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Un día de perros

Fernando Kushner recorre las calles paceñas para alimentar a unos 1.500 perros callejeros.

/ 15 de marzo de 2020 / 20:31

Un recorrido con ‘Ferchy’ Kushner, quien dejó los lujos por alimentar todos los días a perros callejeros

El interior del minibús huele a pollo frito. Al respecto, su dueño cuenta que, de tanto estar adentro, es probable que se haya acostumbrado al olor, pues lo conduce todos los días para alimentar a sus queridos “hijos”: perros callejeros que habitan La Paz.

Patrick Fernando Kushner recuerda muy bien la fecha en que cambió su vida: 18 de mayo de 2015. Ese día salía de su clase de yoga y el destino hizo que un perro mestizo callejero —Choco— se le acercara cerca de las gradas de la iglesia de San Miguel, en la zona Sur paceña. “Primero movió la cola y después me lamió las manos”. En retribución le compró comida. “Ahí comenzó todo”.

Lo que comenzó como una rutina para ayudar a su amigo canino, al poco tiempo se convirtió en el motivo de su vida, pues todos los días despierta muy temprano para, a más tardar a las 06.45, salir con su vehículo y recorrer Bajo Següencoma, Alto Següencoma y Amor de Dios, principalmente, con el fin de dar de comer a los perros callejeros. Luego pasa por restaurantes para recoger restos de comida. Cerca del mediodía intenta responder los 6.000 mensajes de WhatsApp que le llegan de 193 grupos de animalistas de Bolivia, que le informan de animales perdidos o maltratados.

Además de ello, lee el correo electrónico y las demás redes sociales.

Son las 12.15 cuando sale nuevamente de su casa, esta vez para trabajar de voluntario en un hotel para perros. A las 14.00 otra vez está en San Miguel, al mando de su minibús Foton chino, con el que empieza a recolectar comida.

Ferchy viste una polera negra —que en el pecho lleva la leyenda: “Yo no necesito terapia. Necesito más tiempo con perros”—, unos jeans, unos tenis cómodos y gafas para soportar el sol del mediodía. “¿Te molesta el olor a pollo frito?”, pregunta. Hay que acostumbrarse.

La parte trasera de su coche solo tiene una fila de asientos, pues debe haber espacio para varias bolsas y al menos tres tachos llenos de huesos de pollo, mientras que, en un costado, hay un par de sacos con croquetas para perros.

El hecho de que el coche no tenga radio es una ventaja para Ferchy, porque le permite cavilar sobre muchas cosas.

“Si no llegamos a controlar la cantidad de perros en las ciudades, en poco tiempo tendremos más canes que humanos”, dice.

En la actualidad existen aproximadamente 2 millones de perros callejeros en el país, cantidad que puede crecer considerablemente si acaso no se conciencia a la población sobre la importancia de la adopción y esterilización, sostiene el ingeniero comercial que antes de conocer a Choco tenía éxito en su trabajo de relaciones públicas, puntos de venta y atención al cliente para empresas importantes como Bvlgari y Chanel. La vida le ofrecía viajes al exterior y una existencia muy cómoda, pero Fernando eligió cuidar a sus “hijos”.

Lo hace con la ayuda de un minibús, en el que puede transportar tachos con pollo frito.

Hay sol pleno y el tráfico está tranquilo en Achumani, donde el minibús amarillo con rojo se detiene frente a un restaurante. Ahí le esperan los ayudantes de cocina con un tacho lleno de huesos de pollo. También está Chicho, un perro comunitario —que tiene como dueños a los vecinos— que es el primero en ser alimentado.

Desde que comenzó su cruzada en favor de los animales ha conseguido apoyo de entidades financieras, telefónicas, embotelladoras y una aerolínea, que trasladó, de manera gratuita, a varios canes que fueron adoptados en otros departamentos.

“Si supieras la cantidad de gente que me insulta, no vas a creer; pero no es por lo que hago, sino porque el minibús tenía pintura común y corriente”. “¡Minibusero de mierda, apurá!”, le gritaron varias veces en la calle. Ahora es distinto. Con sus colores vistosos, mucha gente toca la bocina de sus coches para saludarlo.

El vehículo se detiene en Miraflores, donde se encuentra otro restaurante. A esa hora, el sol se ha transformado en una intensa lluvia, que por momentos se convierte en granizo. No interesa. Ferchy ha informado por WhatsApp que está en la puerta. De inmediato, un empleado llega con los ansiados restos de pollo frito.

Mientras su ruta le lleva a inmediaciones de la plaza Murillo comenta que el 69,8% de una ciudad ama a los animales, el 10% los odia, mientras que el resto es indiferente“Los políticos podrían ganar muchos puntos si hicieran algo en favor de ellos.

Nunca les ha importado porque los animales no votan, pero sí los dueños y los animalistas, como yo”. Revela que varios partidos políticos le propusieron para ser candidato. “No acepté porque no necesito ganar puntos con ellos (los políticos), sino con mis hijos, con los perros”.

En la avenida Kantutani, el animalista detiene el minibús dentro de un parque, donde una perra y sus hijos miran tímidamente. “Los he descubierto hace una semana. Se trata de cuatro pequeños y tres grandes.

Creo que en dos semanas se harán amigos míos”. La madre de los cachorros vence el temor para acercarse y pedir un pedazo de pollo, pero no se lo come, sino que se lo lleva a una de sus crías. Ferchy le da más huesos y se repite la historia. “Dios sabe si mañana van a comer, si habrá lluvia o frío, o mucho calor”.

Su labor, que no tiene feriados, implica mucho dinero. Por ejemplo, gasta más de Bs 3.000 en gasolina todos los meses, sin contar las croquetas y otros insumos. Por ello es que Fernando creó la Fundación Abril y Ariel —que hace referencia a sus dos sobrinos—, mediante la cual consigue fondos para motivar la adopción de perros callejeros, esterilizaciones y la construcción de un santuario para sus “hijos”.

El minibús vuelve a detenerse en Bajo Següencoma, donde trotan cadetes de la Policía. Ahí, dos perros que los acompañan reconocen el coche, se dan la vuelta y saludan a Ferchy, quien empieza a repartirles comida. Lo mismo pasa en Obrajes con Balú, Shaggy, Jonás y Negro.

“No voy a pelear con gente que no entiende qué es un ser vivo, porque si entendiéramos ello no tendríamos mendigos, niños o animales en las calles”. El recorrido diario —que lo lleva dos veces a la semana por Cota Cota, Carreras, Río Abajo y Llojeta— continúa con el que empezó esta historia: Choco, el perro mestizo de nueve años al que le agrada estar cerca de los jóvenes.

Está durmiendo en una jardinera. “Choco, ven. Vamos, Choco, vamos a comer. Ven”. Levanta su cabeza al mismo tiempo que abre los ojos. Se despereza y mueve la cola. Se acerca a su amigo de hace cinco años, le da un beso, recibe la comida y se va a un rincón.

Está anocheciendo. Ferchy se pone una chompa que tiene pelos y huele a pollo frito. “Es lo que hago todos los días. Tal vez ya me he acostumbrado y por eso no noto el olor”, dice este ser humano que asegura que dejará de ayudar solo cuando muera. “No hay otra manera”.

Fotos: Pedro Laguna

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La ‘Reina del Pop’ escribe y dirige una película sobre su vida

La cantante, que en mayo estuvo enferma de COVID-19, debutó como actriz en la película Buscando desesperadamente a Susan (1985).

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:21

Por AFP

Madonna, la Reina del Pop, anunció que se encuentra escribiendo un guion, junto a Diablo Cody (quien recibió un Oscar por Juno), para una película sobre su vida. La cinta estará dirigida por ella misma, informó Universal Pictures. “Quiero transmitir el increíble viaje en el cual me ha embarcado la vida como artista, como música, como bailarina, como ser humano tratando de hacerse un lugar en este mundo”, dijo la cantante en un comunicado. La cinta será producida por Amy Pascal, ganadora de tres premios de la Academia: Mujercitas, Los archivos del pentágono y El hombre araña: de regreso a casa, apunta la agencia AFP.

“El foco de este filme será siempre la música. La música me hace seguir adelante y el arte me mantiene viva. Hay tantas historias sin contar, inspiradoras, y quién mejor para contarlas que yo misma», afirmó la estrella. Universal hizo público su acuerdo con la cantante más vendida de todos los tiempos (335 millones de discos en todo el mundo), y destacó que en su carrera de cinco décadas Madonna «ha transformado nuestra comprensión del arte, de la sexualidad, el feminismo y el rol de las mujeres en el entretenimiento».

La cantante, que en mayo estuvo enferma de COVID-19, debutó como actriz en la película Buscando desesperadamente a Susan (1985). Siguieron actuaciones en Dick Tracy (1990) y Un equipo muy especial (1992). Ganó el Óscar a la Mejor Actriz por Evita en 1996. Madonna escribió y codirigió su primera película, W.E. (El romance del siglo en español) en 2011, que ganó el Oscar a la mejor canción. La película de Madonna llegaría a las pantallas en 2021, poco después de Rocketman (2019) sobre la vida del cantante británico Elton John, en la cual éste participó como productor.

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Reabren la cripta de Notre-Dame tras el incendio

Los visitantes podrán conocer los vestigios galo-romanos como restos de baños termales, ruinas de una muralla, la columna de los barqueros Pilier des Nautes descubierta en 1960.

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:19

Por AFP

Cerrada desde el incendio del año pasado, la cripta arqueológica bajo la explanada de Notre-Dame en París, Francia reabrió sus puertas al público con una exposición en homenaje a Víctor Hugo y a Eugène Viollet-Le-Duc, informó la agencia AFP. A causa del incendio del 15 de abril, fue necesario más de un año para completar los trabajos de limpieza y descontaminación del polvo de plomo que impregnó la explanada.

Los visitantes podrán conocer los vestigios galo-romanos como restos de baños termales, ruinas de una muralla, la columna de los barqueros Pilier des Nautes descubierta en 1960.

El museo espera que los turistas extranjeros vuelvan a frecuenta el lugar, que antes del desastre recibía aproximadamente a 170.000 visitantes por año.

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Noche paceña te quiero volver a ver

Los boliches culturales de la noche paceña agonizan. Históricos espacios como el Equinoccio se reinventan y sueñan con volver. Otros, como el Etno y La Luna, han echado el cerrojo. Todos piden un apoyo real de las autoridades

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:18

Cerrados. El escenario del Equinoccio, en el barrio de Sopocachi, se encuentra repleto de sillas y mesas apiladas

Por Ricardo Bajo

La noche paceña está muerta y abandonada; luce en silencio; vaga en pena. En los años 90 la noche no descendía de los cielos, bajaba por la calle Jaén, desde el Bocaisapo o el Etno, para tomar respiro en el Ojo de Agua o el Avesol y desembocar como río de alcoholes y humo en la cara oculta de La Luna, el Metrópolis, el Thelonious o el Equinoccio. Los boliches con música en directo y/o actividades culturales son patrimonio vivo de la ciudad, son pilar de la vida social y nocturna, dan seguridad a la noche y suman identidad. Pero hoy, en medio de la peste, lucen con las puertas trancadas y resisten como los viejos rockeros que nunca mueren. Uno de sus sacerdotes, Carlos Cox, sentencia: “La noche paceña no es ni joven ni vieja, he ahí el secreto de su longevidad”. ¿Cuál será la pócima secreta para resucitar? ¿Cómo sobreviven ahora? ¿Volverá para tragarnos y bebernos otra vez? Solo los navegantes de las obscuridades de la noche paceña (el poeta Jorge Campero dixit) tienen las respuestas.

El Etno acaba de anunciar su cierre hasta nuevo aviso. La Luna espera convaleciente y paciente mientras la tropa del Equise reinventa. Todos son espacios autogestionados, todos necesitan de su gente, de su público fiel para poder llegar a fin de mes y así pagar alquileres y sueldos. Unos hacen delivery, otros alquilan sus espacios y algunos organizan eventos digitales. La idea es la misma para todos: dejar de llevar la mano a la alcancía, si es que ésta todavía sobrevive. Rascan la olla, rasguñan las piedras.

La barra del Etno Café de la calle Jaén. Fotos: Ricardo Bajo H., La Luna Pub Music Bar y Pablo Alanes

Y la bohemia salió corriendo

El Etno sufrió su primera ráfaga de ametralladora en octubre y noviembre pasado. El centro de la ciudad se llenó de gases lacrimógenos y la calle Jaén se quedó sin oxígeno. Los gringos y los amantes del folklore escaparon de las peñas. La bohemia salió corriendo y rezando por la esquina de la Cruz Verde no sin antes persignarse ante las cenizas del eterno Bocaisapo y la leyenda de Don Cayo. El Etno logró resucitar y levantar cabeza en febrero. Entonces llegó el tiro mortal, inesperado y traicionero, por la espalda. Nadie sabía que iba a morir en marzo, nadie esperaba al maldito virus. Yumi Tapia y Pablo Alanes fueron durante 15 años los anfitriones de un boliche donde muchos fueron/fuimos felices. Cada vez que se cierra un boliche se van para siempre cien canciones, se esfuman mil “te quieros” y un millón de besos. En el Etno de Yumi se acullicaron sueños y nos embriagamos con ajenjo para estar más cerca de los dioses. En el Etno de Pablo se presentaron novelas, poemarios y libros de relatos (como aquel Warikasaya: cuentos stronguistas en el lejano 2008 junto al querido colega Franchesco Díaz Mariscal que tampoco ya está entre nosotros).

Yumi Tapia busca en el baúl de los recuerdos una solución para cuando pase el temblor. “Estamos contemplando todas las posibilidades para lograr mantener este espacio tan querido por todos y todas, se espera tener una solución, el optimismo y la buena onda siempre están ahí. Tras la pandemia, volveremos de la mano de nuestro equipo de trabajo más antiguo, quienes serán nuestros socios y socias, junto a nuestra gente. De momento toca usar los ahorros para cumplir con responsabilidades económicas, sociales, servicios, alquileres y otros gastos fijos mensuales. Nuestro personal también está viviendo de sus ahorros. Más de seis meses sin actividad es insostenible”.

Pablo Alanes no es tan optimista, cree que los tiempos están cambiando. Sin remisión, añadiría Bob Dylan. “No creo que haya una vuelta pospandemia, creo que la transición social y la coyuntura sociopolítica, no solo de Bolivia sino del mundo, nos debe poner más bien atentos a los nuevos tejidos entre culturas y pensamientos. Es sano darse cuenta que las cosas no volverán a ser las mismas, no estoy muy seguro que la gente vaya a salir como antes. El golpe económico ha sido y es fuerte en todo sentido. El público será más selectivo con los eventos y lugares a los que asistir”.

Los boliches culturales de la noche paceña no reclaman mucho, o sí. Todo lo que piden es un poco de respeto, añadiría Aretha Franklin. Comprensión, apoyo, un programa de ayudas a espacios que son necesarios para la ciudad, atención y contención: es el pliego petitorio de Pablo, de Yumi, de Martha y de tantos otros.

Martha Luciana Cárdenas lleva 30 años detrás de la barra de La Luna Pub Music Bar, en la calle Oruro esquina Murillo. Junto a Jorge Coco Cárdenas abrió una noche de verbena paceña de 1990. Hoy vislumbra la quiebra total y se acuerda de otros: “Somos uno de los sectores más afectados, implicamos directa o indirectamente a mucha más gente, desde las personas que recogen botellas, repartidores de refrescos, jugos, frutas congeladas, aguas, músicos, actores, sonidistas hasta las empresas de cerveza”. Por La Luna pasaron bandas míticas como Wara o Altiplano y Martha cree que —hasta la llegada de la vacuna— nunca más será como antes, “nadie pondrá en riesgo su salud por diversión”.

Carlitos Cox, “ex de mi ex, que es lo único que ex”, productor musical y antiguo “vocalista” del Ojo de Agua, sobrevive ahora en Tarija a base de pan, agua y vino, “para no morir del estupor”. Abrió otro bar a orillas del Guadalquivir y no cree en eso que muchos llaman pospandemia. “La Pachamama inició otro ciclo a partir de 2012 y nosotros seres que habitamos el llamado planeta Tierra, somos parte, para bien y para mal de ese enorme proceso enigmático y desconocido de reinventarnos en diferentes condiciones y escenarios. La gente es la gente, bien dice mi abuela Emma, el mal llamado público ‘consume’ y paga un dinerito y se beneficia de determinados servicios y emociones que generalmente ocurren por la noche. Ellos y también nosotros no hemos parado de buscar y encontrar formas de reunirnos. La gente no sale, busca encontrarse y vaya sorpresa, ahora para eso no es necesario salir de casa”, dice Cox, que solo clama por una cosa a las autoridades: “Que dejen de joder con los burocráticos y corruptos procedimientos para las mal llamadas ‘licencias de funcionamiento’; deberían llamarse ‘licencias de clausuramiento’”. Abrir un negocio en Bolivia es más complicado, moroso y engorroso (pano abusar de pioresexpresiones chapacas) que “jugar ajedrez sin tablero”.

Cox es de los que cree que es más fácil ser contrabandista que productor/promotor cultural de la noche, “y con eso ya he dicho todo y mucho de nuestra magra economía mediterránea, saqueada e infravalorada”. Pero cuando habla de la tribu nocherniega, brillan sus ojitos de nuevo y recobra la esperanza: “A nuestra maravillosa audiencia, solo podemos decirles muchas gracias, así, a los gritos y con mayúsculas. No hay público más sui géneris, cariñoso y tan fuera de los cánones industriales de una casi inexistente industria que el boliviano, que es también una tradición y un amor interno, una presencia íntima que nos consume, como la mágica presencia de nuestros abuelos bailando en una noche de fiesta envueltos en la cálida armonía de los músicos tocando en vivo”.

Carla Padilla, Laura Elizabeth Paredes, Wara Mariel Orosco, Jesús Arce, José Luis Fuentes, Diego Valdivia y Limberth Alarcón, a las puertas del Equinoccio, soñando con noches de rock otra vez. Fotos: Ricardo Bajo H., La Luna Pub Music Bar y Pablo Alanes

Por un Regreso De Película

Mientras la espera desespera, mientras la música en vivo para una audiencia viva se hace de rogar, otros, como el Equinoccio Live Music Bar, trata de reinventarse. El interior del boliche por donde pasaron estrellas del rock de acá y de allá luce irreconocible. El escenario con la “E” de reminiscencias obreras y con 27 años de vida sobre su espalda errante, está repleto de sillas y mesas apiladas. Puedo cantar la canción más triste esta noche. La tribuna popular se ha convertido en una sala de ensayos y sala de grabación llamada Studio Equinoccio. Y el pasillo de la barra — ¿quién no resbaló o tropezó ahí?— se asemeja a un túnel de castillo del terror. Limberth Limbo Alarcón sigue al pie del cañón y su muchachada continúa tocando como la orquesta del Titanic. El Equitiene también un servicio de reparto a domicilio llamado Food&Rock y ha lanzado al espacio la Equi-chela con etiqueta propia. También están embarcados en la misión streaming con varias bandas y un equipo de servicios de producción audiovisual.

Limbo se imagina en sus mejores noches de insomnio un regreso típico de película de Hollywood: “Veo a las personas en actitudes eufóricas, presurosas para un nuevo encuentro con amigos, con lugares. Veo un aire de celebración quebrando este letargo forzoso. Luego me despierto y me la imagino más difícil, por varios factores, pero sobre todo por el económico. Pero si suponemos una pospandemia con el bicho muerto y extinto por la vacunación, el panorama real puede ser tranquilamente el primero que soñé. Como fuera, la noche, los conciertos, la interacción relajada y sin presiones sociales cotidianas y la música como tal fueron, son y serán una parte esencial de nuestras vidas. Quizás todas ellas conformen una suerte de ‘equi-librio’ existencial”.

La red social más grande será siempre el boliche porque nos gusta vernos, mirarnos y tocarnos. La noche no es ni joven ni vieja, es eterna. Noche paceña, te queremos volver a ver. Hasta el amanecer, añadiría El último cocalero.

Nocherniegos. El ambiente de La Luna Pub Music Bar, en la calle Oruro. Fotos: Ricardo Bajo H., La Luna Pub Music Bar y Pablo Alanes

Funcionamiento rima con reconocimiento

En Berlín, la Alcaldía ha aprobado unas ayudas de 81.000 euros ($us 95.000) para cada uno de los 46 locales y salas de conciertos, consciente de que la vida nocturna de la ciudad del muro la ha convertido en la “capital de la fiesta” en Europa. Los boliches berlineses son parte viva de la riquísima escena cultural que atrae a millones de turistas de medio mundo que gastan y dejan plata.

En Liverpool, el alcalde Joe Anderson ha hecho un llamamiento para que el Estado apoye económicamente a The Cavern Club, el local que vio tocar a los Beatles por primera vez. Porque, “la perspectiva de perder una joya nacional como ésta es un escenario horrible”.

En La Paz los boliches claman por un apoyo real y piden una desburocratización de trámites específicos, flexibilización en el pago de impuestos, prórroga de patentes, otorgación de créditos directos de reinversión, etc. En el mero terreno de lo cultural, lanzan la idea de crear programas de incentivo y apoyo específico para espacios como el pub Equinoccio con la idea de retomar el concurso de la Marathon Rock para nuevos grupos y una nueva versión del Festival nacional de bandas “Equinoccio a cielo abierto”.

También piden no meter a todos en el mismo saco de la noche.

Limberth Alarcón, del Equi, va incluso más allá: “En nuestra ciudad las actividades nocturnas son variadas y distintas, desde las permitidas hasta las que no, desde las que cumplen con la legalidad y las que la desconocen por puro capricho. No es suficiente un ‘control’ de funcionamiento, necesitamos una política paralela de “reconocimiento” a espacios que aportando a la cultura musical de nuestro país y al movimiento económico de nuestra ciudad, generamos empleos y movimiento turístico”.

Pablo Alanes, del Etno, se suma a la idea: “Los boliches o espacios culturales deben ser valorados y reconocidos como un patrimonio si es que detrás hay una trayectoria y un verdadero aporte a la cultura y por esta no debemos solo hablar de folklore. Cultura también incluye el cuidado de la noche y sus pasajeros, no así el alcoholismo o el vicio. Valorar un espacio es vivirlo, creo que el apoyo e incentivo es vital y entender que cultura y arte son acción, posiblemente lo único que puede ayudarnos en situaciones como la actual”.

Martha, de La Luna, cree que en La Paz marchamos a contrarruta de ciudades como Berlín o Liverpool. “Acá, por muchos años, trataron de cerrar los lugares donde se realizan eventos culturales. Las juntas vecinales que ahora tienen un gran poder de decisión ponen muchas trabas. Los gobiernos municipales, por su parte, subieron las patentes, haciendo requerimientos difíciles y caros para tener una licencia de funcionamiento. Muchas veces es luchar contra la corriente y la corrupción. Lamentablemente no se valora el accionar cultural que promovemos, por cierto muy apreciado por el mercado de viajeros extranjeros que disfrutan de ello”.

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Relojeros: un oficio que agoniza ante el paso implacable del tiempo

Se dice que los relojeros antiguos no llegan ni a la media docena en La Paz; hay solo tres reparadores afiliados a la asociación mixta de este gremio

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:17

Trabajo. Ancelmo Condori, en plena faena reparando un reloj en su quiosco de tan solo 1x1 metros en el centro de la ciudad de La Paz

Por Liliana Aguirre

Los relojes miden el tiempo y éste es implacable, no se detiene por nada ni por nadie. Eso lo saben bien los pocos relojeros de la ciudad de La Paz que sobreviven ante la modernidad, reparando las pocas piezas mecánicas que les llegan.

Uno de ellos es Ernesto Gallardo Gómez, de 58 años, quien trabaja hace cuatro décadas en este oficio y cuenta con un quiosco de 2 x 2 metros en la calle América. “Estando en el colegio aprendí gracias a mi padre, quien también era relojero y trabajaba en esta misma calle, solo que al frente de donde estoy yo ahora”, relata.

Cuando se le consulta de su trabajo y los cambios sufridos en las últimas décadas — con la llegada de relojes desechables, a pila o la incusión del celular en el que la mayoría de las personas consulta la hora—, Gallardo viaja en el tiempo y responde que “antes la gente venía del interior porque la América era conocida como la Calle de los Relojeros, no como es ahora la Calle de las Ópticas. Hasta los años 90 era de solo reparadores de relojes. Todos los que nos visitaban se quedaban impresionados con la mecánica en miniatura con la que se trabaja, como pequeñas rueditas, las agujillas delgadas y las lupas”, narra con, notoria nostalgia, este heredero de una tradición.

Ancelmo Condori Hidalgo tiene 74 años y se dedica a este oficio hace más de 60 años. “Trabajaba desde mis 12 años con mi papá, quien tenía su relojería en la zona de Villa Fátima. Aprendimos empíricamente, no había las modernidades de hoy en día, llegaban muy pocos repuestos y a altos precios, por eso para reparar una pieza todo se adaptaba”, explica, desde un quiosco de 1×1 metros, ubicado en el edificio Fabril, a pasos de la calle Honda.

Para ambos relojeros, los tiempos pasados fueron mejores en cuanto a clientela y el declive de su oficio se inició en la década de los 90 con el ingreso masivo de los relojes digitales chinos, cuyos precios ínfimos ganaron adeptos masivamente.

“Los relojes antes eran mecanizados y era todo un lujo tener uno, quizá un equivalente a un celular de alta gama de hoy. Ahora ya casi no hay, quedan unos cuantos de reconocidas marcas japonesas y suizas como Citizen, Seiko y Orient o Rolex, Omega y Longines, respectivamente, y cuestan una barbaridad. Hay todavía quienes vienen”, afirma Condori.

Detalles. El relojero Ernesto Gallardo muestra un reloj enchapado en oro. Foto: José Lavayén-La Razón

Historias de la dictadura

La historia de un país marca a sus habitantes y en el caso de los relojeros no es la excepción. Las dictaduras militares en Bolivia repercutieron en el oficio de estos reparadores.

“Cuando era joven, durante una década trabajé en una fábrica textil y fui dirigente de la federación de los fabriles, pero en los años 80 llegó el golpe de Luis García Meza y a todos los dirigentes nos han barrido. Por eso, me instauré con la relojería, ya que necesitaba un sustento para mi familia. No podíamos ni trabajar, pero mis compañeros me dijeron ‘desempeñate en lo que sabes’ y me dieron este espacio aquí en la sede social de los fabriles de La Paz”, explica.

En el caso de Gallardo, su experiencia con un gobierno de facto se dio de una forma menos agresiva.  “Hugo Banzer acudía donde mi padre por sus servicios. El general pedía que se armen varios relojes Orient para sus leales, a quienes recompesaba. Mi progenitor los ensamblaba y yo, que era muchacho esa vez, le ayudaba”. Rememora que cuando retornó la democracia al país, también visitaban a su padre diputados y senadores para hacerle mantenimiento a sus relojes de pulsera o de bolsillo. “Ahora son reliquias”, admite.

En Bolivia, la política salpica a todos y nadie escapa a ella. Una muestra de ello es lo que cuenta Condori: que el expresidente Evo Morales, cuando todavía era dirigente cocalero del Chapare, acudía a su quiosco para que le haga mantenimiento a un reloj mecánico que atesoraba. “También vinieron muchos otros políticos por la cercanía que hay con la plaza Murillo, donde está el centro del poder”, indica.

En la plaza Alonso de Mendoza se ubica la Asociación Mixta de Orfebres y Relojeros (A.M.O.R), fundada el 5 de marzo de 1955. Eran otros tiempos para los reparadores de estos objetos. “Me quedaba admirado porque los mineros e industriales traían relojes enchapados en oro. Hasta 1972 traían a reparar y luego fueron desapareciendo. Esta era calle de relojeros hasta 1998, de ahí comenzó la baja y los alquileres subieron. Las ópticas tomaron los sitios de los relojeros, que fueron saliendo. Quedamos pocos”, dice Gallardo.

Foto: José Lavayén-La Razón

El peor enemigo es el tiempo

La información la corrobora Jaime Chura, representante ejecutivo de A.M.O.R. “Nos quedan unos tres afiliados, muchos eran muy mayores y fueron falleciendo lastimosamente. El oficio ha bajado mucho en los últimos años”. Parece que una sentencia estuviera echada contra estos mecánicos que con lupas y pinzas toman objetos y piezas diminutas para que la maquinaria vuelva a marcar un “tic-tac”.

“Estamos desapareciendo y es inevitable. Un arreglo va desde Bs 70 cuando se logra encontrar un repuesto. Es un precio accesible, pero solo vienen personas muy mayores que guardan estos relojes mecánicos. Los jóvenes nos ven solo comos los que cambian pilas, mallas o vidrios de los relojes electrónicos”, confiesa Gallardo.

Condori concuerda y asevera que la época dorada de los relojeros  se fue, pero que no olvidará cuando habían casetas una al lado de la otra desde la Pérez hasta la América. “Yo no estoy afiliado, soy independiente, pero con suerte le puedo decir que hoy en día debemos llegar a ser seis los relojeros antiguos que sobrevivimos.

La esperanza que atesoro es quedarme aquí hasta que mi vista me lo permita y sigan viniendo mis clientes antiguos”.

El mexicano Roberto Cantoral  conoció a una dama con la que vivió un romance efímero y la presencia de un reloj durante su último encuentro gestó el  bolero Reloj, en el que suplica que no marque las horas. Albert Einstein decía que “el tiempo es una ilusión que todo lo devora”, y estos relojeros de La Paz son testigos de todo ello.

Una mesa con instrumentos de trabajo como piezas y repuestos. José Lavayén-La Razón

Los 10 mejores relojeros de la historia

Galileo Galilei (1564- 1642) es quien inspiró a Christian Huygens, uno de los 10 mejores relojeros de la historia moderna, en el diseño del primer reloj de péndulo en 1656. Era el más exacto hasta entonces, con un margen de error de cinco minutos diarios. Una maquinaria de movimientos uniformes en la que avanzan manecillas sobre una superficie esférica, marcando el paso del tiempo: segundos, minutos y horas.

Según el portal watchesworld.com, para identificar a los pioneros se debe recorrer siglos de historia, en pos de “hallar a estos genios y científicos, quienes compartían una visión propia que obedecía al concepto del tiempo aceptado por los seres humanos”. Además cada uno de estos personajes fueron transgresores para enfrentarse a lo que la sociedad pretendía imponerles al momento de crear el famoso instrumento para medir el tiempo. Sin duda, precursores que dejaron huella.

Relojeros. Foto: WATCHSWORLD.COM

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Jimmi Hendrix: 50 años sin el genio de la guitarra del rock

La leyenda falleció a los 27 años, el 18 de septiembre de 1970, arrastrado por un cóctel de drogas y vino, a solo cuatro años de disfrutar la fama. Londres fue su ‘verdadero hogar’ y el escenario de su explosión. Hoy, su casa es un museo

/ 23 de septiembre de 2020 / 07:16

El guitarrista, cantante y compositor estadounidense, Jimmi Hendrix

Por AFP

Tras una puerta con pomo de porcelana, un apartamento decorado con colores cálidos y un cierto aire de cuarto de estudiante. Jimi Hendrix describió el lugar como su primer «verdadero hogar» en Londres, donde explotó su genio musical y murió hace 50 años.

En el elegante barrio de Mayfair, el pequeño edificio blanco del 23 de Brook Street fue entre 1968 y 1969 el hogar del legendario guitarrista, nacido en Estados Unidos en 1942. Tras vivir una infancia «muy, muy infeliz» y pasar un tiempo en el ejército, «no tenía ni idea» de lo que era un «hogar», explica Christian Lloyd, investigador especializado en Hendrix.

James Marshall Hendrix llegó a Londres en septiembre de 1966 y fue de apartamento en apartamento durante meses, hasta que quiso mudarse con su novia. Fue ella precisamente quien encontró su nido de amor, aunque con esfuerzo.

«Fui a una o dos agencias inmobiliarias en Mayfair, pero en cuanto oían que era para Jimi Hendrix decían que no», dijo Kathy Etchingham en 2016 en Channel 4, recordando el conservadurismo de la época.

Cuando por fin lo consiguieron, en el pequeño apartamento «había alfombras grises» que Jimi no podía soportar, así que fueron a unos grandes almacenes en Oxford Street, muy cerca de allí, recordó.

Fue precisamente Etchingham a quien recurrieron en 2016 para recrear de forma idéntica la decoración del lugar, convertido desde entonces en museo, con sus incontables alfombras persas, algunas de las cuales debían mantenerse enrolladas por falta de espacio.

En la habitación, decorada de rojo, naranja, rosa, hay un cenicero lleno, tazas de té vacías y un juego de Monopoly.

El apartamento estaba rodeado solamente de tiendas y oficinas, «lo que permitía a Hendrix poner discos a todo volumen, enchufar su guitarra y tocar en medio de la noche si quería, sin que los vecinos se quejaran», explica Sean Doherty, director del museo. «Este lugar era un verdadero refugio» para él, asegura.

Cuando la pareja se separó y dejó el apartamento en junio de 1969, Hendrix había «dado instrucciones a su mánager para vender o deshacerse de lo que le pertenecía», agrega. «No sabemos qué pasó con todas estas cosas». Más de dos siglos antes, otro genio musical había vivido allí: Handel. En realidad, justo al lado, en el número 25, pero la placa que indicaba al ilustre ocupante se encontraba entonces entre los dos edificios, por lo que Hendrix pensó que estaba viviendo en su casa.

«Ambos son músicos, ambos inmigrantes, ambos innovadores», dice Lloyd, y recuerda una anécdota según la cual Hendrix creyó una vez haber visto el fantasma de Handel en un espejo.

Inspiración. Las notas de Jimi Hendrix para componer la canción Voodoo Child, con el acompañamiento de los cigarrillos, en el museo del músico. Foto: AFP

Su reinvención en Londres

Cuando llegó a Londres, el guitarrista tenía 23 años y era totalmente desconocido del público británico. En el avión que lo llevaba al Reino Unido decidió cambiar su nombre artístico de Jimmy James a Jimi Hendrix (su verdadero apellido).

«Fue la señal de que se iba a reinventar en Londres», donde «nadie sabía quién era», dice Lloyd. Incluso si eso significaba tomarse algunas libertades en sus primeras entrevistas, sobre su edad, su familia, o las razones por las que tuvo que dejar el ejército. «Lo único que quería era tocar una y otra vez», indica el investigador, que trabaja en un instituto inglés adscrito a la Queen’s University de Canadá. Graba entonces Hey Joe, Are you experienced, y su ascenso a la fama es fulgurante.

La tecnología de los estudios estaba haciendo grandes avances y permitía «nuevos efectos». Hendrix destaca entonces por su «autenticidad» y esa «orientación futurista solo era posible en Londres en ese momento», según Lloyd. Como los Rolling Stones o los Beatles, es «una figura emblemática del Londres de los años 60», una ciudad que «le permitió convertirse en él mismo».

Pero el estadounidense de Seattle murió el 18 de septiembre de 1970 en un hotel de Notting Hill, arrastrado por un cóctel de drogas y vino, a los 27 años.

MARRUECOS. El mito Hendrix se respira por la ciudad de Essaouira, con cafés, locales y recuerdos del artista que adornan las calles y los comercios del pueblo de Diabat. Foto: AFP

Mitos y leyendas marroquíes sobre el paso relámpago de Hendrix por Essaouira

Algunos dicen que lo vieron, otros incluso hablaron con él. Cincuenta años después de la muerte del legendario guitarrista Jimi Hendrix, el pequeño pueblo de Diabat, al sur de Marruecos, alimenta el mito y el recuerdo.

«Lo vi aquí, era joven y llevaba su guitarra en la espalda», jura Mohamed Boualala, un hombre de 60 años, que creció en Diabat antes de alistarse en el ejército. En el verano boreal de 1969, el músico hizo un pasaje relámpago a Essaouira, una ciudad fortificada muy turística situada a 5 kilómetros de allí. De este viaje no quedan imágenes ni bandas sonoras, sino innumerables mitos que alimentan la leyenda. La aldea de casas blancas es indisociable del músico estadounidense, que desapareció trágicamente a los 27 años, en Londres, después de haber ingerido un cóctel de somníferos y de vino tinto.

Con su Café Jimi y su albergue Hendrix, el pueblo de Diabat tiene aires de santuario. Coloridas etiquetas y retratos celebran el «paso histórico» del guitarrista poco antes de actuar en el icónico festival de Woodstock. «Hendrix parecía estar en forma.

Estaba rodeado por sus guardaespaldas, rubios y de gran tamaño. Llevaba un collar con tres diamantes y una chaqueta de jean forrada», recuerda Abdelaziz Khaba. Este hombre, de 72 años, afirma que posó con él pero que «perdió la foto».

Si bien las visitas a Marruecos de Jim Morrison, Paul McCartney o Robert Plant, en los años 1960/1970 están perfectamente documentadas, el misterio rodea sobre la estancia de Hendrix en Diabat y alimenta los rumores. Su «breve visita durante el verano (boreal) de 1969 produjo una montaña de informaciones falsas e historias ficticias», constata uno de sus biógrafos, Caesar Glebbeek, en un artículo publicado en el sitio Univibes.

Según una leyenda perenne, el flamante zurdo se habría inspirado incluso en Dar Soltane, una fortaleza en ruinas, casi sepultada al pie del pueblo, para componer su célebre título Castle made of Sand (Castillo de arena). Pero la canción salió en 1967, es decir, dos años antes de su estancia en Marruecos.

Esto no impide que el pequeño café de Diabat, salpicado de retratos de la estrella, evoque triunfalmente este título en un cartel de madera clavado en la pared.

El mito Hendrix se respira por la ciudad de Essaouira. Foto: AFP

En furgoneta por Marruecos

También abundan relatos sobre las peripecias marroquíes de Jimi Hendrix, entre ellas que habría recorrido el país en una furgoneta, intentado comprar una isla en la costa de Essaouira, o bien todo el pueblo de Diabat.

El mito Hendrix fascina a Abdelhamid Annajar, un vendedor de discos instalado a la sombra de las murallas de Essaouira. «Numerosos turistas regresan sobre sus pasos y quieren saberlo todo. Hay también nostálgicos que vienen a recordar los viejos tiempos», dice el gerente de Bob Music.

Caesar Glebbeek, el biógrafo del guitarrista de Seattle, busca desentrañar lo verdadero de lo falso en sus escritos. «Sí, Jimi Hendrix vino a Essaouira, donde se alojó en un cuatro estrellas, pero no importa lo que dicen los guías turísticos y los aficionados nostálgicos nunca visitó Diabat».

La colección de discos de Hendrix, en su museo de Londres. Foto: AFP

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