El desarrollo democrático en Bolivia sufre un preocupante menoscabo, según un índice regional, lo que tendría que llamar a un drástico cambio de conductas, tanto oficiales como ciudadanas.
Aunque la situación no es exclusiva, pues el promedio de América Latina, en el informe del 2009, tuvo un avance de más del 1%, Bolivia quedó situada en el último lugar entre 18 naciones.
Según el Índice de Desarrollo Democrático de América Latina IDD-Lat, elaborado por la organización Polilat, con sede en Buenos Aires, y presentado por la Fundación Konrad Adenauer, de Alemania, el jueves 5, en el Capitolio, los países que no elevaron su puntuación, respecto al 2008, fueron Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Paraguay.
En el caso del país, su descenso fue de más del 8% respecto del índice del 2008, motivado por la subida del promedio de la región y del valor de la ponderación, producto del mejor accionar del resto de los países. Con el puntaje del 2,593, está en la franja de países con desarrollo democrático bajo.
Las naciones que mejoraron su posición son Argentina, Chile, Ecuador, México, Panamá, Perú, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, en orden alfabético.
Continuaron manteniendo su alto nivel de desarrollo democrático el grupo de países que sobresalió el 2008: Chile, Costa Rica y Uruguay, con la diferencia de que el año pasado ocupó el primer lugar Costa Rica y Chile el segundo.
Susanne Käss, representante en Bolivia de la Fundación Adenauer, al inaugurar la presentación del Índice, dijo que el mismo se realiza desde el 2003. En el prólogo del documento, anotó que las dificultades de la democracia regional son numerosas y variadas, por lo que al ser puestas en evidencia tendrían que ser atacadas de forma consistente y en el largo plazo.
El informe —cuyo expositor en La Paz fue Jorge Arias, director de Polilat— considera que para vencer las diferencias —entre otros requisitos— es necesaria la igualdad y el respeto a los derechos humanos, la conducción del proceso democrático desde la persuasión y la búsqueda de consensos y consolidar un sistema político fuerte, con partidos y dirigentes que actúen como ejemplo democrático.