A pesar de que tuvo muy poca cobertura del periodismo, la Exposur realizada en Tarija fue una interesante demostración de la fuerza que tiene la ciudad capital más sureña del país.
El clima no ayudó, es cierto, pero a cambio de ello la concurrencia de la gente fue un premio a quienes organizaron la feria diseñada para mostrar las posibilidades de la economía tarijeña.
La cantidad de visitantes argentinos que recibió la feria fue una comprobación más de los lazos que unen a la capital chapaca con Salta y Jujuy, principalmente, sin descartar a las otras provincias de ese país vecino.
La presentación de famosos artistas internacionales, como el romántico mexicano Marco Antonio Solís, fue el atractivo nocturno que atrajo a miles de visitantes, no sólo bolivianos sino también extranjeros.
Pero lo más llamativo de la feria fue la exhibición de la iniciativa de los artesanos, industriales y artistas del sur del país.
Más allá del lugar común, los vinos tarijeños mejoran todos los años, así como el singani, que fue muy apreciado por los foráneos, muy bien informados sobre la historia de este aguardiente típicamente boliviano.
Las bodegas tarijeñas y cinteñas se esmeraron en mostrar sus mejores productos, muy bien conocidos en el resto del país.
La sequía que afecta al valle tarijeño, así como a la región chaqueña, puso un dejo de preocupación, pero la alegría fue la característica de todas las jornadas de la feria.
Eso sí, quedó claro que el espacio con que cuenta la feria ha quedado chico y no se han resuelto bien los problemas de acceso, así como la evacuación del lugar, que fue muy deficiente.
En todo caso, la feria tarijeña hizo su presentación en sociedad, a nivel nacional, y anuncia que se convertirá en un evento.