La violencia se reinventa en el arte La televisión, el cine y la literatura han encontrado nuevas formas de expresar y describir la crueldad. A través de la cinematografía se ha llegado a banalizar estos hechos, según coinciden varios expertos.
Un taladro perfora una órbita ocular. Unas navajas impulsadas por seres diabólicos torturan la espalda desnuda de una niña. Una vaca es asesinada lentamente a martillazos... ¿Le provoca algo? Si bien la violencia siempre ha estado presente en la sociedad, hoy ha encontrado en los lenguajes artísticos nuevas formas para reinventarse y llegar a la gente.
En la actualidad, la forma de mostrar esa violencia, que siempre existió, ha cambiado. “Tal vez hay una dosis de menos pudor o de menos hipocresía para mostrar ciertos aspectos de la sociedad que son ciertos. No se debe olvidar que los medios de comunicación son un reflejo de la sociedad”, explica el cineasta Paolo Agazzi.
Para él, son los filmes comerciales los que muestran la violencia gratuitamente, es decir sin ningún objetivo. Un ejemplo de ello se encuentra en el cine del estadounidense Quentin Tarantino, quien ofrece escenas explícitas de violencia, de tal forma que terminan siendo inclusive cómicas a los ojos ya desensibilizados de muchos jóvenes. ¿El riesgo? “Es que copien ciertos patrones comportamentales de estas formas violentas. En tanto se muestre más violencia el sujeto, inevitablemente, va a aprender”, apunta el psicólogo Carlos Velásquez.
Para el profesional, tanto el cine, la televisión y la internet han contribuido a que la violencia sea vista como algo normal. “Hoy ya no nos asusta que nos asalten, sino que alguien haya muerto cogoteado. No nos asusta que alguien muera, sino que lo hayan despedazado”, explicó Velásquez.
Al cine, la televisión y la internet se suma también la literatura, que ha llegado a niveles extremos al describir hechos violentos. El escritor paceño Wilmer Urrelo comenta que varias obras literarias que se producen en la región, actualmente, se nutren con temas como la guerrilla, la pobreza o el narcotráfico. “Antes de la Segunda Guerra Mundial, la literatura policial era la que más se prestaba a ese tipo de eventos y ésta era menos explícita”.
Para Urrelo, muchos escritores narran estos hechos de tal forma que uno termina viviéndolos. Un ejemplo de esto se ve reflejado en las novelas del colombiano Jorge Franco, quien ha encontrado inspiración en los remanentes del narcotráfico. En su novela Rosario Tijeras, Franco narra las desgracias que le ocurren a la protagonista. “Son cosas terriblemente espeluznantes”, añade el escritor.
Si se trata de medir los riesgos de consumir violencia cotidianamente, Velásquez afirma “que la exposición a ciertos comportamientos violentos hace que éstos sean aprendidos y, peor aún, replicados.”
¿Tendrá límites la violencia?
Para Velásquez, la violencia sí tiene límites y éstos son impuestos por la sociedad. “Todo entorno social va marcando pautas de lo aceptable e inaceptable”, dice.
En cierta época hubo comportamientos altamente violentos con ciertas personas como los esclavos y éstos eran aceptados por la sociedad.
“La sociedad en general debería bajar sus niveles de exposición a la violencia. Debemos pensar a dónde nos ha llevado esta violencia y si nos hemos vuelto un país violento”, afirmó.
Para Agazzi, es muy difícil responder la pregunta. “Hace 20 años nadie podía imaginar ver reflejada en la pantalla la crudeza con la que hoy se muestran ciertas escenas. Lo que hay que preguntarse es qué sucederá dentro de 10 años. Ahora que hay cine 3D, ¿lograremos sentir en nuestra piel ese dolor físico que vemos en la pantalla?”.
Según Agazzi, muchas veces el mostrar escenas de violencia explícita podría ser algo válido. En el cine independiente, por ejemplo, se muestran escenas fuertes de violencia, muchas veces como forma de denuncia. “Todo depende del objetivo que se tiene al mostrarla”, añade el cineasta.
“A veces, la televisión muestra a todos esos niños que mueren de hambre en África por causa de la desnutrición o cómo matan a las focas, a palazos, en Canadá. Esas son escenas de violencia explícita, pero se las difunde para que la gente conozca esta realidad. Se proyectan con un objetivo”, añade.
Para Velásquez, es también preocupante que en el país no exista una ley que regule la difusión de la violencia explícita. Por ejemplo, en Bolivia no hay una norma que regule lo que los niños pueden ver en el cine o la televisión. Por lo general, los cines se apegan a las normas de otros países, sin tener en cuenta que la realidad e idiosincrasia boliviana es otra. “Es la sociedad en su conjunto la que debe exigir una ley que trate exclusivamente este tema”.