jueves 5 ago 2021 | Actualizado a 13:01

Sayuri Loza: ‘La rebeldía viste pollera’

La historiadora y diseñadora paceña recoge críticamente el legado de sus padres, Remedios Loza y Carlos Palenque. Desde la ropa, y no la política, narra una historia de fuerza, amor y poder.

/ 9 de enero de 2019 / 04:00

Sayuri Loza (36 años) encuentra en los archivos de Radio Televisión Popular (RTP) una conexión atemporal con sus padres —Remedios Loza Alvarado y Carlos Palenque Avilés— y con el legado que ambos han dejado. Es por eso que su labor como  guardiana de la historia de este canal de televisión, antes radio, es su trabajo soñado. Al escucharlos y verlos reconoce que la unión de una “chola y un k’ara”, que se relacionan como iguales, es un salto muy importante para Bolivia.

“RTP es patrimonio nacional, de todos los bolivianos, no solo de los indígenas. En algún momento la semilla de lo que sería Condepa (Conciencia de Patria) soñó con la nación boliviana. En La tribuna libre del pueblo veías a dos aymaras y dos k’aras —Remedios, Carlos, Mónica Medina y Adolfo Paco— que se trataban por igual y eso es muy importante”.

Remedios y Carlos son la cara más dura y contradictoria de la realidad boliviana. Por un lado, el compadre no nació en una familia rica o con alguna importancia política, pero tenía la tez blanca. Eso hacía que su pasión por la música folklórica y las tradiciones indígenas llamaran mucho la atención. La curiosidad de Remedios la llevó a buscar a aquellos jóvenes que tanto la inspiraban con su música. Después, ya en el programa de radio, se les uniría como copresentadora.

“Él se enamoró del pueblo que lo seguía, que lo escuchaba. Ella, que formaba parte de ese pueblo, no dejó que los prejuicios la detuvieran y buscó conocerlos. La atracción siempre estuvo allí. Y creo que es lo mismo que nos pasa a los bolivianos, estamos enamorados unos de los otros, pero tenemos miedo”. Juntos rompieron esquemas y lo que sentían no fue un obstáculo, sino una puerta, explica Sayuri, mientras arregla los guantes negros que le cubren las manos.

En los días posteriores a la muerte de Remedios, que falleció el 18 de diciembre, los guantes le fueron muy útiles, porque se le hace difícil tener contacto físico con personas que no conoce, debido  al grado leve de autismo que sufre. Poco tiempo después de iniciar una conversación todo rastro de incomodidad se evapora, sin embargo, las exequias en honor a “la comadre” duraron varios días.

Para quien la sigue en las redes sociales queda claro que la ropa que utiliza es una manifestación de su intensa creatividad, que sintetiza herencias y rompe moldes, al mismo tiempo. Sayuri viste un traje de chola antigua, con unos toques góticos.

“Me molesta mucho que haya gente que piensa que las cholas no pueden o no deben usar tacones, o que no tienen un porte elegante”, por eso las botas tienen plataforma y taco alto.  Éstas las diseñó ella misma. Este conjunto no se inspira en el de la chola, sino en la capacidad que esta figura paceña tiene y tuvo para cambiar y apropiarse de lo que no es suyo, según su estilo y estética.

Una de sus grandes influencias es la cultura del siglo XIX y una idea que le robó al poeta cubano José Martí: “la aristocracia de espíritu, antes que la de la sangre”. El bastón, la chistera —en lugar del bombín— las flores en el cabello y los colores negro, blanco y rojo, despliegan un discurso intenso, como su mirada, que en este caso hablan directamente del poder.

Cada detalle, desde el color de las enaguas —que son blancas como solían llevarse hasta finales de 1900— hasta el número de pliegues o bastas  que lleva su pollera (que además no tiene forro, lo que la hace más liviana), tiene una razón. Y el conocimiento que tiene de la historia de este traje le permite moverse entre diferentes modas y épocas.

“La chola paceña está inspirada en cientos de trajes, es más, la pollera ni siquiera es europea, es de origen árabe. Es como las Naciones Unidas, se viste con todo, lo hay de Europa y más allá, lo adapta para sí, a lo que le gusta y le nace. El sombrero es inglés; las blusas, españolas, el mantón de manila, filipino. Las medias en algún momento fueron japonesas y los zapatos o botas, españoles”.

Y si bien su mamá fue siempre una chola tradicional, nunca la obligó a que siguiera ese camino. Otro elemento que marcó la relación entre ambas fue la reacción de Remedios ante el diagnóstico de los médicos sobre su hija: Sayuri tiene síndrome de Asperger. Durante la década de 1980, en Bolivia poco o nada se sabía sobre esta condición y los tratamientos tenían que ver sobre todo con medicación. Pero Loza vio que su hija se desarrollaba de forma normal, con ciertas torpezas o fijaciones, pero siempre respondió: “es inteligente y nunca le va a faltar nada, así que no hay necesidad de esos tratamientos”, según narra la historiadora.

Es por esto que cuando llegó el momento de cuidar a su madre, Sayuri no titubeó ni un momento. En su familia, el cáncer es un amargo compañero que ya se llevó a varios de sus miembros e incluso amenazó la vida de la hija de la comadre Remedios hace ya varios años, así que el camino a seguir ya había sido recorrido por ambas.

“Estuvimos juntas, como siempre, y le permití decidir qué quería hacer. Tomó la decisión más previsible: luchar. Es irónico, porque su diagnóstico fue tardío —no le gustaba ir al doctor porque creía que no le iba a dejar comer como le gustaba: picante y grasoso— a pesar de que en el programa siempre se recomendaba hacerse revisar pronto”.

Para quienes conocen a Sayuri, que Carlos Palenque sea su padre no es una sorpresa. Lo ha dicho siempre, sin ningún reparo. Solía visitarla de pequeña, muy seguido y fue pareja de Remedios hasta poco tiempo después de que ella naciera, en 1982. La política destruyó las familias que rodearon a este fenómeno político cuya imagen fue el músico paceño.

Sin embargo, el tiempo ha hecho que los lazos vuelvan a unirse. Tanto Mónica Medina como Jorge Luis Palenque estuvieron muy cerca de ambas. “Fueron muy unidas, pasaron una época muy dura donde les tocó compartir un pan o defenderse mutuamente. Ella es la mamá de mis hermanos y es de mi familia también”.

No hay ya restos de resentimiento en una de las historias familiares más importantes de Bolivia, por lo menos ahora que la política ha dejado de ser parte primordial de sus vidas. De “la comadre”, Sayuri aprendió a manejar con destreza sus manos, que elaboran mantas, sombreros, polleras, blusas y todo lo que su caprichosa imaginación demanda para hacerla feliz. Pero la dulzura y la capacidad de dar cariño solo pueden verlas aquellos que están más cerca de la diseñadora.

La influencia de Carlos tiene que ver con su amor por el conocimiento y por detalles fuera de lo común: “Aún recuerdo lo último que quería contarle antes de que dejara de venir a verme —que sucedió así, de la nada—, que los pulpos se comen sus tentáculos cuando ya no tienen nada qué comer: le hubiera encantado”.

Después de más de tres décadas el legado de sus padres le pesan menos y con decisión, Sayuri elige con qué quedarse y qué dejar de lado: de él, el escenario y la capacidad de mostrar quién fue; de ella la resistencia y la creatividad.

“De lo que quiero alejarme es del miedo que tuvo mi padre, de su incapacidad para dejar de lado todos los prejuicios que lo rodeaban, aunque sí rompió muchísimas barreras. Y de mi mamá, la resignación, el aceptar, por eso ahora soy yo la que pone las reglas”.

Comparte y opina:

Estados Unidos-Francia, la gran final por el oro olímpico en básquetbol

Francia venció a la Eslovenia 90-89 y Estados Unidos deoblegó a Australia 97-78 en las semifinales del torneo de basquetbol de Tokio 2020

Kevin Durant (izq.) y Nando De Colo, las estrellas de EEUU y Francia

Por AFP

/ 5 de agosto de 2021 / 09:47

TOKIO 2020

Francia venció a la Eslovenia de Luka Doncic (90-89) en las semifinales del torneo de básquetbol olímpico masculino, este jueves en Saitama, y desafiará en la final del sábado a Estados Unidos, a la que ya ganó en su primer partido de los Juegos. El “NBA” team se deshizo de Australia por 97-78.

Con una actuación coral de sus estrellas, Francia cerró el paso al deslumbrante Doncic, bien sujetado en defensa pero que logró un triple doble (16 puntos, 10 rebotes y í18 asistencias!).

El genio de Dallas Mavericks se une a un exclusivo club del que solo formaban parte el soviético Alexander Belov, que lo consiguió en Montreal-1976, y Lebron James, en Londres-2012.

Su mejor socio, Mike Tobey, se fue a los 23 puntos, mientras que Klemen Prepelic hizo 17.

Sin embargo, cansado y sin confianza por su mal porcentaje en los tiros (5/18), Doncic no lo intentó en los últimos minutos.   La responsabilidad de la acción decisiva recayó en Prepelic, que en una entrada a canasta tuvo la victoria. Pero Nicolas Batum le endosó un imponente tapón que vale asegurar una medalla para Francia.

En el mejor partido del torneo, Francia impuso su mayor profundidad de plantilla: Liderada por Nando De Colo (25 puntos) y Evan Fournier (23), con un capitán Batum sin peso en la anotación pero que protagonizó la acción que pasará a la historia.

Por el cuarto oro consecutivo

Estados Unidos peleará por su cuarto oro olímpico consecutivo en básquetbol masculino al clasificarse para la final y jugará el sábado por el oro con Francia.

Australia, que llegaba invicta al cruce de semifinales, se vuelve a quedar en esta ronda (cuarta en 1988, 1996, 2000 y 2016) y tendrá la ocasión de ganar su primera medalla en el partido por el tercer puesto.

Por el equipo norteamericano volvió a brillar su líder Kevin Durant, con 23 puntos. No estuvo acertado desde el triple, 2/7 pero firmó 9/12 en tiros de dos y se echó al equipo a la espalda en la remontada del tercer cuarto, tras ir perdiendo toda la primera parte.

«Creo que ellos querían tomar una ventaja rápido y provocarnos miedo, pero no caímos. En el partido anterior y en este volvimos en la segunda parte jugando bien. El entrenador eligió un buen esquema defensivo y tomamos impulso. Con gran energía y lucha logramos una buena ventaja», resumió Durant.

Le respaldaron Jrue Holiday, el más consistente de su equipo en el torneo (11 puntos, 8 rebotes y 8 asistencias) y Devin Booker, con su mejor partido en Tokio, en el que anotó 20 puntos.

Imparable en los primeros 15 minutos, Australia echó en falta una mejor actuación de Patty Mills, que finalizó con 15 puntos pero que no pudo aparecer en la reacción norteamericana. Dante Exum aportó 12 y Jock Landale 11.

Comparte y opina:

‘Ajayu’: historias, sanación y alquimia

Wara Vargas Lara presenta una instalación fotográfica en el Museo Nacional de Arte, en la que se conecta con la ritualidad andina

MEDICINA. Las imágenes retratan las hierbas ancestrales, una forma de cura

Por María José Richter

/ 1 de agosto de 2021 / 20:39

Amanece en el mercado y el sol caliente tiñe el cielo de azul. (…) Desde lejos, se huele el perfume del incienso y el fresco olor de las hierbas aromáticas expuestas por todas partes.

Las señoras venden sus medicinas y explican sus usos, sus propiedades, sus místicas y sus preparados mientras intercambian las plantas con los compradores. La gente busca de todo: un té de coca para la fatiga, la menta para el resfriado, una infusión de hierbas que espanta las malas energías; otros, un poco más lejos, arriesgan pedir algo para atraer el amor. Cada uno buscando sus formas de sanar, sea el cuerpo o el alma”, dice el texto de las curadoras de arte Gisela Volá y Maira Gamarra en el ingreso a la sala Diez de Medina del Museo Nacional de Arte (MNA), en la calle Socabaya de La Paz.

En el espacio se vive el resultado de lo que fue, en el proceso de su creación, un laboratorio de cianotipo, donde la alquimia fue protagonista. Se mezclaron plantas —ramas de romero, pizcas de manzanilla, ruda y tila—, se fusionaron dos químicos —ferricianuro de potasio y citrato de amonio férrico— y se entretejieron historias sobre las mujeres sanadoras vestidas con sus aguayos y dispuestas a ayudar a curar el alma y el cuerpo. Las imágenes azules que se ven al ingresar conforman la muestra Ajayu de Wara Vargas Lara, donde decenas de grandes negativos, plantas medicinales acomodadas en el ambiente y que desprenden su aroma, y un video sonoro de olas marinas ejercen de medicina y alivio.

“La fotógrafa se ha dedicado a investigar y a conocer a estas mujeres y su oficio. Ajayu es un homenaje a las sanadoras por su resistencia en mantener vivas las prácticas antiguas, por exaltar la comunión con los elementos, contemplar su esencia y los saberes naturales, reverenciar las voces de las que vinieron antes de nosotras. Es una celebración a la vida para que sus  labores reciban nuestra admiración, para que sus manos cuidadoras acepten nuestro agradecimiento y sus ojos reconozcan nuestro respeto “, continúa el texto.

La muestra, que estará disponible hasta el 9 de agosto, trata sobre la sanación “a través del retorno al verdor de plantas”, dice su autora. “Cada persona elige su proceso de sanación, lo cual es necesario en este tiempo que hay tanto luto en el país y en el mundo. Esta obra pone sobre la mesa el hecho de que todos tenemos un ritual sanador, ya sea comer chocolate, estar en cama o ver películas. En mi caso es el arte. Y, en el caso de los bolivianos durante la pandemia, ha sido el retorno a lo ancestral: hemos vuelto al acto de prevención, aquel de tomar mates y oler plantas”.

LA GRÁFICA

TÉCNICA. Vargas trabajó negativos de gran tamaño combinando materiales. Foto: Wara Vargas

MUESTRA. Se encuentra en la sala Diez de Medina del Museo Nacional de Arte (MNA). MUESTRA. Se encuentra en la sala Diez de Medina del Museo Nacional de Arte (MNA). Foto: Wara Vargas

Foto: Wara Vargas

Foto: Wara Vargas

Foto: Wara Vargas

Foto: Wara Vargas

Crónicas visuales

Técnicas de antaño y otras alternativas se utilizaron para Ajayu, un trabajo que es “resultado de una faceta más experimental”, cuenta Vargas, que inició el proceso de este proyecto en septiembre de 2020. “He creado negativos de hasta un metro por 60 centímetros, negativos de gran formato, que, previamente, hay que pintarlos en un cuarto oscuro. Cada obra es única, estuvieron expuestas al sol para que queden registradas. Empecé con seis fotografías y hoy tengo más de 80”.

Esta historia, la de las mujeres sanadoras siempre junto a sus plantas, es una más que se suma al lente que busca retratar la realidad boliviana. Vargas fotografió también a los integrantes de la Carpa de la Dictadura en La Paz —proyecto del que surge un libro testimonial—, participó en Hay ángeles entre nosotros, una serie de imágenes de personajes del Carnaval de Oruro capturados en su cotidianidad. Hoy trabaja sobre un retrato a una comunidad de personas ciegas en La Paz y su vida durante la pandemia del COVID-19.

Estos proyectos, como Ajayu, surgen de un afán personal: narrar la vida. “Es parte mía esta urgencia de querer contar historias, de buscar decir algo y retratarlo”. Esta inquietud se vio atendida, durante 15 años, por su profesión de fotoperiodista en medios como LA RAZÓN. “En mis proyectos he aprendido mucho sobre la historia de mi país, no porque no la sabía, sino porque conocer la realidad te hace más sensible. Si no hubiera sido fotoperiodista, no sé si sería la misma persona. Tantas cosas que uno ve de primera mano nos acercan a una realidad sin filtro y esto se refleja en las fotos: cuando de verdad se adentra en un tema, la imagen lo muestra”.

En esa búsqueda de adentrarse en las vivencias, personas y situaciones de su país, Vargas dejó hace dos años los medios periodísticos. Actualmente trabaja, en el marco de una beca de National Geographic y mientras recibe a la gente en su muestra Ajayu, en un proyecto sobre las parteras kallawayas.

Y antes de hacer cada disparo, siempre piensa en su pregunta pilar: “¿Por qué no contamos nuestras propias historias?”.

Comparte y opina:

REGALOS perfectos para el corazón

Abigail Yupanqui es una psicóloga y artesana autodidacta que escucha las historias de sus clientes para crear, a mano, estos productos personalizados

Por Adrián Paredes

/ 1 de agosto de 2021 / 20:30

En 2013 aún no había tantos emprendimientos que se apropiaran de la cultura popular para crear mercancías. Personajes como Batman o Spider-Man se veían en juguetes caros en alguna estantería especializada.

Virma Abigail Yupanqui Chávez lo notó gracias a sus sobrinos. Ellos querían decorar sus cuartos de tal manera que todo el mundo supiese que ser gamers era parte de quienes son. Y ella, de 24 años de edad en aquel entonces, pensó que siempre había sido buena con las manualidades y se animó a dedicar su tiempo libre a darles gusto con un regalo muy especial.

Mantas con sus personajes más queridos, almohadones en forma de mandos de Playstation, llaveros temáticos de sus juegos favoritos. Como tía, solo quería hacerles regalos con sus propias manos, pero pronto Yupanqui se encontró con un efecto dominó, donde todos los amiguitos de sus sobrinos, después de visitar el cuarto de éstos,  le pedían también productos inspirados en sus gustos y que reflejaran también sus identidades.

“Es un hobby. Me doy tiempo para hacerlo y no es algo que quisiera que me estrese, así que avanzo poco a poco, poniendo detalles, averiguando la historia detrás de las peticiones”, dice Yupanqui, psicóloga de profesión, quien hace cuatro años trabaja realizando apoyo psicológico y seguimiento a pacientes con cáncer.

“Se requiere mucho trabajo personal en estos casos, pero no importa el tiempo, uno nunca se acostumbra. El diagnóstico de cáncer es algo duro a nivel psicológico, social y espiritual. Incluso cuando les dan de alta, el miedo sigue. Pero no quiero hacerlo ver como algo fatal porque también es bien bonito ver cómo cada persona tiene sus propias herramientas de afrontamiento y asimilación, o sus redes de contención, de las que una persona puede sacar la fortaleza necesaria para afrontar este tipo de situaciones”.

Foto: Abigail Yupanqui

Tal vez ese trabajo influye en la forma en que Yupanqui trabaja un pedido: mientras pregunta detalles como el tamaño o los colores, la gente termina por contarle las motivaciones detrás de estas peticiones. “Hay una historia detrás de cada detalle, hay un motivo por el cual nos quedamos con ciertas características”, cuenta la creadora de Planeta Abi.

“Muchas veces me escriben personas que no saben qué regalar a su persona especial, entonces les voy preguntando qué creen que les gusta. Series, dibujos, qué los apasiona, sus gustos, sus colores… Entonces ahí se va personalizando el regalo. A lo largo de estos años he tenido pedidos para niños desde superhéroes, sus dibujos favoritos, también encargos relacionados con personas que aman su trabajo, reflejando sus profesiones, así como piezas relacionadas con el folklore”.

Con este emprendimiento, Yupanqui no solo ha creado almohadones, llaveros y portavasos personalizados con personajes de la cultura popular, también ha hecho cosas más íntimas como muñecos tejidos a mano que representan a mascotas que ya no están con la gente que las quiso, o incluso a personas, vestidas de una manera específica, como un tributo a quienes son o a un momento que alguna vez fueron y que quieren preservar.

El peluche de un perrito de tres patas que una familia amó con todo su corazón; el muñeco de un policía boliviano en su uniforme de gala; un caporal que Yupanqui decoró con esmero; incluso un muñeco del superhéroe de Marvel Pantera Negra que ayudó a un niño a lidiar con la muerte del actor Chadwick Boseman, fallecido de cáncer en 2020. Todos esos pedidos nacieron gracias a las historias que los clientes le contaron a la propietaria de Planeta Abi para que capture ese detalle especial y simbólico que existe detrás de cada regalo.

“En estos tiempos (por la pandemia) he recibido pedidos con una connotación súper fuerte en términos emocionales. Me pidieron un muñequito de una persona que había fallecido por COVID-19 y fue duro porque era mi amigo, entonces ha sido duro ver sus fotos, pues siempre las pido para sacar detalles específicos. El pensar que esta persona podrá, a través de este muñequito, tener a su ser amado fallecido más cerca o podrá recordar a una mascota que ya no está hace que yo ponga más cariño en el trabajo, porque sé lo especial que será. Es una forma, tal vez, hasta de ayudar a la persona con su duelo”.

Foto: Abigail Yupanqui

El hecho de ser psicóloga ayuda a Yupanqui a tener mayor empatía para recibir y contener la información que le dan. “Y también en ir más allá. En un regalo hay aspectos emocionales que se quieren expresar a través del producto. Conlleva muchas emociones, pensamientos y sentimientos. Recibir esta información requiere de empatía para entenderla y que lo que sea que pidan esté dentro de lo que van a regalar”, agrega esta artesana autodidacta de 32 años.

Para Yupanqui, la psicóloga, es importante conocer a fondo a las personas, sus relaciones, sus emociones, sus gustos y más detalles mientras habla con ellas para hacer los muñecos. Es bueno saber que, de alguna forma, mientras se dispersa, los ayuda.

“Sabemos que a muchas personas les cuesta, tal vez, decir en palabras lo que sienten o no se animan”, dice Yupanqui, la artesana, siempre pensando en cómo representar en la lana, tela, tazas o llaveros, esas cosas que solo alguien que de verdad quiere a una persona, un animal o un personaje notaría: un lunar en el cuello, un ojo más grande que el otro, una prenda favorita que permanece en la memoria.

“Cuando tengo un contacto súper cercano con las personas, me escriben; muchas veces me mandan videos o fotos de cómo reciben los regalos. He visto fotos y videos de niños abrazando a su Batman, o echándose sobre sus almohadones, pues hago seguimiento de cómo recibieron, si les gustó, qué les dijeron. A veces ni siquiera porque yo les pregunté, sino porque me cuentan. Tienen esa apertura conmigo”.

Para poder contarle una historia a Abigail Yupanqui y que ella la plasme en un muñeco, en un almohadón o incluso una taza, no hay más que buscar “Planeta Abi “en Facebook, escribirle la petición y ella se pondrá en contacto con el futuro cliente para poner manos a la obra y juntos crear un regalo especial, hecho con empatía.

MANO. Un posavasos de algún videojuego o un peluche de una mascota fallecida, todo está hecho a mano por esta artesana. Foto: Abigail Yupanqui

Comparte y opina:

Gastronomía boliviana para el mundo

Historia, recetas y fotografías de platillos nacionales en diferentes épocas se pueden ver en Wikipedia gracias a un concurso

PROYECTO. Bolivianos escribieron y capturaron bebidas y platos nacionales para conocer más sobre ellos

/ 1 de agosto de 2021 / 20:24

Más de 180 páginas que datan de 1776 cuentan los cruces entre la tradición culinaria europea y americana de aquel entonces. En el Libro de cocina de doña Josepha de Escurrechea —el recetario más antiguo del territorio boliviano— se nos presentan “recetas curiosas que podrán desempeñar al más lúcido y costoso banquete”, dice su preludio. El texto fue editado por vez primera en 1995 como La gastronomía en Potosí y Charcas, siglos XVIII y XIX: en torno a la historia de la cocina boliviana.

Estas páginas “tratan de un ejemplo único de la gastronomía potosina durante las últimas décadas de la época virreinal. Escrito a finales del siglo XVIII por Josepha de Escurrechea, dama de la alta sociedad charqueña, el texto retoma una larga tradición culinaria europea y americana, donde se mezclan sabores e ingredientes de distintas latitudes, y también da cuenta de los hábitos gastronómicos de aquel entonces”, cuenta la investigadora Kurmi Soto Velasco, primer lugar en la categoría Artículos del concurso Wiki Gastronomía Boliviana de Wikipedia y Wikimedia, sobre el recetario de antaño.

Wiki Gastronomía Boliviana es un concurso de fotografía y redacción de artículos sobre la riqueza gastronómica boliviana desarrollada entre marzo y mayo de 2021 con el propósito de ampliar el contenido sobre la gastronomía del país en las mencionadas plataformas mundiales. “Nuestra riqueza gastronómica no está del todo representada en Wikipedia y sus proyectos hermanos; con este concurso, quisimos lograr que esa riqueza gane más  notoriedad y representación en la enciclopedia libre”, comenta Carla Salazar Benavides, organizadora del certamen y parte de los wikimedistas bolivianos, encargados de aumentar el contenido sobre el país.

El concurso recibió más de 30 artículos y alrededor de 500 fotografías de participantes de diferentes puntos del país. El trabajo sobre el recetario es un texto particular, en el que se muestra que  la historia culinaria del país es una disciplina incipiente, novedosa y sugerente. “Estos recetarios iluminan su época y nos hablan no solo de su presente, sino también de su largo pasado. El caso de doña Josepha de Escurrechea se entiende a la luz de la labor política de su esposo, Joaquín José de Otondo Álvarez Monroy Quirós y Santelices, nombrado alcalde del cabildo de Potosí. Es en ese contexto que ella comienza a escribir su libro de recetas, en las que no solo menciona las formas de preparación, sino que también proporciona reglas de buen gusto. Así, el banquete ‘lucido y costoso’ que ella describe en sus páginas también es una ventana al Potosí de los ‘últimos días coloniales’. Doña Josepha, efectivamente, muere en los albores de la Independencia”, comenta Soto.

El recetario refleja también los contrastes de sabores que en el siglo XVIII predominaban. “El eje principal de este tipo de comidas barrocas es la alternancia entre dulce y salado para potenciar los contrastes. Sin embargo, a la hora de analizar los platos, es notoria la mezcla entre carnes, condimentos y perfumantes como el almizcle. Alrededor de esta cocina, heredada del medioevo peninsular e inspirada también en la cocina francesa, se crea del mismo modo una estética que nos habla de las sensibilidades de aquel entonces”, dice Soto, quien llega al libro a través de la edición de la investigadora Beatriz Rossells publicada en la década de los años 1990.

Un ágape narrado

Historias, antecedentes —muchos de ellos remontados a elementos consumidos en el siglo XVII—, variaciones, etimologías y descripciones detalladas de recetas  actuales también aparecen entre los artículos. Tal es el caso del artículo Ch’anqa de conejo del escritor Luis Carlos Sanabria Ledezma, segundo lugar en el concurso, y que decide escribir sobre este plato “porque sus ingredientes son todos prehispánicos y, aunque no sabemos desde cuándo se consume la ch’anqa como la conocemos, y esto pasa con muchas recetas”, señala.

La ch’anqa es “uno de los platos más arraigados a la identidad valluna, pero, por alguna razón, no es un plato que tenga gran popularidad. Quiero decir, es parte del menú consagrado de los grandes restaurantes, pero no es muy consumido por jóvenes”.

“En su crónica, Ramón Rocha Monroy señala que una buena ch’anqa tiene los ingredientes fresquísimos: un conejo joven apenas sacrificado y las verduras y hierbas recién recolectadas de la huerta. Esta imagen deja ver la importancia de la comida en Cochabamba, no en el sentido de una gran y refinada experiencia gastronómica de alta cocina, sino en lo más básico de lo social: compartir el alimento”.

Manjares y memoria

Dicen que la “cultura entra por los ojos” y esa línea siguió el concurso que también recibió imágenes. Es el caso de la fotografía del Mocochinchi de Yessel Nay Martínez, primer lugar en esta categoría. El durazno deshidratado y su estética sedujeron a su autor.

“Su durazno tiene una forma cambiante entre seca y húmeda que es visualmente interesante. Encontramos este refresco, además, en nuestros hogares y también al recorrer las calles de nuestro país, pero en muchos casos no tenemos un conocimiento amplio de los platos representativos de Bolivia, este es un pasito más para adentrarnos”.

Como la ch’anqa de conejo, una de las fotografías también capturó una particularidad de la capital gastronómica. Ivana Camargo Oña obtuvo el segundo lugar con una imagen del enrollado valluno. “Es uno de los platos estrella de Cochabamba y en algo que se diferencia de muchos es que es un plato frío y se sirve en la tarde. Su consumo rescata la tradición culinaria cochabambina de Lunes de Escabeche y de Enrollado, del cual nace, en mi caso, un emprendimiento familiar”.

El thayacha, un helado andino descrito como un aperitivo popular; el puré de achakana, típico de las regiones altiplánicas, hecho con leche de papas y un acompañante de la región como la llajua; la sopa de llullucha, receta tradicional de Potosí, donde tiene variantes como el katuchupe, son otros de los artículos hoy disponibles en Wikipedia que tejen la historia gastronómica nacional, configuran el imaginario boliviano, seducen a extranjeros y provocan ponerse a cocinar y a degustar estos manjares.

Fotos: La tartería.bo, Susana Catari, Iván Mamani, Restaurante Potokos, Yessel Nay (Cc-By-Sa-4.0)

Comparte y opina:

Ingredientes locales en la nueva carta de Hotel Marriot

El restaurante Toborochi ofrece pastas caseras secas y rellenas, además de cortes de carne

Por Hotel Marriott

/ 1 de agosto de 2021 / 20:18

El Restaurante Toborochi del Hotel Marriott Santa Cruz de la Sierra ha renovado completamente su menú. El concepto apunta a la cocina mediterránea e internacional, con ingredientes y productos locales.

“Lo que predomina en la nueva carta son la variedad de pastas secas y rellenas caseras, haciendo hincapié en que son elaboradas artesanalmente dentro de nuestra cocina. Predominan a su vez, arroces tales como risottos de diferentes opciones y acompañamientos con pato, con prosciutto, con mariscos y osobuco”, destaca Diego Soto, Executive Chef del hotel.

Foto: Hotel Marriott

Soto tiene una amplia trayectoria. Trabajó en prestigiosos hoteles como el Sheraton de Buenos Aires y atendió a personalidades como el expresidente de Estados Unidos Donald Trump y artistas como Luis Miguel.

Entre los entrantes destacan: langostinos crocantes, papines y cebolla confitada, chutney de piña y locoto, o una burrata cremosa, prosciutto, cebollas al vino tinto, tomates secos y pesto de albahaca con menta. Las ensaladas son salmón ahumado, hojas verdes, palmitos grillados, tomates cherries, maíz cancha y aderezo de queso alimonado con oliva.

Entre las pastas están: sorrentinos de salmón rosado y puerro; malfati de ricota y espinaca; raviolones de muzarella y albahaca y canelones de pollo y vegetales.

Foto: Hotel Marriott

Los platos especiales son el ojo de bife braseado, polenta cremosa con queso reggio, cebollas doradas, puerro frito y reducción de sus jugos y el salmón rosado con risotto nero de quinua, espinaca fresca, manteca de hierbas y queso agrio. En los cortes de carnes figuran: bife de chorizo, lomo, trucha, medio pollo marinado, matambre, salmón rosado y pechuga.

Finalmente, para el postre se ofrece el clásico chocotorta, crema montada y texturas de chocolate; mousse de queso alimonado con frutos rojos; crépes flambeados con licor de naranja y helado de crema americana y la créme brûlée de coco.

Comparte y opina:

Últimas Noticias