Las informaciones dicen que los ciudadanos bolivianos siguen tratando de abandonar el país, incluso cuando es bien sabido que en el exterior las cosas se han puesto muy difíciles.
En efecto, son miles los ciudadanos que están forzados a regresar al país, ya sea porque no tienen trabajo en el exterior o porque los países donde radican los están expulsando.
A pesar de eso, por tierra o por aire, los ciudadanos siguen tratando de emigrar, siempre en busca de encontrar mejores condiciones de vida para ellos y sus familias.
El hecho de que decidan partir revela que las posibilidades de encontrar trabajo en el país siguen siendo muy reducidas.
Lo peor que muestra esta actitud de los bolivianos es que esos ciudadanos no confían en el futuro del país, o que tienen muchos temores sobre lo que se avecina.
Es probable que esta actitud haya surgido como resultado de la tensión y la inestabilidad política de los últimos años, con grandes dudas sobre lo que pasará al día siguiente.
Pero también es cierto que el afán de los ciudadanos que quieren partir es consecuencia de la falta de inversiones, lo que a su vez se traduce en falta de oportunidades de trabajo.
No importa si el cambio que se ofrezca sea de una o de otra tendencia: todos los cambios preocupan a la gente, pues significan incertidumbre. Esto se agrava cuando la incertidumbre dura demasiado tiempo, como es el caso de este proceso de cambio.
Y más todavía si, en la perspectiva, hay nuevas situaciones de incertidumbre. Los cambios que deberá aprobar el nuevo Parlamento serán conocidos en su momento, y por ahora nadie podría decir cuántos serán ni cuánto abarcarán.
En esas condiciones, es difícil que una pareja con hijos decida quedarse a vivir en Bolivia. Los padres elegirán siempre aquello que les parezca mejor para sus hijos.
Esto tendría que ser tomado en cuenta por los líderes nacionales. Si los bolivianos siguen partiendo al exterior es que lo que ofrecen esos líderes no les satisface ni les da la confianza que ellos quisieran dar a sus hijos.
Abandonar el país es siempre muy duro. Es una decisión difícil. Si los bolivianos siguen empeñados en partir, se trata de un mensaje muy claro para los dirigentes nacionales.