OPINIÓN

Las percepciones sobre la realidad son distintas en Estados Unidos y en la Unión Europea. Están en momentos diferentes, en términos económicos, políticos y energéticos. En tanto que la guerra en Ucrania está significando una importante amenaza para la estabilidad de UE, la misma está significando una oportunidad para la industria de los hidrocarburos estadounidense. Los precios altos del crudo y del gas son oportunidades y desafíos, dependiendo del lado del océano en que se esté.

La diferente situación macroeconómica de EEUU y la UE tiene múltiples causas. La más importante es la guerra en Ucrania. Europa sufre la peor contienda militar desde la Segunda Guerra Mundial. Según la lista de la Yale School of Management, 676 empresas occidentales se han retirado completa o parcialmente de Rusia. Las fuerzas militares rusas son incapaces de ocupar territorio ucraniano más allá del Donbás y de la franja meridional. La ofensiva ucraniana en septiembre ha liberado 6.000 kilómetros cuadrados. Vladimir Putin ha respondido con su arma no militar más eficiente: cortar el flujo de gas natural a Europa. El 3 de septiembre Gazprom anunció la suspensión total indefinida del abastecido por Nord Strem, que en 2021 bombeó un 40% del consumido por la UE. En mayo ya cerró el gasoducto Yamal que discurre por Bielorrusia y la guerra ha reducido sustancialmente el suministro del que transita por Ucrania.

Las cotas de inflación más elevadas desde los años 70 son atribuibles en gran parte al menor abastecimiento de gas natural por parte de Rusia y exportaciones de cereales rusos y ucranianos. En 2021, Ucrania produjo el 10% del trigo, 13% de la cebada, 15% del maíz y 50% del aceite de girasol mundial. El acuerdo de agosto para permitir las exportaciones ucranianas y rusas por el Mar Negro ha relajado considerablemente la tensión en los mercados de cereales. La inflación también es el resultado de las persistentes obstrucciones en las cadenas de producción y distribución globales de bienes y servicios. Dichos cuellos de botella son a su vez consecuencia del fuerte crecimiento de la demanda ante el final de las restricciones por COVID-19 y de la escasez de productos intermedios como los semiconductores. EEUU con $us 25 billones y la UE con 17 billones son la primera y segundas economías mundiales, generando el 26,8% y 18,3%, respectivamente, del PIB mundial. Su rendimiento influye decisivamente en la economía internacional.

EEUU goza de pleno empleo. La tasa de paro del 3,5% es la más reducida desde 1969. El número de vacantes laborales es de 11 millones, casi dos por cada trabajador. Los salarios crecieron un 5,3% entre junio de 2021 y junio de 2022. El promedio nacional de un galón (3,8 litros) de gasolina ha disminuido de forma ininterrumpida durante tres meses, desde el máximo de $us 5,02 por galón del 14 de junio hasta los actuales $us 3,7. Dicha tendencia se debe en parte a la menor demanda mundial de hidrocarburos. Pero también es fruto del liderazgo mundial de EEUU en la producción de petróleo y gas natural. Después de alcanzar un récord de 9,1% en junio, la inflación interanual se situó en el 8,5% en julio y se prevé inferior al 8% en agosto. Baja el precio de la vivienda y la fortaleza del dólar abarata las importaciones.

Los previsibles incrementos por parte de la Reserva Federal de la tasa de fondos federales en 75 puntos básicos el 21 de septiembre y 50 puntos básicos el 1 de noviembre contendrán la inflación a medio plazo. Las cuatro alzas de tipos de la Fed en 2022 por un total de 225 puntos básicos han elevado la tasa de fondos federales de 0,25%-0,50% al actual 2,25%-2,50%.

La fortaleza del dólar y la bajada de la gasolina han fomentado los viajes internacionales y nacionales. Durante el fin de semana alargado de principios de septiembre, una tercera parte de la población (137 millones) viajó en automóvil, tren o avión. Se espera un mantenimiento de los desplazamientos en otoño, así como durante el periodo entre la fiesta de Acción de Gracias (24 de noviembre) y finales de año. Después de los retrocesos del PIB a ritmo interanual en el primer (1,6%) y segundo (0,6%) trimestres, para el tercero se proyecta un aumento del 1,4% y un 1,6% para el conjunto de 2022. En definitiva, muchos estadounidenses pueden elegir entre empleos, pagan mucho menos por la gasolina y viajan más.

En Europa la situación es distinta. Eurostat anunció que en la UE la inflación subió a ritmo interanual del 9,6% en junio al 9,8% en julio y ascendió en la eurozona un 8,6% (junio), 8,9% (julio) y 9,1% en agosto. La cifra para las repúblicas bálticas fue superior al 20%, en España del 11% y los Países Bajos 12%. Respecto a julio de 2021, en la eurozona se dispararon los precios de la energía un 40% y los alimentos un 10%. El BCE esperó hasta julio para acrecentar los tipos y el 8 de septiembre tuvo que subirlos en 75 puntos. Detrás de las relativamente bajas tasas de desempleo del 6% en la UE y 6,6% en la eurozona de julio se encuentran preocupantes porcentajes de paro juvenil (25%) y en Suecia (7,4%), Francia (7,4%), Italia (7,9%), Grecia (11,4%) y España (12,6%). La Comisión Europea preveía aumentos del PIB en 2022 del 2,7% para la UE y 2,6% para la eurozona.

Después del consumo y turismo estival, Europa se enfrenta a la interrupción casi total de gas natural ruso. Un reciente estudio del FMI calculó que en dicho escenario se reduciría el crecimiento del PIB de la UE en 1,8 puntos el próximo año. La pérdida de PIB ascendería a más de cuatro puntos en Hungría y la República Checa, 3,7 puntos en Italia y dos puntos en Alemania. La coalición occidental mediante sus sanciones no ha podido evitar que China, India, Brasil, México, Turquía e Indonesia mantengan sus intercambios comerciales con Rusia. Fracasará la pretensión de limitar el precio mundial de petróleo y gas natural. La única respuesta europea a corto plazo es la reapertura de sus centrales nucleares y el empleo de su carbón.

Alexandre Muns Profesor de la EAE Business School