Hace 50 años, llegar a Huatajata era una aventura. “El camino era malo; sólo venía colectivo o camión”, recuerda Demetrio Limachi, experto constructor de balsas, nacido en la isla Suriki hace 62 años. ¿Turismo? “Imposible”. No, para un rumano, bailarín de profesión, que dos décadas atrás había arribado a Bolivia sin saber castellano y sin más equipaje que una audacia a prueba de imposibles. Darius Morgan Martin se enamoró del lago Titicaca y soñó un complejo, con museos y barcos. Allí, el hotel Inca Utama es hoy el orgullo de Crillón Tours.
En 1958, Morgan inauguró la primera empresa de turismo del país. La llamó Crillón Tours en agradecimiento al dueño del hotel Crillón (hoy Radisson) que le cedió una pequeña oficina en el edificio de la avenida Arce. “Su primer objetivo era llevar turistas al lago. El Titicaca enamora a los que lo ven”, explica Carla Morgan, jefa de marketing de la agencia.
En los años 60, don Darius compró un terreno en Huatajata, cantón de la provincia Omasuyos a 87 kilómetros de La Paz. Instaló un restaurant y después, un pequeño muelle para su primer barco al que bautizó como Who cares (A quien le importa). “Ahí trabajó mi padre como todos los vecinos de la zona”, cuenta Bernabé Quispe (30), quien hace diez años heredó el puesto de estibador de su progenitor.
Como Inca Utama (Casa del Inca) bautizó Morgan al hotel que inauguró en los años 70. Actualmente, la que fuera la hacienda colonial más grande a orillas del Wiñay Marka (Lago Menor) se ha convertido en un complejo turístico, con tres museos, observatorio astral, cruceros en aliscafo, spa. Y da empleo a 40 huatajateños.
De la realeza a los magnates
En letras de molde, en el umbral del Inca Utama se lee: “Waljhutay” (Bienvenidos). “Aunque el letrero ha sido renovado, el recibimiento es el mismo de hace décadas”, expresa Roberto Blanco, gerente del hotel. Es el mismo mensaje que tuvieron a su llegada a Huatajata, el Príncipe de Asturias Felipe de Borbón y su compatriota el cantante Raphael; el ex presidente de EEUU Jimmy Carter y la premio Nobel guatemalteca Rigoberta Menchú, entre otros dignísimos visitantes.
“Muchos personajes vinieron a lo largo de estos años y también fueron a la Isla del Sol en aliscafos”, comenta Blanco. Añejas fotos y anécdotas de los empleados más antiguos lo confirman. “Doña Rigoberta era bien buena. El presidente Carter era un experto navegante”, asegura Daniel Mamani, camarero hace 27 años.
“Hubo muchos más que vinieron de incógnitos”, añade Ivar Cuba, uno de los guías de Crillón. “Hace un año, hicimos un gran operativo para recibir a Román Abramovich, dueño del equipo inglés de fútbol Chelsea. Vino en su avión privado al aeropuerto de El Alto, inmediatamente viajó a Huatajata; durmió en el Inca Utama y se fue a la Posada del Inca, en la Isla del Sol. Al día siguiente, se regresó en su avión. Nadie se enteró. Mantener el secreto es parte del servicio”, revela.
Kallawayas en los Andes
“Éste es un museo con hotel; no un hotel con museo”, indica entre risas Blanco, el administrador de empresas y amante de la fotografía que gerenta el Inca Utama hace 12 años. No bromea, pues son tres los repositorios del complejo.
Conviene empezar la visita por el más misterioso. El Museo del Kallawaya recibe con aroma a hierbas y música de vientos. Aquí, se exhiben centenares de insumos de la botica natural andina. El Tata Benjamín (68) es su custodio y un experto en la lectura de la hoja de coca. Heredó el don de su padre: el Tata Lorenzo.
Una síntesis de la cultura andina ofrece el Museo del Altiplano. El visitante acude a un recorrido, que se inicia en las civilizaciones precolombinas y llega hasta las fiestas contemporáneas, con guía grabada en cinco idiomas.
“Muchos turistas extranjeros no tienen el tiempo para conocer todo el rico patrimonio cultural boliviano; por eso se lo traemos resumido en estos museos. Además, son muy visitados por los bolivianos”, afirma Carla Morgan.
El pueblo de los balseros
“Nosotros vivíamos en la Isla de Suriki hasta que nos han invitado aquí, al hotel de Huatajata; ahora seguimos haciendo balsas y les mostramos a los que nos visitan”, dice Demetrio Limachi. Él y sus hermanos —Fermín y José— fueron los constructores de las famosas embarcaciones de totora Ra II, Kon Tiki, Tigris y Abora. Desde los 70, estas expediciones demostraron que los navíos tradicionales del lago Titicaca eran capaces de vencer al mar.
Don Demetrio es —junto a su sobrino, José, y su cuñada, Julia Arratia— el custodio del Ecomuseo Pueblo del Inca Utama. Una réplica de casas redondas uru chipayas que incluye muestras de los oficios artesanales, desde el telar hasta la mascarería, y de diferentes prácticas como el cultivo en camellones (o suka kollos) y la elaboración de chicha.
“Es bueno que vengan turistas; ellos traen ingresos y además escuchan nuestras historias. Les gusta la totora”, asevera el segundo de los Limachi, mientras trenza el vegetal para modelar balsas en miniatura. “Tengo que mandar cien al museo Kon Tiki”. Su artesanía viajará hasta Noruega.
La piel del cielo
A las 22.00, el cielo despejado sobre el Wiñay Marka es un espectáculo de estrellas y una invitación al Observatorio Alajpacha. Un video introduce al mundo de las constelaciones andinas: Rueca, Llama y otras formas astrales que descifraron los antiguos. De pronto, la estructura se estremece. Un temblor, un ruido y se abre el cielo pleno, bajo un enorme telescopio donado por los astrónomos de la NASA.
“Los científicos vienen cada año, en junio, para estudiar la constelación de Escorpión. Mientras, el telescopio es para los visitantes”, manifiesta Wilson Mamani, el experto del Alajpacha. “Cuando hay luna, se opacan las estrellas”, cuenta mientras atrapa a Venus en el visor.
Una flota de aliscafos
El primero fue el Who cares. Siguieron: “Flecha de Bolivia”, “Titicaca” y otros cinco navíos construidos por bolivianos en el puerto de Huatajata. Los aliscafos “vuelan” por el lago y diariamente llegan hasta Copacabana, Puno y las islas de Suriki, de la Luna y del Sol. Aquí, en el mítico lugar del nacimiento del incario está la Posada del Inca, otro hotel de Crillón... pero ese es otro viaje.
A quienes se quedan en el Inca Utama les toca disfrutar de un masaje de crema de coca en el spa, cenar una trucha (en 11 distintas especialidades) en el restaurant Sumaj Untavi y, quizás, cerrar la jornada con una peña folklórica o un trago tranquilo en el bar Musiña. Después, a la camita con el abrigo de frazadas eléctricas.
“Este es sueño de un pionero”, resume Carla. La prueba de que la audacia no tiene imposibles.
El Príncipe de Asturias, Rigoberta Menchú, Jimmy Carter, Pelé y el dueño del Chelsea, Román Abramovich, fueron algunos de sus huéspedes.
BRÚJULA
Ubicación. El hotel Inca Utama está en la población de Huatajata, a 76 km de La Paz.
Servicios. El hotel de cinco estrellas tiene tres museos, un observatorio, spa, dos restaurants, cruceros en aliscafo o en balsa, bar y una iglesia andina para bodas o bautizos.
Paquetes. “Del atardecer al amanecer en el Titicaca” (2 días y una noche) cuesta $us 25 por persona en habitación doble. Informes: Crillón tours, tel. 2337533 (Av. Camacho 1223).