Alerta por la falta de agua La crisis del agua no tendría que ser sólo problema de organismos de segundo nivel, sino del propio Gobierno. Tampoco es cuestión de declarar estados de alerta, la amarilla en este caso, lo necesario es dar soluciones orgánicas oportunas y efectivas
En los últimos dos meses, la falta de lluvias está ocasionando situaciones críticas en el abastecimiento de agua en las ciudades de La Paz y El Alto, pero fundamentalmente en las áreas rurales de por lo menos cuatro departamentos: La Paz, Oruro, Potosí y Tarija.
Las autoridades de los servicios de agua informaron que los embalses del líquido de las dos ciudades mencionadas se redujeron al 30%, lo que determina el temor generalizado de que si no se producen precipitaciones pluviales en lo que queda de este mes, podrían tener que forzarse algunas medidas de emergencia, como ser un eventual racionamiento, por lo menos.
Al respecto, aunque las autoridades del sector opinan que no es necesario llegar a tales extremos, los hechos inducen a que haya una mayor previsión sobre la dotación de agua a las dos ciudades. Es mejor que en forma oportuna se adopten algunas previsiones, antes de llegar a un punto tan crítico como sería la falta casi total del líquido elemento.
Es un indicador lo que está sucediendo en el lago Titicaca, donde el nivel de las aguas habría descendido en 4,5 metros. Si esto fuera evidente, se estaría casi frente a una catástrofe, porque las poblaciones ribereñas viven principalmente de la pesca. Y son miles de familias que podrían estar enfrentando una anomalía que en muchos años no se producía.
Otra situación que amerita mayor atención es que en la extensa área altiplánica, gran parte de la cual abarca el oeste del departamento de La Paz, las siembras no puedan efectuarse regularmente, porque la tierra seca, por falta de lluvias, no se presta para realizar estas faenas. El próximo año puede traducirse esto en escasez y hasta en la falta de alimentos tan vitales como la papa y sus derivados, la quinua y el grano de cebada, que en la región equivale a la del trigo.
Además, en el altiplano paceño se optó por la ganadería lechera, la que para sostenerse requiere necesariamente que al ganado no le falte el líquido elemento.
En estos días, la crisis del agua se acentuó dramáticamente en la región del Chaco, que pertenece más al departamento de Tarija, pero también a Chuquisaca y Santa Cruz. Desde hace nueve meses que no llueve en esa región, que es ganadera por excelencia. Las autoridades locales dieron cuenta ya de la muerte por sed de medio millar de cabezas de ganado bovino y que están en riesgo de sufrir similar suerte alrededor de dos millones y medio de cabezas. El domingo hubo lluvias en tres áreas, pero no fueron suficientes ni remotamente.
Genera inevitables reproches que las autoridades de la región y las de nivel nacional desde hace muchos años no hubieran resuelto la falta de agua en el Chaco, pues es un carencia de siempre. No sólo se trata de perforar pozos —que son insuficientes—, sino de dar una solución de fondo.
Se habla de falta de recursos financieros, pero el Chaco desde el boom del gas natural recibe casi el 50% de los ingresos del departamento de Tarija. ¿Por qué, entonces, no se atendió en cuanto fue posible la dotación permanente de agua a tan importante región del territorio nacional?
La crisis del agua no tendría que ser sólo problema de organismos de segundo nivel, sino del propio Gobierno. Tampoco es cuestión de declarar estados de alerta, según la intensidad del problema, lo necesario es dar soluciones orgánicas oportunas.