La letra “r” es la cruz que la familia Ruiz carga desde hace 74 años. La consonante es culpable de que Eudaldo Ruiz Ramallo (93 años) no haya recibido los honores que le corresponden como un ex soldado de la Guerra del Chaco (1932-1935).
“Mi nombre es Eudaldo, pero al terminar la guerra, en Choreti (Santa Cruz) me inscribieron por error como Eduardo con ‘r’ y por eso nunca pude cobrar mi pensión de ex combatiente”, cuenta con lucidez el chaqueño de tez clara, canas y bigote blanco.
Nacido el 12 diciembre de 1916, don Eudaldo —como le llaman sus amigos— es el único benemérito sobreviviente en Taihuati, pueblo del municipio tarijeño de Villamontes.
La voladura de tres dedos
Población del Saladillo (Entre Ríos, Tarija), 1932. Eudaldo tiene 15 años y junto a sus amigos juega en la plaza de la localidad, en las vísperas de la fiesta de San Antonio. La noche se ilumina con juegos artificiales pero, en un descuido, el muchacho pierde tres dedos de la mano izquierda: el pulgar, el índice y el del corazón. “Estaba manejando uno de esos cohetes, que hacían con dinamita y de pronto nomás voló casi toda mi mano”, recuerda en la puerta de su vieja casa.
Al estallar la guerra, en 1932, sus primos se presentan para ir al frente de batalla y aunque Ruiz también se alista, no es aceptado; debido a su corta edad y al problema de sus dedos.
A mediados de 1934 llega su turno y Eudaldo recibe el llamado oficial. En su primera designación es ayudante de mecánico en la maestranza, donde eran preparados los camiones para ir al frente. Allí trabaja unos meses, antes de recibir su misión definitiva.
“En la Guerra del Chaco fui conductor y estaba en la columna de transporte que llevaba municiones y víveres a nuestros soldados”, reseña apoyado en un bastón. A su lado están su hijo Rhíder y su nieto Míder.
Con la artillería cerca
El último semestre de 1934, las columnas motorizadas del Ejército boliviano tratan de abastecer de provisiones a los soldados. La misión es arriesgada, debido a la cercanía de los paraguayos.
“Transitamos por toda Villamontes y Carandaití (Chuquisaca) y una vez en Boyuibe (Santa Cruz) los pilas cortaron la columna y tuvimos que volver a Tarija, Potosí y entrar por Sucre”, rememora el tarijeño y muestra una vieja bomba con la que los paraguayos atacaban en los campos de Villamontes. “Esta es chiquita (mide cerca de 45 centímetros) habían otras más grandes todavía, porque la aviación paraguaya ya estaba cerquita en Agua Blanca (Argentina que fue su aliada)”.
Además de burlar a la artillería enemiga, que tronaba a pocos kilómetros de la ruta, la columna nacional transita por caminos donde el barro y la arena detenían a los coches. “Manejábamos pequeños camiones y a las llantas de mi Ford las reforzábamos con cadenas para que avancen y no se planten en los arenales”.
Eudaldo también participa en la retirada de Carandaití cuando la columna motorizada socorre a civiles y soldados ante la ofensiva pila. Meses después, Bolivia recuperaría este poblado en una de las contraofensivas que pudo cambiar el curso de la guerra.
La “r” del olvido
Mientras Bolivia y Paraguay firman en Argentina el cese de hostilidades, en junio de 1935, Eudaldo se encuentra en Choreti donde junto a otros soldados acude a registrarse como desmovilizado. Al momento de anotarse, su nombre y su vida cambian por una “r”. Eudaldo es inscrito como Eduardo. “Es una letra nada más”, le dicen sus amigos. Él no le da importancia.
Debido a ese error ortográfico, el ex soldado es rechazado como benemérito. “Algunos camaradas tuvieron el mismo problema y fueron a La Paz a solucionarlo, pero yo no fui”, lamenta y enseña un documento, fechado el 8 de agosto de 1934, el día que Eudaldo se había presentado en Villamontes para ir a la guerra.
Entra a su habitación y saca una especie de libreta con su foto que reza: “Censo de ex combatientes-21 de diciembre de 1964”. En ese retrato añejo su pelo aún no ha encanecido.
A 500 metros de su domicilio hay un monumento al héroe Tte. Félix Méndez Arcos quien lideró la famosa Sección de Hierro en la Batalla de Villamontes. Entre los árboles, aún se pueden ver trincheras, viejas como los recuerdos de la guerra que conserva don Eudaldo.
“Miliquito (militar) pues era…. Yo he peleado por la patria. Sólo de una cosa me arrepiento, debería haber ido nomás a La Paz a arreglar esa letra”, protesta el soldado anónimo del Chaco.
“En el frente, a las llantas de mi Ford las reforzábamos con cadenas grandes para que avancen y no se planten en los arenales”