lunes 20 sep 2021 | Actualizado a 06:14

Gualberto Quispe

Hace dos años se fue a Chile. Para sobrevivir, aprendió de los artistas callejeros la técnica para pintar con spray. Hoy, crea y vende sus dibujos en plazas de La Paz. Obrero y virtuoso del aerosol.

/ 27 de enero de 2013 / 07:59

Desde una esquina de la plaza Alonso de Mendoza, Gualberto Quispe observa si hay policías transitando. Este año todavía no solicitó el permiso necesario para exhibir su arte en la calle.

Llega al monumento que da nombre a la plaza, se detiene y empieza a montar su “puesto”: saca una gran tela negra manchada de pintura y coloca encima algunos dibujos hechos en cartulinas  blancas. A su alrededor dispone los aerosoles, cartones y periódicos viejos, su estilete, una esponja, un viejo CD y una cartulina en blanco.

“¿Qué dibujo quieres?”, pregunta. Él crea paisajes planetarios, ésos en los que la naturaleza aparece con extraños colores, habitada por todo tipo de animales y con grandes lunas o astros en el cielo.

Últimamente le piden que pinte el fin del mundo, que él plasma con pirámides, varios planetas alineados, una estrella brillante y los tres reyes magos en primer plano.

“Hago cada diseño único”, asegura. “Puedo añadir una piedra, quitar un árbol…”. Y los colores no le salen siempre iguales.

Gualberto, alteño de 33 años, es mecánico automotor, pero trabaja en el sector de la construcción levantando las estructuras metálicas de los edificios. En sus ratos libres, baja a La Paz a vender sus dibujos.

Empieza a trabajar. Coloca el CD y los cartones redondos sobre la cartulina y los rocía con varios aerosoles. Algunos curiosos se acercan. Deja salir un poco de gas sobre la cartulina y, con un encendedor, prende fuego al dibujo, secándolo. Quita los cartones, coloca otros triangulares.Vuelve a pintar. Difumina con los dedos y la esponja. Pasa la espátula. Quita, pone, quema. Su récord está en tres minutos. Ya hay un buen número de gente mirándole y preguntando el precio de sus trabajos.

De niño, en la escuela, solía adornar cada letra que escribía, era su forma de hacer arte que pronto sus profesores se encargaron de aplastar. El manejo del aerosol lo aprendió mucho después, hace dos años, cuando vivió un tiempo en Chile, fijándose en el trabajo de otros artistas callejeros. Además, también hace retratos con aceite de coche.

Cuando acaba un dibujo, lo signa con el estilete: Mayte (Matices y Texturas, su empresa artística) o Berto, firmas que le traen suerte.

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Casa de la Libertad, la cuna de Bolivia

Rumbo al bicentenario del país, el repositorio resguarda joyas que atestiguan los hitos de la independencia nacional

Por Miguel Vargas

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:29

Es el espacio que resguarda el documento original que certifica la creación de Bolivia: el Acta de la Independencia. Además tiene el mejor retrato de Simón Bolívar, creado a principios del siglo XIX por José Gil de Castro, uno de los mejores pintores hispanoamericanos de la época. En su momento, el mismo Libertador indicó: “Retrato mío hecho en Lima, con la más grande exactitud y semejanza”. La Casa de la Libertad es un repositorio nacional, dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB), que desarrolla actividades de interacción a través de la atención a visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural. Es el custodio del patrimonio de los bolivianos, así como de su conservación y preservación, explica el director de este espacio, Mario Linares Urioste. 

El edificio que alberga a la Casa de la Libertad —ubicado en la plaza 25 de Mayo, en pleno centro de la capital del país, Sucre— data de la colonia. Su construcción fue encargada por la Compañía de Jesús a principios del siglo XVII para el funcionamiento de la Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Xavier.

Al principio funcionó como Capilla Doméstica de los jesuitas y Sala Mayor o Aula Magna de la Universidad San Francisco Xavier, fundada en 1624. Ahí se graduaron de doctores en ambos derechos y Teología los principales protagonistas de las revoluciones independentistas de Chuquisaca, La Paz y Quito, registradas en 1809, y de Buenos Aires, en 1810. “La mitad de los diputados que suscribieron el Acta de la Independencia de las Provincias Unidas de Río de la Plata, en Tucumán en 1816, se habían graduado en dicha Sala Mayor, al igual que 30 de los 48 firmantes del Acta de la Independencia del Alto Perú, hoy Bolivia”, apunta Linares.

Esas paredes albergaron a la Asamblea Deliberante que, formada por representantes de las cinco provincias de Charcas y presididos por el doctor José Mariano Serrano, proclamó la creación de la República de Bolívar el 6 de agosto de 1825, que luego se denominaría Bolivia. Desde entonces y hasta 1898, en esta sala se reunió el Congreso boliviano. Allí se sancionaron las leyes fundamentales del país.

Debido a su relevancia histórico-arquitectónica y al simbolismo cívico que ostenta, mediante el Decreto Supremo 5918 del 4 de diciembre de 1961, el edificio fue nombrado como Primer Monumento Nacional de Bolivia. 

“Es uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Su construcción se remonta a principios del siglo XVII. Posee las características de la arquitectura virreinal que se han conservado a través del tiempo”, apunta el director del repositorio.

La Casa de la Libertad comprende un amplio claustro rodeado de galerías de una sola planta bajo cubiertas que se apoyan en columnas de piedra. Un gran portón de cedro nativo, tachonado de clavos de bronce además de dos grandes aldabones, se abre a la Plaza Mayor.

Al fondo del claustro, frente al zaguán abovedado y con idéntico portón, está el denominado Salón de la Independencia. La imponente belleza arquitectónica resguarda también importantes tesoros: además del Acta de la Independencia y del retrato de Bolívar pintado por José Gil de Castro, Se tiene la espada que el Mariscal Antonio José de Sucre blandió en los campos de Ayacucho (9 de diciembre de 1824), en una victoria que selló la independencia hispanoamericana.

También está la espada que José Ballivián empuñó en los campos de Ingavi, donde logró una victoria que consolidó la independencia y soberanía de Bolivia (18 de noviembre de 1841).

Justamente, un retrato de José Ballivián, realizado por Antonio Villavicencio, artista chuquisaqueño que se formó en la escuelas de París a principios del siglo XIX, forma parte de la colección que incluye la primera bandera de los patriotas del Río de la Plata, que fue traída a nuestro territorio por el general Belgrano.

También se preserva la bandera boliviana que flameó por última vez en el puerto de Antofagasta, que fue recuperada por la niña Genoveva Ríos en plena invasión chilena, el 14 de febrero de 1879.

Y en relación a las piezas de arte, está la colección de arte virreinal denominada Princesa de la Glorieta. En gran parte está formada por obras de artistas indígenas y posee una gran variedad de objetos de gran valor artístico e histórico.

LA GRÁFICA

En el Salón Independencia se lucen cuadros con los líderes de la lucha por la emancipación. Foto: Casa de la Libertad

Una fuente engalana el patio colonial de la edificación que está en la plaza 25 de Mayo. Foto: Casa de la Libertad

Detalle del coro, con delicados tallados. Foto: Casa de la Libertad

El Acta de la Independencia de Bolivia. Foto: Casa de la Libertad

La sala Juana Azurduy de Padilla está dedicada a la heroína

Foto: Casa de la Libertad

Superar los desafíos

La pandemia del COVID-19 también afectó y cambió las dinámicas de la Casa de la Libertad. “Provocó una baja importantísima en la interacción con visitantes al museo, registrándose una disminución del 80%. De igual manera, las diferentes actividades cívico-culturales que se desarrollaban en el repositorio bajaron en un casi 90%. Sin embargo, en contrapartida, la virtualización del museo nos permitió duplicar, de cerca de 5.000 personas en marzo de 2020 a casi 10.000 personas en julio de 2021, el número de visitantes que siguen y aprecian los contenidos digitales que constantemente difunde el museo a través de sus redes sociales”, explica el director.

Institución en movimiento

El principal objetivo del repositorio nacional es desarrollar actividades de interacción con los visitantes presenciales y virtuales para difundir el patrimonio histórico cultural nacional. Además hace actividades educativas con estudiantes del municipio de Sucre a través del programa Aulas Abiertas. También se traslada a unidades educativas de comunidades y municipios a lo largo y ancho del territorio nacional, con el programa denominado Casa de la Libertad junto a su pueblo.

Finalmente, la institución desarrolla procesos de producción, promoción y participación en torno a las culturas vivas y expresiones artísticas a través de actividades cívicas y culturales con diversos artistas y gestores culturales. Promueve también encuentros interculturales gracias al programa de investigación con pueblos y naciones indígenas del Estado Plurinacional, que se traducen en nuevas museografías, publicaciones y documentales audiovisuales. Si bien el espacio está dedicado a los inicios de Bolivia como país, es un espacio dinámico en el que se ofrecen herramientas para entender de mejor manera los diferentes procesos que atraviesa el país en su existencia.

“Casa de la Libertad cobija al edificio patrimonial, bienes museísticos, bienes documentales y archivísticos, haciendo de este repositorio un espacio para mantener viva la memoria de nuestra historia. A pesar de la crisis sanitaria, el museo ha permanecido activo, tanto en las actividades presenciales como virtuales. Lo seguirá haciendo pues, como templo cívico de la bolivianidad y referente histórico de la nación, dará cumplimiento al mandato supremo de custodiar, preservar, rescatar y difundir el patrimonio histórico cultural del Estado boliviano para beneficio de la sociedad en su conjunto, a quien se debe”, resalta Linares.

Por ello, tras la ampliación de la infraestructura del repositorio, el principal proyecto en desarrollo es la nueva museografía que será implementada en la presente gestión. “Con ello, la capacidad de CDL se incrementa de 10 a 16 salas permanentes, nuevos espacios que permitirán enriquecer la narrativa de la visita, incorporando episodios fundamentales de la historia boliviana que anteriormente, por razones de espacio, no alcanzaban a ser museografiados más que en exposiciones temporales”, agrega. 

Además, el museo continuará ejecutando sus programas de extensión: Investigaciones conjuntas con Pueblos y Naciones Indígenas del Estado Plurinacional, la Casa junto a su Pueblo y Aulas Abiertas.

Y finalmente, gracias al apoyo de la FCBCB, “la institución se ratifica en su compromiso de constituirse en un espacio de diálogo y encuentro entre todos los bolivianos y bolivianas. En esa medida, miramos con esperanzas el futuro próximo, preparar la Casa de la Libertad como epicentro de las celebraciones del bicentenario de la fundación de la Patria, en 2025”. Es así que la cuna de este país, que nació el 6 de agosto de 1825, celebrará estos 200 años por todo lo alto.

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Alerta Roja

La película surcoreana de desastres dirigida por Lee Hae-jun y Byungseo Kim se centra en la erupción de un volcán en la montaña Baekdu

Por Pedro Susz K.

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:19

CINE

Gracias a una de esas carambolas impensadas desembarcó en las pantallas locales esta producción surcoreana, traída por una distribuidora independiente con sede en Tarija: otra rareza en los tiempos que corren, marcados por un ensanchamiento del monopolio de las películas comercializadas por las sucursales de las empresas punta de la industria fílmica made in USA.

La puesta en circulación de Alerta roja en 2019 (Bajo el título  en inglés Ashfall/Lluvia de cenizas), coincidiendo con el lanzamiento de Parásitos (Bong Joon-ho), película de la misma procedencia, ganadora del Oscar al mejor film extranjero y de la Palma de Oro en Cannes, cuyo suceso, de crítica especialmente, opacó la recepción de este emprendimiento de calidad claramente inferior a la de su connacional pero tampoco desprovista de algunos (pocos) rasgos interesantes y que en su país de origen fue el mayor éxito taquillero de los últimos años —la vieron 8 millones y medio de espectadores—, gracias, entre otras cosas, a incluir en su elenco a varios de los actores allí más populares, pero de igual manera por la ambiciosa envergadura de la superproducción, cuyo presupuesto rondó los 20 millones de dólares.

Inscrita en el género de películas de catástrofe, con cierta tradición en la filmografía surcoreana de los últimos 15 años —en 2009 Haedudae mostró un tifón devastando Busan; Pandora de 2016 abordó un desastre nuclear inspirado en el de Fukushima; Exit de 2019 describió una nube tóxica de misterioso origen infectando Seúl—, inclinada asimismo a incluir en los argumentos referencias más o menos explícitas al largo conflicto político con su par del Norte, en algunos casos dejando traslucir algunas posibilidades de una pronta reunificación, como, en otros, develando los enormes escollos para que ello pueda efectivizarse a plazos más o menos próximos. El trabajo a dúo de los realizadores Byung-seo Kim y Lee Hey-jun oscila entre ambas tendencias sin tomar claramente partido por una de ellas, no obstante algunas insinuaciones, un tanto crípticas, que mencionaremos más adelante.

Jo In Chang, el protagonista central, es un capitán especializado en desactivar bombas de todo calibre. La súbita erupción del monte Baekdu, localizado justo en la frontera entre Corea del Norte y China, entraña un inminente peligro para el territorio de las dos Coreas. Su disparatada misión, la cual de todas maneras solo tiene un 4% de posibilidades de éxito, consiste en detonar una bomba atómica en una de las minas subterráneas cercanas al volcán a fin de que la lava en lugar de salir por la cumbre fluya hacia el conducto artificialmente habilitado impidiendo así la catástrofe provocada por dicha erupción. El problema mayor estriba empero en conseguir el explosivo nuclear, encargo que Jo In tratara de cumplimentar negociando con Lee Joon Pyeong, un alto funcionario del Ministerio de las Fuerzas Armadas del régimen norcoreano. Si tal estrategia falla, no queda otra sino robar una ojiva, justo cuando Estados Unidos viene ejecutando un programa de desnuclearización, con el concurso del desertor Ri Jun-pyong, quien reniega de su nacionalidad.

Evitando demorarse en prolegómenos el relato entra pronto en materia. A los cinco minutos de metraje, Baekdu vomita sus primeras descargas de fuego y lava desencadenando un temblor cuyas réplicas destrozan media ciudad de Seúl en secuencias pródigas en espectaculares efectos especiales hechos, no podía ser de otra manera, por computación. Que el monte causante de semejante hecatombe sea un símbolo insistentemente enarbolado por la dinastía de los Kim, a cuya cabeza se encuentra Kim Jong-un, el temible líder de esa nación, es desde luego un guiño, difícilmente discernible empero para el grueso de los públicos del mundo desconocedores de los entretelones políticos del país asiático.

Nada menos que cinco guionistas fueron convocados a trabajar la estructura argumental de base para Alerta roja. El resultado final entrega la impresión de que el quinteto en cuestión redujo su tarea a sumar, literalmente, ideas, pero ninguno de ellos asumió la de articularlas en una historia consistente, puesto que la dispersión de las mismas es el mayor punto flaco de la película. A menos que los directores hubiesen tenido el propósito de poner en pantalla una suerte de recopilación en sorna de los innumerables tropos de las películas de catástrofe fabricadas en Hollywood y adoptadas en varios de los arriba mencionados títulos surcoreanos del mismo género. Tal presunción choca empero contra la sensación de que el asunto se toma demasiado en serio, acogiéndose a la hipótesis, frecuentada por el cine y las series televisivas norteamericanas de que las armas nucleares, siempre y cuando sean puestas en manos de un confiable grupo de superhéroes, pueden llegar a ser la panacea perfecta para poner atajo a desastres masivos de variada envergadura. Y por añadidura son patentes las referencias a Armaggedon (Michael Bay/1998) y a 2012 (Roland Emmerich/2009), dos prototipos del referido punto de vista, con lo cual la supuesta ironía acaba puesta entre mayúsculos signos de interrogación.

El hecho es que la inicial, ponderable, decisión de dispensarnos de los circunloquios para ir cuanto antes al grano, va evaporándose a medida que avanza el relato, pues éste, quedó anotado, se desperdiga en innumerables subtramas y deja a medias sus líneas fuerza, las cuales podrían haber sido el sustento transversal de un trabajo que al igual que los otros títulos arriba señalados seguramente traducen en alguna medida las aprehensiones colectivas de los habitantes de ese medio país agobiado por la inacabable pulseada con la otra mitad y para peor aquejado de temores permanente por lo que pudiera ocurrir si Corea del Norte y China pasan de las amenazas a los hechos. Resquemores a los cuales aporta su cuota parte el permanente intervencionismo estadounidense, al que la película alude, eso sí, sin medias tintas, abandonando filones que pudieron haber sido profundizados con beneficio para el nivel de la obra acabada, tal el caso de la amistosa relación entablada entre Jo y Ri, el mandamás de la misión y el agente doble.        

Entre las flaquezas inocultables del armado narrativo destaca el pobre tratamiento del personaje de la esposa del capitán protagonista, padre en ciernes, la cual aparece y desaparece por puro arbitrio. Así en los momentos iniciales de la trama, inmediatamente después de la erupción, resulta atropellada por un tsunami, pero algunos minutos después vuelve a presentarse intacta, no obstante su avanzado embarazo. Es un ejemplo de los incontables absurdos argumentales de los cuales se desentiende el tratamiento afanado casi exclusivamente en ofrecer un divertimento sin pausa, propósito hasta cierto punto puesto en riesgo por un metraje estirado mucho más allá de lo conveniente y en el cual salen sobrando, entre otras, las bromas, los chistes excedidos de peso y los pasos en falso indecorosos en una misión a tal punto crucial que de ella depende la sobrevivencia de millones de gentes. 

Por cierto no todo resulta objetable en la película de Kim y Hey-jun. Hay un adecuado manejo artesanal de los múltiples momentos de acción,  el trabajo de los actores, pese a no contar con el soporte de papeles trabajados a fondo, es parejamente inobjetable. Y, sobre todo, resulta atrayente la textura visual elegida, absteniéndose del colorido sobresaturado y optando por una suerte de velado que aporta a densificar figurativamente la atmósfera tensa de las secuencias con una mayor carga dramática. Funcionan asimismo los cambios de ritmo, aún si los desvíos argumentales tienden a acentuar por momentos la impresión de una pérdida de rumbo del relato, que en esas instancias ahonda la impresión de estar mezclando distintos guiones.  

Si Ud. se pregunta por qué el grueso de los críticos considera que el cine coreano se encuentra en un momento pico, Alerta roja no le absolverá las dudas, al contrario, como si lo hacían Parásitos, Tren a Busan (Yeon Sang-ho/2016) o cualquiera de los eslabones de la maciza filmografía de Lee Chang-Dong (Poesía/2010; Burning/2018). Pero si su plan es pasar un buen rato distraído sumergiéndose durante 130 minutos en este despatarrado y pasado de revoluciones batido con ingredientes tan disímiles como el thriller político, el “bromance”, la distopía, el cine bélico,  la película puede servir al efecto.

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Monumentales: Wiracocha y el escudo nacional

En la nueva sede de la Asamblea Legislativa Plurinacional, el escultor Mariano Ramírez ha dejado su huella artística en un escenario político

ERGUIDO. En un edificio de Bs 509 millones se encuentra erguido Wiracocha

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:15

La política se ejerce en muchos escenarios, pero son aquellos que se pueden recorrer, palpar y mirar los que más se imponen en la memoria y terminan por convertirse en símbolos. Eso lo saben, o lo intuyen, en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) por lo que, a principios de agosto del año que corre, estrenaron una nueva sede en cuya infraestructura se dieron la tarea de hacer grabar íconos de las 36 naciones y pueblos originarios de Bolivia. Y entre todos estos símbolos resaltan un gigantesco Wiracocha, el dios grabado en la piedra de la puerta del Sol de Tiwanaku, y un imponente y detallado escudo de armas de nuestra nación.

Rodeado de figuras aladas, propias de la cultura tiwanacota, Wiracocha fue erigido en el mural de la testera del nuevo hemiciclo de la Cámara de Diputados. Mide 12 metros de largo y 8 de ancho y parece tallado en piedra, cuando se trata de un trabajo en madera de las manos de Mariano Antonio Ramírez Justiniano, artista nacido en Villazón y que se formó en la Escuela de Bellas Artes “Hernando Siles” de La Paz.

Este escultor de 43 años de edad es también el responsable del Escudo Nacional de Bolivia, tallado en madera y revestido de un acabado de betún en sus 2,70 metros de largo y 3,20 de ancho con los que se yergue por encima del nuevo hemiciclo del Senado.

Ya casi cumplido el primer mes de uso del nuevo edificio del Legislativo, en el que se invirtió poco más de Bs 509 millones, nombres y detalles comienzan a aflorar. Ramírez es uno de ellos. Un escultor de metal y soldadura que asumió el reto de crear dos simbólicas piezas de madera para uno de los escenarios políticos más importantes de Bolivia.

PESO. La pieza central del escudo de armas necesitó de 8 personas para ser instalado

Las geometrías de Wiracocha

Wiracocha, con toda su geometría tiwanacota, fue su primer reto, uno que empezó en modelos a escala que este escultor tallaba, buscando los tonos y texturas que mejor combinarían con la piedra comanche del hemiciclo de los diputados. 

“Me puse a trabajar como un alquimista con diferentes tonos de pintura y texturas hasta que conseguí algo de textura y color que aprobaron (en la ALP)”, explica Ramírez. Después de dos meses de experimentación, allá por finales de 2019, sería resina mezclada con arena ultrafina y ciertos pigmentos de coloración los que le dieron a la madera esa ilusión de piedra muy realista. Homenaje perfecto a un imperio de piedra como Tiwanaku, sin arriesgarse a colocar el material real y terminar por causar un derrumbe en el flamante hemiciclo.

Pero mientras esto sucedía, en otros escenarios políticos se gestaba una crisis que paralizó los trabajos del escultor hasta septiembre de 2020, cuando incluso la pandemia del coronavirus había retrasado aún más el emprendimiento de su obra.

De octubre a noviembre, Ramírez, al mando de seis artesanos, trabajó los diseños tiwanacotas a partir de una plantilla gigante que luego dividió en módulos.

Pieza por pieza, con una caladora, fue recreando los íconos de esta ancestral cultura boliviana, creando una especie de rompecabezas que, semana a semana, iba colocando en el mural.

“Yo me quedo con Wiracocha, pues es el astro supremo que nos da luz y vida. Para mí es nacional, internacional, universal. Es una figura para todos de luz y vida. Yo me quedo con eso”, asevera Ramírez, quien después dedicaría noviembre, diciembre y parte de enero a dar los retoques a su rompecabezas gigantesco hasta que pareciese una sola piedra.

‘Si no puedes soldar…

A contrarreloj para el estreno programado del nuevo edificio de la ALP, en abril del año que corre comenzaron los trabajos para realizar el escudo con cinco artesanos al mando de Ramírez.

Ya para entonces estaba curtido. Este escultor tiene por filosofía conciliar dicotomías en su arte. Se lo conoce por buscar entre la chatarra materiales para soldar y “remetalizar”, concepto que usa para hablar de metales desechados que él rescata y que, con su trabajo, de alguna forma reencarnan en obras como la que adorna el frontis de la universidad San Francisco de Asís en la plaza Abaroa o el edificio Jardín de la avenida 6 de Agosto.

“Cuando uno cree que es el final, puede ser el principio. Yo parto de esa dialéctica de vida y muerte”, expone al hablar de sus esculturas de chatarra.

Es por ello que siempre ha mantenido la mente abierta a trabajar con todo tipo de material, incluyendo la madera. Hacerlo no fue el gran reto de este trabajo, tanto como vencer el vértigo que lo hizo sufrir mucho en el armado de Wiracocha.

“Poco a poco llegué a la cima”, relató sobre su paulatina ascensión de los andamiajes hasta lograr ese gran triunfo de aquella primera etapa, mismo que lo ayudaría a enfrentar mejor la presión de terminar el escudo de armas en apenas un mes, del 10 de abril al 10 de mayo, con la colaboración de un gran tallador de madera como es don Antonio Baraja.

“Es el juego de las versatilidades: si no puedes soldar, pues trabaja en otra cosa. La experiencia de la vida a uno le enseña no estancarse en una sola cosa”.

Finalmente, los 24 tableros que componen este escudo de impresionante detalle y relieves fue dividido en tres módulos cuyo peso fue la parte más difícil de su ensamblado en el muro al que estaba destinado. Es más, solo el centro del Escudo Nacional necesitó de ocho personas para ser instalado.

“Es gratificante y complicado vivir del arte”, expresa Ramírez, pensando en cómo ahora su nombre de escultor y artista boliviano empieza a ser asociado a este importante escenario político. Más que nada porque para él, ser un artista en Bolivia “es una labor quijotesca de día a día, con temporadas altas y bajas”.

Y, sin embargo, hay trabajos monumentales como éste, icónicos, enormes, que le permiten estar agradecido con su oficio y con la vida.

Tanto Wiracocha como el Escudo de Armas fueron armados como dos enormes rompecabezas

Fotos: Mariano Ramírez, Archivo La Razón

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DAMOVIES: Un lugar para la pasión por el cine

La página de Facebook creada por el actor Rommel Ugarte tiene información, cortos y crítica

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:08

El arte más noble es hacer felices a los demás”. Esta es la premisa que marca el camino de Rommel Ugarte Muñoz, un gastrónomo y actor de 24 años que en las redes sociales volcó su pasión por el cine creando la página de Facebook Damovies Bolivia, donde ofrece información sobre el quehacer cinematográfico mundial, reseñas de películas, cubre eventos nacionales y además presenta cortos producidos por él.

“Todo comenzó desde el gran amor que me inculcó mi bisabuela Elisa en el campo del cine”, recuerda el joven de cabello negro y rizado que se ha convertido en su sello característico. “A partir de eso, en 2009 empecé a aprender sobre cine de forma empírica, ya que nunca tuve estudios en una academia o instituto especializado”.

Con la práctica de la actuación y sus ansias de saber más sobre el séptimo arte, sus colegas y amigos le animaron a que abra una página. “Al principio solo contenía algunas publicaciones y compartidos hasta que un día me animé y lancé un video con mis predicciones sobre los ganadores del premio Oscar”. En esta presentación acertó a la mayoría de los galardonados, lo que le animó a seguir produciendo, con material casero y en una escenografía ambientada en su casa, audiovisuales con rankings sobre cine, como los mejores villanos, mejores cintas de superhéroes o de supervivencia, entre muchos otros.

Al público le gustó y empezó a visitar su página, que actualmente está por los 14.000 seguidores en Facebook, además de que comenzó a incursionar en TikTok e Instagram.

El nombre de Damovies Bolivia surgió de la idea de “dar”. “Como página te daremos información, curiosidades, reseñas, tops, trailers, etc; así como el público en general también podrá brindarnos alguna sugerencia o información”.

La novia de Rommel, Alexandra Najhavi Calle Chauca (21 años), que es psicóloga y actriz, se unió a la producción después de conocer a Rommel, que en ese momento brindaba talleres. También es presentadora de la página y juntos elaboran los materiales. “Un día me sugirió que hagamos la reseña de la película Sombras malditas. En ese entonces no tenía idea de cómo hacerla porque no sabía si al público le iba a gustar mi opinión, pero los videos fueron un rotundo éxito y hasta la fecha hemos innovado en los contenidos”.

Es así que en la página no falta información sobre los más recientes estrenos, además presentan entrevistas sobre el mundo del espectáculo y realizan coberturas de los festivales. Tienen tanta llegada que distribuidoras  y productoras de cine los contactan para que vean sus materiales para que los hagan visibles en la página.

Productores empíricos

Finalmente está la producción de cortometrajes de tinte reflexivo que están escritos y protagonizados por Rommel, Alexandra y artistas amigos invitados. “Nos reunimos, ya sea presencial o de forma online, en la cual quedamos sobre el cortometraje que haremos. Se lanza uno cada mes, para alternarlos con las reseñas de las películas de estreno que vemos”. Gracias a estas producciones, por ejemplo, es que hicieron una alianza con el grupo de niños poetas de El Alto Los Trovadorcitos para producir con ellos la película Otro día más, que se estrenó en Multicine de El Alto y en el Cine Teatro Municipal 6 de Agosto de La Paz.

Para el futuro, Rommel sueña con que Damovies Bolivia siga teniendo más seguidores, consigan dirigir un espacio en la Tv, producir películas y seguir compartiendo su pasión con los jóvenes.

Fotos: Ian Charlie y Damovies

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‘Las personas no binarias existimos en Bolivia’

No se identifican con el esquema masculino/ femenino y luchan por ser visibles y tener respeto en la sociedad

COMUNIDAD. Integrantes de TODES, escuela de líderes LGBT de la ciudad de El Alto

/ 12 de septiembre de 2021 / 18:05

Cómo prefieres que te llame: ella, él, elle? “Estoy posicionando elle, pero no me hago problema si utilizas cualquiera de los tres pronombres”. Esta es la primera pregunta a Yam Medrano tras empezar la entrevista. Yam es una persona que se identifica como no binaria. 

“Nosotros estamos tan acostumbrados a suponer la identidad de otra persona… Por ejemplo, yo te veo con el cabello largo y uñas pintadas, y creo que eres una mujer/ella, pero ¿qué tal si tú no eres ella? Preguntar con qué pronombre te identificas es un principio de respeto, no saben lo feliz que se sienten muchas compañeras, compañeros y compañeres cuando hacen el esfuerzo de respetar su pronombre”, asegura Yam mientras acomoda una polera con el escudo de Bolivia y los colores de la bandera de la comunidad LGTB y la bandera no binaria.

Durante estos meses el término “no binario” se menciona con mayor frecuencia, y no necesariamente porque artistas como Demi Lovato, Elliot Page o Sara Ramírez revelaron que se identifican como no binarios, sino que hay un debate sobre el concepto e importancia de la identidad que rompe con la binariedad de género entre hombre y mujer. Se trata de un tema que desata discusiones inclusive dentro de la misma comunidad LGTB.

“Nosotros cuando nos autodenominamos personas no binarias pasamos por un proceso. En mi caso fueron tres. Al entrar en un sistema binario, como te dicen que solo hay hombre y mujer, yo me autodefinía como lesbiana, pero como mujer tenía que cumplir con ciertos cánones. Luego transmuté y entré en una crisis, sentía que era un chico trans, lo reivindiqué, y como chico tenía que utilizar ropa varonil, ser más musculoso o tenía que cambiar de voz. Yo no encajaba cuando me decían solo ella o cuando me llamaban solo él. Empecé a indagar y me encontré con el tema de las personas no binarias, personas que han sido invisibilizadas por mucho tiempo. Y no es una moda, como critican algunos”, afirma Yam.

En Bolivia no hay cifras sobre la cantidad de personas que se identifican como no binarias. Una de las primeras diferenciaciones que mencionan se refiere al concepto de sexo, masculino y femenino,  como descripción de los órganos sexuales, mientras que la identidad se entiende como una construcción social.

“No hay una forma en realidad de ser no binaria, no hay una forma estética porque otra vez estaríamos encasillados. Por ejemplo, muchas compañeras, compañeres que se sienten no binarios adoptan ‘elle’. Todo depende de con cuál te sientas cómo de y cómo  quieras reflejarte ante la sociedad o ante tu entorno”, comenta Yam.

(De izq. a der.) Yam Medrano, de la colectiva La Pesada Subversiva, en Santa Cruz; Shadé Mamani es parte de Wiñay Wara D.S.G. (El Alto) y Lily Honorio, integrante de la Red No Binarie Latinoamericana

Más que la apariencia

Además de la enebefobia o rechazo a las personas no binarias, otro de los conflictos que éstas enfrentan es que son confundidas con personas andróginas, aquellas cuya apariencia tiene rasgos que no corresponden a los de su sexo biológicos.

“La androginia es más estética, muy de tu cuerpo, del físico y tus rasgos corporales. La no binariedad es como tú te sientes, cómo está tu interior y qué es lo que quieres expresar hacia afuera”, menciona Shadé Mamani, integrante del Colectivo Wiñay Wara D.S.G. y coordinadora general de la escuela TODES, un espacio habilitado para la educación de nuevos jóvenes líderes LGTB en la zona Ballivián en la ciudad de El Alto. En el lugar todavía se puede leer escrito en la pizarra “tipos de violencia”: son los títulos de la clase anterior.

“Yo en algún momento me he sentido más conectada con mi lado masculino. Hace seis, siete años pasaba por la calle y me decían ‘joven’, hasta que escuchaban mi voz, porque yo no la fingía, y hace como unos tres años empecé a conectarme más con mi lado femenino”, dice Shadé, quien se identifica como lesbiana y no binaria.

“¿Cómo referirse a una persona no binaria?”, fue la pregunta de un usuario a la Real Academia de la Lengua Española (RAE) a través de Twitter. La respuesta de la RAE no dejó dudas, ni espacios para interpretaciones: “Le recomendamos que pregunte a dicha persona cómo desea ser tratada”.

“Yo tengo otro nombre en mi cédula de identidad con el cual no me identifico, y para que respeten el pronombre que me identifica me costó lágrimas, me costó la familia. Tenés que pelearte para poder ser libre”, relata Yam, que es integrante de La Pesada Subversiva, una colectiva transfeminista y de disidencia sexual de Bolivia, un espacio de “convergencia para las inadaptadas” de intervención callejera con sede en Santa Cruz.

Una perspectiva política

—¿Cómo prefieres que te llame: ella, él, elle?

—Bueno, hoy mis pronombres son ella y elle, no tengo ningún problema con cualquiera, lo importante es que preguntes. Algunas veces sin preguntar me dicen “la señorita” y no me siento cómoda.

Es Lily Honorio, tiene 24 años, se autoidentifica desde hace cuatro años como persona no binaria. Hoy luce cabellos largos, zapatillas deportivas, lleva en el cuello una pañoleta verde —símbolo a favor de la despenalización del aborto— y pertenece a la Red No Binarie Latinoamericana.

“Desde mi perspectiva política, yo me identifico como no binaria porque no me siento cómode con los dos géneros que la sociedad nos impone desde que nacemos, con los estereotipos. Si eres hombre no lloras, te vistes de azul y juegas con autitos; si eres mujer, todo lo contrario: eres débil, tienes que atender a tu esposo y vistes de rosa. No me quiero identificar como mujer, pero tampoco me quiero identificar como hombre, entonces ahí es donde trasciende esa no binariedad dentro de mí y si quiero también puedo fluir”.

Una de las formas de protesta y visibilización de las personas no binarias es el uso del lenguaje inclusivo, aquel que incorpora “x”, “@”, o la terminación “-e”. Aunque la RAE no incorporó estas modificaciones en el lenguaje alegando que “se basa en un esquema binario, sustentado en las categorías biológicas de sexo masculino/femenino. La forma “elle” y las terminaciones en “-e” en voces con flexión “-o/-a” son recursos facticios promovidos en ciertos ámbitos para referirse a quienes no se identifican con ninguno de los géneros del par binario, pero su uso no está generalizado ni asentado”.

Mientras, la cuenta oficial de Larousse Latinoamérica identifica que el lenguaje es también una herramienta política que “comunica sus necesidades por medio de ésta, siendo una de las principales el reconocimiento, la visibilidad”.

“Si deciden utilizar algún morfema de género neutro, nosotros les recomendamos preferir la vocal  ‘-e’, por sobre la ‘x’ y el ‘@’. La razón de esto es que, a diferencia de las otras dos posibilidades, la ‘-e’ sí que puede leerse y pronunciarse, mientras que la ‘x’ y el ‘@’ no. Si la razón de todo es incluir, utilizar la ‘x’ y el ‘@’, siendo marcas de género que no pueden realizarse en el habla, excluyen a las personas que no pueden leer. Así que gana la ‘-e’ por ser la más incluyente”, explica la cuenta de Larousse Latam.

“El lenguaje inclusivo es una forma de resistencia. Yo creo que para que realmente la gente se dé cuenta de que hay otras, otros y otres. La sociedad hace al lenguaje y no al revés”, apunta Shadé.

El debate sigue centrado en tratar de aclarar si es necesario utilizar un morfema neutro para ser más inclusivo o si el masculino se mantendrá para referirse a todos. “Yo entiendo muchísimo cuando dicen que es difícil acostumbrarse al lenguaje inclusivo, hasta para nosotros ha sido difícil. Nos dicen que estamos locos, que nos estamos inventando otro género, pero se trata de respetar a las diversidades porque también en Bolivia existen las personas no binarias”, asegura Lily.

El 21 de julio de 2021, Argentina se convirtió en el primer país en Latinoamérica que reconoció en sus documentos de identidad (DNI) a las personas que no se identifican con las categorías femenino o masculino, y permite que usen en cambio la opción “X”, reconociendo el derecho a la identidad de género como una “vivencia interna y subjetiva que no depende ni de las características biológicas, ni de las categorías impuestas de hombre y mujer”. 

“En Bolivia falta mucho para llegar al reconocimiento de los derechos de las personas no binarias. En Argentina, hace más de 10 años aprobaron el matrimonio entre personas del mismo sexo —o Uruguay y Brasil—. Acá en nuestro país ni siquiera se reconoce el ejercicio de los derechos de las personas trans, hay que ir avanzando a paso seguro”, asegura Shadé.

Fotos: La Pesada Subversiva y Claudia Fernández

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