lunes 29 nov 2021 | Actualizado a 08:41

Los estilos de Ezra Miller

El actor es un ícono de la moda: posó para la revista Playboy con labios rojos y tacones.

Gala. Diseño de Pierpaolo Piccioli usado en París. En la foto inferior, vestido de hongo en la Comic-Con.

/ 12 de diciembre de 2018 / 04:01

El sentido de la moda del actor estadounidense Ezra Miller —Animales fantásticos y dónde encontrarlos, Liga de la Justicia y Las ventajas de ser invisible— no es convencional. Lo demostró en la premier de Animales fantásticos: Los crímenes de Grinderwald, en París, donde lució una carcaza puffer de Moncler por Pierpaolo Piccioli. En la promoción del filme en Londres, optó por rendirle un tributo a Harry Potter y a la singular criatura lo acompaña: Edwig, la lechuza.

Miller no duda en pasar entre lo femenino y lo masculino, como mostró en la sesión de fotos para la revista Playboy, con medias de red, tacones y labios rojos intensos. En las redes sociales es aclamado y se ha convertido en un símbolo de la teoría queer, que asegura que el género y la sexualidad de las personas que sostienen que los géneros, las identidades sexuales, y las orientaciones sexuales, no están esencialmente inscritos en la naturaleza humana, sino que son el resultado de una construcción social.

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Défi Titicaca: Una aventura deportiva, humanitaria y medioambiental

Además de nadar, tenían que jalar su casa-embarcación construida con productos reciclados

Por Mitsuko Shimose

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:55

Amaneció con un cielo repleto de nubes que cubrían el sol y amenazaban con un día gris en Copacabana. La temperatura era de entre 6° y 8° centígrados, pero la sensación térmica era aún más baja a causa del viento que soplaba congelando las aguas del Titicaca. A pesar del frío, las orillas de la playa estaban bien resguardadas por las autoridades del municipio, quienes flanquearon a Théo Curin, Malia Metella y Matthieu Witvoet, encerrándolos en un círculo para ofrecer un ritual: el sahumerio con dulces para la salud y la prosperidad, además de flores y plantas para atraer buena fortuna para el desafío que les tocaba enfrentar en este lago sagrado: atravesar nadando 110 kilómetros, desde Copacabana (Bolivia) hasta las Islas Uros (Perú), en un lapso de 10 días.

Además de nadar esa longitud, tendrían que jalar, al mismo tiempo, una embarcación construida por ellos mismos con productos franceses reciclados; la misma que les serviría como una especie de vivienda durante los 10 días. Los nadadores se prepararon por 14 meses para este reto. El entrenamiento se realizó en agua fría a 6 u 8 grados centígrados durante una hora y media o dos en una piscina, con 15 kilómetros diarios y en la altitud para hacerlo bien. “Así hemos formado un gran equipo”, afirmó su entrenador Stéphane Lecat.

Para finalizar el rito, los rayos de sol bañaron las manos levantadas de los tres nadadores franceses de alto nivel: Théo, Malia y Matthieu, quienes recibieron entusiastas toda esa energía del Rey Inti, sellando de esta manera el pacto entre lo ofrecido a la Pachamama y la concesión de protección para llevar a cabo su misión: una aventura deportiva que se fue tornando en un propósito humanitario y, sobre todo, medioambiental.

“Para avanzar en la vida, tengo que superarme a mí mismo y fijarme siempre nuevos objetivos”. (Théo Curin)

Théo, de 21 años, fue amputado de sus cuatro extremidades a los seis años de edad por una meningitis. Realizó sus primeras clases de natación cinco años más tarde a pesar de su miedo al agua. Rápidamente, este elemento le causó una sensación de bienestar y libertad que lo alentó a perseverar en este camino. A sus 14 años, decidió dejar su ciudad natal, Lunéville, para unirse al centro de natación France Handisport en Vichy. Muy pronto se convirtió en una de las grandes esperanzas francesas de la natación para personas con discapacidad y fue, en particular, el más joven de la delegación francesa en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro en 2016. Luego se convirtió en doble subcampeón mundial en 2017 y ganó la medalla de bronce en los 200 metros libres en el último Campeonato Mundial en Londres en septiembre de 2019.

“Yo soy un nadador paralímpico, pero antes estaba compitiendo con nadadores que tenían las cuatro extremidades. Era muy difícil para mí estar a la altura de esos competidores, por lo que decidí hacer mi propio desafío. Yo quería hacer un reto que jamás había hecho hasta ahora, y también quería compartir esa experiencia, deseaba que participaran conmigo otras dos personas y por eso le pedí a Malia y a Matthieu que me acompañasen. Había muchos lugares que estaba buscando, y muchos de ellos ya habían sido atravesados, como es el caso del lago Titicaca. Haciendo las investigaciones de este sitio, encontré que tenía dificultades excepcionales como la longitud, la altitud y el frío, y es por eso que me decidí por este lugar. Además, al realizar la búsqueda sobre este lago, vimos también que había mucha contaminación y queríamos mandar un mensaje ecológico en este desafío”.

“No es un viaje lo que nos espera, sino una aventura extraordinaria”. (Malia Metella) Malia, de 39 años, es una exnadadora especialista en pruebas de velocidad en estilo libre y mariposa. Retirada desde octubre de 2009, ha contribuido al auge de la natación francesa. Ella es cinco veces campeona de Europa en piscinas cortas y grandes (2003-2004), subcampeona del Mundo en 100 metros libres en 200 y subcampeona Olímpica en 50 metros libres en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004.

“Acepté este reto porque fue Théo quien lo propuso, por el valor que él le da a este proyecto y porque es un desafío muy fuerte para mí, para salir de mi zona de confort, pues hace mucho tiempo que ya no estoy más en la rutina de una deportista de alto nivel. Nadar en aguas libres en un lago con un frío excepcional es algo que nunca he hecho antes y que quería descubrir”.

“Más allá de la aventura deportiva y humana, es la oportunidad de transmitir un mensaje importante”. (Matthieu Witvoet)

Matthieu, de 27 años, es un ecoaventurero que se embarcó, junto con su primo, en una vuelta al mundo en bicicleta en 2017, recorriendo 18.000 km a través de 17 países para descubrir las soluciones locales a los residuos plásticos. En octubre de 2019, cruzó a nado el estrecho de Gibraltar para concientizar sobre la contaminación con plásticos en el Mediterráneo.

“Lo que hemos hecho con este proyecto es pensar en cómo transmitir este mensaje de limitar la basura, cómo lo podemos encarnar adentro de nuestro proyecto y por eso hemos hecho muchas cosas. Una de ellas es el bote que vamos a jalar, vamos a estar como un caracol, jalando nuestra propia casa durante 10 días. Esta casa es como un símbolo para nosotros y es también un poco raro porque hay que jalar el bote nadando. Este bote tiene flotadores que hicieron los olímpicos en los años 90, dando así una segunda vida a materiales utilizados. El almacenamiento de las partes viene de la basura de un teatro francés, la tomamos y con un poco de magia de ingenieros que están aquí con nosotros la transformamos en nuestra casa. Dentro de ella contamos con colchones ecodiseñados y ecorresponsables, además de la instalación de productos fotovoltaicos innovadores para permitirnos estar en total autonomía energética. Terminado este desafío, vamos a ofrecer esta casa-embarcación al Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD), una institución pública francesa multidisciplinaria y sus socios en la Universidad de La Paz, que realizan estudios científicos en el campo del desarrollo sostenible, para que pueda extraer datos sobre la calidad del agua. Además de eso, vamos a consumir comida sin generar basura. Por ejemplo, tenemos quinua y otros alimentos en bolsas reutilizables que se pueden usar 100 o 200 veces por muchos años; y el agua que beberemos la filtraremos del lago, así no tendremos botellas de plástico”.

LA GRÁFICA

El entrenador Stéphane Lecat, junto con los nadadores Théo, Matthieu y Malia. Foto: Andy Parant

Foto: Andy Parant

Antes de la partida, el entrenador y su equipo fueron ch’allados con flores para la buena fortuna en su misión. Foto: Andy Parant

La travesía de los nadadores fue acompañada por una lancha con parte de su equipo francés y autoridades y comunarios de Copacabana. Foto: Andy Parant

Foto: Andy Parant

Foto: Andy Parant

Agenda ambiental

Agua Sustentable es una ONG boliviana que trabaja en una agenda ambiental, por lo que fue parte del Défi Titicaca. “Este es un desafío importante, principalmente con un mensaje de hermandad y de que podemos lograrlo, pero solo lo haremos si nos unimos todos y si trabajamos en diferentes niveles: desde el nivel individual (poner conciencia sobre nuestro consumo, sobre el botar basura, etc.), hacia el familiar, comunitario, municipal (por eso estamos trabajando con el municipio de Copacabana), departamental, nacional, binacional (porque están dando justamente ese mensaje de hermandad entre Perú y Bolivia) y claramente también vemos que hay un apoyo a nivel internacional desde Francia”, comentó la directora ejecutiva de esta ONG, Paula Pacheco.

Después de este desafío, la ONG va a seguir trabajando con talleres de economía circular, de manejo de residuos sólidos a nivel más sostenible, y también en ver cómo solucionar el tema de la basura en dos islas sagradas: la Isla del Sol y la Isla de la Luna, que son parte del municipio de Copacabana. “Queremos agradecer por toda la inspiración que nos están dando Théo, Malia y Matthieu. Creemos que todos vamos a aprender de esta pasión y vamos a lograr superar estos desafíos grandes para el medioambiente”.

La partida

Más tarde, y minutos antes del inicio del desafío, autoridades del Gobierno Autónomo Municipal de Copacabana entregaron reconocimientos a Théo, Malia y Matthieu, en medio de guirnaldas y ch’alla con flores. En el acto, la embajadora de Francia en Bolivia, Hélène Roos, emitió unas palabras dirigidas a sus compatriotas antes de su partida: “Queridos, mi inmensa gratitud por el sueño que nos están haciendo vivir a todos. Recuerdo aquella frase que dice ‘Lo imposible se vuelve posible’. Ustedes ya han ganado su desafío, ya que todos estamos aquí con ustedes para apoyarlos y ustedes están para hacernos soñar. Si bien la COP26 estuvo en pleno apogeo, su desafío es un recordatorio a través de su noción ambiental, el derecho de que todos somos actores en la lucha contra el cambio climático. Su desafío es también un recordatorio de la importancia de la solidaridad con los países semejantes y un desarrollo para la transición ecológica, como Francia se ha comprometido. Y, finalmente, su desafío es también un recordatorio de la necesaria inclusión y de la igualdad de todas las mujeres y de todos los hombres”.

La preparación de los nadadores en el lago Titicaca consistió primeramente en la puesta de los trajes para nadar, que son térmicos, una característica importante para poder paliar las bajas temperaturas de esas aguas. Los gorros, las aletas, las manoplas y las gafas de natación fueron también parte de sus accesorios.

Las brazadas y los pataleos de Théo, Malia y Matthieu comenzaron furtivas al son de los bombos, las quenas y las flautas que se escuchaban como música de fondo. Poco a poco, los nadadores que jalaban la embarcación fueron alejándose de la vista de quienes permanecían en la orilla. Era el inicio de su travesía deportiva, solidaria y medioambiental de diez días por aguas sagradas.  

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La piel de mariposa, frágil y no contagiosa

La epidermólisis bullosa distrófica, enfermedad con la que 14 niños viven en Bolivia, provoca que la piel de éstos sea muy delicada

La pequeña Belén tiene la piel muy delicada debido a la epidermólisis bullosa distrófica

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:42

No tiene cura”. Las palabras llegaron como un golpe repentino que robó el alma de un solo jalón. Había muchas preguntas sobre una enfermedad que nunca antes había escuchado y que ahora padecía su primera y única bebé, aquella recién nacida con ampollas en los dedos de sus pies y en su boca. Sin las respuestas que necesitaban y aún con el peso de lo desconocido, ambas, una mamá joven y su bebé con algunas vendas, retornaron a casa.

“Su piel es delicada, tiene dos capas, y solo con pomadas tiene que hidratarla”, escuchó Rocío al salir del hospital. Estudios durante el embarazo no detectaron la epidermólisis bullosa distrófica, una enfermedad genética que se caracteriza por la excesiva fragilidad de la piel y las mucosas; es conocida como piel de mariposa.

“Vivirá hasta los dos años”, sentenciaron por ahí, en una de las salas médicas. No había maldad en el diagnóstico, era un caso “raro”, de esos que solo se leen en la literatura médica. Lo que sí había era desconocimiento.

Hoy Belén tiene siete años, cursa segundo de primaria y es una de los cerca de 14 niños que tienen piel de mariposa en Bolivia, aunque el número podría ser mayor por los casos no reportados. En el mundo la prevalencia de la enfermedad es baja, se estima que la incidencia es de 15 a 19 bebés afectados por cada millón de nacimientos, según datos de la Organización Internacional de apoyo para los pacientes con epidermólisis bullosa EB (Debra). 

 Junto a su madre, como esos equipos perfectos capaces de remontar los resultados más adversos, vencieron capítulos dolorosos del mal que se manifiesta con heridas parecidas a quemaduras, y ahora ellas, junto a otros padres de niños con EB, tienen dos metas más por alcanzar.

Primero: que la gente sepa que la enfermedad no es contagiosa, es uno de los prejuicios que no termina de desaparecer. Las ampollas y heridas solo necesitan ser curadas para calmar el dolor y principalmente para evitar infecciones que pueden derivar en complicaciones. Esas miradas de espanto no ayudaron en nada, ni a Belén, ni a su madre. 

“Algunos niños quieren jugar con ella en el parque y sus mamás les dicen ‘no, no te acerques, te vas a contagiar’ y eso nos hace sentir mal, porque no es así”, relata Rocío. Segundo: buscan el reconocimiento de la enfermedad, que se divide en tres grupos (EB Simple, EB Juntural, EB Distrófica), para la obtención del carnet de persona con discapacidad.

Anahí y Belén han superado momentos muy difíciles gracias a lo unidas que son

“Los niños con EB van a vivir con esta enfermedad hasta que sean grandes, entonces no van a poder hacer muchas cosas que hacen los otros adultos, y ese apoyo que se recibe por el carnet para nosotros es importante, ya que tenemos muchos gastos por las pomadas que hay que traerlas de Estados Unidos”.

Belén disfruta de un chocolate y una sopa de maní en el almuerzo, le gustan las matemáticas, pintar y subir al columpio, pero evita el resbalín para no tener nuevas ampollas por la fricción de la bajada. Cuando habla sobre sus pasatiempos, su primer diente permanente, de esos que se ven grandes con relación al rostro que aún no termina de crecer, llama la atención. Y Rocío, su madre con 24 años, además de ser parvularia, habla como doctora especialista, farmacéutica y activista. Ambas graban videos juntas, tienen su página en Facebook y TikTok.

“Ellos pueden integrarse a la sociedad, pueden adaptarse al tema de la escolaridad perfectamente porque cognitivamente no tienen ningún problema”, menciona Anahí Kampour, encargada de la Organización Piel de Mariposa Bolivia. Desde 2017, Anahí junto a Renato Espada, su esposo, empezaron una tarea detectivesca: contactar a otros padres de niños con EB.

“Tenemos un hijo de seis años con la enfermedad, lo que nos llevó a crear esta organización y buscar en todo el país a otros pacientes. Comenzamos brindando información, y con el tiempo fue creciendo el apoyo económico que recibimos para comprar cremas y pomadas que no hay en Bolivia”, explica Anahí.

La fragilidad de la piel en los niños con EB, como las alas de una mariposa, obliga a proteger con vendas las zonas más expuestas como codos, rodillas o tobillos, pero las heridas y ampollas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, incluso en los párpados internos y la faringe, lo que dificulta una buena alimentación.

“Nos ha tocado vivir a nosotros también, como padres, el rechazo de instituciones, colegios que no quieren aceptar a nuestros niños porque no saben de qué se trata la enfermedad, se asustan y piensan que quizá puede traerle problemas con los demás niños y padres. Algunos piensan que es hasta maltrato”, y nuevamente el desconocimiento duele entre las familias de los niños con EB.

“Nuestro objetivo es ir  encontrando más pacientes, y trabajar con hospitales para que al momento de que sospechen que un bebé pueda tener la enfermedad se contacten con nosotros, y así podamos enviar a doctores que tienen conocimiento sobre cómo tratar la enfermedad”, menciona Anahí.

Por ahora, el tratamiento consiste en aliviar los síntomas para una mejor calidad de vida de los niños. Eso mientras se realizan investigaciones para encontrar una cura a la piel de mariposa.

“Soy una niña valiente, y cuando sea grande seré veterinaria, chef, peluquera”, dice sonriente Belén con la entereza de vivir.

FOTOS: MARÍA NOEL ANGLARILL Y PROIDEAS

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‘Pitín’ Gómez, el camaleón

Tiene 50 obras de teatro y 20 filmes a sus espaldas. Fue futbolista y es un motoquero feliz. Es un hombre de izquierdas. Tiene el corazón de mantequilla y la sangre caliente

Gómez en su más reciente obra, Wajtacha

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:39

Cuando Raúl Ángel Humberto Gómez Melazzini —más conocido como “Pitín”— se apunta por primera vez a un taller de teatro, su padre dispara a quemarropa: “No quiero un hijo maricón”. A inicios de los turbulentos años setenta, el joven Gómez se debate entre el fútbol, el teatro y el compromiso político. Gusta de sacar la pelota desde atrás como un recio/técnico número dos del Olympic de San Pedro, se ha apuntado al Taller Nacional Popular del maestro Eduardo Cassis (“muy amanerado”, para mi viejo) y lamenta ser demasiado joven para unirse a la guerrilla de Teoponte. Quiere seguir la estela de su primo José Arce Paravicini, “Pedrito”, el doctor de la UMSA, asesinado junto a Benjo Cruz, “Casiano”; quiere ser como el “Che” Guevara.

Su progenitor, don Raúl Gómez Lasarte (que aún vive, en Madrid, con 94 años) le pone contra la pared: “Tienes que estudiar una carrera”. La respuesta del hijo homónimo no se deja esperar: “Quiero ser mecánico y corredor como mi primo, Armando Paravicini”. El padre remata: “No quiero otro ‘uñas negras’ en la familia”. A “Pitín” le dicen así porque cuando vivía en Buenos Aires, con cuatro años y sus travesuras, su hermana le decía “Pillín” o “Pishin” en “argentino”. Va a ser un rebelde (con causa) toda su vida. Es tan “contreras” que se hace bolivarista porque toda su familia es del club The Strongest. “Soy la oveja celeste”.

La vena artística le viene de lejos y tiene su peso en el árbol genealógico. Su abuelo Humberto Melazzini —un italiano del Piamonte— es un panadero cuyo mejor pan se amasa entre guitarra y bohemia por las calles de Sucre. La escultura de fierro de una guitarra que adorna el “hall” de su casa es de su primo Ramiro Luján Melazzini, de la familia de Emiliano Luján. La hija del panadero, Isabel Melazzini Paravicini, buena bailarina, enamoró de joven con el mismísimo Lorgio Vaca, allá por los años 50. Un cuadro del gran muralista cruceño cuelga hoy en el “living” de la casa materna de “Pitín” en Miraflores. La dedicatoria (“de Lorgio para Isabella, con todo cariño”) fue borrada —con una nube blanca— hace muchos años por el que más tarde sería el esposo, también pintor de acuarelas y arquitecto reconocido. Los celos siempre lo estropean todo.

En la primera obra de teatro que actúa, “Pitín” hace de vasallo mudo junto a la gran Beatriz de la Parra en Edipo Rey (1972). No se callará nunca más. Dos años más tarde, participa en la fundación del Teatro Experimental de La Salle y sube a escena para dar vida a un apóstol en El sacrificio de Julio de la Vega. Entonces, el padre toma cartas en el asunto y manda al hijo con 18 años a estudiar a Madrid, internado en un colegio de la capital española. Pero el amor es más fuerte y “Pitín” descuelga su maleta de la habitación atada a una sábana y escapa por la puerta principal. “Voy a dar una vuelta”, dice. Y la vuelta lo arrastra hasta Sevilla.

El artista en una foto de archivo de un ensayo

En la capital andaluza va a vivir en el barrio del Real Betis Balompié, en Heliópolis; va a cantar por los tablaos zambas, cuecas y baladas (como A desalambrar de Daniel Viglietti y Para el pueblo lo que es del pueblo de Piero); va a comprar un modesto auto (un Simca 1.000); y va a recorrer toda Anda lucía y parte de Marruecos cuando este país era la meca de la “Generación Beat” aficionada al hachis del Rif.

Antes, ha invertido parte de sus ahorros (300 dólares) en la compra de una hermosa guitarra a un luthierde Madrid. “Mi española, invicta, todavía me acompaña”. En Sevilla, por fin, se pone a estudiar Arquitectura. Pero el destape de la transición española es más fuerte y las canciones de Lole y Manuel, también. “Pitín”, de excelsa memoria, canta para mí medio siglo después, una canción del famoso dúo gitano: “el sol, joven y fuerte, ha venci’o a la luna, que se aleja impotente del campo de batalla. La lu’ vence tinieblas por campiñas lejanas. El aire vuela pa’ nuevo. El pueblo se despereza. Ha llega’o la mañana”.

Eran nuevos y felices días. “¿Cómo haces para tener esa memoria prodigiosa de elefante?, pregunto. “Es una cuestión de método: Cassis nos decía que hay que grabarse la letra y marcarla con el movimiento y especialmente familiarizarte con el personaje, identificarte con el texto, no solo con tu parte o el pie que da paso sino con toda la obra, ahí está el secreto: formar el personaje fuera del texto. Castelo decía también: a letra sabida, no hay mal actor”. A finales de los setenta, amartelado por la nostalgia y los deseos de su madre, “Pitín” vuelve a Bolivia. En La Paz se disfraza (se pone peluca) para poder actuar sin ser reconocido por su padre en peñas como Los Escudos. Muchos años después todavía se va a subir a un escenario para tocar la “viola” (la Gibson electroacústica es su gringa, “más dulce que mi Fender”) con su banda actual Los Locotos.

La naturaleza camaleónica de actor también viene de lejos. “¿Este eres tú?” es la pregunta recurrente del periodista mientras el actor muestra una foto tras otra foto de sus trabajos en cine y teatro. En una de ellas, “Pitín” se esconde tras la máscara del Guasón (en el corto de 2013 La caída). “Si después de una película u obra, el público no me reconoce, para mí ese es el mejor aplauso”.

Con el director de cine Jorge Sanjinés

El grupo que forma nada más volver de las Españas tiene nombre futurista: se llama Formación 2.000 y toca temas de Vox Dei, folklore boliviano y rock. En 1979 se apunta a otra escuela de teatro, esta vez es la de Daniel Del Castelo, un argentino, con el que trabaja en la teleserie Bajo el mismo techode canal 7. “Todos los domingos a las ocho de la noche, la cita era sagrada delante del televisor, toda la familia”. Ahí está “Pitín” dentro de la “caja tonta” junto a Antonio Caro, Norma Merlo, María Elena Alcoreza, Lucy Tapia y René Jait, entre otros.

Dos años más tarde se casa con Esperanza Téllez. Ella le anima a ingresar al Taller de la Alianza Francesa, un impulso definitivo para su carrera actoral. Así llegan El marqués de Sadecon Fernando Illanes, Malena Orías y Walter Solón Romero; Las hermanasdonde hace de Billy, el niño; y Embrujo. Son los maravillosos años ochenta cuando se volteaba taquilla en el Teatro Municipal y la Casa de la Cultura; matiné, tanda y noche.

Entonces, en 1986, llega a la ciudad un uruguayo a dar un curso. Es Carlos Aguilera y todo va a cambiar. Se terminan las obras con tres actos y dos intermedios para comer “jadocks” en la cafetería. Don Celso Peñaranda, cuya familia regente el local del Teatro Municipal, va a renegar mucho. “Todavía me acuerdo que don Celso nos daba un ‘kaj’ de singani para entrar en escena y perder el miedo”. Con el uruguayo, todos se olvidan de aquellos mandamientos intocables: no darás la espalda al público, respetarás el proscenio por encima de todas las cosas, vocalizarás con un lápiz entre los dientes para modular la voz, te atarás las manos para no gesticular en exceso… Con el uruguayo Aguilera pasa de llamarse artísticamente “Raúl Gómez” a “Pitín Gómez”. El maestro oriental tenía un nombre aún mejor: “Pitín Melazzini”. “¿Te imaginas el enojo de mi viejo si me quito su apellido?”, se pregunta en medio de una carcajada de “Joker”.

“Pitín” no suelta el pie del acelerador y forma parte del Elenco Estable del Teatro Municipal. El traje del señor diputado, Criolladas (con Néstor Peredo, Hugo Pozo y Carlos Sandalio), El Principito(con Andrés Canedo y su hijo), El señor de la rosa(con Mabel Ribera) son los éxitos del momento. El maestro Néstor Peredo le enseña a moverse sobre el escenario en diagonal, trazando una curva. Antes, se había juntado con su hermano del alma, David Mondacca, para formar El Juglar, un elenco que iba a interpretar los textos (¿Conoce usted la vía láctea?y El zoológico de crista de Tennessee Williams) que publicaban en la revista de Líber Forti, Nuevos Horizontes.

‘Pitín’ Gómez con su perrita Chispita y su “española”

Para entonces, por fin, termina la carrera de Arquitectura y vuelve a Europa con una beca en restauración arquitectónica en Bélgica. Se vuelve a “escapar” y en Zurich (Suiza) forma parte de otro grupo teatral. A principios de los noventa, de regreso definitivo a la patria, continúa haciendo teleseries y publicidades. “Pitín” anuncia camisas Diplomatic y protagoniza los primeros spots para entidades bancarias como Mutual La Primera. “Todavía hoy alguna gente por la calle me reconoce y me llama ‘El Primerito’. Con Tota Arce hace El regreso de Margarita Ticona. Junto a Tatiana Mancilla, el camaleónico “Pitín” hace de Satuco, el diablo en persona. Con La guerra al cólerasalen fuera de los escenarios habituales y suben a El Alto.

En las dos décadas siguientes trabaja con Marta Monzón bajo la dirección de Carlos Cordero; con Maritza Wilde y “Cacho” Mendieta; con Antonio Eguino, Antonio Peredo y Marcos Loayza (en Desmemoriados). En esta última hace de guerrillero. Hace más cortos, más mediometrajes (con su recordado Luis “Pájaro” Mérida), más largometrajes (con Paolo Agazzi en El atraco, con Juan Carlos Valdivia en American Visa, con el propio Loayza en El corazón de Jesús, con Eguino en Los Andes no creen en Dios, con Sanjinés en Juana Azurduy, con Soderbergh en Che, guerrilla, con Rodrigo Ayala en Día de boda, con los hermanos Benavides en Engaño a primera vista, con Óscar Salazar en Fuertes). No para porque la pasión no para.

Tampoco deja de manejar moto —una Yamaha Virago 1100— porque se siente libre. “Es mi independencia, es estar conmigo mismo en la carretera”. La última escapadita junto a su grupo Los Paseanderos ha sido hace unas semanas, hasta Yolosita en Los Yungas.

Hace poco ha dejado de jugar fútbol cinco por una lesión pero todavía se acuerda cuando compartía cancha con el actual presidente, Luis Arce. “Dice Lucho que su afición es por el baloncesto pero yo he compartido cancha, en la Méndez Arcos, con él cuando era arquero, vestía de amarillo y tenía en la camiseta una hoz, un martillo y el rostro del Che”.

Actuando en la película American visa

“Pitín”, a estas alturas, ya es un actor de los mil y un rostros. Tiene medio centenar de obras de teatro a sus espaldas y es uno de los secundarios de lujo de nuestro cine. En este mes de noviembre estrena Esperar en el lago de Okie Cárdenas (su largo número 20) y hace unas semanas ha participado en el elenco de Wajtacha, la sorpresa teatral del año. En la primera hace de Eugenio, un profesor con su guitarra al hombro y en la segunda es un cínico empresario minero.

No deja de ser paradójico que sus mejores papeles hayan sido militares, curas (en Unay) y jefes, todos cuadrados. Dice que siempre tuvo la “percha” para esos papeles. Y se acuerda que de changuito su padre le obligaba a cargar escombros en la volqueta de la empresa. Algo habrá que agradecerle al viejo, pienso. “Me considero un hombre de izquierdas, con ética, formado por el ELN, así moriré, he pagado a veces, he perdido amigos y trabajos porque me han dicho zurdo pero no tengo problemas para dar vida a personajes antagónicos a mí. Solo pongo una condición: no voy a hacer mejor persona a un Banzer, a un García Meza, no voy a poner de mi parte para que la gente vea bien a un tipo que ha sido un hijo de puta y ahora quiere ser recordado como un buenito. No podría hacer nunca de un Che asesino y malvado”. Hasta el color del sofá de “Pitín” es rojo.

“Trato siempre de darlo todo, de entregarme, de desdoblarme. Cuando me concentro en mi rol pierdo el sentido de la realidad”. Será por eso que “Pitín” se considera un ser de energía. “En mi familia ha habido católicos, protestantes, agnósticos, ateos… Yo soy energético. Cuando nacemos nos cortan el cordón umbilical y perdemos esa energía pura y blanca pero luego puedes crear esa energía, ese aura, pues está en todo lado. Hay dos tipos de personas: los de sangre caliente y los de sangre fría. Mi corazón es de mantequilla pero mi sangre es caliente”, dice.

Este cuento (de vida) termina donde empezó. En el mismo lugar. Con los mismos personajes. Vemos a un padre y a un hijo. Han pasado 50 años de la primera escena. ¿Se acuerdan? Esa donde un padre grita y dice: “No quiero un hijo maricón”. Don Raúl Gómez Lasarte está de visita anual a Bolivia. Se aloja en la casa del hijo, ahora connotado actor. “Pitín” ensaya con compañeros y compañeras en el “living” de su casa. Son las ocho de la “matina” y hace frío. El viejo se despierta y ve la escena.  En la noche, con su infaltable whisky en la mano a pesar de sus casi noventa años, don Raúl aprovecha para terminar una conversación iniciada hace más de medio siglo: “Te admiro, hijo, has hecho lo que has querido hacer y lo has hecho con mucha pasión y dedicación. Te respeto y te felicito”. El círculo se ha cerrado. El teatro es más fuerte. Y “Pitín”, también. De la “nube blanca” en el cuadro del gran Lorgio Vaca se hablará otro día.

FOTOS: RICARDO BAJO Y ARCHIVO DE ‘PITÍN’ GÓMEZ

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Star Wars 1.0

Cinco clubes paceños montaron una muestra en el museo Tambo Quirquincho en la que exhiben sus piezas de colección

Más de 1500 piezas miniatura que retratan el universo ficticio

Por María José Richter

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:31

No fue en una galaxia muy muy lejana, sino un día de 1999 en La Paz. Se reunieron tres amigos que compartían una obsesión: la serie de películas de Star Wars. Mauricio Céspedes, Samuel Estrugo y Hemer Estrugo, fanáticos todos de La Guerra de las Galaxias, decidieron ese año —durante la charla que tuvieron en aquel momento en el living de la casa de los hermanos— fundar el club de fans más grande en el país en torno al universo de ficción concebido por George Lucas en la década de 1970.

“Los tres fueron invitando a amigos a participar, luego se presentaron en una radio donde lo hicieron público y así fue creciendo el Star Wars Fan Club”, cuenta José Antonio Gómez, presidente del grupo. Inmediatamente, el club decidió proponer actividades. “Se realizó en ese mismo año la primera convención en La Paz para la película Episodio uno: La amenaza fantasma. Al finalizar se realizó una convención cada dos años aproximadamente, antes de cada filme”.

Hasta el momento celebraron cinco convenciones y dos exposiciones dedicadas a los spin-off de la saga. “El objetivo era explicar la temporalidad de las películas y orientar a la gente sobre el momento en que se sitúa cada material”, dice Gómez. Fueron, además, creando diálogo con otros clubes de la región. “Hemos participado en eventos no solo de otros departamentos, sino también fuera del país. Estuvimos varias veces en Estados Unidos y tenemos contacto con grupos internacionales de forma constante”, indica Wilson Vargas, vicepresidente del club.

LA GRÁFICA

El público paceño durante la exposición que estará abierta hasta fin de mes. Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

Foto: Rodwy Cazón

En La Paz, sede en la que surgen los diálogos de los fanáticos, se celebran las reuniones mensuales. “Festejamos algo cada mes, es la costumbre. Por ejemplo, la reunión de Halloween, de Navidad o de San Juan. Los meses que no hay una festividad como tal, la creamos”, comenta Gómez. “Tenemos un Yokeko, nuestra versión de Alasitas. Preparamos un Yoda vestido de Ekeko y lo rifamos entre todos los participantes, lo ch’allamos. Desde hace 10 años hacemos esto y así cada año hay un nuevo Yokeko, cada uno distinto al anterior, nunca se repiten”, añade Vargas.

Ambos socios, junto a otros de los clubes bolivianos dedicados a estos universos de ficción, participan en una exposición que reúne a colecciones, juegos y todo lo referido a las películas. La muestra Star Wars 1.0 está montada en el museo Tambo Quirquincho, ubicado en la plaza Alonso Mendoza, y permanecerá hasta el 27 de noviembre. Puede ser visitada de martes a viernes de 09.00 a 12.30 y de 15.00 a 19.00 y los sábados de 09.00 a 16.00.

“Realizamos ya eventos previos de este tipo en la Biblioteca Municipal de La Paz y en la Casa de la Cultura. Me invitaron para replicarla en el museo y decidí llamar a otros clubes para que nos acompañen, sobre todo al Star Wars Fan Club. Somos en total cinco grupos participantes: La Cantina de Mos Eisley, Star Wars Fan Club Bolivia, la Jedi Academy, Star Wars Collector Bolivia y nosotros”, explica Gary Gallardo, que forma parte del Club de Lectura Star Wars Bolivia. El mundo ficticio se despliega en cinco salas. “En ellas hay diferentes artículos de colección, juguetes y figuras. Por ejemplo, en la sala tres hay figuras micro de uno o dos centímetros de los personajes, alrededor de 1.500 piezas. También hay dioramas. (maquetas de escenas) y se las puede recrear junto a muñecos”, añade. Otra de las salas expone el trabajo de un escultor boliviano, quien hace todo un trabajo con Poxilina y otros materiales creativos. Sus piezas miden unas seis pulgadas.

La planta baja reúne los stands de los diversos clubes que comparten su información para que los seguidores paceños formen parte o adquieran el merchandising de la saga. “Ya hemos abierto las inscripciones al club. Hemos trabajado vía Zoom durante la pandemia y ahora volvemos a las reuniones en las casas de los integrantessocios. La inscripción al club cuesta 50 bolivianos. El único requisito es ser fanático de Star Wars”, acota Gómez, quien, junto a todo los miembros, ya trabaja en la sexta convención que se celebrará en 2022 de forma presencial.

Esta exhibición, que tendrá cada sábado una actividad distinta, surge del afán de juntar a los apasionados por un mismo tema. “Como Star Wars es parte de la cultura popular tanto de adultos como de jóvenes y niños, y de la globalización, el museo quiere fomentar su expansión en La Paz. Nosotros como clubes tenemos el objetivo de dar a conocer la historia de las películas, el mundo que se esconde detrás y reunirnos también entre fanáticos”, concluye Gallardo.

Cada una de las piezas que se instala en su sala correspondiente replica una escena de una historia que empezó en 1977 con la primera película Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza y que casi cinco décadas más tarde sigue configurando el imaginario de la población mundial, aquel que cuando se habla de ficción y otras realidades imagina a Darth Vader, Skywalker, ObiWan Kenobi y un sinfín de personajes.

FOTOS: RODWY CAZÓN

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Otra Santa Cruz

No vayas a tocar a Santa Cruz, hermano, es un momento difícil, no va a ir nadies”, me decía mi amigo Rixi preocupado por la situashón

Por El Papirri

/ 22 de noviembre de 2021 / 11:25

CH’ENKO TOTAL

No vayas a tocar a Santa Cruz, hermano, es un momento difícil, no va a ir nadies”, me decía mi amigo Rixi preocupado por la situashón. El Centro de la Cultura Plurinacional me había invitado a dar un concierto el 6 de noviembre, con presupuesto mínimo, por lo tanto iba yo y mi guitarringa. “El CCP tiene un teatro de cámara muy bonito, bien equipado, multifuncional, con 100 butacas”, me informaba Pablo, eficiente servidor cultural. “Sin embargo, hay demanda, llamadas diarias, es posible que saquemos el escenario al patio, creemos vendrán más de 100 personas”, se entusiasmaba. Empezaron los ensayos conmigo para montar el unipersonal, en el camino me di cuenta de que había compuesto tres taquiraris en diferentes épocas, siempre me gustó el taquirari, desde niño este género era parte del repertorio del Conjunto Guitarras que dirigía mamá.

Sin embargo, tocar solo con mi guitarringa en territorio cruceño generaba cierta tensión, había trabajado en la década de los ‘90 con un trío en el Tapecuá, un bar restaurante cuyos clientes eran de tener, carito el trago y la comida, eran conciertos duros, llegar al cruceño blancón “cívico” no era fácil. Recuerdo un trío histórico, Wladimir Morales en el bajo, Carlos Salazar en batería y El Papirri. Linda época, el periódico El Deber nos quería, publicaba las crónicas del Papirri, todo empezó a podrirse hacia el 2005 por el tema político. Fue una noche de emergencias cruceñas que compuse el taquirari Enay puej en un hotel, para lanzar puentes, la canción trata del migrante colla que pone su tiendita en el oriente, le conquista el corazón a una damita de Porongo, vendedora del mercado, se enamoran y nace la familia camba colla o colla camba, como quiera su mercé. La estrené en el boliche aquel sin pena ni gloria, sin puentes ni nada, era una historia de pobres. Luego en 2008 compuse el Taquirari para Gladys Moreno, pero ya no toqué más en Santa Cruz. En Quito nació No quiero perderte, un taquibossa, que me gusta bastante. Esto del taquibossa nació en mí, en realidad, en 1993, cuando compuse Carnaval taquibossa dedicado a Fernando Jiménez, el Huevo, un gran zampoñero, lo grabamos juntos en el disco Bien le cascaremosretornando de Japón. El taquirari y la bossa nova unidos, tejidos en interculturalidad, seguramente articulados por los aires del Amazonas.

Entonces aterricé en Santa Cruz, la humedad me dio un sopapo y para colmo se me ocurrió complicar la estadía realizando un par de entrevistas para mi programa de tele Ch’utis, que va por Abya Yala Tv los sábados a las 19.00. Un amigo me ayudó con las cámaras, pude realizar una entrevista con el gran muralista Lorgio Vaca, quien me recibió un viernes en la mañana con su hermosa sonrisa en su taller repleto de árboles y luz, pero esto merece una crónica aparte. El sábado, día del concierto, logré hacer una entrevista en la mañana con Edson Hurtado, escritor, poeta y comunicador, además de director del CCP, súper entrevista que también merece otra crónica.

Volviendo al concierto, convencí a la gente del CCP de hacerlo adentro, en el teatro: muy buena decisión. La prueba de sonido fue rápida, mi guitarra la Sevillana sonó muy segura en sala. Las dos semanas anteriores, en los ensayos, había cambiado cinco veces el programa. Fue así que a las 19.00 había cola en el CCP para ingresar a mi concierto, descubrí un público cruceño diferente, otra Santa Cruz, un territorio mestizo de migración. Hacía fila para ingresar al concierto del Papirri y su guitarringa un papá nacido en Potosí, bancario, con el hijo quinceañero cruceño: ambos del Tigre… La señora paceña casada con el señor de Vallegrande recordaba a sus hijos, ahora migrantes en España, en la canción Qué tal metal. El repertorio fluyó muy bien, ciertamente eran 100 personas bien sentaditas, todo en su lugar, la oscuridad del teatro, sus luces, la solemnidad del escenario, el sonido pulcro, público atento y yo sin tragos. Fue uno de los mejores últimos conciertos, disfruté mucho escuchar mi guitarra sin tanto alboroto de músicos, hasta  leí un par de crónicas, la Historia de Maribel transcurrió virtuosa y enérgica con guitarringa, al final de la primera parte hice dos pistas con Camote y Ch’utis, haciendo bailar a la gente. En el intermedio, me quedé en el hall a firmar discos, grave error el no sentarme, fueron más de 40 minutos parado firmando libros y discos, sacándome fotos con un público cariñoso, piel morena, piel zanahoria, ojitos de guapurú. En la segunda parte, el público solicitó las canciones que fui tocando, Hasta ahurita, Enay puej fueron pedidas por la gente, esta bella gente que une a Bolivia quizá sin darse cuenta, con el amor del diario vivir, levantando sus familias mix con sus wawitas: Chairo y Cuñapé. Esa Bolivia plurimultituttifrutti que soñamos florezca estable y constante, esa otra Santa Cruz sin racismos, sin complejos, sin intereses, sin terratenientes, una tierra camba de amor e integración de verdad. Gracias, público cruceño. Volveré prontito. Pa’ su verdá.

(*) El Papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

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