No sé mucho de música y, la verdad, no canto, porque si lo hago hasta la Policía se va, la ducha se apaga y mis eventuales oyentes suplican al Señor por una repentina sordera.
Pero, claro, que tengo mis gustitos musicales y, para colmo soy periodista, raro espécimen de seres humanos que no pueden darle a las teclas sin bulla a su alrededor. Es el claro producto de trabajar en redacciones donde hay colegas que hablan a gritos, desgravan a todo volumen sus entrevistas, intentan llevarse al huerto a la secretaria —cuando no es ella la que intenta conducirlos al oscurito—. En fin, un desmadre y para concentrarse y escribir se necesita cierta evasión de la realidad. Para eso acude en nuestro auxilio la bendita música.
Dicho esto señalaré que entre mis preferencias están la balada, el bolero, la música de protesta, el blues y el jazz. Aunque el Pop tipo Madonna también me gusta (sobre todo Like a Prayer). Así he llegado a tener algunos centenares de CD que voy rotando a la hora de laburar. Pero he aquí que mi descubrimiento de You Tube fue como encontrar El Dorado, la ciudad donde todo era oro. Con decirles que he sacrificado momentos de lectura y horas de almuerzo para hallar verdaderas joyas como Hotel California (que con The Eagles ya es maravillosa) interpretada por Bob Marley, por los Gipsy Kings, por Marc Anthony. En fin canela pura.
Es como ingresar a una biblioteca e ir sacando libros y libros, visitar estantes, devorar con los ojos (y en este caso los oídos) las sensaciones que nos regala el tener miles y miles de videos y simplemente tener que poner búsqueda e ir recordando con movimiento incluido aquella música con la que creciste, la que descubriste ya mayorcito. Aquella con la que bailaste apretado, aquella que escuchabas en ese oscuro cuartito donde imprimías el periódico del partido en la dictadura o aquellos temas con los que amaste y luego desamaste.
Y uno se llena de sentimientos encontrados. Por un lado, la alegría del hallazgo, pero por otro, la nostalgia de otro tiempo, de otros encuentros.
Encuentro a Gigliola Cinquetti y esa canción que dice A las puertas del cielo: “Entonces me dices que poco te cuesta buscar una casa que ha de ser nuestra” y “en el eco de tu risa una nueva primavera” y recuerdo la casa de mi abuela Elena con mis primas mayores y yo teniendo que leer espantosas fotonovelas porque no había nada más interesante y comenzaba a pensar que a mí me importaba un pito tener una casita, una mujercita y miles de niños. Lo que yo quería lo resumió después Marcos: Para todos todo para nosotros nada.
Y de ahí un salto hasta Cat Stevens y My lady d’avanville y la máquina impresora dando y dando vueltas imprimiendo panfletos y periódicos. Si habré escuchado mil veces ese tema es poco: “you look so cold tonight” y “this rose will never die”. Las manos llenas de tinta, la cabeza llena de ideas y en la cara todavía las huellas del acné. Como dice Marc Anthony: No me arrepiento. Qué va, todo lo contario.
Y ahora disculpe que tenga que dejarlos una vez más. Me espera todavía un largo viaje por Sui Géneris, Silvio y Pablo, Joan Manuel Serrat (esas canciones con poemas del inigualable Miguel Hernández), la Negra Sosa, Charlie Parker, Tory Amos, Fiona Apple, pero también Calle 13 (En este momento hay un niño en la calle). En fin deséeme buen provecho que yo le deseo que entre a You Tube, esa gigantesca cajita de música.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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