domingo 12 jul 2020 | Actualizado a 18:56

Una foto en el amanecer

Objetivo. De fondo, el nevado Huayna Potosí es el marco del agua cristalina de la laguna Canadá. Fotos: Max Berbetty

/ 3 de junio de 2020 / 18:03

A pesar del tiempo cambiante y el intenso frío, un grupo de aventureros caminó hacia la laguna Canadá para tomar imágenes de la Cordillera Real.

La experiencia de visitar algún lugar de la Cordillera Real es siempre diferente porque el cielo nunca se ve igual, el tiempo cambia constantemente y la naturaleza muestra sorpresas que provocan desear conocer más de esta cadena montañosa del altiplano boliviano. Eso es lo que vivió el ingeniero industrial y fotógrafo aficionado Max Berbetty durante varios años y ahora muestra un poco de ello a través de una caminata hacia la laguna Canadá, una zona que, a pesar de encontrarse relativamente cerca de La Paz y El Alto, es poco conocida.

“Esa noche es para recordarla mucho tiempo, por el frío y porque nevó. Ese invierno fue fatal”. Max se dedica a la fotografía desde hace cinco años, cuando con una cámara Cyber-shot empezó a tomar fotos de las cúpulas de la iglesia de San Francisco, en la urbe paceña. De forma paralela comenzó a salir de la ciudad para conocer otros ámbitos. “Me gustan las caminatas, sacar fotografías y ver paisajes que nadie ve. Eso es lo bueno de poder entrar más allá”, comenta el cochabambino.

Campamento. La salida del sol detrás de los cerros, cerca de la laguna Canadá.

El lago Titicaca, Tupiza, Samaipata, Rurrenabaque y Mururata fueron algunos de los lugares que conoció en este tiempo, aprovechando los días libres que le da su trabajo, como aquel fin de semana en que decidió ir, junto con cuatro personas, a un lugar cercano: la laguna Canadá, un depósito natural de agua que está cerca del nevado Charquini y el Huayna Potosí.

A pesar de la temperatura invernal hay que reunirse temprano para llegar a la plaza Ballivián, primero, y luego seguir un camino al norte de El Alto, que lleva al Distrito 13, en tierras del distrito minero Milluni, que tiene como parada obligatoria el cementerio que recuerda la masacre de trabajadores mineros el 24 de mayo de 1965, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño. “Las lápidas son como soldados que quedaron en pie, con vista al Huayna Potosí. Es un cementerio histórico y con mucha carga de energía”, dice Max, al momento de lamentar que existen algunos guías de turismo y turistas que destruyen estas estructuras que desde lejos se parecen a casas de dos ciudadelas emplazadas sobre pequeñas lomas.

Historia. Una lápida del cementerio de Milluni, donde se muestra la fecha de la masacre contra los trabajadores mineros de esa región alteña.

Después de recorrer un trecho corto se llega a la tranca de Milluni y luego a un descampado, a los pies del nevado Charquini, donde se suele practicar deportes extremos como esquí y snowboard. Pero no, ese no es el camino, sino una ruta que lleva por un acueducto que de a poco se hace más angosto, hasta convertirse en un canal que bordea el precipicio y por donde se tiene que pasar de forma obligatoria para llegar al objetivo.

Un cable de metal y la concentración son la principal ayuda para caminar sobre el acueducto, que tiene como símbolo de precaución unos pedazos de metal: son los restos de una bicicleta o una moto que cayó hace tiempo al barranco junto con su conductor. Uno de los integrantes del grupo de Max sufre claustrofobia, algo que le impediría completar su objetivo si no fuera por la determinación de continuar la aventura. A la laguna se suele llegar en casi tres horas, pero en esta ocasión emplearon cinco, para garantizar la seguridad de todos los caminantes.

Momento. El Huayna Potosí retratado temprano en la mañana, cuando aún hay partes congeladas en el agua.

A pesar del sol intenso y el cansancio, aún hay fuerzas para avanzar porque falta poco para llegar al destino. Se tiene que pasar por un sendero, un empinado y por innumerables piedras, donde hasta hace algún tiempo estaba cubierto de nieve.

Al final de la tarde, Max, Zaida Chirinos, Hernán Calderón y dos personas más arribaron al depósito de agua que se pinta de un verde esmeralda intenso, que, al no haber viento, se transforma en un espejo de los cerros circundantes.

“Interpreto que cuando no puedes subir a pesar de tu preparación es porque el apu (cerro) no quiere, y no es porque se oponga, sino porque no estás preparado todavía para tener esa experiencia, porque todo llega a su tiempo”, cavila Max sobre las fuerzas de la naturaleza.
De pronto, en la tarde, el cielo límpido se va llenando de nubes que, como una olla en ebullición, avanzaban rápido, al igual que el descenso de temperatura. Apenas alcanza el tiempo para armar las carpas y sacar unas cuantas fotografías.

Fotógrafo. Hernán Calderón se acomoda para utilizar la laguna como espejo natural en una toma.

Con la noche llega una nevada y un descenso mayor de la temperatura, por lo que los cinco viajeros deciden juntarse en una carpa para mantenerse calientes. A pesar de ello, Max no puede dormir, así es que sale y se encuentra con un panorama en el que parecía haberse detenido el tiempo, con un cielo rosado y con copos de nieve que muy lentamente van mojando la ropa. “Ese momento fue hermoso, todo era hermoso. El cielo era rosado, y nevaba y nevaba. Increíble”, recuerda.

Si bien las primeras horas del día siguiente eran gélidas, los fotógrafos abandonaron la comodidad de las carpas para caminar y buscar un lugar privilegiado para sacar imágenes del amanecer. Pan congelado y leche condensada son suficientes para sacar energías y obtener un retrato del nevado Huayna Potosí, que se encuentra al frente de la laguna.
“Así es la fotografía, a veces te regala buenas imágenes y a veces no. Pero siempre aprendes y siempre disfrutas de la naturaleza”. En este caso, el tiempo les regaló una laguna transparente y con escarcha, donde los reflejos eran intensos. Caminando un poco más encontraron una laguna más pequeña que el Canadá, un espejo perfecto para tener una perspectiva distinta del Huayna Potosí.

“De cada campamento puedes encontrar una historia. En esta ocasión fue una persona que venció el vértigo, un equipo que soportó el intenso frío y los cambios de tiempo”, recuerda de aquella ocasión, en invierno, que llegaron por primera vez a una laguna que se transforma en el reflejo de la Cordillera Real.

El feis

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

/ 12 de julio de 2020 / 14:11

Imagen de referencia.

Por Manuel Monroy Chazarreta

Sería más o menos por el 2007 cuando empecé a conocer y estar en el feis. Solo pasaron 13 años. Al principio no entendía bien qué era, tengo un amigo informático que esas veces se ocupaba de mi feis como si fuera de una página web. Luego supe poner yo mismo los avisos de mis conciertos y sirvió como fuente de publicidad gratuita para convocar público. Seguramente presenté la portada de mi disco, “El Papirri presenta Helado propicio”, “tocaremos en Cochabamba” y así. El feis era un territorio sano, bonito. Incluso me encontré con una exnovia, vital en mi historia, que escapó de mí y de mis angustias y se refugió en brazos de un mexicano que vive en California. Fue emocionante saber que tenía mellizos y que era feliz, solo que parece que el mex era muy celoso y la obligó a dejar el feis. Recuerdo que en una tocada del 2008, en algún boliche paceño, se me acercó una persona del público y en confianzas me dijo: “Hola, Papirri, somos pues amigos del feis”. Yo lo miraba inseguro, no sabía qué responderle. “Amigos del feis”: todo un concepto.

Luego vino mi etapa laboral en una embajada y me olvidé del feis, el asunto era delicado. Ahí fue cuando el feis empezó a cambiar de cara, pues tenía demasiada exposición. Sin embargo, el 2017, 2018, hasta el 2019, el feis otra vez recuperó para mí esa candidez del encuentro sorpresa, ese territorio de encontronazos infantiles. Nunca busqué los “like”, los “me gusta”. Tenía una sobrina que se enojaba mucho porque ella publicaba una foto con su perrito y yo no le ponía like. Tampoco supe bien como interactuar con esos “amigos del feis”. ¿Quiénes eran? ¿Qué querían? Un día de esos me enteré de que no cabían más, que el límite eran 5.000 personas. Una amiga muy querida me dijo, “oye, che, creído, ¿por qué no me aceptas en tu feis?” Yo, en la luna. Ahora lo entiendo. Cada vez que aceptaba a un nuevo “amigo”, también aceptaba un probable antipático y cobarde enemigo. Y dejaba afuera a una amiga de verdad.

Entonces llegó un cuate del Papirri que dijo “deberías tener fan page”. “¿Qué es eso, pues?”, “Un feis solo de actuaciones, videos, entrevistas del artista”. “Ya, ps”, le dije. De buena gente el cuate construyó esa fan page y aceptó a otros 5 mil “amigos” más. Esos años de retorno a escena fueron gratos: otra vez el feis era un territorio de encuentro, me ayudó mucho. Pude vivir de tocar, de dar conciertos, el feis fue el instrumento social sano.
Solo que yo, conservador en algunas cosas, seguía haciendo afiches y hasta programas impresos de mis conciertos de gala. Hoy los miro como reliquia, como asunto de una vida pasada, pero están ahí, en físico, existen.

Mis preocupaciones sociales, mis ansias de que tengamos un país más igualitario, sin racismo, sin discriminación, con educación para todos, salud parra todos, son ecos que escuchaba de la voz y memoria de mi padre, uno de los creadores de la Revolución Nacional que eliminó la esclavitud indígena. Desde niño supe quién era Gualberto Villarroel, qué significaba para el país. Escuchaba las charlas de mi padre con su mejor amigo, el Chueco Céspedes, y aprendía.

Aprendí lo que era la Patria y los vendepatria. Aprendí lo que era la rosca, la oligarquía minero feudal, los imperialismos, el saqueo, los cipayos. Luego leí Nacionalismo y Coloniaje y pude saber más. Aprendí con la desaparición de mi tío Dardo lo que era la violencia de la derecha, aprendí con el llanto de mi madre lo que significaba violar los derechos humanos porque mi papa caía otra vez preso en esos 18 años de dictaduras. Entonces salí a marchar, con 16 años, contra la dictadura de Banzer. Y salí a pelear con 18 contra el golpe militar de Natusch. Empecé a componer canciones a los 19 y algunas de ellas traían esa preocupación social. Nació Hoy es domingo, Llockallita, Maribel. Pero la vida tenía muchos más colores, amores, sabores: existían Piazzolla y Charly, Borges y los Beatles, Gabo y Stravinsky. Y conocí el amor, y el sollozo por amar. Y conocí la noche, y el día
vuelto noche. Recuerdo que cuando recuperábamos la democracia con la UDP, hice mi primera cancioncita de propaganda apoyando al frente de izquierdas. Luego, con la Izquierda Unida, ahí estábamos cantándole a
las revoluciones, al Che. Ejercía mis ideales sin persecución ni insultos. Había retornado la democracia. No había feis.

A fines de noviembre de 2019 publiqué un post con mis preocupaciones sociales en mi feis. Compartía la noticia: suman «34 muertos en las masacres de Senkata y Huayllani». Y comentaba: «sin palabras». Llegaron 300 insultos. De algunos parientes queridos, de varios amigos de la infancia y por supuesto de aquel “amigo” del feis que bailaba con mis canciones. Siete meses no puse ni un solo post con mis preocupaciones sociales, hoy opinar en el feis es pecado. Puse que el Congreso argentino había declarado el 29 de mayo día del Folklorista Argentino, en
honor a la fecha del nacimiento de mi abuelo materno, Andrés Chazarreta. 4 comentarios. Que había dado un concierto en el Café Vinilo de Buenos Aires, lugar de gran prestigio. 10 comentarios. Que estoy haciendo un nuevo disco: 6 comentarios. Hace dos semanas brotó la preocupación social, denuncié en el feis que mataban al Ministerio de Culturas: 164 comentarios, la mayoría dizque insultos. Ahora no sé qué hacer con tantos “amigos” del feis. No tengo tiempo para sacarlos de mi vida. Son un montón. Parece que soy minoría absoluta en mi feis.

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Murciélagos: la lucha contra el estigma mundial

Son las otras víctimas del coronavirus. Hay 138 especies en Bolivia. Una está en Peligro y seis en la categoría Vulnerable.

/ 12 de julio de 2020 / 13:38

Un miembro Carollia. Foto: Merlyn D. Tutle, bad conservation international

En marzo, miles de murciélagos fueron quemados en Indonesia y China, así como en Ecuador y Perú, “al creer falsamente que transmiten el COVID-19, cuando no existe una evidencia científica que ratifique aquello”, lamenta Luis Fernando Aguirre, el mayor experto de estos alados en Bolivia. En el país existe una especie En Peligro y seis en la categoría Vulnerable.

En marzo, varios informes internacionales, uno de ellos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), apuntaron a que los quirópteros podrían ser los transmisores del virus que apareció en Wuhan, China, a fines de
2019, aunque nunca se presentó una prueba científica de que aquello sea cierto. Posteriormente apareció otro sospechoso, el pangolín, que finalmente también fue absuelto. Sin embargo, el estigma sobre los murciélagos quedó en el imaginario mundial.

Por ello, en marzo, cuando la cifra de infectados de coronavirus había alcanzado a 858.000 positivos y 42.000 muertos en todo el mundo, miles de estos mamíferos alados fueron sacrificados en Perú, Ecuador, Cuba, Indonesia, China y otros países al creerse que son los responsables de transmitir el mal.

En Bolivia y el mundo, los biólogos luchan desde hace años para restaurar la mala imagen que tienen los murciélagos, que desde antaño eran relacionados con el inframundo por vivir en cuevas o con los vampiros. Pese a ello, campañas mundiales a favor de estos inofensivos animales destacaron más bien su función como ‘jardineros’ o polinizadores del ecosistema y eliminadores de plagas de insectos, posicionándolos mucho mejor.

Todo marchaba bien hasta que llegó la pandemia con los informes que los acusaron de ser transmisores del virus. “Hubo un retroceso en la apreciación del murciélago en general: otra vez su imagen y su reputación han sufrido un grave retroceso. En Perú, Cuba y Ecuador han empezado a perseguir murciélagos y a quemar cuevas, pensando que pueden ser transmisores de la enfermedad y eso es absolutamente falso», asegura el «Batman boliviano», como también se conoce en Latinoamérica al actual director del Centro de Biodiversidad y Genética de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba.

“No se puede decir que este virus provenga de un murciélago, todavía no se ha probado esa información. No se sabe el origen: quizás provenga de un murciélago, pero puede ser también de un pangolín”, ratifica Aguirre. La proximidad evolutiva del SARSCoV-2 o COVID-19 a un virus huésped de murciélago (RaTG13) han provocado que se acuse falsamente a estos inocentes animales alados de ser los responsables de la pandemia.

Y en este periodo de la pandemia, la transmisión es de humano a humano “ya no interviene ningún otro animal”.

Especies en Bolivia

El país se encuentra entre las 10 regiones del mundo, más ricas en murciélagos y en Latinoamérica es el séptimo con mayor variedad de acuerdo con los datos que maneja Aguirre.

Bolivia posee 138 especies catalogadas hasta la fecha y por año se descubren al menos dos nuevas. “Estimamos que podemos tener más de 150 especies en poco tiempo”. Entre ellas hay una endémica, que solo habita en Bolivia, la Micronycteris yatesi o Murciélago de yates que vive en los bosques interandinos de Cochabamba, LaPaz, Chuquisaca y parte de Santa Cruz.

Es posible que la de yates esté en la categoría Vulnerable a la extinción. Un primer estudio realizado sobre estos animales en Bolivia se hizo en 2010, pero no fue actualizado y la endémica ya debe ser categorizada, opina el académico.

Hay también otras siete que preocupan al especialista. La Lonchorhina aurita que está En Peligro y otras seis que están en la categoría Vulnerable que son: Vampyrum spectrum, Glyphonyctesis daviesi, Trinycteris nicefori, Anoura cultrata, PLatyrrhinus albericoi y Natalus macrourur. «La que está En Peligro habita en San Matías, Santa Cruz, las otras seis, que están en la categoría Vulnerables, se encuentran a un pasito de estar En Peligro de extisión, sostiene el experto cuya fascinación por los murciélagos nació cuando vio uno de ellos a sus 11 años en los Yungas de La Paz.

En Bolivia, estos animales no han sufrido la persecución ocurrida en Perú y Ecuador, no obstante Aguirre cuenta que cada año recibe al menos tres o cuatro llamadas preguntándole si podría conseguir algunos ejemplares para curar la epilepsia. “Esta creencia está bien arraigada en la región andina de Bolivia y Perú.
En La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, así como en algunas regiones de tierras bajas creen algo similar, pero no hay ninguna evidencia científica de que ello, lo más probable es que al ser un animal silvestre nos podamos contagiar de algo de ellos”. En la sede de gobierno se venden murciélagos muertos en la calle Santa Cruz, sin embargo ese comercio no es tan fuerte, porque el verdadero enemigo de estos alados es el hombre.

Los enemigos del murciélago

Hace una década se identificaron a cuatro factores que pusieron contra las cuerdas a los murciélagos de Bolivia, pero en los últimos años se sumó un quinto. “Son las llamadas Amenazas emergentes, que son las construcciones de grandes represas o hidroeléctricas, donde las hélices de las turbinas y los parques eólicos “golpean tanto a pájaros como a murciélagos y eso estaría causando un efecto relativamente grande, tanto en aves como murciélagos, perdiéndose cientos de miles de individuos por año”, revela. En Bolivia no hay capacidad todavía para medir ese impacto.

Los otros cuatro factores que ponen en alerta a las poblaciones de estos mamíferos son: la destrucción del hábitat, que es la amenaza principal para los murciélagos; en segundo lugar, la destrucción de guaridas y refugios seguida por el vandalismo de sus cuevas, “la gente quema guaridas, mete llantas, prende fuego e incendia su hogar”.

El tercer enemigo invisible de los quirópteros en Bolivia es la contaminación por pesticidas que contaminan insectos o frutas que ellos comen y, por último, el cuarto: el conflicto en torno a los murciélagos de la especie Desmodus rotundus, que afectan a la ganadería, manejada por humanos.

Esta especie también es conocida como vampiro común, se alimenta de sangre, puede volverse una plaga donde el ser humano le pone mucha comida, es decir, las zonas ganaderas. Como todo mamífero, el murciélago pueden transmitir enfermedades, como la rabia, y tener un efecto ocasional en la economía de la ganadería familiar, pero existen métodos de control, como la vacunación del ganado.

“Lo que sucede es que la gente por querer controlar al vampiro va y mata cualquier murciélago, sin preguntar. Otros los ven en sus techos de casas, les meten veneno y los matan”, denuncia Aguirre, de 52 años, de los cuales 30 lleva estudiando estos seres.

Animales benéficos

El documento oficial Plan de acción para la conservación de los murciélagos de Bolivia, publicado en 2010 y del que Aguirre y otros biólogos son autores, indicó en esa época que en Bolivia el 55% de los quirópteros eran insectívoros que ayudan en el control natural de las poblaciones de insectos que pueden constituirse en plagas agrícolas. El «Batman boliviano» resume en tres las bondades de los murciélagos que muchos ahora desconocen.

Primero, los alados por medio de la polinización de las plantas garantizan la reproducción de la flora, muchas de ellas importantes para la economía agrícola. En segundo lugar son grandes dispersores de semillas, que al comer frutas esparcen cientos de semillas por las noches, ayudando a una regeneración de los bosques que hayan sufrido talas de árboles. “Por eso son los primeros jardineros de la naturaleza”, reafirma Aguirre, para quien se necesitarían millones de dólares para sustituir su papel controlando las plagas de los cultivos de maíz y arroz.

Quizás por esas cualidades y ante el riesgo de que en realidad el hombre contagie el coronavirus al murciélago, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Humanos (IUCN), a través de la Bat Specialist Group (Grupo de especialistas en murciélagos) y la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM), “recomendaron en abril no agarrar, no tomar murciélagos para estudiarlos, porque existe el temor de que los seres humanos podamos contagiar a los animales silvestres. Se dió esa alerta a todos los investigadores en el mundo para que, hasta no saber qué pasa con ellos, no manejemos murciélagos en nuestras investigaciones bajo el potencial de que nosotros los enfermemos y eso sería catastrófico”.

Guías de turismo de Toro Toro, Potosí preguntaron a Aguirre en las últimas semanas cómo se puede implementar un programa de prevención para evitar que algún turista pueda tener contacto con los quirópteros y eventualmente contagiar al animal. En la cueva de Umajalanta, la más grande del país, centenares de estos animales viven en su interior.

Pero no todo es gris para estos animales, pues en algunas comunidades del oriente, sus pobladores se felicitan cuando uno de estos alados ingresa a la choza. “En las tierras bajas, los murciélagos están relacionados con la fertilidad, por eso se piensa que cuando uno de ellos entra a la casa es una se;al de que va a nacer un bebé o que va a ser un buen año para los nacimientos de niños”. Porque ante todo, los murciélagos representan la vida.

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Nellie Bly, la pionera del periodismo encubierto

En 1888 fue enviada a un viaje alrededor del mundo, haciendo realidad el libro La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne

/ 12 de julio de 2020 / 11:39

Nellie Bly

Por La Razón

A Nellie Bly le dijeron en 1889 que era imposible dar la vuelta al mundo en 80 días, como retaba el libro de Julio Verne. Ella lo hizo en 72. La estadounidense fue pionera del periodismo encubierto.

Elizabeth Jane Cochran nació el 5 de mayo de 1864 en Pensilvania, EEUU. Una columna sexista que leyó en el periódico Pittsburgh Dispatch la impulsó a escribir una carta al editor, informa nationalgeographic.com.es. La calidad de la misiva le valió un empleo como reportera. El editor le puso el seudónimo de Nellie Bly. En ese diario escribió varios artículos de investigación hasta que fue transferida a la sección para mujeres.

Bly se mudó a Nueva York, donde entró a The New York World, de Joseph Pulitzer. Su primer trabajo fue un artículo sobre un asilo psiquiátrico para mujeres en Blackwell’s Island. La periodista se infiltró en el hospital y se expuso a las terribles condiciones en que vivían las internas. De ahí salió el reportaje Diez días en un manicomio, en que denunció los abusos de la administración, obligando a las autoridades a tomar medidas en el caso.

En 1888 fue enviada a un viaje alrededor del mundo, haciendo realidad el libro La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne. El 14 de noviembre de 1889 partió de Nueva York rumbo a la aventura. En Amiens, Francia, conoció al mismísimo Verne, quien, incrédulo, le dijo: “Señorita, si es usted capaz de hacerlo en 79 días, yo la felicitaré públicamente”. Regresó a Nueva York a los 72 días, seis horas 11 minutos y algunos segundos, el 25 de enero de 1890.

Tras ser corresponsal de guerra, murió en Nueva York a los 57 años de neumonía

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El encierro laborioso de un botánico en su inmenso jardín durante la pandemia

En una finca aledaña, los 30 empleados sembraron más de 70.000 ejemplares de plantas nativas de 37 especies y, con las ventas, Alberto pudo pagar los salarios de mayo y junio

/ 8 de julio de 2020 / 14:59

Alberto Gómez, en la visita de la periodista de AFP. Foto: AFP

Por AFP

Entre un tupido bosque andino sobresale la cabeza blanca de Alberto Gómez. Cuando estalló la pandemia en el segundo país más biodiverso del mundo, convirtió en su casa el jardín botánico que fundó hace más de 40 años en Colombia.

Sin los 30 trabajadores que lo acompañan habitualmente y lejos de su familia en Bogotá, el hombre de 72 años trabaja día y noche para mantener a flote el proyecto de su vida.

«Estoy viviendo aquí, en este jardín botánico del Quindío (oeste), desde el mes de marzo porque aquí me cogió la pandemia», dice a AFP en medio de 600 especies de plantas nativas que crecen a lo largo y ancho de 14 hectáreas de tierra.

Cuando Colombia entró en confinamiento el 25 de marzo para evitar la expansión del nuevo coronavirus, el parque ecológico dijo adiós a su principal sustento: el turismo. Unas 60.000 personas visitaban anualmente el jardín situado en plena zona cafetera, en el municipio de Calarcá.

Desde entonces Alberto es jardinero, vigilante, empleado doméstico, administrador y «dictador», reconoce entre carcajadas, «porque aquí no se mueve una hoja sin mi consentimiento».

Para seguir pagando los salarios de sus empleados, tocó las puertas de los bancos sin éxito. Luego recurrió al «crédito de usura» y lanzó un grito de auxilio en redes sociales.

«Este jardín fue (…) por decirlo de alguna manera gráfica, parido por mí», recuerda. Y antes que marchitar su sueño la crisis lo empujó a renovarse.

«Nos reinventamos, como dicen ahora», dice y se ríe.

Socorro

Abogado de profesión, Alberto empezó a interesarse por las plantas hace unos 50 años, cuando se convirtió por azar y por querencia en «jardinbotanólogo». El derecho le ha permitido sobrevivir económicamente y darle rienda suelta al centro de conservación ecológica.

«Me fui metiendo en un mundo fascinante. Como dicen los españoles, fue como descubrir otro Mediterráneo», explica.

Orquídeas, bromelias, lauráceas, suculentas, plantas carnívoras, acuáticas, medicinales, un museo de palmas, otro de geología y suelos, un zoológico de insectos, un mariposario, un jardín para niños con plantas de otras partes del mundo, una biblioteca de ecología, un auditorio y una sala de cine integran el jardín donde Alberto pasa el encierro.

Con la firma del histórico acuerdo de paz de 2016 que disolvió a la guerrilla de las FARC, «aumentamos del 5% al 20% los visitantes extranjeros», pero «la cuarentena colapsó el turismo internacional, nacional y local», lamenta.

Entonces se lanzó en «una especie de reingeniería» con una campaña que llamó «SOS por el Jardín Botánico del Quindío». Protagonizó un video en el que invita a comprar árboles, apadrinar plantas o zonas del jardín y apoyar proyectos con donaciones.

En una finca aledaña, los 30 empleados sembraron más de 70.000 ejemplares de plantas nativas de 37 especies y, con las ventas, Alberto pudo pagar los salarios de mayo y junio.

Su propósito es salvar del cierre este lugar que sobrevive «en medio del caos de las deforestaciones, de la degradación de ecosistemas, del calentamiento global y de la extinción de especies nativas», asegura. Y está teniendo éxito.

«Destrucción ecológica»

Cuando apenas clarea el día, a las 05.30 de la mañana, Alberto se despierta «con los cantos de las aves».

A esa hora «empieza la sinfonía y yo con esa sinfonía me levanto», describe. Colombia ocupa el puesto número uno en variedad de pájaros y en este jardín se han identificado 176 especies.

Tras un breve desayuno ‘jardinea’ en los estanques de plantas acuáticas porque, según dice, «es lo mejor que puede hacer uno en la vida para apaciguar el espíritu».

El resto del día desarrolla proyectos, investiga y busca recursos para financiar el jardín botánico que lleva más de 100 días sin el mantenimiento necesario y, por esto, crece «en estado salvaje».

Presidente de la ONG Red Nacional de Jardines Botánicos de Colombia desde 1996, Alberto cree tener una responsabilidad imperiosa. «La tarea que hay para salvar a Colombia de la destrucción ecológica es urgentísima (…) y no podemos esperar ni siquiera a nuestros hijos, sino que la tenemos que hacer nosotros ahora», subraya.

Hacia las 21.30, Alberto cierra su jornada laboral con un café. «Todos los días en esta pandemia para mí son iguales. No hay diferencia entre domingo o un lunes», sostiene.

En su mente hay proyectos educativos, planes de publicar un segundo libro y el deseo de aprender francés durante la cuarentena. «Lo único que tenemos prohibido en este jardín, en resumen, es dejar de soñar», dice.

*Lina Vanegas, AFP

(08/07/2020)

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Tarántulas bolivianas a la venta en internet

Se sabe que hay 30 especies de estos arácnidos en Bolivia y nueve endémicas. Son víctimas de los traficantes y es necesario un estudio para protegerlas

/ 1 de julio de 2020 / 10:30

Belleza. Los machos de la Pamphobeteus antinous tienen ‘patas azules’, una característica por la que es traficada. Fotos: fearnottarantulas y mymonsters.co.za

Ninguna se salva. Dos portales web con asiento en Estados Unidos ofrecen a la venta de manera ilegal cuatro tipos de tarántulas bolivianas, dos de ellas son endémicas. Bajo el rótulo: “¡Posea la mascota más genial del mundo!”, el mercado internacional trafica con estos animales.

En Bolivia solo existe un relevamiento preliminar que indica que hay 30 especies de tarántulas, de las cuales nueve son endémicas. Se trabaja en un proyecto de gestión y protección de estos invertebrados, mientras que en la Dirección General de Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente se pide más coordinación con Pofoma para combatir el tráfico ilegal.

Las páginas www.mymonsters.co.za y www.fearnottarantulas.co.za son los espacios donde se ofertan las arañas bolivianas. “Como ha ocurrido con las mariposas y los escarabajos, estos dos sitios trafican con las tarántulas. Ellas son hermosas y si bien algunas tienen veneno, generalmente son muy dóciles y por eso las capturan fácilmente para venderlas”, denuncia el entomólogo Fernando Guerra, autor de ese relevamiento preliminar.

Exótica. La Hapalotremus albipes es endémica de Bolivia y es conocida como la tarántula ‘pierna blanca’. Se vende ilegalmente por internet.

El reconocido científico, que además es uno de los pocos biólogos que conoce sobre las tarántulas en Bolivia, tiene una teoría sobre cómo los traficantes llegan al país y luego se dedican a la recolección de estos octópodos. “Algunos turistas que arriban a Rurrenabaque (Beni), que en realidad se camuflan como tales, llegan específicamente para recolectarlas o comprarlas de algunos comunarios”.

En www.fearnottarantulas.com se oferta a la Habiotremus albipes, endémica de Bolivia en $us 210; a la Cyriocosmus perezmilesi, que también es endémica y se vende en $us 75 y a algunas de menor tamaño a $us 45. Además aparecen la Acanthoscurria chacoana y la Pamphobeteus antinous, que si bien también hay en países vecinos, fueron colectadas en Bolivia.

Si eso sucede con la primera página, en www.mymonsters.co.za se lee en inglés sobre las ofertas: This product is currently out of stock and unavailable, es decir, “los productos están agotados”.

Desde la DGB, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, Luigi Guisada, de la unidad de monitoreo, admite tras estas pistas que estamos ante un caso de tráfico internacional. “Si las páginas están en inglés estamos hablando de un mercado internacional, que puede ser una red mucho más compleja”, admite el experto.

Al escribir “tráfico de tarántulas” en Google, se puede encontrar una docena de links relacionados con los siguientes títulos: “Encuentran un criadero con más de 400 tarántulas venenosas en España”, “Incautan en Colombia 23 tarántulas que iban al comercio ilegal”, “La nueva tarántula azul que puede haber destapado el tráfico de arácnidos” y “Tarántulas, monos y cangrejos: ninguno se salva del tráfico de animales”, entre otros.

El biólogo Guerra expone que la belleza de estos arácnidos, su docilidad, su capacidad de vivir desde 10 hasta 20 años y su exoticidad son las características por las que los traficantes las escogen para comercializarlas en el mundo.

A través de estas páginas, los traficantes promocionan las tarántulas bolivianas. “Habiotremus albipes (tarántula de pierna blanca de Bolivia) una hermosa especie de gran altitud de las montañas de los Andes en Bolivia. ¡Primera vez disponible!”, reseña el portal www.mymonsters.co.za. El animal mide 15 centímetros.

Especies. Ejemplares de Cyriocosmus perezmilesi endémicas, viven en Beni.

Especies. Ejemplares de Cyriocosmus perezmilesi endémicas, viven en Beni.

El mismo sitio vende la tarántula boliviana Cyriocosmus perezmilesi: “Tarántula enana de belleza boliviana. El paquete completo incluye todo: hábitat con sustrato y follaje, garantía de 30 días y un suministro de dos semanas de comederos”. Este invertebrado es oriundo de Beni y puede medir más de 15 centímetros. La tercera especie, Acanthoscurria chacoana, que puede medir hasta 18 centímetros, es rápida, dócil, audaz y puede vivir hasta 20 años. “Terrario de cuatro veces el tamaño de la araña, sustrato con un refugio y un plato de agua”. La especie no es endémica y se la puede encontrar en Argentina y Paraguay.

La cuarta tarántula en oferta es la Pamphobeteus antinous, puede medir de 18 a 22 centímetros. “Excavador terrestre/ oportunista del nuevo mundo, crecimiento rápido. Es tranquilo, pero asustadizo”.

La Antinous es víctima de los delincuentes por su belleza. En la página www.fearnottarantulas.co.za se la conoce como la tarántula “pierna azul boliviana”.

“La Antinous es muy linda y por eso la cazan, porque algunos machos tienen patas azules”, ratifica el biólogo Guerra. La especie puede ser hallada en La Paz, Beni y Santa Cruz, pero también habita en los bosques de Brasil y Perú.

Ante la evidencia de que existe un mercado internacional de tarántulas bolivianas traficadas, Guisada, de la DGB, apunta a la falta de coordinación con la Policía Forestal de Medio Ambiente (Pofoma).

“Lamentablemente no hay comunicación entre Pofoma La Paz y las autoridades. No ha existido comunicación, no hemos recibido reportes de recepción de estos animales o de otros operativos de decomiso. No es frecuente que Pofoma nos informe de las acciones que toma ni de los casos que tienen en decomiso”.

El coronel Javier Olaguibel, director departamental de Pofoma, indica que “es mentira que no se coordine las acciones con las autoridades”. Al respecto, el investigador policial revela que el año pasado recibieron una tarántula que después fue enviada al refugio Senda Verde en Coroico. Según la autoridad, “el arácnido fue entregado voluntariamente” por un ciudadano que la tenía en su poder.

“Nosotros siempre estamos revisando redes sociales y varios portales, pero no tenemos nada sobre ese tráfico que usted indica”, sostuvo el coronel Olaguibel a La Razón, que desconoce estas dos páginas que trafican con las arañas bolivianas.

La Acanthoscurria chacoana; si bien no es endémica, fue colectada en el país.

La fauna y la flora están protegidas por la Constitución Política del Estado, pero además por la Ley 1333 de Medio Ambiente. La primera norma en su artículo 381 declara que son “patrimonio natural las especies nativas de origen animal y vegetal. El Estado establecerá las medidas necesarias para su conservación, aprovechamiento y desarrollo”.

Añade que para su protección, el Estado “establecerá un sistema de registro que salvaguarde su existencia, así como la propiedad intelectual en favor del Estado o de los sujetos sociales locales que la reclamen. Para todos aquellos recursos no registrados, el Estado establecerá los procedimientos para su protección mediante la ley”. Es justamente lo que falta en el caso de las tarántulas en Bolivia.

En tanto, la Ley 1333 en su artículo 106 indica que los delitos ambientales serán sancionados por el Código Penal, que en su artículo 223 puntualiza: “El que destruyere, deteriorare, substrajere o exportare un bien perteneciente al dominio público, una fuente de riqueza, monumentos u objetos del patrimonio arqueológico, histórico o artístico nacional, incurrirá en privación de libertad de uno a seis años”.

Pese a ello, el tráfico ilegal internacional de tarántulas, mariposas y escarabajos florece. “Bolivia, por ser el corazón de Sudamérica y por tener todos los pisos ecológicos, tiene al menos unas 30 especies de tarántulas, de las que unas nueve son endémicas. Debemos tener un documento para su protección, por eso es importante saber con precisión cuántas son y cómo están”, recomienda Guerra.

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