Solidaridad con la justicia Pero lo que tendrá que cambiar realmente para que la justicia boliviana mejore, es la actitud de los demás hacia la institución. Los demás quiere decir los ciudadanos comunes pero sobre todo quienes manejan otros poderes del Estado.
A la mala fama que tiene la justicia boliviana se suma ahora un espectáculo deprimente, en que pareciera que el sistema judicial se ha convertido en un brazo político más, el brazo más servil. Esta circunstancia tendría que hacer meditar a los bolivianos, a aquellos a los que les interesa el futuro del país, en la búsqueda de soluciones reales.
Si cada quien, en su turno, va a usar a la justicia en procedimientos torpes, la solución, ciertamente, no llegará jamás. Por lo tanto, habría que proponerse establecer un punto de inflexión, un cambio de ruta, que marque la transformación que el país necesita. La próxima asamblea legislativa tendrá esa posibilidad, pues deberá sancionar en el plazo máximo de 180 días a partir de su instalación,entre otras, la Ley del Órgano Judicial y la Ley del Tribunal Constitucional Plurinacional.
Los vacíos o las falencias o los errores que hubieran sobrevivido en el texto de la Constitución (al fin y al cabo la Asamblea Constituyente fue muy accidentada), tendrían que ser encausados en su reglamentación.
Y lo que el país más apreciaría, desde la perspectiva de estos días, es que se dé a la justicia boliviana, en el futuro, un escenario que le permita desempeñarse con dignidad.
Si los jueces van a ser elegidos por sufragio universal, como está previsto, sería bueno que el procedimiento de preselección sea diseñado para garantizar que los aspirantes sean los mejores.
Además de eso, será bueno que el futuro Parlamento establezca las bases para que el Poder Judicial, o lo que se llame, sea respetado por los demás poderes del Estado y que ninguno de sus miembros esté en riesgo de ser humillado o forzado a tomar decisiones incorrectas.
Esto de que, en cada momento, se alegue que siempre fue así en el pasado, tendría que llegar a un punto final. Hay que cortar esta cadena del irregular funcionamiento de la justicia boliviana.
En otros países, la dignidad de la justicia es buscada incluso dando a los jueces un ropaje especial, o hasta pelucas, sólo para que se advierta que se trata de personas que están en un nivel especial, pues de ellas depende el funcionamiento de una de las instituciones fundamentales de la democracia y de la civilización.
Habrá que recordar, en el momento de hacer el esfuerzo por mejorar la justicia, que el país forma parte de foros o instancias internacionales. Los principios compartidos por todos los sistemas legales del mundo son la base de esos entendimientos. La justicia comunitaria, ciertamente, no tiene esas características, y eso será bueno tomar en cuenta cuando se estén elaborando los principios que insertan a Bolivia en los foros y tribunales internacionales.
Pero lo que tendrá que cambiar realmente para que la justicia boliviana mejore, es la actitud de los demás hacia la institución. Los demás quiere decir los ciudadanos comunes pero sobre todo quienes manejan otros poderes del Estado.
Que sea esta oportunidad la que sirva como toma de conciencia de que las cosas tienen que mejorar en el campo de la justicia. Humillar a un juez, domesticar a un fiscal, son actitudes que deberían terminar y quizá sirva esta transición democrática para lograr ese objetivo. Que los jueces sean respetados hará que todos los bolivianos se sientan más seguros y dignos.