas, hasta que apareció la perestroika (reestructuración) que fuera propiciada por Mijail Gorbachov, secretario general del Comité Central del Partido Comunista en marzo de 1985, contra el burocratismo, estancamiento y corrupción del sistema, iniciando un nuevo tiempo que determinó el derrumbe pacífico del Imperio Soviético, gran fuerza bipolar mundial de entonces. “De cada cual de acuerdo con su habilidad, a cada cual de acuerdo con su trabajo” (sic) fue el principio socialista que requería una renovada vigencia acorde con la glasnost (transparencia) o apertura. Gorbachov publicó su famoso libro subtitulado Nuevo pensamiento para mi país y el mundo en 1987, que sin duda movió a la reflexión y la autocrítica a una sociedad decadente, en profunda crisis económica, científica y moral.
Con la caída del Muro, se hizo evidente que los totalitarismos del siglo XX habían fracasado, tanto el socialismo comunista, los frentes populares, cuanto y peor aún el nazi fascismo junto a diversas y dispersas dictadoras republicanas de control policíaco. Guste o no guste a sus doctrinarios dirigentes e inconscientes prosélitos. La palabra que llevó la peor parte en toda la centuria fue la democracia, que sirvió de permanente etiqueta a todos los regímenes con muy escasa vigencia real. Lo cierto es que es imposible sustituir la voluntad de ser, la creatividad, el voluntarismo individual, el imperativo ecológico, la protección social y la identidad e intereses personales, por medidas colectivas forzosas y normas jurídicas de parcialidad disfrazada. Al menos no por tiempo indefinido, como se ha visto y comprobado en los hechos. Por otro lado, el estancamiento intelectual y desarrollo científico, aislados del progreso general internacional, limitan el potencial creador, el nivel de justicia, el bienestar y natural deseo de libertad, igualdad y fraternidad que posee naturalmente el género humano.
Todo esto significó la caída del Muro de Berlín. Lo celebramos como el necesario cambio para el siglo XXI.