sábado 6 jun 2020 | Actualizado a 04:31

Madre Tierra, Perdón

Fotos: Luis Gandarillas

/ 22 de mayo de 2020 / 07:34

Debido a la pandemia que afecta a todo el mundo, el Viceministerio de Medicina Tradicional armó una ofrenda para la Pachamama

Con mucha parsimonia y, sobre todo, respeto, Felipe Quilla Muni, viceministro de Medicina Tradicional e Interculturalidad, se pone un poncho rojo. En La Cumbre —el punto más alto entre la ciudad de La Paz y los Yungas—, la autoridad mira el horizonte. Parece hablar con los apus (cerros tutelares) y comienza a armar la wajt’a (mesa ritual) para pedir disculpas a la Pachamama, a la Madre Tierra, en tiempos de coronavirus. “La humanidad hace constante daño a la naturaleza; entonces, como consecuencia de ello, de la permanente contaminación de la Madre Tierra, es que se generan este tipo de enfermedades”, asevera la autoridad antes de seguir con el rito andino.

Ha terminado el jallu pacha, la época de lluvias y la cosecha, y a continuación ha llegado el thaya pacha, el tiempo en que reposa la tierra, cuando el viento y el frío dominan en el hemisferio sur. “Después de la cosecha, la Madre Tierra está descansando. Es como una mujer que sale del parto y necesita reponerse para dar nueva vida otra vez”, explica la amauta Abya Yala Runa (Elena Martínez Quispe) acerca de esta época del año.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) calcula que el 60% de las enfermedades humanas tienen origen animal, que llega a 75% en males recientes como el zika, ébola y las gripes aviares, por ejemplo. Esta organización advirtió de una “emergencia de las enfermedades zoonóticas”, asociada a menudo “a cambios medioambientales, resultado de la actividad de los humanos, del cambio climático y de la transformación del uso de las tierras”, indica una nota de France 24. Por esa razón, el viceministro afirma que el ser humano ha hecho daño a la naturaleza y, por ello, es necesario pedirle disculpas para el bienestar del país.

Es mediodía de finales de abril y en la urbe paceña —al igual que en todo el país— rige la cuarentena para evitar el contagio del coronavirus. En ese contexto, una vagoneta con pocas personas recorre las calles vacías de Miraflores, primero; Villa Fátima y Villa El Carmen, hasta la tranca de Urujara. La experiencia ahí es singular, ya que no hay tráfico vehicular. De hecho, los kioscos donde solían estar las vendedoras, ahora están cerrados casi en su totalidad.

En menos de media hora desde el centro, el coche plomo se detiene en una loma de La Cumbre, donde está una wak’a o lugar sagrado, espacio en que los católicos instalaron la estatua de un Cristo con los brazos extendidos.

Ofrenda. Dos sullus están arropados con lana blanca y claveles rojos y blancos.

Una imagen que representa a la Pachamama y también a la Virgen María.

“La humanidad tiene que reflexionar por qué están ocurriendo este tipo de enfermedades. Tiene que recapacitar su conducta y tenemos que cambiar nuestros hábitos de alimentación y de vida”, analiza Quilla Muni, quien antes de empezar el ritual andino se pone un poncho.

Sobre una hoja de papel sábana, el viceministro —perteneciente a la nación kallawaya— deposita lana blanca, copal, cebo de llama, incienso y alfeñiques (pasta de azúcar cocida y convertida en barras). Al levantar las hojas de coca parece hablar con los apus, como el Illimani, Wayna Potosí y Sajama, a los que ruega que protejan a los seres humanos. Dos sullus —fetos de llama— arropados con lana blanca y claveles completan la mesa ritual.

“Hay que alimentar (a la Pachamama) con todo lo que ha dado en este tiempo de cosecha, todo tipo de frutos, semillas o papas para hacer una retribución, porque nosotros practicamos el ayni”, explica Abya Yala Runa, quien a pesar de no haber estado con la delegación sabe de memoria cómo transcurrió el rito ancestral.

En esta ocasión, los símbolos (barras de dulce que tienen imágenes de objetos a los que representan) no se centran en casas, autos y otros objetos, sino en la salud y economía de Bolivia, las áreas más afectadas por la pandemia.

Tradición. Algunos miembros de la delegación aguardan que se consuma la wajt’a.

Pedidos. Arriba: Con la mesa ritual lista, Quilla Muni pide la protección de los apus.

Alfeñiques que completan la mesa ritual para la Madre Tierra.

“Se tiene que respetar a la Madre Tierra y cambiar nuestra conducta, no hacer mucho daño. Si cambiamos de esa forma, estamos seguros de que nuestra vida será mucho mejor”, asevera el viceministro, quien después de encender las tablas de madera pone encima la wajt’a.

Para Abya Yala Runa, la Pachamama no está castigando a los seres humanos, sino que, después del daño que le hemos hecho, se está regenerando. “El agua se ha vuelto cristalina, los lagos y ríos han vuelto a su naturalidad. Esa es una buena madre y nosotros tendríamos que copiar la generosidad de la Pachamama y trabajar junto con ella”.

Mientras se consume el fuego, las nubes avanzan rápido y se apropian del cielo, por lo que baja la temperatura y empiezan a caer la nieve; pero hay que esperar hasta que se consuma toda la wajt’a.

“Hoy en día no vale pedirle perdón si no es con acciones, porque a veces la gente habla, pero sus actos siguen siendo los mismos. Por eso mismo tiene que haber un cambio de actitud”, comenta la amauta, quien en su casa también arma una pequeña mesa ritual, para pedir que la humanidad deje de corromperse, que no se deje vencer por la vanidad y no caiga en el orgullo.

Espacios vacíos

Un ensayo fotográfico de Christian Eugenio Calderón sobre las noches de cuarentena

/ 3 de junio de 2020 / 20:41

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Todo se detuvo. El vacío se esparce como el virus ominoso, omnipresente. Noches de encierro y profunda soledad. Despierta, más que temor, curiosidad sobre la inquietante belleza de los espacios vacíos.

Estas imágenes han sido captadas entre las 18.00 y las 21.00, en medio de la cuarentena preventiva contra la pandemia del COVID-19 en marzo, abril y mayo de 2020 en la ciudad de La Paz.

Se trata de horas en las que en días normales, el caos y las multitudes se solían apoderar de las calles, al igual que las bocinas y la música llenaban el espacio sonoro. La nueva realidad ha dejado su huella.

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

Ausencia. Tan cerca de la salida de la cuarentena estricta por el nuevo coronavirus a una dinámica, quedan como registro y testimonio estas imágenes de las vías más céntricas de la ciudad de La Paz. Fotos: Christian Eugenio Calderón

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Una foto en el amanecer

A pesar del tiempo cambiante y el intenso frío, un grupo de aventureros caminó hacia la laguna Canadá para tomar imágenes de la Cordillera Real.

/ 3 de junio de 2020 / 18:03

Objetivo. De fondo, el nevado Huayna Potosí es el marco del agua cristalina de la laguna Canadá. Fotos: Max Berbetty

La experiencia de visitar algún lugar de la Cordillera Real es siempre diferente porque el cielo nunca se ve igual, el tiempo cambia constantemente y la naturaleza muestra sorpresas que provocan desear conocer más de esta cadena montañosa del altiplano boliviano. Eso es lo que vivió el ingeniero industrial y fotógrafo aficionado Max Berbetty durante varios años y ahora muestra un poco de ello a través de una caminata hacia la laguna Canadá, una zona que, a pesar de encontrarse relativamente cerca de La Paz y El Alto, es poco conocida.

“Esa noche es para recordarla mucho tiempo, por el frío y porque nevó. Ese invierno fue fatal”. Max se dedica a la fotografía desde hace cinco años, cuando con una cámara Cyber-shot empezó a tomar fotos de las cúpulas de la iglesia de San Francisco, en la urbe paceña. De forma paralela comenzó a salir de la ciudad para conocer otros ámbitos. “Me gustan las caminatas, sacar fotografías y ver paisajes que nadie ve. Eso es lo bueno de poder entrar más allá”, comenta el cochabambino.

Campamento. La salida del sol detrás de los cerros, cerca de la laguna Canadá.

El lago Titicaca, Tupiza, Samaipata, Rurrenabaque y Mururata fueron algunos de los lugares que conoció en este tiempo, aprovechando los días libres que le da su trabajo, como aquel fin de semana en que decidió ir, junto con cuatro personas, a un lugar cercano: la laguna Canadá, un depósito natural de agua que está cerca del nevado Charquini y el Huayna Potosí.

A pesar de la temperatura invernal hay que reunirse temprano para llegar a la plaza Ballivián, primero, y luego seguir un camino al norte de El Alto, que lleva al Distrito 13, en tierras del distrito minero Milluni, que tiene como parada obligatoria el cementerio que recuerda la masacre de trabajadores mineros el 24 de mayo de 1965, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño. “Las lápidas son como soldados que quedaron en pie, con vista al Huayna Potosí. Es un cementerio histórico y con mucha carga de energía”, dice Max, al momento de lamentar que existen algunos guías de turismo y turistas que destruyen estas estructuras que desde lejos se parecen a casas de dos ciudadelas emplazadas sobre pequeñas lomas.

Historia. Una lápida del cementerio de Milluni, donde se muestra la fecha de la masacre contra los trabajadores mineros de esa región alteña.

Después de recorrer un trecho corto se llega a la tranca de Milluni y luego a un descampado, a los pies del nevado Charquini, donde se suele practicar deportes extremos como esquí y snowboard. Pero no, ese no es el camino, sino una ruta que lleva por un acueducto que de a poco se hace más angosto, hasta convertirse en un canal que bordea el precipicio y por donde se tiene que pasar de forma obligatoria para llegar al objetivo.

Un cable de metal y la concentración son la principal ayuda para caminar sobre el acueducto, que tiene como símbolo de precaución unos pedazos de metal: son los restos de una bicicleta o una moto que cayó hace tiempo al barranco junto con su conductor. Uno de los integrantes del grupo de Max sufre claustrofobia, algo que le impediría completar su objetivo si no fuera por la determinación de continuar la aventura. A la laguna se suele llegar en casi tres horas, pero en esta ocasión emplearon cinco, para garantizar la seguridad de todos los caminantes.

Momento. El Huayna Potosí retratado temprano en la mañana, cuando aún hay partes congeladas en el agua.

A pesar del sol intenso y el cansancio, aún hay fuerzas para avanzar porque falta poco para llegar al destino. Se tiene que pasar por un sendero, un empinado y por innumerables piedras, donde hasta hace algún tiempo estaba cubierto de nieve.

Al final de la tarde, Max, Zaida Chirinos, Hernán Calderón y dos personas más arribaron al depósito de agua que se pinta de un verde esmeralda intenso, que, al no haber viento, se transforma en un espejo de los cerros circundantes.

“Interpreto que cuando no puedes subir a pesar de tu preparación es porque el apu (cerro) no quiere, y no es porque se oponga, sino porque no estás preparado todavía para tener esa experiencia, porque todo llega a su tiempo”, cavila Max sobre las fuerzas de la naturaleza.
De pronto, en la tarde, el cielo límpido se va llenando de nubes que, como una olla en ebullición, avanzaban rápido, al igual que el descenso de temperatura. Apenas alcanza el tiempo para armar las carpas y sacar unas cuantas fotografías.

Fotógrafo. Hernán Calderón se acomoda para utilizar la laguna como espejo natural en una toma.

Con la noche llega una nevada y un descenso mayor de la temperatura, por lo que los cinco viajeros deciden juntarse en una carpa para mantenerse calientes. A pesar de ello, Max no puede dormir, así es que sale y se encuentra con un panorama en el que parecía haberse detenido el tiempo, con un cielo rosado y con copos de nieve que muy lentamente van mojando la ropa. “Ese momento fue hermoso, todo era hermoso. El cielo era rosado, y nevaba y nevaba. Increíble”, recuerda.

Si bien las primeras horas del día siguiente eran gélidas, los fotógrafos abandonaron la comodidad de las carpas para caminar y buscar un lugar privilegiado para sacar imágenes del amanecer. Pan congelado y leche condensada son suficientes para sacar energías y obtener un retrato del nevado Huayna Potosí, que se encuentra al frente de la laguna.
“Así es la fotografía, a veces te regala buenas imágenes y a veces no. Pero siempre aprendes y siempre disfrutas de la naturaleza”. En este caso, el tiempo les regaló una laguna transparente y con escarcha, donde los reflejos eran intensos. Caminando un poco más encontraron una laguna más pequeña que el Canadá, un espejo perfecto para tener una perspectiva distinta del Huayna Potosí.

“De cada campamento puedes encontrar una historia. En esta ocasión fue una persona que venció el vértigo, un equipo que soportó el intenso frío y los cambios de tiempo”, recuerda de aquella ocasión, en invierno, que llegaron por primera vez a una laguna que se transforma en el reflejo de la Cordillera Real.

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Cuando la llama te llama

Durante 15 minutos, un auquénido se cuela en las reuniones virtuales para distender el ambiente y hacer conocer parte del altiplano boliviano.

/ 3 de junio de 2020 / 17:47

Fotos: Call a Llama

Con ocho personas en la reunión de trabajo virtual y más de dos horas de charlas que se vuelven tediosas, de repente aparece, en un nuevo cuadro en la pantalla, Pancho, una robusta llama de color café oscuro. Como si fuera un alivio a la tensión causada por situaciones agobiantes —como la cuarentena por la pandemia del nuevo coronavirus—, estos auquénidos invitan a conocer algunas regiones del altiplano boliviano, a través de CallALlama.

De un día para otro y sin siquiera haberlo planificado, las casas se han transformado en oficinas y las aplicaciones para reuniones a través de video se han convertido en el mecanismo para continuar trabajando o seguir estudiando. Gianpiero Petriglieri y Marissa Shuffler, expertos en salud laboral de Estados Unidos, comentan que participar en reuniones virtuales exige más concentración, ocasiona mayor demanda de energía por la interacción con la cámara y causa estrés por hacerlo en un solo lugar.

“En una reunión virtual no simplemente se mira la pantalla, la pantalla también está observando al usuario y esto convierte esta actividad en una acción bastante estresante para algunas personas”, sostiene el análisis de ambos especialistas, publicado en la Gaceta de la Universidad de Guadalajara (México).

Algunas recomendaciones para aminorar los efectos dañinos de estas sesiones son programar una cantidad reducida de chat, tener descansos entre cada comunicación y no emplear el video en todo momento, con el fin de aminorar la carga de concentración.

Después de un tiempo de charla, con el monitor que más parece un inquisidor para el usuario, de pronto aparece Pancho, Misky, Wayra o Mallku, llamas que quitan durante unos instantes el cansancio de los encuentros virtuales.

Sorpresa. Las sesiones de zoom en las que, de pronto, aparece una llama para desestresar a los participantes.

“La idea es que no sea una videollamada normal y aburrida, sino que en tu reunión de empresa, con tu familia o amigos participe una llama, como una manera para promocionar el altiplano boliviano”, explica Derren Patterson, quien dirige CallALlama, una propuesta que pretende —mediante estos auquénidos andinos— mostrar los atractivos de su medio ambiente en una entretenida entrega.

“¡Kamisaki!”, se presenta Eti Ramos, una pastora de llamas que vive en el municipio de Tahua, cerca del salar de Uyuni y a los pies del cerro Tunupa, quien hasta antes de la pandemia acompañaba la crianza de auquénidos con caminatas con turistas. “Las llamas, la granja y el turismo son mi vida”, asevera doña Eti.

No obstante, como consecuencia de la cuarentena, ella y otros guías-pastores se quedaron sin ingresos económicos por la falta de visitantes. “En estos tiempos de crisis, en el turismo queríamos encontrar una luz entre las tinieblas, una manera para apoyar a la gente que está dentro de sus casas durante la cuarentena y viajar con nuestros hermanos silenciosos, nuestro animal nacional”, expone Derren, un estadounidense que desde hace varios años radica en Bolivia y que ha guiado por el país tanto a estrellas de cine y príncipes, así como también a mochileros.

En otra reunión aparece una llama blanca y Rodrigo, desde la Isla del Sol, a orillas del lago Titicaca, desde donde cuenta la historia milenaria de los auquénidos y su importancia en el desarrollo de las civilizaciones prehispánicas, no solo como animal de carga y por su carne, sino también porque su excremento sirvió de abono para cosechar alimentos en sitios de gran altitud.

Sorpresa. Las sesiones de zoom en las que, de pronto, aparece una llama para desestresar a los participantes.

“Cuando miras el cielo en la noche se ve la constelación de Yakana, el espíritu de la llama, que nos da la lluvia y que nos cuida de todo mal”, cuenta Derren acerca de la astronomía andina. Por 15 minutos se utilizan fotografías, videos, explicaciones de los guías y recorrido de las llamas para contar todo lo relacionado con estos animales y el hábitat donde viven.

CallALlama es una propuesta enfocada en encuentros virtuales para extranjeros, para que conozcan Bolivia; aunque también se abrió la posibilidad de tener recorridos de una hora de duración para nacionales por la Isla del Sol, Copacabana y Tahua, lo que ayudará a viajar sin salir de casa y permitirá obtener recursos a los pastores y a los trabajadores de los hoteles La Estancia y Las Olas.

“Los destinos deslumbrantes varían desde la sombra del imponente volcán Tunupa a orillas del salar más grande del mundo en Uyuni, hasta el lugar de nacimiento del imperio inca en un hermoso mirador en la Isla del Sol, en el prístino lago Titicaca”, describe Derren, quien define este nuevo producto turístico como una aventura muy LLAMAtiva».

CONTACTOS.

Para recibir más información, llamar al número 76285738, comunicarse al correo llamame@callallama.com o escribir a la página de Facebook Call A Llama.

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Delivery de hortalizas una estrategia frente al coronavirus

Simón Laura es un agricultor que no solo cultiva productos para la venta, ahora hace entregas a domicilio.

/ 3 de junio de 2020 / 16:46

Trabajo. Simón cultiva variedades de lechuga, tomate y otras hortalizas. Fotos: FAO Bolivia

Simón Laura es agricultor en las afueras de El Alto (La Paz), lleva 10 años produciendo legumbres y hortalizas con la ayuda de su esposa y de su hija. Cada semana él y su familia llevaban sus productos a diferentes mercados de la ciudad. Hoy las cosas han cambiado. La gente debe permanecer en sus casas dentro de las medidas de confinamiento en respuesta a la pandemia de COVID-19. Y don Simón, pues hace delivery.

En su invernadero cultiva acelgas verdes y rojas, lechuga, tomates cherry amarillos y otras hortalizas. Y la cuarentena no ha detenido la producción. Así que ahora la estrategia de los agricultores es hacer entregas de sus productos a domicilio.

Productos. Paola Laura muestra parte de su cosecha de calabacines.

“Con mi esposa e hija, coordinamos para encargarnos del invernadero y hacer las entregas, y somos muy cuidadosos con nuestros productos. La gente puede estar segura de que nuestras hortalizas son saludables e inocuas”, explica el agricultor.

Para esto Simón ha trabajado con las autoridades locales y con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), junto a otros 250 agricultores familiares de las afueras de las principales ciudades de Bolivia que adoptaron esta modalidad para subsistir. En las ciudades bolivianas con alta densidad de población, como Santa Cruz, Oruro, La Paz, Sucre y Potosí, las restricciones están llevando a los productores de alimentos a encontrar nuevas formas de trabajar para poder mantener sus medios de vida y llevar su producción a las ciudades cercanas.

Comunidad. Toda la familia Laura participa en la producción y comercialización de hortalizas, lo que les permite obtener ingresos.

“Nuestra rutina ha cambiado debido al COVID-19”, explica Simón. “Cuando salimos de casa tomamos todas las precauciones necesarias. Nos ponemos guantes, mascarilla y cuando volvemos, incluso nos quitamos los zapatos”, asegura.

En esta crisis, las familias que se dedican a la agricultura urbana y periurbana son fundamentales para garantizar el flujo de alimentos hacia las zonas más pobladas de Bolivia. Así acortan las cadenas de valor para que la gente pueda tener acceso a alimentos frescos, nutritivos y variados durante la cuarentena. Esta labor es importante para salvaguardar la seguridad alimentaria y mantener a flote los medios de subsistencia ahora, durante el período de crisis y en tiempos venideros.

A través de programas como el de la FAO, familias campesinas reciben asistencia técnica, formándolas para que mejoren la producción gracias a buenas prácticas agrícolas y métodos adecuados de manipulación y elaboración.

Simón Laura es un ejemplo en este trabajo: por eso decidió estudiar agronomía, “para garantizar que la población tenga acceso a los alimentos que necesita”.

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Nuevos viajes por Bolivia

A través de imágenes, videos, cuadros y un guía de turismo, dos agencias ofrecen la experiencia de viajar por el país sin tener que salir de la casa.

/ 28 de mayo de 2020 / 14:00

Paisajes. Un turista camina en medio del mar salado en época de lluvias. Fotos: Extreme Fun Travel y Natura Tours

Para conocer una mínima parte del salar de Uyuni (ubicado en el departamento de Potosí) se necesita al menos un día. Lo mismo ocurre con el área protegida de Tucabaca (en Santa Cruz). Pero ahora, con el coronavirus y la cuarentena obligatoria, es imposible disfrutar de éstos y otros tantos sitios turísticos bolivianos. No obstante, las agencias Extreme Fun Travel y Natura Tours proponen llevar a estos lugares a través de Viajemos juntos por Bolivia, una propuesta que busca mostrar el territorio nacional de manera interactiva.

Es un fin de semana de sol intenso y cielo límpido, el tiempo ideal para salir de la ciudad y conocer sitios atrayentes, aunque no es necesario dejar la sala o el dormitorio para disfrutar de un viaje. “Háganse a la idea de que estamos subiendo a los buses. Por favor, no vayan juntos, tenemos que ir intercalados en los asientos por los protocolos de bioseguridad”, explica el guía en una reunión de grupo a través de Zoom.

El turismo es una de las áreas económicas más afectadas en este último tiempo. Los conflictos sociales derivados de las elecciones generales de octubre de 2019, el incendio en la Chiquitanía y la pandemia provocada por el coronavirus han ocasionado que más de 400 agencias de viaje hayan cerrado sus oficinas, según los datos publicados por la Asociación Boliviana de Agencias de Viaje y Turismo (Abavyt) y la Cámara Nacional de Operadores de Turismo (Canotur).

El dorado intenso en el horizonte antes de que se pierda el sol en el salar de Uyuni.

“Nuestra primera idea es sobrevivir, porque durante los próximos meses no será fácil hacer operación turística”, explica Roberto Urioste, gerente de la agencia Extreme Fun Travel.

Lo anecdótico —revela Urioste— es que la idea de reinventarse en este contexto y ofrecer un viaje interactivo surgió a través de un sueño. Cuando despertó, casi de inmediato comentó el proyecto con Nelson Pacheco —dueño de Natura Tours— y empezaron a armar Viajemos juntos por Bolivia. En comparación con el turismo virtual, que surgió hace varios años y que consiste en el uso de gafas de realidad virtual para ir a otros lados, Pacheco y Urioste organizan una reunión virtual en la que muestran los atractivos con una exposición, además de mapas, fotografías y videos.

“Necesitas un día para visitar el salar y al menos cuatro días para conocer los atractivos”, comenta Urioste al otro lado del monitor, en un contacto a través de la plataforma Zoom. El guía virtual empieza por recordar el cuento de La miskki simi, escrito por Adolfo Costa du Rels, que se desarrolla en la también llamada Hija Predilecta de Bolivia. De manera paralela a la explicación, las imágenes van llevando poco a poco al pueblo, al Cementerio de Trenes o a Colchani.

“Esta experiencia puede ser la mejor manera para promocionar Bolivia”, explica el dueño de Extreme Fun Travel, ya que en unos 50 minutos el turista conoce las características de la región potosina sin tener que salir de su domicilio.

Generalmente, a los turistas se les venda los ojos para que se emocionen al ver por primera vez el salar, un mar blanco de 10.582 kilómetros cuadrados. En el viaje virtual aparecen en la pantalla fotografías oníricas de esta región, que cambia de acuerdo con el sector, las horas y la estación. En resumen, el salar nunca se verá igual, asevera Urioste.

Viaje. Unos visitantes juegan con las proporciones aprovechando la perspectiva entre el salar de Uyuni y el cielo.

El recorrido lleva a través de las paredes a los hoteles de sal, a sacarse una foto a los pies del monumento al Dakar o en el sector donde el viento intenso hace flamear decenas de banderas del mundo, además de almorzar en un lugar alejado del salar, donde ni siquiera se puede escuchar ningún sonido; o tomar un buen vaso de vino en el atardecer, antes de esperar el ocaso con casi cero grados de temperatura.

“Empezamos a hacer algo para continuar en el turismo, porque, si no, es mejor que vaya cerrando la agencia y piense en qué otra cosa podría trabajar”, agrega el biólogo que durante varios años ha llevado a la gente a este atractivo natural.

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, el COVID-19 ocasionará que el turismo internacional caiga este año al menos 30% con respecto al año pasado, lo que puede representar una pérdida de $us 450.000 millones. En ese contexto es que estos emprendedores decidieron rehacerse mediante estos viajes, que empezaron a inicios de mayo por Uyuni y luego continuaron con la Reserva Municipal de Vida Silvestre Tucabaca, ubicada en el municipio de Roboré, en el departamento de Santa Cruz.

Nelson Pacheco —quien ofrece recorridos por esta región— fue uno de los más perjudicados en el área turística, pues el incendio en la Chiquitanía ocasionó que dejara de trabajar por cuatro meses. En enero, de nuevo se dinamizó el turismo, pero se paralizó otra vez a mediados de marzo, cuando se declaró la cuarentena.

Jóvenes chiquitanos interpretan música barroca para los visitantes.

La primera alternativa para sobrevivir fue vender paquetes por adelantado, con el objetivo de ayudar a los trabajadores hoteleros y a las comunidades que participan en los recorridos. “Me frené en esa idea porque no sabía qué pasaría si hubiera inflación o una devaluación del dinero”, sostiene el comunicador social que cursó una maestría en Turismo en Costa Rica.

En ese panorama difícil, Urioste y Pacheco hicieron una alianza. “Queremos enamorar a la gente, porque cuando se reactive la actividad turística en el país, el flujo no será internacional, sino que se delimitará dentro del país e incluso dentro de cada departamento”, agrega Pacheco.

Del paraíso blanco del salar, el aventurero puede trasladarse a un océano verde, ubicado a 400 kilómetros al este de Santa Cruz de la Sierra. En la pantalla del teléfono celular o de la computadora aparece la foto de unos vehículos blancos. “Háganse a la idea de que estamos subiendo a los buses. Por favor, no vayan juntos, tenemos que ir intercalados por los protocolos de bioseguridad”, indica el guía.

Las seis horas que se emplean para trasladarse de la capital cruceña a Santiago de Chiquitos —una localidad ubicada en el municipio de Roboré, en la provincia Chiquitos—, en este viaje dura los segundos que Pacheco emplea para explicar los datos generales de esta región.

Además de convertirse en la primera área protegida municipal del país, Tucabaca también es rica en biodiversidad, ya que existen 307 especies de plantas, además de 548 especies de vertebrados.

En Tucabaca, un grupo de formaciones pétreas dentro del área protegida municipal.

En este viaje, lo primero que llama la atención es su nombre, que proviene del chiquitano tukabashka, como se llama un ave que vive en esta región.

Mediante imágenes y videos se muestra a una comitiva que lleva a cabo una caminata por un césped que parece recién cortado y flanqueado por un bosque de intenso color verde, que esconde 36 sitios con pintura rupestre, diversas formaciones geológicas y varias cascadas, donde se puede percibir la frescura del agua tibia.

Así transcurre el viaje, que tiene como primera recompensa fotos panorámicas de la Torre de Chochis o Torre de David, un cerro de color rojizo y que es representativo de la Chiquitanía.

El segundo premio llega al terminar el recorrido, cuando un integrante de la Orquesta Sinfónica Chiquitana interpreta dos canciones orientales en vivo, lo que lleva al visitante virtual a esperar que la emergencia sanitaria termine muy pronto para poder emprender el viaje físico, ya sea hacia el mar blanco de Uyuni o hacia el océano verde de Tucabaca.

Tucabaca. La Torre de David es el cerro representativo de la visita a Tucabaca.

ACTIVAR EL TURISMO.

Una manera de ayudar para que el turismo en Bolivia se restablezca es mediante estos viajes interactivos, que empezaron con las visitas a Uyuni y Tucabaca, con planes para presentar tours al Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi y otros sitios bolivianos.

Cada tour, que puede durar una hora, cuesta Bs 25 para grupos que participan en un encuentro organizado por las agencias de turismo, mientras que cuesta Bs 50 para recorridos privados y en horarios que definan los clientes.

Para acceder, comunicarse con Extreme Fun Travel en la página web www.extremefuntravelbolivia.com, su perfil de Facebook o llamar al teléfono 72094420.

Para contactar a Natura Tours, visitar su página web http://www.naturatours.com.bo, su perfil de Facebook o llamar al 72158590.

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