Dos fenómenos no paran desde los años 80 en el país: la permanente migración campo ciudad y los cambios climáticos que dificultan la producción de alimentos y el consecuente encarecimiento de los mismos en las ciudades con mayor población.
En 1950 se concentraba un 74% de las personas en el área rural. El Censo del 2001 señala que la población rural ocupaba solamente el 37% de un total de 8,2 millones de bolivianos. Fuera de la movilidad de familias del occidente a las grandes ciudades y en especial a la región cruceña, también fue significativa la mal llamada relocalización de más de 27 mil mineros en 1985, los que en su mayoría se concentraron en la creciente ciudad de El Alto.
El Fondo para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO) alertó el 2008 que los empresarios pasaron de 930.000 a 990.000 hectáreas utilizadas para la producción de alimentos. En el año 1985 tenían sólo 185.000 hectáreas.
En los hechos, esto demuestra que la producción de alimentos se concentra en regiones donde se ha desarrollado la tecnología en el sector agropecuario, principalmente en Santa Cruz. En otras palabras, la producción es casi industrial. Por tanto la producción de alimentos en serie reemplaza a la artesanal del occidente, que se ha reducido al ámbito familiar y de sobrevivencia. La prueba está en que los campesinos de tierras altas bajaron sus cultivos de 1.049.000 hectáreas a 890.000 de 1985 al 2005, respectivamente, de acuerdo con la FAO, que informó al respecto el año anterior.
Obviamente que los alimentos se encarecen en las ciudades, porque la producción está en pocas manos y cada vez sube el número de personas que compran los mismos en las ciudades, en su mayoría migrantes asentados en los barrios de la periferia de grandes ciudades; El Alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. Otra muestra de que hay menos personas que producen alimentos y que continúa la migración campo ciudad es que hay familias enteras que ocupan predios privados en las ciudades de Santa Cruz, El Alto y La Paz, en muchos casos víctimas de loteadores que después son echadas.
*Cándido Tancara Castillo es periodista de La Razón.