La figura Carlos Aragonés Ex jugador y ex técnico de la selección
El restaurante del hotel Ritz fue escenario para que el yacuibeño Carlos Aragonés evoque su época de futbolista en Bolívar y en la selección y además sostenga con contundencia que no es regionalista y que no le armaba el equipo a Erwin Sánchez, el ex seleccionador nacional.
Aragonés tuvo un encuentro con Marcas en el que recordó su cariño por Bolívar, equipo al que llegó joven y donde el trato que recibió fue como el de padre a hijo. “Como futbolista y persona me hice en La Paz”, enfatiza y levanta la mano, por eso replica, “soy agradecido a una ciudad que en su momento me cobijó y me idolatró, entonces ¡cómo me puedo olvidar de eso?”.
El coordinador general de la selección nacional asegura: “No soy un come colla, como me tildó un dirigente cochabambino que fracasó con su selección hace muchos años; la cosa es sencilla, no puedo discriminar donde nunca me discriminaron”.
Éste volvió a levantar la voz cuando habló de su relación con Platiní Sánchez, a quien dijeron que le arma el equipo. “No es así, porque él tiene la suficiente personalidad como para saber lo que quiere. Con eso nos faltan el respeto a Erwin y a mí”.
La serenidad de Aragonés se quiebra en tres ocasiones, cuando recuerda a su madre Rosa Espinoza, a quien amó y fue la guía en su vida; luego al hablar de su despegue futbolístico y su alejamiento prematuro; y finalmente cuando rememora su etapa como entrenador, al considerar a algunos jugadores a quienes dirigió como a sus hijos.
Y el DT abrió las puertas del cofre de su pasado a MARCAS. Su primer recuerdo está en su pueblo, Yacuiba, donde vivió en medio de carencias. Su vida está signada por la fortaleza con que su madre lo crió desde los tres años, cuando murió su padre. “Ella trabajaba hasta 15 horas diarias y nos crió sola”, cuenta Aragonés, quien dijo que ese hecho le llevó a querer ser algo en la vida. “En casa a veces faltaba la comida e indudablemente no había ropa, zapatos; entonces por las pocas cosas que tenía, mi madre me decía que las debía cuidar para ir impecable al colegio, en el que fui abanderado”.
Comenzó a jugar al fútbol en su pueblo, donde buscó ser el mejor. Luego, Juventud Antoniana y Central Norte lo esperaban en Salta, donde se fue a estudiar ingeniería por un pedido de su mamá. Un catedrático lo vio jugar y le contrató como refuerzo para su equipo en la universidad; luego superó una prueba en Central Norte, donde llegó flaco, era un desconocido.
De este equipo pasó a Juventud Antoniana, el clásico rival, y tuvo la oportunidad de trascender en Argentina. Comenzó a aparecer su nombre en El Gráfico y Goles. Mario Mercado, entonces presidente de Bolívar, se enteró de su carrera, lo contrató y retornó al país como futbolista.
Bolívar está en una parte muy grande de su corazón, afirma mirando al techo. En el cuadro celeste encontró un club “muy humano”, cuyos dirigentes le cuidaban, aconsejaban y estaban pendientes de él. Como futbolista fue figura adentro y afuera sin ser indisciplinado; aunque como al resto también le gustaba la noche, “pero en el momento y lugar oportuno y con la gente adecuada”.
“No fui un santo, pero sabía medir las cosas sin privarme de nada, de tomar un par de tragos por ejemplo”. Surgieron las amistades normales, dentro y fuera del fútbol, en cuya categoría no entra Ovidio Messa, también yacuibeño como él. “Con Messa tuve la relación de compañero, pero tuve otros amigos. No sé si él (Messa) era díscolo o la otra cara de la medalla, no quisiera hacer comparaciones, pero vivía el fútbol a mi manera”.
Bolívar, Palmeiras de Brasil, la selección boliviana y Destroyers son las casacas que defendió en la etapa profesional. Sin embargo, no terminó como quiso, una lesión en la rodilla lo apartó del fútbol a sus 30 años: “tenía cuerda, física y mental, pero se truncó mi carrera y dije ¿ahora qué?”. En Brasil hizo cursos de musculación, que le ayudó a instalar su gimnasio en Santa Cruz. De eso vivía.
Allí surgió la oportunidad de trabajar como gerente deportivo, el mismo cargo que ocupó con la selección dirigida por Erwin Sánchez. En ese momento decidió ser entrenador, por la vocación de enseñanza y de liderazgo que tenía.
Aragonés se inició como director técnico en Real Santa Cruz, luego dirigió a Blooming, The Strongest, Bolívar, Wilstermann y la selección. En su etapa como DT tuvo a varios jugadores, a quienes siempre les habló de no dejarse estar, sino crecer y apuntar a llegar lo más lejos.
“Nos dimos cosas mutuas, mucha exigencia y respeto; la relación continúa hasta ahora. Eso es lo que trato de inculcar en la vida”, concluye.