Friday 19 Aug 2022 | Actualizado a 15:27 PM

Marilyn Manson – El sinsabor de Born villain

Trabajando

/ 22 de julio de 2012 / 04:00

Con alaridos e imágenes sangrientas se anunció el retorno de Marilyn Manson, sugiriendo que regresaría a sus orígenes y que sería capaz de volvernos a poner la piel de gallina. Por desgracia ya no es la década de 1990, sus imágenes son parte del arsenal de artistas, como Lady Gaga, y los géneros actuales exploran más efectivamente en el lado oscuro.

Por eso, quien pretenda encontrarse con el mismísimo Anticristo en Born Villain saldrá decepcionado. Hace tiempo que los discos de Marilyn Manson ya no pueden tener ni el mismo efecto ni el impacto de trabajos como Antichrist Superstar (1996), Mechanical Animals (1998) y Holy Wood (2000). Con el cambio de siglo, el artista ha tenido un viaje diferente que se adecuó a los tiempos vividos, tanto artística como personalmente. La teatralidad de la que hacía gala ha pasado al pop y su halo de misterio se ha desvanecido. Los discos producidos los últimos diez años han quedado en la sombra.

En Born Villain, Manson da un paso adelante y retoma el discurso propuesto en los últimos trabajos, pero con una calidad mucho más palpable. Los tres temas que abren el disco muestran que el artista aún tiene cosas que decir. Destaca un inquietante Born Villain que a momentos logra seducir, más que musicalmente, por su videoclip, creado deliberadamente para ser censurado.  Luego el disco va repitiéndose hasta cerrar con una apuesta segura: la versión de You’re So Vain, tema popularizado por Carly Simon en los años 70.

Born Villain no es un hito en el trabajo de Marilyn Manson, pero al menos es coherente con la carrera de un músico que va dejando la exteriorización de una rabia juvenil para empezar a escarbar en infiernos más íntimos y personales. Pero el camino recién comienza. Miguel vargas

Sonidos recomendables

Joe Dassin • Lo mejor de Dassin
Balada • YouTube

Su voz grave —un vozarrón— con la que las muchas veces más que cantar parecía que le hablaba a quien escuchaba, le hizo destacarse entre los baladistas de los años 60 y 70 en Europa y Latinoamérica. Joe Dassin (1938-1980) marcó con su personal forma de interpretación sus composiciones. Ahí están, como prueba, las eternas Et si tu n’existais pas (traducida como Y si tú no has de volver), L’eté indien (Hacia atrás) y E toi (Y tú). Joe Dassin nació en Nueva York, hijo del cineasta judío Jules Dassin y de la violinista húngara Beatrice Launer. La persecución McCarthy provocó el exilio de la familia en Francia. Dassin cantaba en inglés, alemán, griego, italiano, español, pero sin duda el francés es el idioma en el que mejor se le escucha. El éxito y una vida de excesos provocaron la temprana muerte del artista que, en todo caso, sigue acariciando las palabras en virtud de las tecnologías. Hágase la prueba de escucharle con temas ya mencionados y otros como Et l’amour s’en va y Le refrain de ma vie. Mabel Franco

SilverSun PickUps • Neck of The Woods
Rock • EEUU, 2012

Siete años después de su ingreso a la arena musical, en 2012 los californianos SilverSun PickUps retornan armados de un álbum que promete consolidar un espacio tanto en el gusto de la gente como en la industria mundial. Neck of The Woods es un álbum atrapante de principio a fin. Las 11 canciones conducidas por multicapas de guitarras frenéticas producen melodías furibundas en constante interacción con la singular voz de Brian Aubert. Si bien los primeros trabajos delataban a la banda como deudora de My Bloody Valentine y Los Smashing Pumpkins, en esta ocasión nos dejan en claro que han madurado un sonido propio, alejado de las odiosas comparaciones. El viaje musical nos conduce a través de la simpleza melódica (Make Belive) a la finura cuasi-pop (Busy Bees) siempre dentro el característico sonido plagado de texturas y mucha profundidad (Bloody Mary) y  algunos guiños a los seminales 90 (Mean Spirits). Sergio Candia

Bobby Womack • The Bravest Man In The Universe
R&B/ electrónica • EEUU, 2012

Bobby Womack es un reconocido cantante en el mundo del R&B, con una carrera de casi 50 años. Este 2012 y después de más de diez años de silencio trae uno de los mejores discos que se puede escuchar, The Bravest Man In The Universe. Womack se adapta a esta nueva era; sin duda, la envidia de cualquier artista que ha tratado de sonar moderno y ha fallado miserablemente. En el disco hay mucho de lo que Womack sabe hacer: sonidos negros, R&B, Soul y Funk. Y si a eso se suma la excelente producción de Damon Albarn (The Gorillaz, Blur) que le da toques electrónicos, dance y dubstep, tenemos uno de los revival del año con un discazo bajo el brazo. La avejentada voz de Womack no hace más que lucir en sus 14 temas, prueba de que las viejas glorias aún tienen una oportunidad en el mundo de la música actual. José Tórrez

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Fotografía, pasión y sanación

‘Flores’, ‘Retratos’ y ‘Año Nuevo Aymara’ son tres de las series que propone la artista Lucía Bueno Cusicanqui

Por Miguel Vargas

/ 15 de agosto de 2022 / 15:48

Comenzó como una inquietud, pero la fotografía se ha transformado en una pasión y una forma de vida. El interés de Lucía Mariana Bueno Cusicanqui, de 23 años, nació explorando los contenidos de la carrera que estudia, Diseño Gráfico, donde aprendió lo básico sobre imagen, pero con los años mejoró su técnica. “La fotografía me abrió los ojos a una nueva manera de ver la vida, empecé a disfrutar cada disparo, cada pequeño detalle de la planificación, la sesión y la edición. Para mí no es solo un hobby o un trabajo, sino que la fotografía es terapéutica y sanadora”, explica la joven  que en estas páginas comparte algunas imágenes de tres de sus series: Retratos, Flores y Año Nuevo Aymara.

Esa fuerza sanadora impactó muy fuerte en su vida. “Desde pequeña siempre me sentí muy atraída por la naturaleza, solía recoger piedras de formas y colores únicos que guardaba en casa, y tener la conciencia por cuidar el medioambiente pasé a amar la perfección de la naturaleza. A esto se suma que, a muy corta edad, un trastorno alimenticio tomó mi vida y en el último tiempo canalicé mis emociones, precisamente, a través de las flores, el amor y la naturaleza, para ayudarme a batallar con este mal. Cuando conjugo estos tres elementos en la fotografía consigo la fórmula que me inspira a crear”.

La artista asume cada fotografía como un reto. “Cada lugar que será fotografiado, cada persona, el clima y el propio estado de ánimo del fotógrafo representan siempre un desafío. No debemos perder de vista que la fotografía, sin importar el género, es una expresión artística, por tanto, cada toma es única y demanda un proceso creativo especial. Por eso considero que uno de los desafíos más grandes es superar tus propios límites —creativos, mentales y emocionales— para romper con lo tradicional y lo que ya se ha visto”.

Como su trabajo es un experiencia liberadora, eso mismo es lo que busca transmitir: libertad, nuevas formas de mirar y entender la vida, algo que genere curiosidad o sorpresa, que active las emociones o, simplemente, la capacidad de ver la belleza que se esconde en todo lado.

 Para enfrentar una sesión, Bueno busca inspiración en los momentos de mayor felicidad y también en los de mayor tristeza. “Esto me permite desarrollar mucha sensibilidad, no solo con lo que pienso, sino con lo que siente mi cuerpo”.

Conocedora del trabajo de otros artistas a los que admira, la joven aplica estos saberes para estructurar sus ideas en un tronco e ir organizando, a través de sus ramas, una lluvia de ideas. “También hay fotografías que simplemente nacen en un momento de inspiración instantánea”.

Luego de la sesión, edita las imágenes a su gusto, pero sin que pierdan su esencia, pues para la autora es clave que las fotos se vean naturales. “Casi nunca uso flash, pero sí juego mucho con la iluminación natural y artificial. También utilizo mis conocimientos sobre color y también me dejo llevar por la música que escucho cuando trabajo en ellas”.

Se puede apreciar el trabajo de Lucía Bueno en la cuenta de Instagram Wabi-sabiluu. “Mi objetivo es seguir aprendiendo, mejorando mi técnica y creando. Probar y desechar es clave en el proceso de aprendizaje. Tomar fotos está en mi ADN. Este año concluyo mi carrera, y conjugar el diseño con la fotografía me invita a pensar en nuevos proyectos. En lo personal, también estoy muy enfocada en remontar mi salud mental, es un proceso que cuesta mucho, pero se puede sanar y renacer”.

LA GRÁFICA

Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

En sus ‘Retratos’, Bueno explora los gestos y expresiones. ‘Retratar es un misterio profundo’ para la artista- Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Lucía Mariana Bueno Cusicanqui nació el 9 de diciembre de 1998. Estudia Diseño Gráfico en la UPB. Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Inspiración. En ‘Flores’, la artista busca plasmar la pureza y creatividad infinita de las formas de la naturaleza. Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

Foto: Lucía Bueno Cusicanqui

FOTOS: LUCÍA BUENO CUSICANQUI

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ReciclAndante: mujeres que dignifican el reciclaje

Una organización de 40 mujeres recorre las calles para recolectar materiales y objetos en desuso para su subsistencia y cuidar el medio ambiente

Cuatro de las integrantes del colectivo ReciclAndantes, en su labor educativa

Por Daniela Dalence Claure

/ 15 de agosto de 2022 / 15:33

Desde cartones, papeles y plásticos, aparatos tecnológicos que ya no responden, ropa sin usar y hasta juguetes usados, ReciclAndante no se hace problema, todo es valioso. Se trata de una organización de 40 mujeres que trabajan en equipo para reciclar material y venderlo directamente a empresas que requieren reutilizar dichos componentes, todo es bienvenido para generar un impacto positivo en la preservación del medio ambiente.

En un mundo y una era donde más que nunca se necesita de las tres R —reducir, reutilizar y reciclar—, ReciclAndante recorre los barrios de la ciudad de La Paz recolectando estos artículos y que trabaja también a escala nacional.

En sol, lluvia y tormenta, de día o de noche, las ReciclAndantes salen a emprender su búsqueda en los basureros, contenedores y con los aportes de los mismos vecinos, quienes  ayudan con donaciones.

“Nosotras vamos a pie, digamos, vamos de contenedor en contenedor, vamos buscando, salimos temprano porque a mediodía en los basureros ya empieza el olor del desecho, entonces a las cuatro, cinco o seis de la mañana empezamos a buscar ya, está más tranquilo el ambiente, y en la tarde, en la noche también buscamos”, contó Susana Poma, miembro de ReciclAndante.

Muchas de las ReciclAndantes comenzaron con este trabajo por cuenta propia y lo realizan desde hace muchos años, pero ahora ya no están solas y son cada vez más. Así mayor también es la cantidad de material reciclable que se puede vender a las empresas a un mejor precio. También es muy importante resaltar el aporte que estas mujeres hacen para contribuir a la reducción de la contaminación.

“Hace 35 años estoy reciclando, así nomás normal, pero ahora estamos en grupo, nos ayuda en algo y todas las compañeras recogemos, estamos juntas, nosotras todo recogemos. Yo sabía siempre reciclar cuando era joven, ahora ya tengo 60 años y con eso nos ayudamos todas las mujeres, con nuestros hijos, nuestros esposos. Los hijos ya saben también cómo nos arreglamos. Igualmente ya están involucrados en el reciclaje, y con eso años estoy yo”, contó Avelina Gonza Rua, de ReciclAndante.

 Su labor ya corre de boca en boca entre los paceños, que saben que cuando tienen objetos que se puedan reciclar en casa, pueden acudir a ellas. “Vamos de tacho en tacho, vamos de casa en casa, venimos a las plazas y concientizamos a las personas”, relató Hilda Mamani, miembro de ReciclAndante.

Recolección. En plena faena, las ReciclAndantes recolectan materiales desechados. Foto: Daniela Dalence

Gracias al apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional y la Swisscontact, la organización crece cada día más y los logros no se hacen esperar.

ReciclAndante obtuvo convenios con supermercados como Ketal para que la gente lleve allí lo que ya no necesita y a cambio recibe vales que les permiten comprar nuevos productos en el mismo sitio.

De igual manera se realizaron campañas de limpieza de calles y se promovieron actividades como el recojo de basura de lugares turísticos y se impartieron conocimientos sobre compostaje.

Las ReciclAndantes apuntan a tener una personería jurídica propia, para poder tener más flexibilidad y formalidad en su labor; así como reunir a más personas al grupo, para agrandar la familia y obtener más resultados; conseguir un mayor acercamiento a los supermercados para poder promover la causa y preparar campeonatos para unir más a la comunidad y así poder ser protagonistas del cambio.

En Bolivia, se genera más de 7.022 toneladas de basura al día y solo se recicla aproximadamente el 4% cuando se podría llegar al 80% de material reciclado. Ahora con las ReciclAndantes, es seguro que las cifras cambiarán.

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Sergio Haisch, un artista boliviano en Noruega

Diseñador gráfico de profesión, el artista expone una serie de óleos en la galería Bak Fasaden de la isla de Skåtøy

Por Miguel Vargas Saldías

/ 15 de agosto de 2022 / 15:27

Siempre ha tenido una vena artística. Ya sea pintando, haciendo música o escribiendo en su natal La Paz, Bolivia, el futuro de Sergio Haisch Timm ya apuntaba hacia el trabajo estético. Pero fue en Noruega donde no solo formó una familia, sino que se decantó por el diseño gráfico y el arte. Actualmente se puede apreciar sus más recientes trabajos pictóricos en la galería Bak Fasaden de Skåtøy.

Nacido en La Paz el 9 de junio de 1981, se formó como diseñador gráfico en la Escuela de Comunicación Westerdals en Oslo y paralelamente como artista autodidacta.


Sergio Haisch Timm nació en La Paz, Bolivia, el 9 de junio de 1981. Radica en Oslo

En su faceta de diseñador trabajó para el Estado noruego como líder de sistemas de diseño para NAV – Norwegian Labor and Welfare Administration (Administración de Trabajo y Bienestar de Noruega) y en Digitaliseringsdirektoratet (Dirección de Digitalización), entre otros.

Haisch vive en Oslo, pero la exhibición es en la galería Bak Fasaden (“Detrás de la fachada”) en Skåtøy, una isla al sur de Noruega. “Surgió después de que uno de los directores de la galería vio mi arte y visitó mi estudio en Oslo. Se trata de una exhibición colectiva en que nueve artistas presentan sus trabajos en joyería, metal, vidrio, escultura y, por mi parte, pintura al óleo”, señala.

Arte: Sergio Haisch Timm

Van a ser 19 años que el artista radica en Oslo. “La pintura es algo que ha sido parte de mi vida desde mi adolescencia en La Paz, pero no parte de mi trabajo formal como diseñador.  Por poco más de una década mi trabajo formal fue mutando del diseño gráfico e ilustración al diseño de productos y servicios digitales, y dado que con cada año que pasa lo netamente visual toma un rol más de trasfondo, el arte se torna en una necesidad para cultivar la creatividad y mi pasión por la pintura”.

Como el ímpetu artístico apremiaba, hace tres años decidió rentar un estudio en el centro de Oslo y trabajar, de forma paralela al diseño, en las pinturas, las que presentó en una exhibición individual a fines de 2019.   

Arte: Sergio Haisch Timm

Su formación en el diseño nórdico le ha hecho comprender muy bien las expectativas de su público europeo, pero su mirada boliviana le da también un atractivo diferente a su trabajo. “A mi parecer la apreciación estética es un tanto distinta en los países nórdicos, donde el minimalismo, el arte abstracto y el uso limitado del color tienen bastante vigencia. La apreciación por la dedicación en el trabajo y la calidad de la obra son seguramente similares. Las representaciones en mi arte tienen base en mi experiencia como diseñador formado aquí en Noruega, donde mis composiciones son directas, sencillas, casi editoriales. Pero por otro lado, el uso de colores saturados es posiblemente algo que llevo en la sangre. Mas allá de que esta fusión tenga éxito en el mercado nórdico, es parte de quien soy como artista y por ahora me sirve como una forma de expresión”.

Arte: Sergio Haisch Timm

Si bien por el momento no existe ningún plan de una exhibición en Bolivia, sería un excelente pretexto para regresar por estos lares. “Si la posibilidad se presenta, no habría nada que me haga más feliz”.

Los interesados en conocer más de su trabajo pueden visitar la página web www.sergiohaisch.com, donde también se pueden comprar las piezas. “Por el momento los planes son experimentar con nuevos conceptos y seguir trabajando en una nueva exhibición aquí en Oslo”, agrega.

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Dialogando con las estrellas, un recorrido por la obra ‘Warawar wawa’ de River Claure

El curador Juan Fabbri, en un texto en español y aymara, presenta la muestra del artista River Claure, quien sitúa ‘El Principito’ en los Andes. Se exhibe en el Centro Cultural de España en La Paz

Por Juan Miguel Fabbri Zeballos

/ 15 de agosto de 2022 / 15:15

River Claure, uno de los artistas emergentes más importantes del país, realiza una relectura de El Principito y plantea una exposición donde se apropia y reinventa este clásico de la literatura francesa, escrita por Antoine de Saint-Exupéry, publicada en 1943. River nos invita a imaginar que al caminar por el altiplano boliviano podemos encontrarnos con los planetas, personajes, objetos y situaciones de la novela. Traduce de la palabra a la imagen y nos invita a preguntarnos sobre Bolivia y particularmente los Andes en la actualidad. A través de la visualidad propone preguntas urgentes vinculadas a la identidad, el paisaje, la imaginación, la globalización, el arte y plantea pensar en la fuerza creativa de la cultura aymara contemporánea.

River Claure jupax aka markanx jichhapach artistawa, ‘El Principito’ qillqatx mayamps qillqkaspax ukhamawa, ukatwa aka nayrapach qillqatx yaqha amuyunakampiw uñt’ayi, aka qillqatax Antoine de Saint-Exupéry, khaya 1943 maran qillqatataynawa. Riverux aka pata suni uraqinakan sarnaqkasax kunatix uka qillqatanakan uñstki: uraq qarqanaka, jaqinaka, yänakax ukanakax uñjasispawa. Arunakx jamuqkiptayiwa, ukhamatwa aka Boliviax kunapunisa uk jiskt’istu, juk’ampis aka anti jichhapach markanakxata. Uka uñjañanaktuqix jamuqanaktuqiw khitipxtans uk uñt’ayapxistu, pachamamxata, amuyunakxata, jichhapach jakäwxata, samiñchañanakxata,  ukatx kunjams Aymara markax jichhakipstaski, uka amuyunakxata.

Claure crea ficciones que quiebran y trascienden los discursos del indígena anclado en el pasado y lo ancestral. Propone la cultura indígena en constante diálogo con (incluso sumergidos en) las materialidades, los consumos y los símbolos globales. River nos recuerda que no solo es una cultura con una gran agencia política y económica en el país, sino también estética. Un mundo aymara de cemento, ladrillo, tierra, textiles, calamina, plástico, ovejas y tantawawas. River Claure como heredero de esta acumulación de cultura visual aymara visibiliza, reconstruye y ficcionaliza, a la vez, teje su memoria personal recordando los orígenes de su familia.

Claurex amuyunak pixtthapiski, janiw aymaranakax nayrapach jakäwikikit sasina. Ukhamatx aka aymara markax taqikun yänakampiw aruskipaski (manqhatpacha), ukhamarak jichhapach yänakamp uñstanakampi. Riverux aka aymara markax janiw mayjankakiti sasina, ukhamarak munkayawa. Aka markax simintuta, uraqita, k’allanata, sawunakata, kalaminata, palastikuta, uwijata, t’ant’awawanakat utt’atawa. Riverux ukham uñjasax aka luratapanx taqi uka aymaranakan luratanakap uñacht’ayi, uñt’ayi, ukhamat khitikitix utjawipans uk amthapi.

El trabajo de Claure es crítico a los esencialismos culturales y propone su obra desde lo abigarrado, lo ch’ixi o un neo barroquismo que rescata el uso del plástico, el yute y, simultáneamente, reivindica el aymara. Es la contemporaneidad de lo andino que, por fuera de todas las categorías exóticas, se manifiesta como un sujeto más del presente capaz de apropiarse, consumir y reinventar el mundo. Un sujeto más de la globalización que nos habla de esos importantes intercambios económicos y culturales con Chile, Perú o Argentina, pero que también con China o la India. Hablamos de una dinámica de identidad que se apropia de todo y esto no le genera una crisis identitaria, sino más bien la posibilidad de recrearse.

Aka Clauren luratanakapax kunjamakitix aymara markax uk uñt’ayaskakiwa, ch’ixixiw sasaw si, aka markax q’ala kituntataw sasaw si,  palastikus yutis aymaranakankxiwa. Jichhapach anti jaqinakax janiw nayrapach jaqinakjamaxiti, jan ukasti jichhapach yänakas luräwinakapas jichhakipstatawa. Aka markax jichhapach markanakampis chhitthapitawa. Ch’ili, Pirwa, Arjintina ukhamarak China, India markanakampis chikañchasxapxiwa. Ukhamipanx khitinakapunis aymaranakaxa, taqikunwa jupanakatakjam katuntasisipki, ukhamatxa aka aymaranakax janiw qhiparstapkiti, jan ukasti jichhakipstapxiwa.

Warawar Wawa es un proyecto que tiene posiciones surrealistas y ficcionales. River comprende la imaginación como una herramienta que nos permite encontrar nuestro lugar e identidad en el mundo. El artista acude a Jean-Paul Sartre para mencionar que si no imaginamos, si no ficcionalizamos, no vamos a poder cambiar la realidad que vivimos, para realizar cualquier cambio sugiere que primero debemos imaginarlo. En esta línea, nos invita a imaginar cómo sería un principito aymara, que a la vez es fan del Fútbol Club Barcelona. El arte, para Claure, es una herramienta crítica, un campo de conocimiento alternativo, el cual, en vez de edificarse desde la verdad, se construye desde la imaginación y la ficción.

‘Warawar Wawa’ luräw amtax samka amuyunakarjam wakicht’atawa. Riverutakix amuyux mä amuykipañ yäkaspas aka uraqinx ukhamawa. Luririx Jean-Paul Sartre jupan amuyunakap aytasi, janitix amtkañäni, janitix samkkañäni ukhax janiw aka jakäwinak k’amphikipañ atkañanit sasina. Ukhamipanwa, aka Pirinsipitux kunjamapunispas aka aymara markanx uk uñakipi, jupax Futbol de Club Barcelonan arkiripawa. Clauren jamuqatanakapax uñch’ukiñataki, uñakipañataki, yaqha amuyunak ukhamat uñstayañakaspas ukhamar uñtataw luratanakapaxa.

Otra parte fundamental de la obra de River es su guiño al arte de Bolivia, sus imágenes como la nueva lectura a la Virgen Cerro, obra fundamental de la historia del país, que se encuentra en las colecciones de la Casa Nacional de la Moneda y el Museo Nacional de Arte. O una relectura a la obra Waka Waka de José Ballivián. Un diálogo de la obra de Freddy Mamani con la arquitectura neoandina. El guiño al pensamiento de Silvia Rivera. La revisión a personajes paceños populares como las “cholitas luchadoras”, los lustrabotas o los aparapitas. Todo esto como parte de una acumulación de un imaginario visual con el cual la exposición dialoga y lo reinventa. River está replanteando preguntas sobre la importancia y el cómo hacer arte contemporáneo en Bolivia, es así que nos plantea una manera de construirlo en constante diálogo con el contexto, las culturas locales, el territorio y el arte del país.

Maysatxa, Riverux aka Bolivia markan jamuqanakaparuw uñkati, uka Virgen Cerro ay ukarjam machaq amuyunakamp ullaraña, Bolivian wakiskiripa, kawknirinakatix Casa Nacional de la Moneda ukatx Museo Nacional de Arte ukan jikxatasi. Jose Ballivianan Waka Waka luratapa. Ukhamarak uka Freddy Mamanin machaq aymara anti utanak uñstayatapa. Ukhamarak Silvia Riveran amuyunak jallq’arasa. Ukapachparak aka “cholitas luchadoras” ukanakan luratanakap uñjasa, sapat pichirinak uñjasa, ukapachparak q’ipirapitanak uñjasa. Ukhamat aka sarnaqäwianakat amuykipkasa, ukhamat machaq amuyunak uñstayañataki. Riverux kunjams akapachan jamuqanak Bolivian uñt’aysna, ukhamarak aliqakis aka markan utjirinak uñt’aysna, ukawa.

(*) Traducción al aymara: RubÉn Hilari Quispe y Martín Canaviri Mamani

LA GRÁFICA

Foto: River Claure

Foto: River Claure

Muestra. ‘Warawar Wawa’ se exhibirá en el Centro Cultural de España (av. Camacho 1484) en La Paz hasta el 8 de octubre. Foto: River Claure

Foto: River Claure

Foto: River Claure

FOTOS: RIVER CLAURE

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El Premio Nacional de Novela

Desde 2020 no se ha convocado al reconocimiento más importante de la literatura boliviana. El escritor Rodrigo Urquiola reflexiona sobre el hecho

El Premio Nacional de Novela de Bolivia se creó en 1998. La obra ganadora de la primera versión fue La vida me duele sin vos de Gonzalo Lema (1999).

Por Rodrigo Urquiola

/ 15 de agosto de 2022 / 14:59

Cuando supe de la existencia de los concursos literarios yo estaba en colegio, en segundo medio, si mal no recuerdo, y me pareció sorprendente que alguien pagara a cambio de las letras que te salen de la cabeza.

En ese entonces, yo trabajaba como embolsador en alguno de los supermercados de la zona Sur (no recuerdo en cuál, porque trabajé en ambos) y lo que ganaba (solo podías optar a las propinas que te daban los clientes y a algún refrigerio bien medido) no alcanzaba para comprarte muchas cosas que necesitabas para vivir (¡no sé cómo hacían un par de compañeros que solo tenían ese ingreso para sus familias!).

Siempre me han gustado los libros y, de chico, tenía el sueño de convertirme en escritor. En colegio solía escribir poemas para las horas cívicas o cómicos o románticos, por encargo. Así que, cuando supe de la convocatoria, me dije ¿por qué no? Escribí un libro de poemas (a mano, porque no tenía computadora, ya luego me prestaría una para transcribirlos, la de mi querida profesora de Educación Física, Sonia Morales, la que más fe me tenía) y lo mandé. Por fortuna (para los lectores, sobre todo), ese mamotreto (que más tarde yo mismo me encargaría de tirar a la basura) no obtuvo la menor atención.

Pasó el tiempo y dejé de escribir (no) poesía. Me enteré de que existía el Premio Nacional de Novela. Y, todavía colegial, cursaba la prepromoción, decidí participar. Era otra obra terrible que acabó en el basural para cobijo de los ratones, que, por fortuna (esperemos), no saben leer.

Me di cuenta de que, si algún día quería ganar un premio literario, debía mejorar bastante. Este par de sucesos fallidos fueron la motivación para dedicarme a leer muchos más libros y examinarlos con mayor atención. Ahora pienso, gracias a esta experiencia, entre otras, que, más que para ayudar a los escritores en su difícil día a día, los concursos literarios ayudan a fabricar lectores. (¿Y qué otra cosa es un escritor si no un lector que también está leyendo —un momento, un país, los sentimientos de las personas, sus ideas— cuando escribe?).

Al año de terminar el colegio, encontré trabajo en Santillana como vendedor de libros para la Feria del Libro de La Paz. En ese entonces, el Premio Nacional de Novela era editado por Alfaguara, un sello internacional que, antes de que la crisis española hiciera que se vendiera a la Random House, operaba en Bolivia.

El más reciente ganador del premio era La doncella del Barón Cementerio, de Eduardo Scott-Moreno. El año pasado, el galardón había recaído en La gula del picaflor, de Juan Claudio Lechín, novela de corte erótico que se convirtió en un éxito de ventas (fue el primero de los premios nacionales que leí y, como adolescente que está descubriendo las posibilidades de lo sensual, releí un par de veces más). Me sorprendió gratamente que los lectores buscaran leer con ansias una novela nacional, me hacía creer que sí era posible ser escritor en Bolivia; generalmente, muchos solían buscar títulos extranjeros como primera opción de lectura.

En 2008 salió mi primer libro, uno de cuentos, Eva y los espejos. Desde entonces, me propuse pensar más seriamente en una novela. Si bien ya había madurado lo suficiente para no hacerlo por el dinero que ofrecía un premio, fue el plazo fijado en la convocatoria el que, de alguna manera, me obligó a terminarla.

En ese entonces ya tenía a mis dos primeras hijas a cuestas. Había tenido que elegir entre trabajar y estudiar en la Carrera de Literatura o trabajar y seguir escribiendo. Me decidí por la segunda opción. El dinero que ofrecía el Premio Nacional de Novela me era más que necesario para sobrevivir. Envié Lluvia de piedra al concurso y el libro obtuvo una mención de honor.

Mentiría si dijera que cuando recibí la llamada de Zulma Yugar, quien era la ministra de Culturas, me sentí feliz. Esperaba ganar. Ese libro me había costado bastante esfuerzo. Y fue un trabajo honesto: lo mejor que pude hacer en ese momento con las posibilidades que tenía (a veces, ser escritor no habiendo sido el hijito de un papi que fue ministro te limita en tu comprensión de ciertas cosas que se necesitan saber, ¡los libros cuestan plata pues!). Fue el último que escribí totalmente a mano, mientras sostenía a Andrea, mi segunda hija, en el regazo para que no llorara y Camila, mi primogénita, jugaba a mis pies.

Por fortuna, Alfaguara Bolivia había aprendido la lección que dejó Periférica Blvd., de Adolfo Cárdenas (ese libro que injustamente perdió el Premio Nacional de Novela, que más injustamente todavía no fue publicado por ese sello internacional, y que resultó siendo un best seller todavía mayor al que había ganado el galardón en ese entonces, La gula de picaflor) y decidió publicar las menciones de honor también, entre ellas, mi Lluvia de piedra (que, en el momento en el que escribo esto, es un libro agotado).

Es una gran pena que, desde que en el nefasto gobierno de Áñez se suprimió el Ministerio de Culturas, se haya eliminado este concurso también. Es una pena todavía mayor que el actual Gobierno, alineado a una ideología política totalmente distinta, no se haya encargado de recuperarlo. Hay un Ministerio de Culturas, pero se ha olvidado de los escritores que, al concursar en los premios nacionales, lo hacen en busca de un salario justo para su trabajo, que implica un gran esfuerzo, a veces incluso renuncias que muchos no estarían dispuestos a hacer.

Ojalá reviva pronto el Premio Nacional de Novela para que los lectores y también los escritores continuemos aprendiendo y escribiendo sobre nuestro país.

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