Texto: Cristina C. Ugidos • Fotos: Ronald Melgarejo
Los vecinos de Barco Belén saben de tiempos duros. Hubo años en los que el lago Titicaca y el río Keka, que flanquean a la comunidad paceña, se desbordaron e inundaron al pueblo que acoge a 190 familias. Y el riesgo siempre está presente. “Nos preocupa no poder hacerle frente a las aguas”, explica el vecino Mario Quispe Serrano.
No sólo por exceso, también por carencia, el agua se ha ensañado con Barco Belén. El pasado año, por primera vez en su historia, la sequía frustró la producción agrícola de la comunidad. “Ha sido un desastre, no teníamos solución”, cuenta don Mario. En los últimos meses, gracias al proyecto piloto “Prevención de Desastres y Gestión Local de Riesgos en Bolivia” la situación ha cambiado: “Ahora ya sabemos cómo actuar”, afirma Quispe.
Un desastre es un suceso —natural o causado por el hombre, repentino (como un sismo) o paulatino (como una sequía)— que normalmente resulta en muertes, lesiones y daños a la propiedad. Por su severidad, no puede ser manejado con los procedimientos rutinarios oficiales.
Evitar, o paliar, las consecuencias de los desastres es el objetivo del plan pionero en Gestión de Riesgos, que es implementado por la organización Cáritas en sociedad con el Ministerio de Relaciones Exteriores Alemán y el Viceministerio de Defensa Civil. “Este programa comenzó por la gran cantidad de desastres que sufre todos los años Bolivia. Nos centramos en prevenir antes que lamentar”, afirma Wolfgang Hees, especialista de Cáritas Alemania.
Treinta y cuatro comunidades de siete municipios de los departamentos de La Paz, Cochabamba y Beni han sido las primeras convocadas para participar en el proyecto. “Se han elegido a través de un perfil. Son poblaciones que son muy vulnerables a las realidades climatográficas, étnicas o geológicas”, aclara Dolly Aliaga, directora de Cáritas Coroico.
Reforestación en Achacachi
“En caso de inundación, lo primero es salvar a los niños y los viejitos; luego llegarán las cosas materiales”. Mario Quispe ahora lo sabe. Él y toda su comunidad.
En los últimos meses, los vecinos de Barco Belén han mantenido varias reuniones con Cáritas, Defensa Civil y la Cruz Roja para detectar y prevenir sus problemas. “El río Keka está contaminado. Hace 70 años podíamos beber su agua, pero ahora no; tenemos que perforar pozos para conseguir el agua y no alcanza”, resume el vecino Máximo León.
“En Barco Belén, el proyecto de Cáritas se centra en la construcción de tres motobombas, con apoyo de la alcaldía de Achacachi”, explica Freddy Honorio, técnico responsable. “Tendrán una doble función, cuando haya abundancia de aguas, las almacenarán y en la sequía, las usarán para regar los cultivos”, añade Quispe, ahora miembro del Comité Local de Emergencias.
Cada día las mujeres de Barco Belén caminan los tres kilómetros que separan la comunidad del lago Titicaca en busca de agua para el ganado. “Antes vivíamos de la pesca de pejerrey, trucha o mauri, pero ya no podemos porque las aguas del lago han bajado”, lamenta Amalia Quispe habitante de Siltuamaya, población vecina a Barco Belén.
“El altiplano boliviano sufre de gran erosión debido a los fuertes vientos que azotan la región, por ello los comunarios Siltuamaya han propuesto la reforestación de ciertas zonas estratégicas con sauces y pinos para evitar que el viento acabe con los cultivos”, informa Roberto Castillo, asesor técnico del proyecto general.
Marisabel Mamani Miranda, nacida en Siltuamaya, no olvida las viejas maneras que apaciguar a la naturaleza: “Hay que gritar para ahuyentar al granizo y encender fogatas para que se escapen las heladas”, relata. Ahora, estas prácticas ancestrales se complementan con tareas de limpieza de canales y reforestación, a requerimiento de las propia comunidad. “Van a llegar máquinas, eso está bien”, opina Mamani.
“Estoy muy orgulloso del trabajo que se está haciendo”, evalúa, por su parte, Bernabé Paucara, alcalde de Achacachi. “Esperamos seguir trabajando por muchos años, porque es una tarea muy importante”.
Acueducto y puente en Sorata
El nevado Illampu domina la vista de Millipaya, Canaviri y Taypi Logena. La mañana del 19 de octubre, las tres comunidades celebraron la inauguración del proyecto con un gran waik’asi, una reunión parecida al apthapi, con maíz, pan, papas, habas y hortalizas propias de Sorata.
Mientras se pasan los platos unos a otros en señal de cortesía, se levantan voces de agradecimiento por el nuevo trabajo que se va a iniciar en la zona: un puente peatonal que servirá para que los niños de 11 comunidades puedan asistir a la escuela. “Esa construcción ha sido muy peligrosa a causa de las riadas”, explican, a coro, los comunarios.
“Será un proyecto que en principio parece pequeño, pero que beneficiará a más de 100 familias”, asegura Dolly Aliaga. “Millipaya, Canaviri y Taypi Logena van a participar con jornadas de trabajo, dividiéndose por grupos, para construir el nuevo puente peatonal”, concreta Jesús Pérez, técnico responsable. “Está previsto que el proyecto finalice al cabo de 40 días desde su inicio”, añade.
Pero el enemigo principal es otro: “El grave problema de las comunidades a los pies del Illampu —añade Gonzalo Gámez, coordinador de Cáritas Coroico— son las heladas y las granizadas fruto del calentamiento global, por el deshielo del nevado”.
Los también comunarios perciben que en los últimos años han empeorado las condiciones climáticas. “Ya no llueve como antes, incluso el sol nos quema si estamos mucho tiempo expuestos, también quema el maíz. Antes llovía cuando era tiempo de siembra”, coinciden las representantes de Cotaña. El dilema actual es la carencia de agua para sus cultivos, gracias a los que sobreviven 50 familias.
“La solución que han propuesto los comunarios de la zona es el entubado del canal de riego sobre el río Linaza, para que el agua llegue a sus cultivos y no se pierda. El sistema será como el de un acueducto romano”, explica Jesús Pérez. Los requerimientos incluyen también apoyo para la limpieza de los canales de riego.
Lluvias tropicales en el Chapare
“Las comunidades del Trópico cochabambino podrían desaparecer por los desastres si no se hace prevención”, afirma el coronel de Defensa Civil en el Chapare, Maximiliano Morales.
En los últimos años, los ríos de la región del Chapare se han desbordado y las fallas geológicas han provocado sismos y derrumbes que dejan las carreteras inutilizadas. El 2003, el puente Alfonso Gumucio se derrumbó a causa de las fuertes riadas.
Sin embargo, la prevención es un tema sobre el que muchos no están sensibilizados. “La gente no participa de los talleres de capacitación”, se queja el técnico de Cáritas en Chapare, Elvis Caero.
No es el caso de la comunidad de Senda Dos, que se ha sumado al proyecto. “En los últimos años, el río cambió dos kilómetros su curso y se ha acercado más a la comunidad. Tememos que se desborde y nos deje aislados”, explica Nicolás Vides, vicepresidente del Concejo Municipal.
Ahora quieren construir dos tipos de barreras, una natural con la reforestación del bosque y otra artificial en base de gavión de hierro y piedra; pero el propio municipio está dividido. “Por el momento, el proyecto de Cáritas se centrará en dotar de cañerías para el sistema de agua potable en la comunidad”, aclara Caero.
El caso de la comunidad chimoreña de San Isidro A es ejemplo de sobrevivencia y prevención. “Primero sufrimos una inundación que destruyó los hogares de 45 familias, no nos dejó ni escuela. Luego nos echaron de varios terrenos, hasta que nos hemos asentado a ocho kilómetros del río Sacta”, explica Genoveva Escóbar. “Nos hemos movido, estamos seguros pero ahora lo que queremos es construir una escuela para los niños”.
La propia profesora Angélica Castro recuerda cómo la inundación destruyó la escuela. “Afortunadamente eran vacaciones, pero el agua casi llegó al techo. Ahora estamos más seguros acá, pero necesitamos mejorar”.
El edificio de la unidad educativa necesita muchas mejoras y en ello trabaja la comunidad. A los niños de San Isidro A no les preocupa, ahora se sienten a salvo para jugar y estudiar.
Por escasez o abundancia, el agua castiga a varios pueblos tanto en el altiplano como en el valle y en el trópico.
“Los pueblos del Trópico de Cochabamba corren el riesgo de desaparecer si no aprenden a prepararse para prevenir inundaciones”
Desastres en bolivia
1983: “El Niño” afectó a los departamentos de Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí y Tarija.
1986: Desborde del Lago Titicaca. 7.500
Viviendas destruidas y 180.000 personas damnificadas.
1997/98: Deslizamientos en Cotahuma y Kupini (La Paz), Mokotoro (departamento de La Paz), 24 muertos y 523 familias damnificadas.
1998: Un sismo provocó 80 muertes en Aiquile y Totora.
2003: Inundación y avalancha en Tipuani y Chima destruyeron 242 viviendas, dejando 54 muertos. Destrucción puente Gumucio.
2006: “El Niño” afectó a 38.816 familias.
Fuente: Viceministerio de Defensa Civil.
“Los desastres no son naturales” Roberto Castillo, asesor técnico del proyecto.
¿Qué rol tienen los pueblos en la prevención?
Son las propias comunidades las que han de buscar y crear sus propias soluciones, porque no es pertinente hablar de desastres naturales. No es natural que una persona se muera con el paso del río, o cuando la inundación llega a la comunidad. Y son los propios vecinos los que deben proponer las formas de prevención.
¿Cómo materializan la propuesta comunitaria?
A través de la metodología comunitaria analizan sus problemáticas. De esta manera pasan de identificar problemas a identificar necesidades, y se priorizan las acciones que la comunidad quiere tomar. El proyecto contempla la creación y capacitación de actores locales visibles a través de Unidades y Gestión de Riesgo Municipal (UGR) y la conformación de Comités Locales de Emergencia (CLE). Con ellos se han elaborado mapas de riesgos para que los pueblos conozcan la Ley 2140 de 25 de octubre del 2000, que regula el establecimiento de un marco institucional eficiente que permita reducir los riesgos.
¿Cómo se hace el seguimiento de los proyectos?
Las oficinas de Cáritas de cada región harán un acompañamiento de los proyectos hasta que finalicen las labores y por otros dos años más, pero cuando termine este plazo, queremos que la comunidad se quede con las capacidades de análisis de su realidad y que sus habitantes sean capaces de gestionar recursos ante otros organismos.