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Confinamiento en 18 m2

Fotos: Rolando Aparicio Velasco

/ 25 de junio de 2020 / 15:40

La vida en el campamento de Cotahuma

En el extremo sur del más sureño de los Puentes Trillizos de La Paz, a 200 metros de la residencia presidencial, dos hileras de fachadas de paneles prefabricados de aglomerado crean un barrio improvisado de 20 casas pintadas de colores como para olvidar su existencia de emergencia.

Los habitantes de estos hogares son los damnificados del deslizamiento del martes 30 de abril de 2019, en la zona de Cotahuma (bajo Sopocachi). Aunque hoy muchos recuerdan ese lugar como un exbotadero mal ocupado por oportunistas y usurpadores, para estas familias era un barrio próspero que creció gracias a las obras que el municipio paceño ejecutaba: el tercer Puente Trillizo, la avenida Cotahuma e incluso —todavía tiene— una oficina de la Alcaldía. Un lugar donde, en su calidad de trabajadores, más de 100 familias encontraron terrenos a precios accesibles y donde varios de ellos ya habían cumplido más de una década viviendo allí.

Hoy, unas 20 familias ya cumplieron 13 meses habitando carpas y casas de emergencia. A esta dura situación viene a sumarse un confinamiento obligatorio de más de 70 días sin salir de una casa de 18 m2 (3×6 m). De manera admirable, mantienen una dignidad de hogar a pesar de tener que compartir este espacio hasta entre siete personas (incluyendo cocina e incluso mercadería o herramientas de sus oficios).

Algunos mantienen rutinas estrictas de limpieza, otros se las ingenian para “remodelar” y ampliar un poco su espacio. Ninguno tiene acceso a agua o baño en su casa, para ello la Alcaldía construyó un par de servicios y duchas en un extremo. Algunos deben caminar 50 metros para ir al baño, algo que se complica con niños pequeños y en época de frío.

Por lo menos cuatro de estas casas están ocupadas por adultos mayores de 60 años, quienes crearon en los días de encierro una especie de club de costura. Otras actividades conjuntas de esta comunidad impensada son las rutinas de lavar ropa, donde los chistes y chismes corren como el jabón y las charlas de puerta a puerta, que se volvieron habituales para soportar el hastío y conservar el distanciamiento social.

Entre 55 y 70 casas fueron afectadas por el deslizamiento. Varios de los damnificados recibieron departamentos de la Agencia Estatal de Vivienda. Algunos en El Alto (condominio Wiphala), otros en Mecapaca (al sur de Mallasilla), ambos lugares a unas dos horas en transporte público de Cotahuma.
Quienes siguen en estas casas de emergencia nombran varios motivos: no haber recibido los departamentos del Gobierno, tienen dificultades para trasladar su vida a lugares muy alejados de sus trabajos, otros exigen la expropiación de sus terrenos o volver a ellos. Más de 30 anticresistas tienen su propia lucha para que las entidades nacionales y municipales cumplan su palabra de construirles casas.

Se agradece que el 30 de abril no hubo muertos, pero esta gente perdió sus hogares y vio hundirse sus pertenencias en el barro. Ahora lucha por sobrevivir el día a día, dejar atrás los traumas y terminar con el limbo burocrático de su situación; mientras, como la sociedad misma, busca volver a una normalidad que al parecer ya no será posible.

La vista desde el mirador

P­orfirio Torres camina un poco tieso y por eso sus trajines diarios a buscar agua se vuelven algo más trabajosos. “Una hernia de disco mal operada”, explica. Es sábado y él y su familia cumple su rutina de limpieza de casa. “Los sábados movemos todo, porque tuvimos el caso de unos ratones que se entraron y mis hijas ahora tienen miedo”, cuenta mirando a sus hijas con complicidad.

Porfirio usa un sombrero blanco tipo vaquero, está bien afeitado y todos sus movimientos son calmados. Su historia con el deslizamiento empieza cuando, viendo que la Alcaldía estaba construyendo la avenida de Cotahuma, se decidió por comprar un ‘terrenito’ en la zona y construir allí su casa: su obra creció a la par de los Puentes Trillizos y el pavimento. “Trabajé 18 años en una empresa de bioseguridad que terminó quebrando hace tres años, ¿cosas de la vida, no? En ese tiempo terminé de construir la casa, allí se fue toda mi plata, pero vivíamos bien con mi señora y mis dos hijas. Yo ya no encontraba trabajo, así que con mi esposa invertimos para equipar nuestra cocina y tener una pensión. El barrio crecía, había mucha construcción, así que los albañiles y los nuevos vecinos eran nuestros clientes”, recuerda.

Porfirio abandona por un momento la limpieza para ir a charlar a un lugar que a él le gusta frecuentar, sobre todo en estos días de encierro: un mirador detrás de la hilera de casas de emergencia y desde donde se puede ver unas lonas agitadas por el viento y maquinaria que lleva parada ya más de dos meses. Allí también se ve el lugar donde antes estaba su casa y ahora no queda más que un montón de tierra.

“Ese 30 de abril (del 2019) llovió muy fuerte a mediodía, por unos 20 minutos. Yo estaba en mi casa ya preocupado porque la zona de arriba ya se había movido y los habían evacuado. Entonces escuché que tocaban mi puerta y que gritaban que había que salir de inmediato. Yo salí con lo puesto, muy nervioso.

Cuando cruzaba la puerta, ya un oficial me estaba jalando y entonces me acordé de mi perrito que estaba atado atrás. Intenté volver pero el guardia no me dejó. Justo en ese momento, el piso donde había estado parado hace un minuto desapareció y mi casa empezó a quebrarse como galleta”.

A los vecinos que estuvieron en el lugar ese día se les quiebra la voz al recordar. “Yo soy firme para darle fuerza a mi familia, pero es duro haber perdido todo y estar en este limbo sin solución”.

La cuarentena está en su día 60 y a Porfirio le duele contar que sobrevive con ayuda de familiares y conocidos. “Alguna vez yo los ayudé cuando tenía trabajo y casa, ahora es duro tener que ser yo el que pide la ayuda”.

Volviendo hacia sus labores de limpieza, Porfirio saluda a los vecinos que están sentados fuera de sus casas porque adentro el calor sofoca. “Siempre hay peleas, peor con todo el estrés de la pérdida y la situación en la que nos encontramos. Pero esto nos unió también de muchas formas. El golpe de este encierro es duro, es como un doble golpe luego de perderlo todo. Así aprendimos también que entre nosotros nos tenemos que apoyar, que solos nadie nos escucha, pero juntos tendrán que escuchar nuestros reclamos”. Así va caminando Porfirio, un poco tieso, pero avanzando.

La casera del barrio

Bonifacia Copa es una mujer de mirar serio, que mientras realiza sus quehaceres tiene el ceño fruncido y los labios apretados. Sin embargo, al ver que alguien la visita sus ojos se le abren y sonríe con cariño, como recibiendo un alivio a sus días de encierro. Bonifacia tiene algunas canas entre su abundante cabellera y los surcos de su piel denotan sabiduría.

Ella era la ventera del barrio y recuerda que la tienda que tenía en el frente de su casa siempre estaba bien abastecida: “incluso tenía tarjetas de celular, garrafas y artículos de limpieza”, recuerdan los vecinos mientras ella asiente.

De sus 18 m2, un tercio está ocupado por canastos con refrescos, algunos maples de huevos y otros productos sueltos que intenta vender en aquella calle cortada en la que pasan dos o tres personas por hora.

Ella explica que lo poco que tiene todavía es porque sus proveedores le tienen cariño y no la olvidan, pero sabe que su tiendita, así como está, no es sustentable.

“Por falta de clientes y sofocado por la quietud”, su marido no aguantó más y se puso a proyectar una ampliación en lo que ahora consideran su hogar. “Con nuestra platita estamos haciendo una estructura al costado, para tener una mejor ventita y una cocina aparte”, explica Bonifacia. Su marido prefiere no hablar, solo mira de reojo mientras busca en qué ocupar sus manos. La pareja parece tener la necesidad de estar activa. En cada visita, ella se encuentra barriendo la acera, lavando los platos o acomodando los productos de su venta. En la última visita, el marido ya estaba martillando lo que sería el piso de su ampliación.

Ellos tienen la suerte de que su casa se encuentra en uno de los extremos, así que tienen espacio a un costado.

“Él (su esposo) siempre encuentra en qué ocuparse, el encierro en este pequeño espacio es capaz de enloquecerlo a uno si no se hace nada. Yo empecé a tejer. Nos juntamos varias vecinas y así pasamos el tiempo, charlamos y hasta nos pasamos consejos sobre cómo organizar nuestros espacios”, cuenta mientras con su mirada hace un paneo a su reducido espacio.

Paneles prefabricados de aglomerado hacen de paredes, el techo es de calamina y el piso de venestas.

Todas las casas son idénticas, tienen la puerta al medio y una ventana a cada lado de la fachada frontal. Su cama, como la de la mayoría de los vecinos, son dos colchones de paja sobre un par de palets. Su cocina son dos hornallas conectadas a una garrafa “donación de una ONG del extranjero, que además dejaron algunas ollas y utensilios”. Como en todas las casas de los adultos mayores, en la suya hay varios baldes y bañadores donde almacena agua para distintos usos. En ambos costados de su cama se levantan pilas de cajas, ropa, adornos y bolsas con papeles. Al principio parece un exceso, pero al entender que allí están todas las pertenencias de esta pareja, entonces es incluso admirable el orden logrado. “Me la paso acomodando y botando cosas”, suspira Bonifacia.

La pareja asegura que no recibieron el departamento que el Estado había prometido. Ambos dan esa pelea casi por perdida y hablan de ello sin esperanza, parecen resignados a quedarse en esa casa de emergencia por un buen tiempo. “¿A dónde más vamos a ir? Aquí estaba nuestro hogar, aquí vivimos más de 10 años y ahora ya no tenemos nuestra casa, se la llevó la lluvia y la montaña. Mi esposo y yo somos ya mayores, nadie se ocupa de nosotros y no encontraremos trabajo, así que ya estamos rehaciendo nuestra vida, aquí será y ¿quién nos va a sacar?”, dice Bonifacia, que lava platos en una batea fuera de su casa y mira con orgullo a su esposo y otros familiares que realizan las reformas.

Reconstruir casas, e infancias

Una mañana, Marina salió de su casa y se sorprendió al ver una rajadura que iba desde su puerta hasta la acera del frente. “Toda la calle estaba levantada, como partida. Allí empezó mi trajín para que alguien haga algo. Fui a la junta vecinal y me dijeron que era problema menor. Fui a la Subalcaldía y me contestaron que debía contentarme con tener agua y luz. Eso pasó un mes exacto antes del derrumbe”.

Marina está en la mitad de sus treintas. Lleva lentes, mueve las manos al hablar y siempre está erguida. Su mirada se ilumina mientras ve a su hijo de siete años hacer tareas. Ella trabaja hace 18 años en la Armada.

“Desde mis 16 años que tengo ítem en la institución”, dice señalando para arriba, hacia la Escuela Naval Militar que funciona en la punta del cerro que hace sombra a su casa y donde ella trabaja. “Por suerte sigo trabajando. Así que mi situación no es tan crítica como la de los demás. Pero es duro porque tengo que ayudar a mi madre y mis hermanos pequeños”.

Los padres de Marina dejaron Oruro cuando ella era niña y tras un largo peregrinaje por varias localidades de El Alto y La Paz, hallaron una buena oportunidad con unos ‘terrenitos económicos’ y donde la Alcaldía ya tenía el proyecto de pavimentar y urbanizar, así le dijeron al venderle. Allí construyeron su casa y la llenaron con sus siete hijos. Marina es la segunda hija mayor y había construido su propia casa en la misma cuadra que la de sus padres. Ambas edificaciones fueron destruidas ese 30 de abril.

Beatriz, la mamá de Marina, también vive en una casa de emergencia. “Hasta hace poco estábamos mi madre, mis cinco hermanos, mi pareja, mi hijo y yo compartiendo una casita. Aunque mi familia me apoya mucho, era muy estresante y para mí muy doloroso tener que exponer a mi hijo a esta situación. Cuando llegó la cuarentena, quienes tenían algún pariente y pudieron irse a un lugar mejor, lo hicieron. Entonces nosotros pedimos ocupar una de las casas que quedó vacía”, relata Marina con alivio.

Marina sale a trabajar todos los días y deja a su hijo con su abuela. “Yo no le puedo ayudar con las tareas porque no sé leer ni escribir”, explica Beatriz, una señora de pollera celeste, un sombrero blanco de ala ancha y con varios anillos en las manos. Casi todos los 18 m2 de su casa están ocupados por camas, ya que ella habita el espacio con su marido y cinco hijos.

Omar, su hijo adolescente, cuenta que entre varios vecinos ponen cuotas para un servicio de internet que comparten. “Así podemos estudiar, aunque se dificulta porque solo una casa tiene computadora”.
Beatriz, junto con sus hijos, apiló algunas calaminas para construir una precaria cocina. Allí, ella pela los vegetales de la siguiente comida mientras escucha atenta lo que pasa con los niños dentro de la casa. Omar pide permiso para dar una vuelta en su bicicleta y se va mientras los menores dibujan sobre una de las camas.

Marina llega de trabajar, averigua las tareas del colegio y empieza a ayudar a su pequeño con una paciencia que enternece. “Mi hijo va a tener una infancia llena de juegos y aprendizaje. No importa todo lo que tenga que trabajar, yo le voy a dar eso. Ahora sigo pagando el préstamo de mi casa a la mutual con mi trabajo y no tengo la casa. Pero no importa, seguiré trabajando y la volveré a construir. Eso sí, ya perdí todas mis cosas, no me pueden pedir que me vaya y termine de perder hasta el pedazo de tierra que tenía.

Yo no me voy a ir de aquí con las manos vacías. Yo voy a trabajar y reconstruir”, anuncia una firme Marina.

La presidenta del club

De su casa color amarillo sale un vapor con aroma a comida. Allí está ella sentada frente a las hornallas removiendo algo. Primitiva Calli, además de ser la mayor de los vecinos, parece ser la presidenta del club de tejedoras.

Ella se abraza y hace gestos de escalofrío cuando recuerda los meses que pasó viviendo en una carpa luego del derrumbe. También recuerda que pasó semanas enteras con una comida al día y mascando coca para soportar.

Un poco encorvada, sonriente y de movimientos pausados, Primitiva es la imagen viva de una abuelita boliviana. Ella tiene un hijo que vive en Santa Cruz y otro que vive en El Alto: “Ambos ya tienen familias, uno dos hijos y el otro cuatro, yo no quiero ser un estorbo para ellos”, explica. “Ahora estamos mejor, pero el encierro en este pequeño espacio es duro. Hay que buscarse qué hacer, porque si no desespera”.

En un extremo de su casa hay una cama con un par de cosas encima, es de su sobrina, que vive con ella pero por la cuarentena se fue cerca de su trabajo. Al medio, al lado de la puerta, está la pequeña cocina donde prepara su sopa y al otro costado, su cama. Sobre una de las paredes hay varias pertenencias que parecen buscar armar un rompecabezas cuyas piezas se saben incompletas. Primitiva saca bolsas de entre las cajas y muestra el contenido: “Estas son las artesanías que vendo en varias ferias: la que hacen frente al monolito de la universidad, en el Parque Urbano o en El Prado. También tengo ropita de bebé (saca de otra bolsa), esa la tejo yo. Siempre me las busqué y habrá que seguir, solo que con este encierro la vida se pone todavía más dura”.

“A mí me dieron un departamento en El Alto, he pasado unas semanas allí, pero está vacío y no tengo plata para amoblarlo. Yo creo que después de que pase esto de la pandemia me iré a vivir allí. Eso sí, yo necesito seguir teniendo esta casita porque en las ferias en las que vendo termino a las 10 de la noche, y a esa hora no puedo subir hasta allá solita y cargada”.

Los fines de semana, y uno que otro día que se encuentra modos, otra sobrina que tiene le lleva comida y ayuda en lo que Primitiva necesita. Una de las tareas más complicadas es traer agua desde el baño o mantener el orden en un espacio tan reducido. “Cuando estábamos en las carpas me costaba mucho hacer mis trabajitos para vender. No había luz y estábamos incluso más apretados”, recuerda mientras teje en una esquina de su casa. Este día está contenta: tiene un par de pedidos y eso significa algo de dinero para ella.

Las casas de emergencia fueron el trabajo de la Fundación Techo. Al principio, los vecinos se las arreglaron para colgarse del tendido eléctrico para tener luz pero pronto vino la empresa de electrificación e hizo las instalaciones. “La luz nos la cobran, nos instalaron medidores en cada casa. Por suerte una ONG nos donó unos focos de bajo consumo. El agua es una sola cuenta que dividimos entre todos”, explica Primitiva.

“En estos días, a veces sin pensar nos quedamos hasta la madrugada tejiendo. Así pasamos el tiempo; además, cuando tejes no piensas en el frío ni en nada, eso lo aprendí en las ferias donde tengo que estar sentada por horas. Ahora me sirve en la cuarentena”. El grupo de costura le ayuda a desarrollar un pasatiempo que ya ni se acuerda quién le enseñó. “Tejo desde que tengo memoria y así seguiré hasta que se pueda”.

Volver al futuro: 35 años de viajes en el tiempo

En el campo del cine de ciencia ficción, la trilogía de Robert Zemeckis combina tecnología, aventura, amor y comedia

/ 21 de julio de 2020 / 12:49

Hay un sinfín de películas que exploran los viajes en el tiempo, desde The Time Machine de George Pal, pasando por Terminator de James Cameron o About Time de Richard Curtis, entre las más conocidas. Desde hace 35 años una trilogía sobre este tema es recordada por varias generaciones. Todo comenzó el 3 de julio de 1985 con el estreno de Volver al Futuro (Back to the Future), que fue escrita por Bob Gale y Robert Zemeckis, siendo este último su director. En un principio la historia fue rechazada al menos 40 veces por distintos estudios cinematográficos como Disney y Columbia, pero luego del éxito de Romancing the Stone de Zemeckis, la Universal Pictures dio luz verde al proyecto bajo la producción de Steven Spielberg.

El filme cuenta la historia de Marty McFly (Michael J. Fox), un adolescente rebelde e impulsivo que viaja accidentalmente al pasado de 1985 a 1955, la época en que sus padres se conocieron. Eventualmente, cambia los hechos específicos de la línea original del tiempo en que sus padres se conocieron y enamoraron. Marty intenta entonces, con ayuda del Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd), inventor de la máquina del tiempo, reunir a sus padres de nuevo para asegurar su propia existencia y la de sus hermanos.

Para interpretar al carismático Marty McFly se pensó en Michael J. Fox, quien fue descartado por estar ocupado en la serie Family Ties (Lazos familiares). Ralph Ralph Maccio, la estrella de Karate Kid, fue el siguiente en la lista, pero Maccio devolvió el guion señalando que sería un fracaso. Finalmente el papel lo obtuvo Eric Stolzs, pero durante el rodaje, el director y la producción se reunieron y descartaron a Stoltz y llegaron a un acuerdo con Fox para que asuma el papel.

Con el rol de Doc Brown pasó algo similar: se pensó en actores como Danny de Vito, John Lithgow, Dudley Moore y Jeff Goldblum, pero el papel quedó finalmente en manos de Christopher Lloyd. El actor fue quien sugirió que el doctor tuviera ese perfil alocado, una mezcla de los desarreglos capilares de Albert Einstein y del director de orquesta Leopold Stokowski. Otra decisión de casting peculiar fue la contratación de Lea Thompson (Lorraine McFly) y Crispin Glover (George McFly), los padres de Marty, ambos actores eran más jóvenes que Michael J. Fox.

La elección del antagonista, Biff Tannen, recayó en J.J. Cohen, que fue descartado porque no era muy convincente para ser el brabucón que se enfrentaría a Stoltz, ambos tenían una estatura similar. La elección final fue Thomas F. Wilson, quien con sus 1,89 metros de altura era un adversario impresionante, además de ser un excelente comediante y actor.

La producción contrató a Huey Lewis para que compusiera la canción principal de la película, así The Power of Love fue un éxito instantáneo que encabezó las listas de los charts y que es muy identificada con el filme. Lewis hace un pequeño cameo siendo el profesor que rechaza la banda de Marty porque tocaban demasiado fuerte. Zemeckis pensó en Alan Silvestri para la banda sonora, pero Spielberg no quería dar su aprobación. Entonces el director, sin nombrar al autor, hizo escuchar parte del material al creador de E.T., quien quedó muy complacido.

La elección del DeLorean fue por su aire futurista, con las puertas que se abrían de forma vertical. Se rumoreaba que Ford ofreció 75.000 dólares para que el auto escogido fuera un Mustang, pero fue desechado por Bob Gale, quien manifestó que se necesitaba un vehículo que pareciera una nave espacial para los años 50. Esta no fue la única investigación que se hizo, la producción revisó varios logotipos y cómo éstos habían evolucionado en su diseño desde 1955 hasta 1985. Las elecciones principales fueron Texaco y Pepsi, por los cambios sustanciales que sufrieron.

El guion es un trabajo bien realizado, casi una pieza de orfebrería: utiliza de forma magistral el tema del viaje en el tiempo mientras incorpora algo nuevo en cada escena, se arriesga a utilizar las variables del cambio temporal y las consecuencias en el futuro, e incorpora un tema incómodo como el de la atracción de la madre por alguien que ella no sabe que es su hijo, esta relación casi incestuosa fue el motivo por el que Walt Disney no quiso producir la película. El clímax llega con el beso en el auto, que es resuelto de forma elegante cuando Lorraine McFly le dice a Marty que fue como besar a su hermano.

La cuenta regresiva, el tiempo que se acaba, está muy bien aprovechada por los guionistas ejemplos claros son el reloj de la plaza, la foto difuminándose, el encuentro de los padres o el regreso para evitar la muerte del Doc Brown. Robert Zemeckis logró una película que ostenta frescura y agilidad en cada escena. El encanto de Michael Fox junto a los otros actores, además de los gags esparcidos por todas partes, envuelven al espectador.

El legado de Volver al Futuro va más allá de los reconocimientos que ha logrado desde estar en la posición número 28 en la lista hecha por la revista Entertainment Weekly titulada Las 50 mejores películas sobre preparatorias, hasta alcanzar en 2008 la posición en el sitio 23 de las “mejores películas jamás hechas”, lista creada sobre la base de la opinión de los lectores de la revista británica Empire. Un año antes fue elegida para su preservación en el National Film Registry por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos por ser “estética, cultural e históricamente importante”.

Volver al Futuro fue una de las primeras en romper el lazo con el celuloide, logrando una serie animada de televisión, Back to the Future: The Animated series. Duró dos temporadas, cada una con 13 episodios, y corrió en CBS del 14 de septiembre de 1991 al 26 de diciembre de 1992.

De igual manera llegó al mundo de las historietas gracias a Harvey Comics en 1992, donde se contó otras aventuras de la serie animada. IDW publica una miniserie que presenta la primera reunión de Marty y Doc Brown y es escrita por el coguionista Bob Gale, que fue lanzado en las tiendas el 21 de octubre de 2015, la misma fecha que Marty viaja con Doc Brown al futuro, representado en la línea del tiempo la historia para la Parte II. Otras series publicadas por IDW incluyen Citizen Brown, que adapta el videojuego Telltale, y Biff to the Future, que representa el ascenso de Biff Tannen al poder después de recibir el almanaque por su futuro yo.

Cada película de la trilogía fue novelizada y mostró escenas que fueron eliminadas de los filmes por temas presupuestarios o de otro interés. En 2012, los libros de Hasslein lanzaron una materia del tiempo: El no autorizado Back to the Future Lexicon, escrito por Rich Handley. El libro fue lanzado en cooperación con BTTF.com, el oficial Back to the Future sitio Web. Otro volumen fue lanzado en 2013 bajo el título Back in Time: The Unauthorized Back to the Future Chronology, de Greg Mitchell y Rich Handley. Lo mismo sucedió con varios videos basados en el juego, siendo los más populares Super Back to the Future y Back to the Future: The Game lanzado para P3 y adaptado para P4 en su 30 aniversario.

El 13 de mayo, parte del elenco, el director, compositores y su guionista se reunieron para intercambiar ideas sobre una posible cuarta entrega gracias al actor Josh Gad, en su ciclo de YouTube Reunited. En estos 35 años, Volver al Futuro se ha convertido en un clásico moderno. Han pasado más de tres décadas de su estreno y la película sigue manteniendo la frescura, gracias a que ha capturado a millones de espectadores en todo el mundo.

TEXTO: JUAN JOSÉ CABRERA
FOTOS: INTERNET

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POTOSÍ en fotografías

Momentos de la historia se reflejan en siete imágenes de la Villa Imperial

/ 21 de julio de 2020 / 12:37

Desde una corrida de toros en la antigua plaza 10 de Noviembre, pasando por la vista de soldados del Regimiento Bustillo prestos para salir a defender la patria en la Guerra del Pacífico, la llegada del primer automóvil a la Villa Imperial y hasta un desfile cívico en el centro, la página Historia y Leyenda de la Villa Imperial de Potosí resume en 400 fotografías los momentos cumbres en la historia del departamento.

El sitio que fue creado por Álvaro Bejarano Zárate, un ingeniero petrolero de 33 años, le rinde homenaje a la Villa de Carlos V con imágenes históricas de colecciones privadas y otras donadas por familias potosinas. “Tenemos ya 38.000 seguidores en Bolivia y el mundo en nuestra página en Facebook. Nuestra colección crece día a día”, suelta con satisfacción.

Una de las joyas fotográficas que posee esta colección virtual es de 1876, cuando la actual plaza 10 de Noviembre de Potosí apenas era una explanada donde se realizaban corridas de toros para darle realce a alguna festividad.

De acuerdo con Bejarano, la instantánea correspondería al Carnaval de 1876, una época en la que las fiestas taurinas, muy apreciadas por los españoles, se organizaban en el centro de la ciudad. “En esos años, la plaza principal se llamaba Plaza del Regocijo, hasta donde llegaban enormes razas de toros traídos desde San Pedro de Buena Vista, al norte de Potosí, lugares donde se mantenía la ganadería colonial con las castas de toros más grandes traídas desde España”.

En la imagen se pueden apreciar unos arcos, similares a los que poseen las plazas principales de Oruro y Cochabamba, y que la Villa Imperial tenía a mediados del siglo XIX. Al centro, un toro bravo y ocho jinetes captan la atención, mientras la muchedumbre rodea la antigua plaza.

Otra fotografía que destaca es la formación del Batallón Bustillo 1ro. de línea de la Villa Imperial de Potosí formando en 1879 en la plaza 10 de Noviembre para emprender la marcha hacia la Guerra del Pacífico (1879-1883). En la imagen se puede apreciar en primer plano a los oficiales y detrás de ellos está un grupo de jinetes con lanzas, algo muy típico todavía en los ejércitos del siglo XIX.

Otra imagen que sobresale es la inauguración de la estación de ferrocarriles en Uyuni que, según Bejarano, se produjo el 11 de julio de 1889. “Esta era la segunda estación más antigua de Bolivia, después de la estación de Antofagasta, cuando pertenecía a Bolivia”. En otras fotos se puede reconocer precisamente la antiquísima estación de trenes de Antofagasta. La imagen sería del 20 de enero de 1873, cuando se trataba aún de territorio potosino.

PROGRESO. La inauguración del tren a Sucre. Una autoridad local da un discurso en 1918.
FERROCARRIL. La estación de trenes fue inaugurada en Uyuni el 11 de julo de1889. Es la segunda estación más antigua de Bolivia.

Otra toma, un poco borrosa quizá, pero igual de testimonial es la partida de los soldados potosinos rumbo a la Guerra del Acre (1899-1903). La foto aparentemente fue tomada en la plaza principal de la Villa Imperial, donde los soldados, acompañados por una banda de guerra, se alistan para salir a Pando. Si en esas épocas los destacamentos paceños tardaron al menos tres meses en llegar al campo de las acciones, es posible que los jóvenes potosinos hayan tardado mucho más tiempo en subir desde el sur hasta el norte de Bolivia, según algunos historiadores.

La imponente Catedral
La siguiente imagen nos lleva hasta un desfile cívico de 1910 en homenaje a los 100 años del grito libertario del 10 noviembre de 1810. Decenas de varones elegantemente vestidos con sombreros de copa alta, camisas blancas, trajes oscuros y un bastón hacen su paso por la plaza principal de Potosí. Al fondo se observa la majestuosa Catedral o Iglesia Matriz, donde se encuentran las históricas tumbas de la Cuarta Marquesa de Santa María de Otavi Ildefonsa Josefa de Otondo y Escurrechea, sepultada el 24 de junio de 1840.

En el recinto descansan además, de acuerdo con Bejarano, los restos de la Tercera Condesa de la Casa Real de Moneda María del Carmen Lizarazu Beaumont de Navarra y López Lisperguer, sepultada el 7 de abril de 1845, junto a los del Cuarto Marqués de Santa María de Otavi Francisco de Paula Trigosa y Garrido, que fue enterrado el 5 de junio de 1850. En la Catedral también se resguardan los restos mortuorios del escritor y cronista Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, además de los de algunos de los héroes de la Guerra de la Independencia (1810-1825).

Con el Cerro Rico de Potosí como su mayor emblema, el auge de la minería le permitió al empresario minero Eulogio Z. Vargas adquirir en 1910 el primer vehículo de cuatro ruedas desde Estados Unidos. “El primer coche que conquistó la ciudad más alta del mundo fue importado desde Estados Unidos y era un Ford T, considerado en ese momento como un automóvil universal”, refiere Bejarano.

En la imagen histórica se puede ver cómo las personas se arremolinan alrededor del nuevo artilugio de cuatro ruedas, mientras otros curiosos observan desde sus balcones el motorizado, todo bajo la mirada silenciosa del Cerro de Plata.

Se cuenta que este primer coche podía llegar a imprimir una velocidad de 71 kilómetros por hora, que para ese entonces era toda una proeza.

TRADICIÓN. Es el Carnaval de 1876 en la Villa Imperial de Potosí. En ese tiempo se celebraba la fiesta con una corrida de toros en la Plaza del Regocijo.

Otra fotografía es de 1918, de cuando las autoridades potosinas inauguraron la Estación de Trenes en Potosí, cuyo tramo iba desde la Villa Imperial hasta la ciudad de Sucre, un evento histórico en ese tiempo. La imagen muestra cómo muchos pobladores se dieron cita para ese momento cumbre, mientras una persona da un discurso encima de la locomotora.

La útima fotografía retrata otro momento fatídico para los jóvenes potosinos:

La imagen corresponde a 1933, cuando regimientos de ese departamento formaban en Tupiza para emprender la marcha a la Guerra del Chaco (1932-1935).

“En los estandartes se puede leer todavía una inscripción que reza: Contingente de los Chichas, al centro se halla el Regimiento del Norte de Potosí y a la izquierda el Regimiento de la Villa Imperial de Potosí”, complementa Bejarano.

La colección de 400 imágenes también posee una singular foto del siglo XIX en la que un aparentemente ciudadano extranjero es inmortalizado por otro, mientras toma una fotografía.

“Tenemos fotos panorámicas de la ciudad de Potosí del siglo XIX, pocas son del siglo XX, que ahora salen a la luz, porque nuestra ciudad siempre fue un poco reservada; sin embargo, ahora las mostramos en Historia y Leyenda de la Villa Imperial de Potosí”, invita el coleccionista.

ACRE. En 1902, los soldados se aglomeran en la plaza principal de la Villa Imperial, horas antes de partir a la guerra.

GUERRA. En el año 1933, regimientos del departamento de Potosí forman en Tupiza para emprender marcha a la Guerra del Chaco.

TEXTO: JORGE QUISPE
FOTOS: COLECCIÓN HISTORIA Y LEYENDA DE LA VILLA IMPERIAL DE POTOSÍ

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La tierra prometida: Cañadillas

A partir de la llegada de los guaraníes de Huacareta, el bosque se protege. La gente aprendió a reconocer su valor, su biodiversidad y la agrobiodiversidad.

/ 13 de julio de 2020 / 16:12

Desde que hay registros de su historia, la nación Guaraní se ha caracterizado por su lucha por la libertad. Hasta 1996, habitantes de Huacareta (Chuquisaca) mantenían una relación patronal con los hacendados, sin tierras para la producción. Hoy no solo viven y conviven con el bosque, sino que contribuyen a la recuperación y uso sustentable de especies alimenticias de la región.

“Llegamos a una tierra y un espacio nuevo en el que debíamos desarrollar habilidades, había que adecuarse al clima, a la época de siembra, al mismo contexto. Comenzamos por identificar nuestro bosque, a protegerlo y cuidarlo. Pese a que no pertenecemos a ningún área protegida o parque natural, cuidamos el bosque y comenzamos a sobrevivir gracias a él”, relata su actual Mburuvicha Zonal Ingre (líder), Vicente Ferreira.

Ferreira tenía 14 años cuando su pueblo llegó a la comunidad de Cañadillas, en el municipio de Monteagudo (Chuquisaca), el 2 de septiembre de 1997. Con la llegada de los guaraníes de Huacareta a su nueva tierra, a “la tierra prometida”, el bosque ahora se protege, se reconoce su valor, su biodiversidad y agrobiodiversidad. “Comenzamos a alimentarnos del guayabo, miel, nogal, gargatea. No fue fácil, los primeros años fueron críticos, pero hemos avanzado mucho, hemos estudiado y valorado nuestro medio ambiente”, explica Ferreira.

Hoy en día ya hay gente que se ha especializado en salud, agricultura, tecnología y medio ambiente. “Nosotros (los comunarios) reconocemos el valor de los frutos y nadie chaquea, como tampoco nadie usa agroquímicos y glifosato. Hemos empezado a valorarlas semillas propias del lugar y no usamos semillas transgénicas por ser organismos genéticamente modificados; cuidamos nuestro medio de subsistencia”.

Esta interconexión con el bosque y la naturaleza es potenciada a partir de 2018, en el marco del proyecto Agrobiodiversidad, ejecutado por la FAO en coordinación con el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, junto a la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), con asesoramiento técnico para la recuperación y uso sustentable de especies propias de la región, como el nogal, mistol, guayabilla, sarhuinto, algarrobo y arrayan, dentro de los frutos silvestres; y los maíces nativos de la región del Chaco.

Entre otras acciones, se implementaron viveros de frutos silvestres y se concretó un emprendimiento que aporta a la nutrición y la salud, con el respaldo del Instituto Superior Tecnológico Monteagudo (ISTM): Amandiya, una pequeña planta de transformación de frutos como el mistol, el al garrobo y la nuez para preparar un multivitamínico proteico que actualmente se comercializa como producto artesanal. Además, se inició la producción de mermelada de guayabilla que se comercializa en el mercado de Monteagudo como producto artesanal.

La nuez del nogal tiene alto contenido de omega 3 y minerales, ayuda principalmente aprevenir enfermedades cardiovasculares, la formación de tejido óseo y regula la función de sistema nervioso. El mistol tiene un alto contenido de vitamina C, mientras que el algarrobo presenta un alto contenido de calcio, fibra y de proteína que favorecen la formación de músculos y huesos.

Hacia adelante, se espera obtener el permiso del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) para incrementar la escala de producción de las especies transformadas con valor agregado y llegar a otros mercados.

“Como pueblo Guaraní es importante proteger nuestros recursos, nuestro bosque. Tenemos al nogal, que ahora lo consumimos y a nuestros niños les gusta porque da energía y es muy bueno”, comparte Verónica Flores, comunaria indígena guaraní de Cañadillas.

Actualmente, las haciendas donde vivían estas familias que ahora habitan el bosque permanecen como reliquias en el sector de Huacareta y son el pasado. Ahora el pueblo guaraní escribe su futuro y recupera conocimientos ancestrales que mantienen el equilibrio y la relación con la naturaleza, porque el bosque es vida y es su proveedor de alimentos.

Historia del pasado

En la memoria de los guaraníes está el 29 de marzo de 1892, cuando el líder Apiaguaiki Tumpa (que significa Hombre-Dios) murió fusilado a raíz de un levantamiento armado contra los terratenientes que esclavizaron a su pueblo.

Cien años después, la comunidad Cañadillas de la Capitanía Zonal del Ingre aún vivía en esa relación patronal, sin posibilidad de acceso a tierras propias para producir sus alimentos, con una educación que se interrumpía en los primeros cinco años de primaria porque los niños tenían que empezar a trabajar.

Esta historia cambió cuando la noche del 11 de septiembre de 1997 llegaron camiones dispuestos a llevarse a quien quisiera irse.“Cargamos las pocas cosas de las familias que eran posibles de llevar, subimos enseres y a nuestros animales de granja y partimos con carros llenos. Recuerdo que durante el trayecto hubo muchas lágrimas, lloraban las mamás, los niños, los perritos aullaban; no sabíamos lo que nos esperaba. En mi caso,me fui solo, dejé a mi familia para luego volver por ella y traerla a una nueva tierra”, recuerda Ferreira con una profunda emoción en la voz.

Al día siguiente llegaron a Cañadillas, donde levantaron campamentos. “Cuando arribamos, llegamos a una tierra y un espacio nuevo en el que debíamos desarrollar habilidades, había que adecuarse al clima, a la época de siembra, al mismo contexto. Comenzamos por identificar nuestro bosque, a protegerlo y cuidarlo, a precautelar la regeneración del bosque, a cerrar los ojos de agua para que no se chaquee la cabecera del agua, pese a que no pertenecemos a ninguna área protegida o parque natural, pero cuidamos el bosque y comenzamos a sobrevivir gracias él”.

Actualmente, la totalidad del territorio de la Capitanía Zonal Ingre se encuentra en los municipios de Monteagudo y Huacareta en Chuquisaca, y esta capitanía aglutina a las comunidades de Cañadillas, Ivoperenda, Cazapa, Itapenti, Ñaurenda, San Jorge de Ipaty, Anguaguasu, Villa Hermosa, Tentapuko, e Ivaviranti.

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El feis

Ch’enko total. El papirri: personaje de la Pérez, también es Manuel Monroy Chazarreta

/ 12 de julio de 2020 / 14:11

Imagen de referencia.

Por Manuel Monroy Chazarreta

Sería más o menos por el 2007 cuando empecé a conocer y estar en el feis. Solo pasaron 13 años. Al principio no entendía bien qué era, tengo un amigo informático que esas veces se ocupaba de mi feis como si fuera de una página web. Luego supe poner yo mismo los avisos de mis conciertos y sirvió como fuente de publicidad gratuita para convocar público. Seguramente presenté la portada de mi disco, “El Papirri presenta Helado propicio”, “tocaremos en Cochabamba” y así. El feis era un territorio sano, bonito. Incluso me encontré con una exnovia, vital en mi historia, que escapó de mí y de mis angustias y se refugió en brazos de un mexicano que vive en California. Fue emocionante saber que tenía mellizos y que era feliz, solo que parece que el mex era muy celoso y la obligó a dejar el feis. Recuerdo que en una tocada del 2008, en algún boliche paceño, se me acercó una persona del público y en confianzas me dijo: “Hola, Papirri, somos pues amigos del feis”. Yo lo miraba inseguro, no sabía qué responderle. “Amigos del feis”: todo un concepto.

Luego vino mi etapa laboral en una embajada y me olvidé del feis, el asunto era delicado. Ahí fue cuando el feis empezó a cambiar de cara, pues tenía demasiada exposición. Sin embargo, el 2017, 2018, hasta el 2019, el feis otra vez recuperó para mí esa candidez del encuentro sorpresa, ese territorio de encontronazos infantiles. Nunca busqué los “like”, los “me gusta”. Tenía una sobrina que se enojaba mucho porque ella publicaba una foto con su perrito y yo no le ponía like. Tampoco supe bien como interactuar con esos “amigos del feis”. ¿Quiénes eran? ¿Qué querían? Un día de esos me enteré de que no cabían más, que el límite eran 5.000 personas. Una amiga muy querida me dijo, “oye, che, creído, ¿por qué no me aceptas en tu feis?” Yo, en la luna. Ahora lo entiendo. Cada vez que aceptaba a un nuevo “amigo”, también aceptaba un probable antipático y cobarde enemigo. Y dejaba afuera a una amiga de verdad.

Entonces llegó un cuate del Papirri que dijo “deberías tener fan page”. “¿Qué es eso, pues?”, “Un feis solo de actuaciones, videos, entrevistas del artista”. “Ya, ps”, le dije. De buena gente el cuate construyó esa fan page y aceptó a otros 5 mil “amigos” más. Esos años de retorno a escena fueron gratos: otra vez el feis era un territorio de encuentro, me ayudó mucho. Pude vivir de tocar, de dar conciertos, el feis fue el instrumento social sano.
Solo que yo, conservador en algunas cosas, seguía haciendo afiches y hasta programas impresos de mis conciertos de gala. Hoy los miro como reliquia, como asunto de una vida pasada, pero están ahí, en físico, existen.

Mis preocupaciones sociales, mis ansias de que tengamos un país más igualitario, sin racismo, sin discriminación, con educación para todos, salud parra todos, son ecos que escuchaba de la voz y memoria de mi padre, uno de los creadores de la Revolución Nacional que eliminó la esclavitud indígena. Desde niño supe quién era Gualberto Villarroel, qué significaba para el país. Escuchaba las charlas de mi padre con su mejor amigo, el Chueco Céspedes, y aprendía.

Aprendí lo que era la Patria y los vendepatria. Aprendí lo que era la rosca, la oligarquía minero feudal, los imperialismos, el saqueo, los cipayos. Luego leí Nacionalismo y Coloniaje y pude saber más. Aprendí con la desaparición de mi tío Dardo lo que era la violencia de la derecha, aprendí con el llanto de mi madre lo que significaba violar los derechos humanos porque mi papa caía otra vez preso en esos 18 años de dictaduras. Entonces salí a marchar, con 16 años, contra la dictadura de Banzer. Y salí a pelear con 18 contra el golpe militar de Natusch. Empecé a componer canciones a los 19 y algunas de ellas traían esa preocupación social. Nació Hoy es domingo, Llockallita, Maribel. Pero la vida tenía muchos más colores, amores, sabores: existían Piazzolla y Charly, Borges y los Beatles, Gabo y Stravinsky. Y conocí el amor, y el sollozo por amar. Y conocí la noche, y el día
vuelto noche. Recuerdo que cuando recuperábamos la democracia con la UDP, hice mi primera cancioncita de propaganda apoyando al frente de izquierdas. Luego, con la Izquierda Unida, ahí estábamos cantándole a
las revoluciones, al Che. Ejercía mis ideales sin persecución ni insultos. Había retornado la democracia. No había feis.

A fines de noviembre de 2019 publiqué un post con mis preocupaciones sociales en mi feis. Compartía la noticia: suman «34 muertos en las masacres de Senkata y Huayllani». Y comentaba: «sin palabras». Llegaron 300 insultos. De algunos parientes queridos, de varios amigos de la infancia y por supuesto de aquel “amigo” del feis que bailaba con mis canciones. Siete meses no puse ni un solo post con mis preocupaciones sociales, hoy opinar en el feis es pecado. Puse que el Congreso argentino había declarado el 29 de mayo día del Folklorista Argentino, en
honor a la fecha del nacimiento de mi abuelo materno, Andrés Chazarreta. 4 comentarios. Que había dado un concierto en el Café Vinilo de Buenos Aires, lugar de gran prestigio. 10 comentarios. Que estoy haciendo un nuevo disco: 6 comentarios. Hace dos semanas brotó la preocupación social, denuncié en el feis que mataban al Ministerio de Culturas: 164 comentarios, la mayoría dizque insultos. Ahora no sé qué hacer con tantos “amigos” del feis. No tengo tiempo para sacarlos de mi vida. Son un montón. Parece que soy minoría absoluta en mi feis.

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Murciélagos: la lucha contra el estigma mundial

Son las otras víctimas del coronavirus. Hay 138 especies en Bolivia. Una está en Peligro y seis en la categoría Vulnerable.

/ 12 de julio de 2020 / 13:38

Un miembro Carollia. Foto: Merlyn D. Tutle, bad conservation international

En marzo, miles de murciélagos fueron quemados en Indonesia y China, así como en Ecuador y Perú, “al creer falsamente que transmiten el COVID-19, cuando no existe una evidencia científica que ratifique aquello”, lamenta Luis Fernando Aguirre, el mayor experto de estos alados en Bolivia. En el país existe una especie En Peligro y seis en la categoría Vulnerable.

En marzo, varios informes internacionales, uno de ellos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), apuntaron a que los quirópteros podrían ser los transmisores del virus que apareció en Wuhan, China, a fines de
2019, aunque nunca se presentó una prueba científica de que aquello sea cierto. Posteriormente apareció otro sospechoso, el pangolín, que finalmente también fue absuelto. Sin embargo, el estigma sobre los murciélagos quedó en el imaginario mundial.

Por ello, en marzo, cuando la cifra de infectados de coronavirus había alcanzado a 858.000 positivos y 42.000 muertos en todo el mundo, miles de estos mamíferos alados fueron sacrificados en Perú, Ecuador, Cuba, Indonesia, China y otros países al creerse que son los responsables de transmitir el mal.

En Bolivia y el mundo, los biólogos luchan desde hace años para restaurar la mala imagen que tienen los murciélagos, que desde antaño eran relacionados con el inframundo por vivir en cuevas o con los vampiros. Pese a ello, campañas mundiales a favor de estos inofensivos animales destacaron más bien su función como ‘jardineros’ o polinizadores del ecosistema y eliminadores de plagas de insectos, posicionándolos mucho mejor.

Todo marchaba bien hasta que llegó la pandemia con los informes que los acusaron de ser transmisores del virus. “Hubo un retroceso en la apreciación del murciélago en general: otra vez su imagen y su reputación han sufrido un grave retroceso. En Perú, Cuba y Ecuador han empezado a perseguir murciélagos y a quemar cuevas, pensando que pueden ser transmisores de la enfermedad y eso es absolutamente falso», asegura el «Batman boliviano», como también se conoce en Latinoamérica al actual director del Centro de Biodiversidad y Genética de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) de Cochabamba.

“No se puede decir que este virus provenga de un murciélago, todavía no se ha probado esa información. No se sabe el origen: quizás provenga de un murciélago, pero puede ser también de un pangolín”, ratifica Aguirre. La proximidad evolutiva del SARSCoV-2 o COVID-19 a un virus huésped de murciélago (RaTG13) han provocado que se acuse falsamente a estos inocentes animales alados de ser los responsables de la pandemia.

Y en este periodo de la pandemia, la transmisión es de humano a humano “ya no interviene ningún otro animal”.

Especies en Bolivia

El país se encuentra entre las 10 regiones del mundo, más ricas en murciélagos y en Latinoamérica es el séptimo con mayor variedad de acuerdo con los datos que maneja Aguirre.

Bolivia posee 138 especies catalogadas hasta la fecha y por año se descubren al menos dos nuevas. “Estimamos que podemos tener más de 150 especies en poco tiempo”. Entre ellas hay una endémica, que solo habita en Bolivia, la Micronycteris yatesi o Murciélago de yates que vive en los bosques interandinos de Cochabamba, LaPaz, Chuquisaca y parte de Santa Cruz.

Es posible que la de yates esté en la categoría Vulnerable a la extinción. Un primer estudio realizado sobre estos animales en Bolivia se hizo en 2010, pero no fue actualizado y la endémica ya debe ser categorizada, opina el académico.

Hay también otras siete que preocupan al especialista. La Lonchorhina aurita que está En Peligro y otras seis que están en la categoría Vulnerable que son: Vampyrum spectrum, Glyphonyctesis daviesi, Trinycteris nicefori, Anoura cultrata, PLatyrrhinus albericoi y Natalus macrourur. «La que está En Peligro habita en San Matías, Santa Cruz, las otras seis, que están en la categoría Vulnerables, se encuentran a un pasito de estar En Peligro de extisión, sostiene el experto cuya fascinación por los murciélagos nació cuando vio uno de ellos a sus 11 años en los Yungas de La Paz.

En Bolivia, estos animales no han sufrido la persecución ocurrida en Perú y Ecuador, no obstante Aguirre cuenta que cada año recibe al menos tres o cuatro llamadas preguntándole si podría conseguir algunos ejemplares para curar la epilepsia. “Esta creencia está bien arraigada en la región andina de Bolivia y Perú.
En La Paz, Cochabamba, Oruro y Potosí, así como en algunas regiones de tierras bajas creen algo similar, pero no hay ninguna evidencia científica de que ello, lo más probable es que al ser un animal silvestre nos podamos contagiar de algo de ellos”. En la sede de gobierno se venden murciélagos muertos en la calle Santa Cruz, sin embargo ese comercio no es tan fuerte, porque el verdadero enemigo de estos alados es el hombre.

Los enemigos del murciélago

Hace una década se identificaron a cuatro factores que pusieron contra las cuerdas a los murciélagos de Bolivia, pero en los últimos años se sumó un quinto. “Son las llamadas Amenazas emergentes, que son las construcciones de grandes represas o hidroeléctricas, donde las hélices de las turbinas y los parques eólicos “golpean tanto a pájaros como a murciélagos y eso estaría causando un efecto relativamente grande, tanto en aves como murciélagos, perdiéndose cientos de miles de individuos por año”, revela. En Bolivia no hay capacidad todavía para medir ese impacto.

Los otros cuatro factores que ponen en alerta a las poblaciones de estos mamíferos son: la destrucción del hábitat, que es la amenaza principal para los murciélagos; en segundo lugar, la destrucción de guaridas y refugios seguida por el vandalismo de sus cuevas, “la gente quema guaridas, mete llantas, prende fuego e incendia su hogar”.

El tercer enemigo invisible de los quirópteros en Bolivia es la contaminación por pesticidas que contaminan insectos o frutas que ellos comen y, por último, el cuarto: el conflicto en torno a los murciélagos de la especie Desmodus rotundus, que afectan a la ganadería, manejada por humanos.

Esta especie también es conocida como vampiro común, se alimenta de sangre, puede volverse una plaga donde el ser humano le pone mucha comida, es decir, las zonas ganaderas. Como todo mamífero, el murciélago pueden transmitir enfermedades, como la rabia, y tener un efecto ocasional en la economía de la ganadería familiar, pero existen métodos de control, como la vacunación del ganado.

“Lo que sucede es que la gente por querer controlar al vampiro va y mata cualquier murciélago, sin preguntar. Otros los ven en sus techos de casas, les meten veneno y los matan”, denuncia Aguirre, de 52 años, de los cuales 30 lleva estudiando estos seres.

Animales benéficos

El documento oficial Plan de acción para la conservación de los murciélagos de Bolivia, publicado en 2010 y del que Aguirre y otros biólogos son autores, indicó en esa época que en Bolivia el 55% de los quirópteros eran insectívoros que ayudan en el control natural de las poblaciones de insectos que pueden constituirse en plagas agrícolas. El «Batman boliviano» resume en tres las bondades de los murciélagos que muchos ahora desconocen.

Primero, los alados por medio de la polinización de las plantas garantizan la reproducción de la flora, muchas de ellas importantes para la economía agrícola. En segundo lugar son grandes dispersores de semillas, que al comer frutas esparcen cientos de semillas por las noches, ayudando a una regeneración de los bosques que hayan sufrido talas de árboles. “Por eso son los primeros jardineros de la naturaleza”, reafirma Aguirre, para quien se necesitarían millones de dólares para sustituir su papel controlando las plagas de los cultivos de maíz y arroz.

Quizás por esas cualidades y ante el riesgo de que en realidad el hombre contagie el coronavirus al murciélago, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Humanos (IUCN), a través de la Bat Specialist Group (Grupo de especialistas en murciélagos) y la Red Latinoamericana y del Caribe para la Conservación de los Murciélagos (RELCOM), “recomendaron en abril no agarrar, no tomar murciélagos para estudiarlos, porque existe el temor de que los seres humanos podamos contagiar a los animales silvestres. Se dió esa alerta a todos los investigadores en el mundo para que, hasta no saber qué pasa con ellos, no manejemos murciélagos en nuestras investigaciones bajo el potencial de que nosotros los enfermemos y eso sería catastrófico”.

Guías de turismo de Toro Toro, Potosí preguntaron a Aguirre en las últimas semanas cómo se puede implementar un programa de prevención para evitar que algún turista pueda tener contacto con los quirópteros y eventualmente contagiar al animal. En la cueva de Umajalanta, la más grande del país, centenares de estos animales viven en su interior.

Pero no todo es gris para estos animales, pues en algunas comunidades del oriente, sus pobladores se felicitan cuando uno de estos alados ingresa a la choza. “En las tierras bajas, los murciélagos están relacionados con la fertilidad, por eso se piensa que cuando uno de ellos entra a la casa es una se;al de que va a nacer un bebé o que va a ser un buen año para los nacimientos de niños”. Porque ante todo, los murciélagos representan la vida.

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