“Alegres prestes”, la fascinación de Parrado Javier Parrado acaba de ganar el Premio Adrián Patiño por una obra para banda sinfónica con aires de morenada.
La obra Alegres prestes suena en la cabeza de su autor. Pero no toda, no es posible, la imaginación llega sólo hasta cierto punto, explica Javier Parrado. Así que sólo cabe esperar a que una banda sinfónica, para la que ha sido creada, la interprete. “De seguro será una sorpresa para mí... y para los demás... ojalá”, confía el músico que acaba de recibir el premio municipal Adrián Patiño de composición por esta obra con aires de morenada.
Mal bailarín, “malísimo, una pena”, según confiesa, Parrado inevitablemente ha ensayado alguna vez los pasos del moreno. Buen escuchador, eso sí, ha perseguido muchas veces a las bandas en la entrada de Gran Poder y ha colaborado en la grabación de morenadas a su colega Gerardo Yáñez.
En esos trances, también tuvo la oportunidad de presenciar el Ruego, la ceremonia que se realiza al final de todo un día de afinación de la morenada a estrenarse en la gran entrada. En dicho final, los fraternos solicitan —ruegan— a un grupo musical folkórico, con mucho respeto por el acto creativo, que les haga el favor de componer un tema para el próximo año.
Por todo lo vivido —y coherente con el proyecto Uyaricuna/ Ist’asiñani/ nos escucharemos, que desarrolla junto al director, compositor y percusionista Willy Pozadas—, hace tiempo que Parrado ha sucumbido ante la morenada, la que le hace sentenciar, a él, que tiene una formación académica y que ha ganado varios premios por sus creaciones contemporáneas: “En nuestra música, lo vital está en el folklore”.
Las ideas de Alegres prestes rondaban ya en la cabeza de Javier Parrado cuando salió la convocatoria del concurso Patiño. Entonces se puso a darles forma en la partitura. No fue fácil, pues las especificaciones eran muy puntuales: 10 minutos de obra que no es poco, un oboe, seis trompetas, un barítono, tres trombones, seis flautas, seis clarinetes, una tuba...
Una banda pesada, de las que ponen la música en el Gran Poder y otras fiestas populares, tiene 20 de cada bronce, no oboe por ejemplo y sí un bombo grave. Es decir, es distinta.
Alegres prestes no es, pues, una morenada, sino un homenaje con “aire de morenada”, así hay que entenderla y apreciarla. “Es como un documental de la fiesta, un documental sensorial que recoge el color, la acústica, los procesos”.
Junto a los instrumentos está previsto que suene incluso el pito que suele usar un varita de tránsito, con lo que se habla de la dimensión urbana de esta danza que es “un reflejo del Gran Poder, una síntesis histórica, social y musical de la fiesta andina”.
Explica el compositor que usó “la ornamentación de los barítonos en el mismo sentido en que una banda pesada, una vez que recibe el tema lo recompone, lo ornamenta de manera automática, natural; pues en esto es muy distinto de lo que hace un europeo, quien trabaja la partitura más con el cerebro”.
En verdad, “quienes más se divierten son los trombones. Bueno, en una banda se divierten todos, tienen que hacerlo, pues hay algunas que pasan dos veces por la entrada, lo que es durísimo. Pero ahí está la demostración de su poder, de su potencia sonora. Irrumpen, se posicionan y están orgullosos de lo que son; pero ante todo tiene que gustarles mucho lo que hacen”.
Conceptualmente, esos elementos motivan la obra de Parrado. La esperanza de su autor es que evoque ese “mundo en sí mismo” que es una morenada.
Ese universo festivo
La última reunión anual de etnología, que organiza anualmente el Museo Nacional de Etnografía y Folklore, rindió homenaje a Andrés Rojas Quispe, quien tiene más de mil morenadas compuestas, también a Gumercindo Lisidio y a Severo Aduviri. A la par, la Alcaldía de La Paz acaba de premiar, en este año del Bicentenario, a las bandas pesadas y a las livianas, las cuales alimentan el patrimonio vivo del folklore paceño. Así lo hace notar Javier Parrado, quien habla con admiración de esa gran cantidad de músicos que se van formando a diario, no en escuelas sino en sus propias bandas.
Ha llegado también el momento de trabajar más con ellos, dice. “Andrés Rojas lo ha dicho; es importante para estas personas que sepan de armonía, de contrapunto, de solfeo”. La explosión que cabe esperar de tal complemento es imprevisible.
Expresión de poder
Algo que Parrado sabe de lo que es ser músico de banda se resume en un dicho, que algún fraterno le confió: “Se necesita de lomo e hígado”, es decir, de fortaleza física para tocar mientras se camina varios kilómetros y aguante para regar la garganta con alcohol. Ese es el rito.
Quizás por eso una morenada, por el poder que encierra, no es para escucharla en un disco, dice el compositor. Al menos, no es lo mismo que hacerlo junto a la banda y escucharla en las voces de los bailarines que van cantando. Alegres prestes, al no ser una morenada, no tiene letra y tampoco incluye la voz del animador; “pero sí he previsto los gritos para los fraternos, como hace una pesada”.
Reforzando una y otra vez la idea del poderío, Parrado dice que uno puede ser mal bailarín, pero la música de una banda te llega al cuerpo lo quieras o no. “Son los bajos que acústicamente te golpean entero; lo que no sucede con la música de instrumentos agudos que está hecha para recibirla en la cabeza, por los oídos nomás”.
La fuerza de la morenada, por otro lado, se debe a su constante evolución, “a que no es estática”. Severo Aduviri, uno de los homenajeados por la RAE, asegura tener un archivo de discos de por lo menos 10 años de morenada. Esto le hace comentar a Parrado: “Si se escucha los temas de los años 60, por ejemplo, se notará cómo ha ido cambiando la música”. De hecho, se sabe que en un principio se interpretaba con instrumentos nativos y que luego fueron adoptados los bronces de origen occidental.
He aquí otra prueba: el poder de apropiación, de diálogo, de tomar lo de los otros para volverlo propio y con ello darle una nueva identidad, argumenta el premiado compositor.
En el momento preciso
El premio Patiño, que está dotado de 10.000 bolivianos, ha llegado en un tiempo especial para Javier Parrado. “Mi padre está muy enfermo, le enseñé el premio, aunque no pueda asimilarlo del todo, sé que se ha puesto contento”, expresa quien dice deberle mucho a su progenitor, por la excelente y variada biblioteca con la que lo arrulló desde niño.
“El galardón es también una forma de agradecerle a mi familia por soportar el trabajo de composición que es muy aislante y solitario”. Algo que, reflexiona, no ocurre con los creadores de morenadas que, en general, componen en grupo y para muchos.
Resta ahora que la obra premiada se encarne en una banda sinfónica y, quién sabe, se la apropie también una banda de las pesadas del Gran Poder.
OTROS premiados
Concurso • Entre varios de los premios municipales, uno de los cuales es el de composición Adrián Patiño en su séptima versión, este año del Bicentenario, la Alcaldía entregó las distinciones del IV concurso de bandas populares “Bronces de los Andes”.
Banda pesada • El primer lugar fue para el tema “200 años libres”, composición de Santiago Paucara de la Banda Huracán. El segundo lugar lo ocupó “Morenada Intocables”, de Primo Villca Villazón, de la Banda Operación Intocables
Banda liviana • “La Paz en su Bicentenario”, composición de Justino Mamani, de la Banda Internacional Unión Señorial Súper Amantes del Folklore, obtuvo el primer lugar. Y el segundo fue para “200 años libres”, de Daniel Zenteno, de la Banda Internacional espectacular Maya del Folklore.