El viento no impide que escuche un alarido en el que se mezclan el júbilo y el terror. Tardo un segundo en darme cuenta de que el grito sale de mi garganta. ¿La razón? Me deslizo a una velocidad de vértigo por un cable de acero que está a más de 200 metros sobre la carretera a Caranavi. Me encuentro en el flying fox, una de las actividades de turismo de aventura que ofrece el Eco Lodge Las Cascadas.
Este refugio ecológico turístico se encuentra a medio camino entre Caranavi y Coroico. Allí, entre los montes yungueños, la empresa Madness ofrece varias actividades diseñadas para estimular la adrenalina, como el descenso con cuerda por cascadas, ciclismo de montaña, rafting en los turbulentos ríos de la zona y el ya descrito “zorro volador”.
Vuelo sobre el verde monte
Al acercarme a mi destino, una plataforma ubicada a 500 metros del lugar de partida, veo la señal que me indica que es hora de frenar. Pese a lo simple del proceso —abrir las piernas y presionar la palma enguantada contra el cable de acero—cuesta disminuir la velocidad. La sensación de no tener nada bajo los pies aturde hasta al más valiente.
“Lo peor es cuando dejas atrás el bosque y, de pronto, te encuentras con que el suelo está mucho más abajo, en la misma carretera. Hay personas que en estos momentos entran en un shock momentáneo”, comenta Mauricio Rosso, el psicólogo del refugio.
Cuando llego a la plataforma necesito ayuda para tenerme en pie, pero no importa. La adrenalina me hace sentir capaz de comerme el mundo entero.
La sensación es adictiva. Las hormonas recorren tu cuerpo energizándolo. “Es por eso que a la gente le gustan los deportes de riesgo”, explica Rosso. “Algunos, buscando esa sensación, se meten en otras actividades cada vez más peligrosas”, agrega.
Los deportes de aventura permiten al usuario experimentar riesgo estando a salvo. Suena contradictorio, pero, cuando uno cruza entre cerro y cerro o enfrenta al río, las precauciones y los equipos seguros son vitales.
De hecho, el presidente de Madness, Fernando Jordán, garantiza que sus clientes estarán más seguros bajando en un kayak por el río o trepando una cascada que jugando fútbol.
“Lo que pasa es que nosotros somos conscientes de lo peligrosas que son estas actividades. En realidad es la esencia de nuestra oferta. Por ello, siempre estamos atentos a lo que puede ir mal o fallar. Además, trabajamos bajo el concepto del equipo”, agrega.
El deportista nunca está solo. No importa cuál sea la actividad elegida, siempre hay al menos dos trabajadores de la empresa listos para rescatar al imprudente. Por ejemplo, cuando se hace uso del Flying Fox, siempre cruza primero un trabajador de Madness, quien pone en recaudo a los turistas. Coordinando mediante una radio con la plataforma de partida, Mauricio se prepara para recibir al siguiente “paquetito”.
Además de ayudar a los que, como yo, gritan por el precipicio, Mauricio cruza primero para comprobar el estado de la plataforma de llegada y del cable. En días lluviosos, el funcionario que va delante calcula la velocidad de la rodela y la distancia a la que conviene empezar a frenar.
Desafío a la corriente
Es en el descenso por los rápidos del río cuando el visitante comprueba la importancia de la vigilancia constante. En esta actividad, que consiste en lanzarse en algún tipo de embarcación siguiendo el cauce de la corriente, los riesgos son altos, incluso para un deporte de aventura.
Jordán no cede en este punto: viajas con alguien experto en la embarcación o te quedas en la orilla. La razón radica en las turbulencias de las aguas, que no por nada son llamadas “rápidos”. “Debe haber alguien que conozca o sepa ‘leer’ el río. Debe saber cuál es la mejor ruta, la más segura y la más divertida. Durante la época de lluvia, cuando el cauce se torna impredecible, la experiencia evita desastres”, explica
Remolinos subacuáticos, caídas o piedras originan las mayores dificultades. Estos puntos son conocidos como ´aguas blancas´ debido a que este color es característico de la espuma. Las embarcaciones más comunes para retar a las corrientes son la balsa inflable y el kayak (o canoa). Este último puede ser rígido o inflable y para una o dos personas.
Así como hay varios tipos de embarcaciones, también hay diferentes ríos, desde los fáciles hasta los imposibles. Para los principiantes están las aguas planas, que no representan mayor reto para la navegación.
Después, las corrientes se clasifican de acuerdo con su trayecto: Clase uno, con rápidos pequeños y Clase dos, con remolinos y piedras. Las aguas de las clases Tres y Cuatro son tan turbulentas como comerciales. La Clase Cinco, por su peligrosidad, es sólo para profesionales y la Sexta categoría es, según Fernando, “para idiotas”.
Tras escuchar las últimas recomendaciones parten los kayaks pilotados por la inglesa Alisson Jenkins y los mellizos daneses Jens y Jene Morup, quienes viajan con un instructor. “Si algo te pasa (te vuelcas o te lastimas con una piedra) hay alguien que puede rescatarte”, explica Jordán.
Este argumento es confirmado cuando uno de los kayaks es vapuleado por un remolino en medio del río Coroico. Los dos navegantes son expulsados violentamente. Afortunadamente, otra de las canoas está cerca para llevar a los náufragos a la orilla.
Menos audaces, los que remamos en la balsa de hule del rafting también dependemos del trabajo en equipo. “Si no coordinas bien, no te mueves; te quedas dando vueltas en el río sin dirección”, advierte Mauricio.
Diván de aventura
Es en este punto cuando Madness revela otra de sus ofertas. El Ecolodge Las cascadas ofrece paquetes para las reuniones empresariales. “No hay nada mejor que un poco de riesgo entretenido para evaluar cómo va la relación laboral y detectar los problemas”.
Para que cada participante obtenga el mayor provecho posible, los psicólogos organizan charlas tras cada reto. “Les pido que analicen lo que sintieron y cómo se aplica a su vida”, indica Mauricio.
Y en ello es vital la paz que se respira en el Ecolodge. No hay acceso a televisión, internet ni teléfono. El cliente está rodeado de sus amigos o compañeros y la vistosa naturaleza de los Yungas.
Así, mientras aspiro el aroma de los árboles de mandarina y tomo un jugo, me recupero de la dosis de adrenalina de una jornada en río y precipicio. ¡Ya estoy listo para una nueva aventura!
BRÚJULA
Nombre. Ecolodge Las Cascadas.
Ubicación. A 34 kilómetros de Coroico, camino a Caranavi.
Actividades. Descenso por río en kayak y balsa, ciclismo de montaña, caminatas, rápel en cascada y Flying Fox.
Contacto. Empresa Madness (edif. Avenida, El Prado) teléfono 2312628. Página www.madness-bolivia.com.