Texto: Pablo Guimón de El País para Escape · Fotos: AFP y EFE
El guardia de seguridad, de la exclusiva urbanización de las afueras de Madrid, no daba crédito. Las siete jóvenes a las que había impedido entrar en el recinto llevaban todo el día sentadas en la hierba y ni se inmutaron cuando pasó Cristiano Ronaldo en su aparatoso todoterreno. Lo que las había llevado hasta allí era otra cosa. Concretamente, el vecino de la estrella del fútbol. Un madrileño de 40 años llamado Alejandro Sanz.
Lo llevan siguiendo entre ocho y 14 años. No se pierden un concierto. Ahora han decidido dedicar sus vacaciones a perseguir a su ídolo. De aquí a unos días, habrán escuchado el esperadísimo nuevo disco de su artista, habrán charlado un buen rato con él y éste les habrá invitado unas copas.
Rumbo a “Paraíso express”
Es 11 de septiembre del 2009. Un día muy especial para Alejandro Sanz, y no porque sea el octavo aniversario de los atentados que sembraron el pánico en Los Ángeles cuando se disponía a recoger sus Grammy latinos. Hoy, se develarán 30 segundos del primer single de Paraíso express: un pegadizo dueto con Alicia Keys llamado Looking for paradise.
Será en la web del artista, y es que la promoción musical ha cambiado mucho desde que Alejandro saboreara por primera vez las mieles del éxito masivo a principios de los 90. Ya no basta con grabar un anuncio y dar una ronda de entrevistas. Hay que usar Twitter, Facebook y YouTube.
Son las 10.30, Sanz aborda el Mercedes en el que dentro de unos minutos empezará el viaje a su finca de 40 hectáreas en el valle de La Vera, Extremadura. Es el lugar donde cultiva sus verduras, cría a sus gallinas y pasea con sus caballos. Allí empezó a concebir las canciones del nuevo disco. Canciones que revelan un estado de ánimo más positivo que las de su anterior entrega, producto de una época, dice, más oscura.
Suena el teléfono fijo de la casa de enfrente de la de Cristiano Ronaldo. Alejandro se disculpa antes de responder personalmente: ´Es que desde que me traicionó el mayordomo´, bromea. Se refiere al episodio sucedido a finales del 2006, cuando un empleado de su casa de Miami y su mujer fueron detenidos por tratar de extorsionarlo con hacer pública la existencia de un hijo que el artista tuvo con la puertorriqueña Valeria Rivera, mientras estaba casado con la modelo mexicana Jaydy Michel.
“Aquello fue un fiasco enorme”, recuerda. “Entonces me di cuenta de hasta dónde puede llegar alguna gente para buscarse la vida. Pero allá ellos. Los que traicionan son los que se equivocan´.
Sanz tuvo que emitir un comunicado en el que reconocía la existencia de su hijo Alexander, algo que nunca había ocultado a su entorno más íntimo. Fueron momentos dolorosos para un artista que siempre ha tratado de proteger su vida privada. Tocó fondo. Tuvo que suspender una veintena de recitales por una crisis de estrés. ´Me vino todo de golpe y exploté´, recuerda. ´No podía más. Me paré dos meses y estuve encerrado haciendo terapias. Muy recomendable para todo aquel que se crea que no le pasa nada”.
Alejandro se sienta al volante del Mercedes negro. En marcha. Hay más de 200 kilómetros hasta la finca. Suenan éxitos españoles en la radio. Alejandro conduce seguro. A las dos horas ya aparece el oasis del valle de La Vera.
El madrileño acabó comprando este terreno por el consejo de un amigo. ´Buscaba un sitio tranquilo cerca de Madrid´, explica. Aclara que sigue viviendo en Miami, donde se instaló hace ya 10 años, la mayor parte del tiempo. ´Estoy muy acostumbrado a la vida nómada´, dice. ´Me gusta tener varios sitios adonde poder ir. Los sitios van contigo cuando viajas´.
El coche atraviesa un puente medieval, sobre un río casi seco, y se detiene. Ahí están las siete chicas que están dedicando 15 días de sus vacaciones a seguir la pista de Alejandro. Han llegado a las puertas de la finca, dormirán en un camping cercano. Él baja del coche y saluda con besos a cada una. Las conoce de los conciertos.
Cuestiones de familia
Alejandro ha llegado a su refugio. No tardan en venir a saludar Danca, una hembra de pastor alemán, y Falcon, un gran danés negro. El artista abre las puertas de la casa, tras las que se extiende un gran salón con un dibujo de Tápies y dos aguafuertes de Picasso. Él hace ya dos años que no pinta, cuenta.
Las fotos de su hija y de su medio hermano ocupan, como era de esperar, el centro de la mesa. Ana y Alexander son, dice, lo mejor que le ha pasado en su vida. ´El niño vive en Miami, y la niña en Madrid´, explica. ´Pero me encanta juntarlos. Ya que otras cosas las he hecho regular, por lo menos trato de corregirlo haciendo que se quieran. Me gusta que se conozcan bien, que tengan un vínculo grande. No puedo hablar de errores, porque cada hijo es un regalo divino. Y es una cosa impresionante lo que me aportan ellos”.
Alejandro parece un buen tipo. Y asegura que se lleva bien con las dos madres de sus hijos. “No entiendo cuando una pareja se separa y se matan, se pelean, no hacen el mínimo esfuerzo. Si quieres que tus hijos estén bien, tienes que estar bien con sus madres”, dice.
Alexander es ´todo físico´, y Ana, ´toda sensibilidad´. Pero a los dos les encanta la música. Puede, eso sí, que no tanto como a su padre, que a los seis años ya escuchaba a Paco de Lucía. En su familia sonaba el flamenco. “Era algo que tenía dentro y que explotó desde muy joven”, explica. ´Me emocionaba profundamente´.
Empezó pronto a tocar la guitarra. Con tanta intensidad que un día, a los siete años, su madre perdió los nervios y se la rompió. Se crió en el barrio de Moratalaz. “Era una época”, recuerda, “en la que te criabas en la calle, allí aprendías todo. Yo era un poco el trovador de la banda. El que tocaba la guitarra, el que cantaba. Gracias a eso, me mantenía al margen de muchas cosas (...) La calle es una escuela que, si sabes salir a tiempo de ella, es maravillosa. Y te prepara para lo que pueda pasar´.
Y van 20 años...
En su caso, lo que pasó es que, después de militar en alguna banda heavy, a alguien de la industria se le ocurrió convertir a este niño en un cantante llamado Alejandro Magno y editar con él un disco, de canciones ajenas, titulado Los chulos son pa\' cuidarlos. De eso hace ahora 20 años. ´Yo no tengo una conciencia real del tiempo´, asegura, ´porque he vivido más de prisa de lo que normalmente se vive´.
Precisamente Viviendo de prisa es el nombre del disco con el que empezó su verdadera carrera musical, en 1991, tras firmar con Warner. Esta vez las canciones eran de su autoría, y entre ellas estaba Pisando fuerte, su primer gran hit. A partir de ahí, con ocho álbumes más, extendió su éxito, que alcanzó la cima con Corazón partío del disco Más (1997). Por el camino, 21 millones de discos vendidos.
Triunfar tanto y tan pronto trae consigo la presión. Pero él asegura llevarlo bien. ´No importa lo que hayas vendido antes´, dice. ´Cada disco es un reto completamente nuevo. Pero el éxito previo sirve para motivarte. Hay un montón de gente esperando a ver qué haces porque a su propio trabajo le afecta. Así que te lo planteas con más seriedad. Siempre da vértigo un papel vacío. Pero, afortunadamente, nunca he tenido una crisis creativa grande. Quizá en el segundo disco me costó más porque me enfrentaba, por primera vez, al monstruo del éxito, que es un monstruo considerablemente feo en el sentido de que asusta. El éxito asusta sobre todo cuando viene acompañado de la fama, que es muy complicada. Pero pasas eso y sigues tu camino. Y al final es lo que soy. Yo hago eso. Compongo canciones y las canto´.
Una foto dedicada
La cuenta atrás de la página web oficial de Alejandro Sanz marca algo cinco minutos. El tiempo exacto que queda hasta que el mundo pueda conocer 30 segundos de su nuevo single. Al límite, el servidor ha colapsado. Más de un millón de personas se han conectado para escuchar un pedacito de la canción. Empiezan a llegar los sms de felicitación por miles.
Éstos ya no son los años de vacas gordas de la industria que Alejandro vivió en todo su esplendor en Miami. ´En Miami y aquí´, aclara. ´Había una época de la industria donde se movía de todo. Venga fiestas, venga cenas, venga coches... Era un pozo sin fondo. Ahora no y no me preocupa lo más mínimo. Lo que tenga que ser, será. La música no se va a acabar, eso está claro. A nadie le gusta que le roben su trabajo, pero tampoco se puede parar el progreso´.
En medio del festejo en la finca por el debut, la manager lee en voz alta la carta de una fan remitida a Sanz. Le cuenta que tiene dos hijos (uno llamado Alejandro) y le explica lo importante que han sido para ella sus canciones. Termina con un largo poema de dos folios que ha escrito para él. Alejandro lo escucha en silencio, con atención. ´Joder´, dice cuando acaba el poema. ´Acuérdate de mandarle una foto dedicada´.